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La mufa, Lavagna y Don Bosco, según Néstor Kirchner

La mufa, Lavagna y Don Bosco, según Néstor Kirchner

Kirchner

La primera vez que me impactó Néstor Kirchner fue por el fútbol y por Racing. Nos encontramos en la cancha de Huracán. El ya era un gobernador en ascenso y yo era un periodista más joven. Corría 1997 y él miraba con algo de envidia a Chacho Alvarez y su peronismo rebelde, que entonces avanzaba hacia la Alianza y hacia el poder. Cuando terminó el primer tiempo, La Academia ganaba dos a cero y Kirchner se me acercó: “¿Viste?, el mufa es Chacho...; hoy vine yo y estamos ganando”, dijo con una carcajada. La gente no lo conocía y en esa platea nadie se detenía a mirar a ese hombre flaco que gobernaba Santa Cruz. Ya se sabe. Las historias nunca termina bien con Racing. En el segundo tiempo se hizo de noche, se cortó un rato la luz y, cuando volvió la energía, Huracán nos empató con dos golazos de los aún jovencitos Rolfi Montenegro y Mumo Peralta. Volví a cruzar a Kirchner cuando salíamos. Pero ya no quería hablar. “¿Y, quién era el mufa...?”, le pregunté. Hizo un gesto con la mano como diciendo con Racing no se puede. Y se fue rápido con todos sus amigos.

Con tiempo libre. Cinco años después, pude entrevistarlo en un programa de cable. Era noviembre de 2002 y ya era candidato presidencial pero él creía que la disputa era muy difícil como para llegar a presidente en las elecciones de abril de 2003. “No sé si llego, pero por lo menos quedo posicionado para la próxima”, decía, mientras demoraba un café en la intimidad del estudio de TV una vez terminada la grabación. Parecía tener suficiente tiempo libre. Kirchner preguntó sobre Roberto Lavagna, el ministro de Economía de Eduardio Duhalde al que criticaba con ferocidad. “¿No es muy conservador?”, inquirió, buscando aprobación segura. Le respondí que al menos el ministro parecía estar encarrilando una crisis que él no había desatado. Después me enteré que venía haciendo preguntas sobre Lavagna también a otros periodistas. Un par de días más tarde, Kirchner salió a elogiar en público la tarea de Lavagna y las encuestas comenzaron tibiamente a favorecerlo como para insinuarse como el candidato presidencial que podía hacerle frente a Carlos Menem. El resto es historia conocida. Kirfchner ganó y Lavagna se convirtió en “su” ministro de economía.

El santuario personal. El tercer encuentro que me viene a la memoria es una entrevista en la Casa Rosada, junto a otros tres periodistas de Clarín el 22 de mayo de 2005. Era un Kirchner todavía accesible, que discutía apasionadamente pero que se animaba en serio al intercambio de ideas. “Vengan, ésta es la Argentina”, dijo al recibirnos en su escritorio del despacho presidencial. La Argentina a la que se refería eran varias fotos e imágenes apiladas en una especie de santuario personal. Había allí una estampita de Don Bosco, “es el santo de la Patagonia”, ilustraba Kirchner. Después una foto en blanco y negro de Axel Blumberg, el joven secuestrado y asesinado por sus captores que fue una de las grandes espinas de su gestión. Otras fotos, las de dos chicos muertos en el incendio de Cromañón y las de dos jóvenes desaparecidos en La Plata, durante la dictadura. Y la foto de Eva Perón, la de Evita joven y eterna que alegra el corazón de tantos peronistas.
Hace un año, Néstor Kirchner murió dejando un legado de pasiones políticas, con seguidores incondicionales y con detractores acérrimos. De esa polémica se ocuparán muchas otras crónicas. Esta es para recordar simplemente al hombre que se asomó al poder de la Argentina para dejar una marca indeleble que sólo juzgará la historia.



FERNANDO GONZALEZ Director Periodístico

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