En la cajita de cristal
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La pretemporada del 10 fue con cuidados especiales, de acuerdo a lo que su lesión demandaba.

La fascitis plantar que alejó a Román de las canchas en los últimos partidos del Apertura, deterioró aquello que al estratega más le cuesta recuperar: su estado físico. Con nulos entrenamientos sobre el lomo en los meses finales del 2011, la pretemporada de Tandil fue esperada tanto como la que hizo en Curitiba, que sirvió de catapulta para el nivel superlativo que tuvo en el arranque del torneo posterior. Y los trabajos de ambos también fueron similares, con un denominador común: los cuidados especiales.

Que se pone los botines o no se los pone. Que patea o no patea. Los 14 días en Tandil del 10 estuvieron alejados de lo que él alguna vez definió como su juguete favorito: la pelota. Siempre en zapatillas, el objetivo principal fue recuperarse físicamente. No trabajó a la par de sus compañeros, es cierto, aunque siempre sustituyó los ejercicios que no estaba en condiciones de realizar por otros no tan exigentes. Por recomendación médica, nunca pisó el arenero y utilizó cargas menores a las de los otros jugadores algunos días. “Fue muy positiva”, contó alguien que lo conoce de cerca. Su estado de ánimo reflejaba lo mismo, ya que mantuvo el buen humor durante toda la estadía.

Las prácticas de fútbol, aquello que menos le cuesta, las retomó de vuelta a Casa Amarilla (sumó hasta cuatro al hilo). Todavía con dudas, el choque de mañana demostrará si su físico está a la altura de lo que su fútbol necesita.
tevez