El objetivo es disimular que juega en la B Nacional: debutó en su cancha porque se demoró la sanción, lo dirigen árbitros de Primera, lo emite la TV Pública y hasta sus hinchas lo pueden ir a ver como visitante.


Siga, siga. Los árbitros que dirigen a River son de la élite de Primera. A festejar, si hubo descenso que no se note.


Y al final no ocurrió. Uno de los momentos más esperados de la historia del fútbol no llegó y lo que es peor, tal vez no llegue jamás. Al final, fueron más de cincuenta días de incertidumbre y especulaciones para nada. El morbo que se generó a partir del 26 de junio se desintegró. Pura histeria. Tal vez habría que anunciarlo sin tanto preámbulo, pero en estos casos es mejor ir de a poco. Los primeros indicios empezaron a tomar forma después de los destrozos en el Monumental y el apriete a Pezzotta. Y la impunidad, se sabe, es una atribución que sólo otorga la AFA. Por eso, la sanción tardó tanto que River debutó en el Monumental. Después ocurrió que designaron a los mejores árbitros de Primera para que lo dirijan. “Es un grande, che”, podría argumentar algún ingenuo. Insostenible. Por último, la revelación: hoy va a jugar en Mendoza con la tribuna repleta de hinchas visitantes a pesar de que en el ascenso está prohibido. No hay caso, las evidencias abruman, la realidad contradice las leyes. Ahí va, entonces, sin más rodeos: River no descendió.
¿Qué queda ahora para los lilitos que pronosticaron el apocalipsis? Ruegan por una amnesia colectiva que los oculte en las sombras del olvido. ¿Y los que subieron afiches/gastadas en Facebook? Se enciman para darlos de baja. Si hasta el Tano Pasman anda por la vida con una sonrisa optimista. Es evidente que el escenario no es ni por casualidad el que se podía prever el 26-J. Seguramente vendrán los que dirán: “Pero si yo vi jugar a River en la B contra Chacarita”. Es cierto, fue el martes, en su cancha, ganó 1-0. Y ahí está la paradoja: River juega en la B pero no descendió. O, dicho de una manera más reglamentarista: maquilló tan bien la excursión al ascenso que ni se le nota.

Pero sin escuditos, eh. En un principio, fue la prohibición: nada de hinchas visitantes en las canchas del ascenso. Pero después llegó Twitter y cambió la historia. Daniel Vila ya lo venía maquinando, hasta que se decidió, agarró la BlackBerry y tipeó: “Para el Indpte/River del sábado, la cabecera Norte del Malvinas será PLATEA NORTE ($ 45) para que se ubiquen quienes no sean hinchas de La Lepra”. El presidente de Independiente Rivadavia apeló a la típica viveza mendocina y puenteó el reglamento, aunque sin romperlo. Claro que ni el más cándido hombre de fútbol podría imaginar una tribuna repleta de hinchas “neutrales”, esos que disfrutan del buen fútbol sin que les importen los colores.
Daniel Vila, al fin, se salió con la suya. Dirigente opositor a la conducción de la AFA, puso una piedrita en el zapato de don Julio. Y logró lo que hasta ahora nadie podía en el ascenso: recaudar por la venta de entradas visitantes. El primer día despacharon 4 mil de los 12 mil tickets disponibles, y ayer los agotaron. Pero el gesto del dirigente incluyó una contraprestación: los hinchas deben ir a la cancha sin banderas, camisetas ni escudos de River. La cabecera del Malvinas Argentinas será, tal vez, un modelo de tribuna objetiva. Por lo menos hasta que la pelota se estrelle contra el palo o que Diego Abal no sancione un dudoso resbalón en el área. O hasta que Cavenaghi haga un gol, quién sabe. Porque la pasión no se puede camuflar. Y el Millo, está claro, necesita de su gente. No hay reglas que la pueda contener. River juega en la B, pero no descendió.

Baldassi, estrella de la TV Pública. Por culpa de las elecciones primarias, Boca jugó el lunes, y River, el martes. La Televisión Pública –que hasta la temporada pasada sólo pasaba partidos de Primera– emitió los dos. Así, el Millonario se mantuvo bajo el abrazo protector del Fútbol para Todos. La gente, agradecida por un River sin abono de cable. Y la iniciativa funcionó: según la medidora Ibope, River-Chacarita marcó 18,2 puntos de rating, dos y medio más que Boca-Unión. Gracias al equipo de Almeyda, el martes la Televisión Pública quedó tercera en audiencia, detrás de Canal 13 y Telefe. Pero los dos millones de personas que vieron a River por TV no sólo le ganaron a Boca, sino que también superaron a todos los partidos de Primera que disputaron estas dos fechas del Apertura.
La elección de los pitos también es un dato revelador: el debut del martes contra Chacarita en el Monumental estuvo a cargo de Héctor Baldassi, un árbitro internacional que integra la elite del fútbol local. El cordobés, por ejemplo, había dirigido la fecha anterior a Boca en Bahía Blanca. La ecuación no cierra: River + Monumental + Baldassi = ¿B Nacional? Y hay más:
hoy en Mendoza lo dirige Diego Abal, que viene de arbitrar Estudiantes-San Lorenzo. En fin...

Más vale nunca que tarde. La gente del Comité de Seguridad se tomó su tiempo. Fueron 53 días de amagos, de promesas incumplidas: entre hoy y mañana se anunciará la sanción, mintieron durante un mes y medio. Pero al final, el jueves, el peso de la ley cayó en Núñez: por los desastres que hicieron los hinchas en el Monumental el día del descenso y por el apriete al árbitro Sergio Pezzotta, River no podrá jugar en su cancha durante cinco fechas, y su gente no podrá ingresar las primeras dos. Pasado en limpio: el equipo de Almeyda se privará de su hinchada en los partidos contra Desamparados de San Juan y Defensa y Justicia, pero podrán volver, justo, justo, contra Gimnasia y Esgrima La Plata.
Más allá de la levedad de la pena, el tema acá es el momento: tardaron tanto en decidirse que River pudo debutar en el mismo escenario de los escándalos como si nada hubiera sucedido. Otra vez: si hubo descenso que no se note.
La estrategia, a esta altura, es evidente: maquillar la pérdida de categoría. Más allá de que el superclásico de la fecha 17ª sea contra Boca Unidos, el plan es hacer de cuenta que acá no pasó nada. Sería algo así como en la película The Truman Show: un montaje para hacerle creer al protagonista que el mundo ficticio que le inventaron en un set de filmación es el real.
Por ahí anda River, jugando en el Monumental, con árbitros de Primera, mimado por la Televisión Pública y con hinchas que ingresan a canchas prohibidas. Sólo falta que Jim Carrey se ponga la diez.


Fuente : http://www.perfil.com/ediciones/2011/8/edicion_601/contenidos/noticia_0006.html