4/8/1957:La hazaña mas grande de Juan Manuel Fangio
4/8/1957,Nürburgring,Alemania:La hazaña mas grande de Juan Manuel Fangio




La hazaña que emprendió Juan Manuel Fangio (Maserati 250F) en el Nürburgring (Alemania) vino a consagrar el pentacampeonato que obtendría a fines de la temporada 1957. La victoria del argentino causó delirio en los 250.000 espectadores apostados, internados en la Selva Negra. Fangio - dueño de la pole position - había llegado a encabezar el Grand Prix en vísperas de la mitad de carrera, doblegando la oposición de las Ferrari 801 de Mike Hawthorn y Peter Collins, las cuales tenían la virtud de no necesitar parar para reabastecer ni recambiar cubiertas (dada la composición de los neumáticos Englebert). Juan Manuel, en cambio, contaba con la mejor tenida de su bólido y del caucho provisto por Pirelli. Pero una detención en los boxes - en la que empleó más de 45 segundos por el nerviosismo de sus mecánicos durante la acción - le desmoronó la diferencia construida (unos 30 segundos), relegándolo a la tercera plaza. Con 11 giros cumplidos de los 22 pactados, el argentino adoptó un ritmo endiablado y comenzó a batir sucesivamente el récord de vuelta del circuito (nueve veces seguidas, cronometrando 9'17.3) hasta ubicarse - a tiro del cierre - a la estela de Collins, a quien superó luego de una maniobra que iniciara en la curva Norte. Metros después, vino Hawthorn, en los mixtos que se suceden a Breitscheid; y la gloria, los laureles de un logro sin igual (quizás comparable con la proeza de Tazio Nuvolari y su Alfa Romeo frente a los Auto Union de Rudolf Caracciola y Bernd Rosemeyer - también en el Nürburg - en 1935). La mejor de las victorias de Fangio resultó ser la última de su fantástico historial en la categoría.




Fue la mejor carrera de todo el siglo
Por Alfredo Parga Especial para La Nación Deportiva
fecha de publicación 09-12-1999
Está de moda la cuestión del milenio. Como si dependiéramos del milenio para poder seguir resolviendo nuestra vida, por ejemplo. Pero que el milenio tiene su fuerza es una cuestión fácilmente demostrable. Tanto que a mí me arrastró a pensar también, en tren de elegir, que podíamos haber elegido la carrera del siglo. Y que me perdone aquel que hubiera tenido semejante idea, pues se comprende que uno no puede digerir todo lo que se publica por todas partes.
Mi carrera es una, si de pistas se trata. Y no hago ningún descubrimiento, pero es el caso que el GP de F.1 de Alemania de 1957 sigue siendo un producto tentador para el editor que se precie. Aún de aquellas publicaciones con casi un siglo de papel y tinta que por el mundo todavía se leen.
Es que aquel GP tiene notorios encantos. La confrontación técnica inigualable entre tres marcas como eran Ferrari, Maserati y Vanwall, con debilidades incluidas. Ferrari calzaba Englebert, un neumático muy duro que soportaba la carrera, pero complicándoles el manejo a sus pilotos.
Maserati usaba el caucho más blando de Pirelli, que si bien le permitía rodar más rápido, en la contraprestación solicitaba el cambio porque se deshacía con la distancia. Y parar significaba perder tiempo. Vanwall era un auto en crecimiento que venía pitando fuerte y ganando. Por añadidura, Nurburgring, con sus 182 curvas, sumaba una topografía que trepaba y descendía dando vueltas como borracha, ofreciendo el banco de pruebas más duro que tenía la F.1 que como tal, era nueva.
En Maserati se verificaba que había que parar para cambiar las ruedas. ¿Entonces? Pues "hay que sacar medio minuto de ventaja para rematar el esfuerzo con posibilidades".
El mejor piloto de Maserati se compromete a sacar el medio minuto para poder ganar.
Y cumple. Cuando se detiene llevaba 29 segundos, pero sus mecánicos, hombres de carne y hueso, trabajaban nerviosos. Y demoraban 1m18s antes de colocar al coche número 1 nuevamente en pista. Su piloto tenía dos Ferrari adelante. ¿Cómo ganarles?
Había una manera. Mejorar una vuelta con otra. Sumar un récord tras otro. El piloto lo haría.
Era azuzado por su jefe de equipo, quien le aseguraba que sólo había una Ferrari adelante. Cuando el piloto alcanzaba la mejor posición, se topaba con dos coches en lugar de uno.
Y debería desbordar primero a uno y después al otro. Lo haría como si él no fuera de carne y hueso. Pero era Fangio. ¿Vanwall?La humillación técnica acentuaba su verde...
Aquel GP trastorna todos los cálculos que se hacen sobre el coeficiente de importancia que guarda un hombre con relación a la máquina. Lo normal dividía las aguas al 50 por ciento. En este caso es imposible hacerlo porque semejantes compensadores parámetros no sirven para medir lo que Fangio hacía aquel fantástico 4 de agosto. Una cosa que no volvería a ser hecha por otro hombre.
De aquella carrera se han escrito crónicas inolvidables y hasta poéticas. Me quedo con la síntesis que en 18 palabras trazaba uno de los dos hombres derrotados por Fangio:
Mike Hawthorn. "Inútil contenerlo; si no me hubiera corrido a un costado, el viejo diablo me hubiera pasado por arriba".
Encantador.
Mi carrera es una, si de pistas se trata. Y no hago ningún descubrimiento, pero es el caso que el GP de F.1 de Alemania de 1957 sigue siendo un producto tentador para el editor que se precie. Aún de aquellas publicaciones con casi un siglo de papel y tinta que por el mundo todavía se leen.
Es que aquel GP tiene notorios encantos. La confrontación técnica inigualable entre tres marcas como eran Ferrari, Maserati y Vanwall, con debilidades incluidas. Ferrari calzaba Englebert, un neumático muy duro que soportaba la carrera, pero complicándoles el manejo a sus pilotos.
Maserati usaba el caucho más blando de Pirelli, que si bien le permitía rodar más rápido, en la contraprestación solicitaba el cambio porque se deshacía con la distancia. Y parar significaba perder tiempo. Vanwall era un auto en crecimiento que venía pitando fuerte y ganando. Por añadidura, Nurburgring, con sus 182 curvas, sumaba una topografía que trepaba y descendía dando vueltas como borracha, ofreciendo el banco de pruebas más duro que tenía la F.1 que como tal, era nueva.
En Maserati se verificaba que había que parar para cambiar las ruedas. ¿Entonces? Pues "hay que sacar medio minuto de ventaja para rematar el esfuerzo con posibilidades".
El mejor piloto de Maserati se compromete a sacar el medio minuto para poder ganar.
Y cumple. Cuando se detiene llevaba 29 segundos, pero sus mecánicos, hombres de carne y hueso, trabajaban nerviosos. Y demoraban 1m18s antes de colocar al coche número 1 nuevamente en pista. Su piloto tenía dos Ferrari adelante. ¿Cómo ganarles?
Había una manera. Mejorar una vuelta con otra. Sumar un récord tras otro. El piloto lo haría.
Era azuzado por su jefe de equipo, quien le aseguraba que sólo había una Ferrari adelante. Cuando el piloto alcanzaba la mejor posición, se topaba con dos coches en lugar de uno.
Y debería desbordar primero a uno y después al otro. Lo haría como si él no fuera de carne y hueso. Pero era Fangio. ¿Vanwall?La humillación técnica acentuaba su verde...
Aquel GP trastorna todos los cálculos que se hacen sobre el coeficiente de importancia que guarda un hombre con relación a la máquina. Lo normal dividía las aguas al 50 por ciento. En este caso es imposible hacerlo porque semejantes compensadores parámetros no sirven para medir lo que Fangio hacía aquel fantástico 4 de agosto. Una cosa que no volvería a ser hecha por otro hombre.
De aquella carrera se han escrito crónicas inolvidables y hasta poéticas. Me quedo con la síntesis que en 18 palabras trazaba uno de los dos hombres derrotados por Fangio:
Mike Hawthorn. "Inútil contenerlo; si no me hubiera corrido a un costado, el viejo diablo me hubiera pasado por arriba".
Encantador.
Diario La Nacion





En tanto que algunos pilotos planeaban correr las 22 vueltas sin detenerse, Fangio empezó con una carga ligera de gasolina, pues quería sacar una buena ventaja, y luego, a media carrera, repostar y cambiar neumáticos.
En las primeras 11 vueltas, rompió seis veces la marca de velocidad por vuelta y sacó una ventaja de 28 segundos. Pero en la siguiente, cuando entró con su Maserati a los pits, los mecánicos cambiaron los neumáticos con desesperante lentitud. Cuando Fangio retomó la pista, estaba 48 segundos atrás de los dos punteros, los británicos Mike Hawthorn y Peter Collins, que conducían sendas Ferraris.
Sólo faltaban diez vueltas. Al final de la recta principal había una curva poco cerrada donde la pista formaba un declive. En ese sitio, Fangio normalmente habría disminuido la velocidad a unos 240 kilómetros por hora, a fin de pasar rasando el desnivel en vez de brincarlo. En esa ocasión, empero, decidió mantener el pie en el pedal del acelerador. El Maserati se elevó en el aire unos centímetros. Al aterrizar, Fangio vio una nube de polvo por el espejo: había tocado suelo justo en la orilla exterior de la pista, así que pensó que podría ganar unos segundos en cada vuelta.
Entonces fue acercándose a los líderes. Vuelta tras vuelta, 100000 espectadores aplaudían y gritaban llenos de emoción cada vez que Fangio volvía a romper la marca.
Rebasó a Collins y luego, ya en la penúltima vuelta, se lanzó en pos de Hawthorn.
En una recta corta, éste se pasó al carril derecho para tomar la siguiente curva, y entonces Fangio lo rebasó por dentro. Sin aflojar la velocidad, mantuvo la delantera y llegó a la meta 3.6 segundos antes que el Británico. Había superado diez veces la marca de velocidad por vuelta y obtenido su quinto campeonato mundial.
Stirling Moss
Y Nurburgring, Alemania...
¿Qué cosa no se ha escrito de aquella proeza del argentino? ¿Cuántas veces ha sido recreado lo de tratar de sacar medio minuto de ventaja para poder echar nafta y colocar nuevas ruedas traseras y seguir adelante? ¿Qué documenta la leyenda sobre los nervios de los mecánicos italianos, que curtidos en la demanda de sacar y reponer, ésta vez perdían el control, conmovidos hasta sus entretelas cuando sentían el paso de la Ferrari de Collins, primero, y la de Hawthorn, enseguida, como dos truenos que estallaban en el viejo Nurburg...
Los dos hombres de Ferrari se escapaban. No eran ni siquiera unos puntos en lontananza cuando el argentino -casi vencido- volvía a acelerar para desandar 183 curvas por vuelta. ("Ya verían..."
.
Cuando Fangio completaba su primera pasada de la segunda parte, le llegaba un doble aviso: 51s. (como distancia a recuperar) y le indicaban que Collins estaba al frente.
Fangio, doblando como un poseído, tenía tiempo para interrogarse: "¿Y Hawthorn? ¿Quedaría una sola Ferrari por delante?". Empezaba a mejorar el tiempo de cada vuelta. Un record tras otro. Una danza infernal que limaba de a dos, de a tres segundos...
De pronto, muy lejos, adelante, aparecían dos puntos rojos ("¡Ah! ¡Estaban las dos, entonces!"
. No importaba. Primero alcanzaba y dejaba atrás a Collins. Después, el argentino le metía la 250F por la izquierda y por adentro, al puntero. Hawthorn hacía saltar a su Ferrari, como enloquecida, a un costado. ("Aquel viejo diablo me hubiera aplastado si yo no me corría", contaría conmovido, mientras 200.000 personas, de pie, aplaudían a un piloto argentino inigualable).
En las primeras 11 vueltas, rompió seis veces la marca de velocidad por vuelta y sacó una ventaja de 28 segundos. Pero en la siguiente, cuando entró con su Maserati a los pits, los mecánicos cambiaron los neumáticos con desesperante lentitud. Cuando Fangio retomó la pista, estaba 48 segundos atrás de los dos punteros, los británicos Mike Hawthorn y Peter Collins, que conducían sendas Ferraris.
Sólo faltaban diez vueltas. Al final de la recta principal había una curva poco cerrada donde la pista formaba un declive. En ese sitio, Fangio normalmente habría disminuido la velocidad a unos 240 kilómetros por hora, a fin de pasar rasando el desnivel en vez de brincarlo. En esa ocasión, empero, decidió mantener el pie en el pedal del acelerador. El Maserati se elevó en el aire unos centímetros. Al aterrizar, Fangio vio una nube de polvo por el espejo: había tocado suelo justo en la orilla exterior de la pista, así que pensó que podría ganar unos segundos en cada vuelta.
Entonces fue acercándose a los líderes. Vuelta tras vuelta, 100000 espectadores aplaudían y gritaban llenos de emoción cada vez que Fangio volvía a romper la marca.
Rebasó a Collins y luego, ya en la penúltima vuelta, se lanzó en pos de Hawthorn.
En una recta corta, éste se pasó al carril derecho para tomar la siguiente curva, y entonces Fangio lo rebasó por dentro. Sin aflojar la velocidad, mantuvo la delantera y llegó a la meta 3.6 segundos antes que el Británico. Había superado diez veces la marca de velocidad por vuelta y obtenido su quinto campeonato mundial.
Stirling Moss




Y Nurburgring, Alemania...
¿Qué cosa no se ha escrito de aquella proeza del argentino? ¿Cuántas veces ha sido recreado lo de tratar de sacar medio minuto de ventaja para poder echar nafta y colocar nuevas ruedas traseras y seguir adelante? ¿Qué documenta la leyenda sobre los nervios de los mecánicos italianos, que curtidos en la demanda de sacar y reponer, ésta vez perdían el control, conmovidos hasta sus entretelas cuando sentían el paso de la Ferrari de Collins, primero, y la de Hawthorn, enseguida, como dos truenos que estallaban en el viejo Nurburg...
Los dos hombres de Ferrari se escapaban. No eran ni siquiera unos puntos en lontananza cuando el argentino -casi vencido- volvía a acelerar para desandar 183 curvas por vuelta. ("Ya verían..."

.
Cuando Fangio completaba su primera pasada de la segunda parte, le llegaba un doble aviso: 51s. (como distancia a recuperar) y le indicaban que Collins estaba al frente.
Fangio, doblando como un poseído, tenía tiempo para interrogarse: "¿Y Hawthorn? ¿Quedaría una sola Ferrari por delante?". Empezaba a mejorar el tiempo de cada vuelta. Un record tras otro. Una danza infernal que limaba de a dos, de a tres segundos...
De pronto, muy lejos, adelante, aparecían dos puntos rojos ("¡Ah! ¡Estaban las dos, entonces!"

. No importaba. Primero alcanzaba y dejaba atrás a Collins. Después, el argentino le metía la 250F por la izquierda y por adentro, al puntero. Hawthorn hacía saltar a su Ferrari, como enloquecida, a un costado. ("Aquel viejo diablo me hubiera aplastado si yo no me corría", contaría conmovido, mientras 200.000 personas, de pie, aplaudían a un piloto argentino inigualable).




Victoria: J.M.Fangio- Maserati 250F - 3:30'38"3 - 142.9 KM/H-
Pole: J.M.Fangio - Maserati 250F - 9'25"6 - 145.2 KM/H
Vuelta: J.M.Fangio - Maserati 250F - 9'17"4 - 147.3 KM/H
Pole: J.M.Fangio - Maserati 250F - 9'25"6 - 145.2 KM/H
Vuelta: J.M.Fangio - Maserati 250F - 9'17"4 - 147.3 KM/H






link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=fubOA6Ub4rI

Si querés conocer mas de la vida del mejor piloto de la historia y bajarte la película FANGIO,hacé click

dijo:http://www.jmfangio.org/gp195706alemania.htm



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Te dejo mis 10 de hoy.