San Lorenzo hizo casi todo, pero no supo cómo ganarlo

Jugó mejor que su mezquino rival, aunque no encontró el camino adecuado para llegar a la victoria. Estudiantes mostró un planteo avaro y se conformó con el punto


San Lorenzo hizo casi todo, pero no supo cómo ganarlo


Ortigoza entregó todo lo que sabe del juego, y el alma también, pero no alcanzó para ganar. Bottinelli empujó desde el fondo con el carácter propio de un líder, pero tanta entrega no se tradujo en el segundo gol. Alvarado, quien de marginado pasó a titular por razones de necesidad, anuló a un goleador como Boselli, pero semejante rendimiento no fue suficiente para mantener el cero en su arco. San Lorenzo hizo bastante más de lo esperado para acumular méritos y ganarle a Estudiantes, pero el resultado no pasó de un empate mínimo.

El equipo de Madelón jugó con cara de guerra desde el minuto inicial. Ese pelotazo largo e innecesario de Alvarado, cinco segundos después del primer pitazo de Pitana, confirmó lo que se suponía: el equipo daba la vida para lograr rápido la apertura del marcador.

Empezó a crecer Bazán por la izquierda y a despegar el Chino Martínez por la otra costilla para que Estudiantes no pudiese disimular sus limitaciones en la mitad de la cancha, principalmente por lo poco preciso que estuvo Leandro Benítez y lo mucho que le cuesta el retroceso a Mariano González.

Como en el fútbol no alcanza sólo con buena intenciones, el minuto 17 pasó con 60 segundos de desgracia para el local. Empezó con la grave lesión de Luna y terminó con el gol que inventó Champagne, quien luego de tener la pelota en su poder chocó con Bueno y posibilitó el gol de Cellay.

La flaquísima producción ofensiva de La Gata Fernández y Boselli, sumado al trabajo sin fallas de Bottinelli, convencieron a San lorenzo de que lo que quedaba por resolver era la elección del camino para el empate. Porque si sobraba convicción, lo que no abundaba era la justeza esencial para el último cuarto de cancha. Con dos cabezazos, uno de Bueno y otro de Palomino, Boedo intuyó que la igualdad no era utópica.

Madelón apostó por la precisión y los pases de Romagnoli en lugar de la velocidad y la confianza de Bazán. Champagne diluyó con un valioso achique ante Benítez la única llegada clara de Estudiantes y de la nada llegó el empate. Cellay barrió a Bueno en una jugada donde primó la búsqueda del uruguayo y Ortigoza demostró que es infalible desde los 12 pasos (el paraguayo tiene 18 conversiones en 18 ejecuciones).

La tarjeta roja que sacó a Cellay del partido embargó el resto de las escasas ambiciones que trajo Estudiantes. Los cambios del Vasco Azconzábal sellaron el plan: Sarulyte (central) reemplazó a González (carrilero), Coria entró por La Gata y Enzo Pérez jugó un rato por Boselli.

Parado ante ese escenario favorable, San Lorenzo, todo San Lorenzo, los de adentro junto con los de afuera, se dio cuenta de que para juntarse con los tres puntos sólo era necesario un acierto. Con una jugada terminada con concepto volvía el tiempo de cantar victoria.

Y San Lorenzo no pudo ni supo ganar. Cuando no llegó el pase necesario de Romagnoli, faltó el pique oportuno de Gigliotti o falló Bueno con un cabezazo sin dirección. Aunque mal, siempre mal, San Lorenzo lo buscó. Por arriba y por abajo. Rumbo al futuro, una pregunta: ¿tiene para más?

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