River o Boca: quien tenga el mejor nueve, que lance la primera piedra



Uno, David Trezeguet, deslumbra con su estirpe europea en la segunda categoría del fútbol argentino. El otro, Santiago Silva, convirtió ayer su primero tanto pero ya había logrado que corearan su nombre pese a tener el arco cerrado. En el Superclásico de goleadores, ¿quién da más?

Infobae le falta el respeto a Trezeguet

David Trezeguet y Santiago Silva regresaron al fútbol argentino en diciembre y enero pasado, respectivamente. Dejaban atrás malas experiencias de sus pasos por el Baniyas FC y la Fiorentina de Italia y llegaban al país con la presión de rendir por nombre y valor.

Los 34 años de Trezeguet fueron en principio suficientes para poner en duda su vigencia. Él dijo, cómo no, que necesitaba de la pretemporada pero que estaba para jugar. Algunos querían creer, otros sentenciaron que era uno más de los que venían sin resto.

Ni siquiera la bolsa de títulos que cargaba en su hombro le permitieron mostrarse sin antes ser juzgado. Pero ahí fue el jugador surgido en Platense: primero se sentó en el banco.

Cuando entraba, lo hacía como el debutante más ansioso por aprovechar la oportunidad. Se ganó un lugar entre los once. Formó el tridente con referentes como Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez y hoy tiene en su cuenta 7 goles en 9 encuentros.

Jugó en Mónaco y en Juventus; fue campeón del mundo con Francia. Nada, sin embargo, le impide disfrutar goles como el tercero ante Ferro del pasado sábado. De su mano River cree y él disfruta como el que más.

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Los 31 de Silva, en tanto, eran para Boca la experiencia que necesitaban tras la salida de Martín Palermo. Había expectativas justificadas hasta el hartazgo por el uruguayo en sus pasos por Vélez y en Banfield.

Fue la contratación más importante del verano en el fútbol argentino de Primera. El comienzo dubitativo de Boca y su compromiso a jugar sólo la Copa Libertadores dejaban a los hinchas con ganas.

La lesión de Nicolás Colazo le permitió romper su palabra y jugar el torneo local, donde el gol se le negó durante cuatro fechas. Por la Copa, Silva venía de arrancar el "¡u-ru-gua-yo, u-ru-gua-yo!" tras su exhibición sin gol ante Arsenal. Había logrado ser ovacionado pese a no convertir y, aunque se regocijaba con el aliento, le faltaba el desahogo.

Llegó Estudiantes. Era un mano a mano por la cima del torneo. Recibió la pelota, se sacó de encima un defensor y remató cruzado. Gol y festejo alocado.

River y Boca tienen gol. Festeja el fútbol argentino.


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