A hacerse fuerte en la adversidad

River tiene que aprovechar la oportunidad de refundarse y resurgir aún más grande


Bianchi: River tiene que hacerse fuerte en la adversidad


BUENOS AIRES -- El descenso de River Plate al Nacional B, la segunda división del fútbol argentino, tomó dimensiones de catástrofe: deportiva, institucional y hasta social, según el ángulo desde el que se mire un proceso que el domingo llegó a su punto final.

Pero en un momento tan difícil para todo aquel ligado de alguna manera al sentir riverplatense, sea hincha, jugador o dirigente, hay que tratar de seguir siendo positivo: el momento que le toca vivir a una de las instituciones más grandes del fútbol argentino no deja de ser una enorme oportunidad para refundarse y renacer.

River Plate

Más que lágrimas, River necesita cerebro


Soy optimista por naturaleza y creo que River no puede caer más bajo: el descenso del domingo debe significar un punto de inflexión en la historia no sólo del fútbol profesional del club sino de la institución por completo.

En todo mal momento hay algo positivo para rescatar. Igual que cuando tenemos un problema en la vida: si nos quedamos demasiado involucrados en ese problema, no nos damos cuenta de que puede ser todavía más perjudicial.

Insisto, es la oportunidad para River de reconstruir todo de cero y sanamente, dejando de lado todos los desaciertos -que los hubo, y muchos- para rescatar lo bueno -que también es mucho- de una historia de grandeza. Volver a edificar sobre cimientos sólidos y pensar que, de acá en más, está todo por ganar.

Durante la mayor parte de su historia, River hizo las cosas bien, pero muchas veces, cuando eso sucede uno se engolosina y cree que ese rumbo o ese destino jamás van a cambiar.

Ahí, cuando ese convencimiento muta en soberbia, es cuando empiezan los errores. Y muchas veces no terminan sino hasta que la realidad golpea y dice que es el momento de pagar.

Ahora más que nunca, River todo necesita inteligencia, trabajo y sacrificio para moverse en un terreno que que le será, al menos de entrada, desconocido y por ende complicado.

Los estadios, el terreno de juego, los vestuarios, todo será distintos. Deberá acostumbrarse a jugar, de visitante, sin el apoyo de su gente. Todo el que se le pare adelante le querrá ganar para demostrar que puede con el más fuerte.

Para salir adelante, va a necesitar mucho más que una camiseta: deberá tener la humildad para aceptar su nuevo lugar, pero a la vez entregar un plus de esfuerzo que le permita demostrar en ningún otro lado que en el campo de juego que es muy superior a los demás.

Ya hubo equipos grandes en situaciones similares y supieron cómo salir, y el denominador común fue un sacrificio descomunal para demostrar que realmente pertenecían a otra categoría. Lo hicieron el Milan y la Juventus en Italia, lo hicieron San Lorenzo y Racing hace no tanto tiempo en Argentina.

Lo hizo Estudiantes en los años 90, y pongo este ejemplo porque es un club en el que el esfuerzo siempre fue una virtud. Ese equipo se vistió, como me gusta decir, con "el azul del trabajo", y se sacrificó más que si estuviera en Primera.

Sólo así pudo completar una campaña espectacular, mimetizado con un entorno en el que todos están acostumbrados a la adversidad, que si uno la sabe aprovechar, lo vuelve a uno más fuerte. Porque en ese contexto no valen ni los dobles ni los triples apellidos: el que cayó en Barracas, si es inteligente trabaja tanto o más como el que se pasó la vida allí para progresar.

Yo dirigí tres años y medio en Segunda, una categoría a la que no había conocido como jugador. Y lo hice en el Stade de Reims, un club que en los años 50 proveía más de la mitad de la selección de Francia, que había perdido dos finales de Europa ante el Real Madrid y en el que habían brillado astros como Raymond Kopa o Just Fontaine.

A mediados de los años 60, el Reims empezó hacer mal las cosas, comenzó a caer de a poco y allí sigue, todavía en Segunda. Además, estando en una provincia chiquita, de 300 mil habitantes, le es mucho más arduo recuperarse.

No es el caso de River, que tiene todo a su favor para dar un giro de timón y empezar, hoy mismo, a reconstruirse.

No me voy a cansar de repetirlo: por más doloroso que sea este momento, es muchas veces a partir de las situaciones traumáticas que los seres humanos tomamos decisiones que nos hacen cambiar el rumbo. Cada uno desde su lugar, los que pertenecen al mundo riverplatense tienen la gran oportunidad de refundar el club, futbolística y socialmente.

A todos los hinchas de River, les digo que es un gran momento para apoyar a la institución: ya no es momento de despotricar, sino de poner el hombro para que su equipo vuelva lo más rápidamente posible a Primera.

Los fanáticos, pero sobre todo jugadores y los dirigentes, tienen por delante un año para hacer las cosas bien: si cada uno aporta lo suyo, desde su lugar, no tengo dudas de que eso servirá para sentar las bases de la reconstrucción de River Plate.

Vamos a ser optimistas. De la manera más sana y con total sinceridad, le deseo a River un gran año futbolístico, para volver de inmediato al lugar del que nunca se tendría que haber ido.

Felicidades.

fuente:
http://espndeportes.espn. go.com/news/story? id=1325948&s=arg&type=column