Dentro de la lista de años oscuros en la historia de Boca, hay uno que gana por afano: 1984. Año que quedó marcado como el año del fibronazo, mención bien ganada por las camisetas de entrenamiento con números pintados a marcador frente a Atlanta en la Bombonera. Pero sacando ese domingo 8 de julio, hubo otros 365 días que fueron tan o más penosos que ese y dieron forma a un año con una crisis política, económica y deportiva sin precedentes en la historia del club. Una especie de Racing pero por un año. Así que lo que se viene a continuación es una avalancha de nombres y apellidos que hicieron lo suyo (?) para poner a Boca al borde del abismo apenas tres años después de tener un verdadero dream team y seis después de salir campeón del mundo por primera vez. Vamos a ir en estricto orden cronológico, para que nadie se enoje (?).
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De Maradona y Brindisi a Apariente y Bachino
Tras armar un Boca repleto de estrellas en 1981, la gestión de Benito Noel empezó a complicarse seriamente en lo económico. La realidad del país no ayudó para nada, ya que las continuas disparadas del dólar hicieron volar hacia el cielo la enorme cantidad de deudas que Boca había contraido en busca de ese verdadero súper equipo. La idea instalada que el pase de Maradona había hipotecado el club, en parte era cierta. Pero la realidad mostró que el endeudamiento en dólares por el Puma Morete, Krasouski y Trobbiani fueron los verdaderos desencadenantes de los primeros graves problemas financieros del club. En 1982 hubo intencionalidad en devaluar el nivel del plantel, y por ende los sueldos. Pese a esa jugada maestra (?) que hizo aparecer personajes como Rodrigues Neto con la camiseta de Boca, los jugadores estuvieron siete meses sin cobrar el sueldo. Dentro de todo, lo deportivo zafó (?) peleando y logrando finalmente un decoroso tercer puesto en el Metro. Y 1983 fue pasando en un marcado tobogán hasta llegar al 11 de diciembre, fecha de elecciones en el club.
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Corigliano gana las elecciones y asume como presidente




En los comicios del 11 de diciembre de 1983, el “Frente Único Orden y Progreso” con la fórmula Corigliano - Orgambide ganó con 2.609 votos sobre los 2.293 que obtuvieron los candidatos de la “Agrupación Bombonera”, Oscar Pastor Magdalena y Pablo Abbattángelo. Totalmente fuera de la conversación quedaron los “Dale Boca”, Luis Conde y Pablo De Zorzi, con 611 votos.
La votación se realizó en perfecto orden hasta eso de las cuatro de la tarde, momento en que se denunciaron entrega de boletas y panfletos dentro del club en pleno acto eleccionario. Se sumaron algunos empujones (?) sobre el cierre, pero nada grave (?).
La cosa es que al finalizar la jornada, Abbattángelo reconoció la derrota y felicitó al nuevo vicepresidente electo Orgambide, ya que Corigliano no estaba en el club. Arrancamos bárbaro (?).
Casi inmediatamente la nueva comisión directiva mantuvo conversaciones con el Zurdo López y decidió mantenerlo como director técnico, no sin antes imponerle una extensa depuración del plantel que hizo rodar las cabezas de Barisio, Abel Alves, Juan Bernuncio, Comelles, JJ López, Quiroz, Osvaldo Pérez, Enrique Macaya, Morandini, Juan Donna y algunos pibes más.
Pasaron las fiestas, llegó fin de año y tras las vacaciones, el plantel fue citado el 9 de enero a las 9 de la mañana en La Candela. Arrancaba 1984.
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Un verano pum para arriba
La Copa de Oro en Mar del Plata fue sin lugar a dudas un espejismo que hizo creer a todo el mundo futbolístico que Boca se había reforzado bárbaro y que, sumado a lo que tenía, era serio candidato a salir campeón. Posta (?). Se llegó a hablar de Boca campeón 1984. El 16 de febrero hubo una contundente goleada a River 3-0 con tres goles de Gareca, el segundo, un golazo. Días más tarde, hubo otro triunfo a River pero por 2-0 y en el Centenario de Montevideo. El optimismo terminó de volar a la estratósfera con dos goleadas más: 3-0 a Independiente y 4-2 al Racing de la B. Un empate con San Lorenzo cerró un verano a toda orquesta en donde un par de tapas de El Gráfico hicieron crecer una descomunal expectativa por ese nuevo Boca.
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Primer palo en la rueda: el Nacional 1984
Los kilos de ilusión depositados en el nuevo Boca se vieron potenciados por el grupo accesible en el que cayó tras el sorteo del fixture del Nacional. Fue imposible ser pesimista al verse en la Zona A junto a Ñuls, Talleres y Ferro de General Pico La Pampa. Y por más que estuviera la Bombonera cerrada, las proyecciones ya ponían a Boca clasificado. Pero por desgracia, nada que ver.
Tras un arranque dudoso con empates con Ñuls en Vélez y Ferro en La Pampa, se le ganó a Talleres 2-0 en Liniers en una soleada tarde que hasta hubo disparos de bala en la tribuna que da a Juan B. Justo. Enseguida se le ganó con lo justo a Ferro por 1-0 también en Vélez y el barco parecía recontra encaminado. Pero no. Los pampeanos fueron la cenicienta y dejaron el grupo al dente entre Boca, Ñuls y Talleres. Así las cosas, el xeneize empezó a complicarse en Córdoba cuando le ganaba 3-0 a los cordobeses y terminó apenas empatando. La fecha final fue en el Parque Independencia y lo que era un trabajoso 0-0 y clasificación se esfumó sobre la hora con un gol de Víctor Rogelio Ramos. Boca terminó tercero por un gol de diferencia abajo de Talleres de Córdoba. Tremenda decepción.





El arranque en el llamado Metro fue lapìdario. Boca recién ganó su primer partido en la fecha 9, cosa que obviamente le costó la cabeza al Zurdo López. La victoria fue frente a Unión, con Dino Sani como nuevo técnico y en la ansiada reapertura de una Bombonera parcialmente habilitada. Para que sea una tarde completita, llovió (?) y el gol fue casi en tiempo cumplido y de rebote tras errar Porté un penal en el arco de Casa Amarilla. El nuevo rumbo pareció reafirmarse a la semana siguiente ganando también sobre la hora en cancha de Temperley. Pero nada que ver. Ya se venía flor de maroma (?).
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El plantel se declara en huelga
A mediados de junio empezó a cocinarse el caldo gardo que desembocaría en la huelga del plantel profesional y la aparición de la cuarta división con las camisetas blancas frente a Atlanta. Para no perder el hilo de interminables idas y vueltas es necesario ir prácticamente día por día. Ahí va (?).



El lunes 18 de junio, Guillermo Cóppola y el tesorero de Boca, Héctor Martínez Sosa, llegan a un acuerdo para firmar los contratos de Gareca (50.000 dólares) y Ruggeri (20.000 dólares). Ponen como fecha de pago el 22 de junio.Hasta acá todo bárbaro.
Ese viernes 22 de junio, Martínez Sosa le avisa a Cóppola que finalmente no va a estar el dinero, pero que lo espere un par de días que seguro iba a aparecer.
El jueves 28 de junio, Martínez Sosa habla nuevamente con Cóppola y le pide un día más para pagar. Guillote le avisa a sus representados y Gareca y Ruggeri acceden, pero avisan “...perfecto Guille, pero esta vez que paguen porque sino el domingo contra Vélez nosotros dos no jugamos eh...”.
El viernes 29 de junio, Cóppola es citado a las 18 horas en las oficinas de Martínez Sosa para pasar a cobrar. Guillote confía pero se muestra algo escéptico: “...siento confianza y un respeto absoluto por este hombre, es de palabra, pero no sé si podrá pagar. Es mucha plata...”. A las 18 se reúnen durante una hora. Hablan de los premios atrasados pero llega la hora de la verdad. Martínez Sosa abre un cajón y le da 107.000 dólares en Bonex de su propiedad. Cóppola se niega pero ante la insistencia del tesorero agarra los valores. Martínez Sosa lo tranquiliza: “...tómela, entre lunes y martes me la van a devolver, porque ya hablé con otra gente de la CD y me dijeron que van a aportar dinero...”. Cóppola agarra los Bonex y se va.
El domingo 1 de julio, con aparentemente todo solucionado, Boca le gana muy bien 2-1 a Vélez en Liniers con dos goles de Gareca. Tras el inesperado (?) triunfo, Ruggeri le tira un arsenal de flores a Martínez Sosa: “...no es porque nos haya pagado, pero realmente es un tipo muy serio, de palabra, de lo mejor que he visto hasta ahora...”.
La calma duró unas 72 horas: el miércoles 4 de julio, Cóppola vuelve al despacho de Martínez Sosa. Ahora el tema en cuestión son los premios de todo el plantel hasta el empate con River 1-1. Unos 29.000 pesos por jugador. Además se habló largo y tendido sobre un documento impago de Randazzo por 700.000 pesos, que más los intereses ya rondaba los 820.000 pesos. Los Bonex que había entregado Martínez Sosa superaban esa cifra lo que motivó que Cóppola fuera a verlo con efectivo en el bolsillo para darle el vuelto. Pero en esa reunión, el tesorero le terminó confesandp que hasta el momento no había encontrado el apoyo económico que esperaba en sus pares de CD. En castellano, nadie había puesto un mango y lo habían dejado de garpe. Guillote llamó inmediatamente a su secretaria y le hizo traer los Bonex para devolvérselos a Martínez Sosa en mano, quien le agradeció el gesto y le pidió un par de horas a ver si podía encontrar la bendita plata. Se empiezan a acelerar los tiempos.
El jueves 5 pasó de largo y tranquilamente podría ser considerado como la tensa calma que precedió a la tempestad ocurrida el viernes 6 de julio. A esa altura, en la CD nadie le daba bola a Martínez Sosa que ya no sabía donde conseguir efectivo. A las 3 de la tarde de ese viernes, ya harto, el tesorerom presentó su renuncia. Guillermo Cóppola se la vio venir (?) y juntó de urgencia a 25 jugadores del plantel en sus oficinas. Tras deliberar casi una hora decidieron no jugar frente a Atlanta el domingo 8. Guillote fue el encargado de avisarle a Corigiliano quien le pidió por favor que trate de convencer a los jugadores de presentarse a jugar. Los jugadores se pusieron más firmes que nunca y se mantuvieron en su postura inicial de no presentarse.
A las 19.30 de ese viernes 6 de julio, la huelga era oficialmente un hecho. Cóppola dio la cara ante los medios: “...esta historia comenzó cuando el plantel se negó a viajar a Córdoba para jugar contra Instituto el 22 de diciembre del año pasado. Tal vez por falta de comunicación, la CD lo tomó como un manejo político de mi parte. Nada que ver, yo jamás me metí en la política del club. Es más, se le quiso demostrar a la nueva dirigencia que el plantel estaba unido y que no quería que se volviera a lo de 1982 donde estuvo siete meses sin cobrar el sueldo. Pero en una reunión en La Candela, Corigliano le prometió al plantel que se había acabado la época de los atrasos en los pagos. Es más, les pidió que actualicen sus domicilios, porque Boca les iba a empezar a pagar con cheques a domicilio del 1 al 5 de cada mes... Pagaron las primas pero no incluyeron a Gatti, Gareca y Ruggeri y Randazzo. Pregunté qué había pasdo con Randazzo y me contestaron que se trató de un olvido. Un olvido de 700.000 pesos...”. Los micrófonos buscaban sangre y no les fue muy difícil encontrarla, ya que Cóppola tiraba a diestra, siniestra y con lujo de detalles: “...ahora se viene la gira por Europa y de los 600 dóiares por partido que iba a cobrar cada jugador ya me avisaron que Boca no puede pagar mas de 273. Esto no se puede aceptar de ninguna manera...”. Ante la pregunta de rigor acerca de si había chance de salvar el conflicto, Guillote cortó por lo sano: “...por todo esto el plantel decidió no jugar contra Atlanta. ¿Cómo se soluciona esto? Boca tiene que pagar 7.600.000 pesos argentinos. No hay otra manera...”.
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Telegrama va, telegrama viene
El sábado 7 de julio, Boca citó mediante telegramas a los jugadores para que se presenten en La Candela a las 16 horas. Pero sólo fueron Segovia y Stafuzza. Era más que evidente que la relación jugadores / presidente estaba destrozada y sin retorno. Dino Sani daba vueltas por el predio de San Justo esperando la llegada del plantel, hasta que terminó de entender cómo venía la mano y se fue insultando al aire.
Corigliano se atrincheró en la sede del club y le pidió a Cóppola un último intento para frenar la huelga. Cóppola dejó una rendija abierta al responderle “...está bien Mingo, pero vos conseguime unos cheques por el total de la deuda para depositar el lunes o martes. Un par de días te aguanto...”. Los más optimistas hablaroan de un inicio de solución. Pero nada más lejos. La bomba explotó a última hora de ese sábado cuando recién salido de la reunión con Cóppola, Corigliano envió nuevamente telegramas intimando a los jugadores para que se presenten sin falta en la sede del club a las 22 horas. Esto fue tomado como una mojada de oreja y la incipiente chance de salvar el problema se cayó definitivamente.



A las 21 los jugadores se juntaron en el departamento de Cóppola en Barracas. De ahí se fueron caminando al club. Llegaron a las 22.15. Se reunieron con Corigliano quien fue a los bifes y decidió romper el hielo preguntando por qué habían tomado una decisión tan drástica. Cóppola respondió en nombre del plantel explicando los motivos y Corigliano terminó de embarrarla diciendo que él no pensaba negociar bajo presión. Los jugadores inmediatamente se levantaron y abandonaron el club. El destino fue nuevamente el departamento de Cóppola. Estuvieron hasta las 4 am esperando los coletazos que, obviamente los hubo y de tamaño extralarge. Por ejemplo a la 1.30 cayó un auto con El Abuelo y otro señor (?) para saber bien qué es lo que estaba pasando y de paso (?) pedir explicaciones. La barra entendía el conflicto y en principio apoyaba la postura de los jugadores, no sin antes explicar (?) que nadie estaba por sobre la camiseta de Boca. Ni los jugadores, ni el presidente.




El domingo 8 de julio Boca salió a jugar contra Atlanta formando con Walter Medina, Javier Franco, Manfredi, Dos Santos, Jorge Latorre, Tessone, el Flaco Fornés, Peruchena, Denny Ramírez, el Tuta Torres y Vales. El DT fue Gonzalito, mientras que el de Atlanta fue un joven pero ya profesor Habegger.
El apoyo prometido por la barra seguramente no fue todo lo incondicional que habrán imaginado Gareca, Ruggeri y compañía. Sobre todo si tenemos en cuenta que la salida de Boca al campo de juego fue acompañada con un “...esos chorros de mierda no quieren jugar, esos chorros de mierda no quieren jugar, que se vayan y no vuelvan nunca más...”.
Los pibes de la cuarta salieron con la camiseta tradicional, pero como el Bohemio vistió todo de azul con vivos amarillos, Juan Bava hizo cambiar de ropa al local. Como el juego de camisetas suplentes estaba prolijamente guardado en La Candela, se improvisó en el acto con unas blancas de entrenamiento a las que hubo que pintarles el número de la espalda con marcador. Con el correr de los minutos la transpiración fue destiñendo al fibrón y el bochorno obligó (?) al juez a aceptar que Boca use su camiseta titular en el segundo tiempo.
Al minuto de arrancar el partido, Graciani abrió el marcador para el visitante y un viejito en el Palco Oficial gritó el gol pensando que Atlanta era Boca y viceversa. Al rato empató Dos Santos pero finalmente fue derrota final 1-2. Con el resultado puesto, algunos dirigentes tomaron la palabra y no tardaron en hacer leña del árbol caído para, ya que estaban, sumar algunos porotos en la consideración popular. Y arrancó, cómo no podía ser de otra manera, el presidente Domingo Corigliano: “...a mi no me presiona nadie. Boca no tiene obligacion de pagar las primas pero las vamos a pagar igual. En el plantel no existe la unidad que proclaman, Hubo algunos jugadores que vinieron a decirme que querian jugar...”. Cándido Vidales tomó carrera y se envalentonó: “...me emocioné viendo a los pibes. Eso es querer la camiseta de Boca. Los que no jugaron no son dignos de vestirla...”. Y Massri trató de ir más allá: “...esta vez Cóppola se equivocó y asesoró muy mal a los jugadores. Es cierto que hubo atrasos. Pero a Gareca le ofrecimos pagarle los intereses en dólares con la tasa más alta del mundo. Y los premios accedimos a pagarlos sin importar el lugar que el equipo tenga en la tabla. Por eso no entiendo esta negativa. Acá hubo intereses extraños...”.
Ese mismo domingo 8 y a raíz del conflicto del plantel profesional de Boca se confirmaba la suspensión del amistoso para el día siguiente frente a Unión Simoca de Tucumán. Corigliano ya había embolsado la mitad del cachet, lo que hizo levantar en armas (?) a Víctor Andrade, presidente de la entidad tucumana: “...no queremos cortar la relacion con Boca.Corigliano me prometió que se haría cargo de parte de los gastos de publiciad y organización que tuvimos que afrontar. Veremos...”. Claro que a esa altura de la noche, la CD estaba abocada a otro tema. En una reunión extraordinaria convocada de urgencia horas después del fibronazo, se decidió suspender por 30 días a el capitán Cacho Cordoba y a Berta. Y con 12 días a Balerio, Mouzo, Alves, Gareca, Ruggeri, Gallego Vázquez, Mario Alberto, Carlitos Mendoza, Falopa Randazzo, Segovia, Porté, Genaro, Matabós, Stafuzza y el uruguayo Krasouski. Al resto del plantel lo citaron para el martes 10 de julio a primera hora, para evaluar los distintos grados de responsabilidad y tomar las medidas correspondientes. La mano venía bien pezutti y no había miras de marcha atrás de parte de ninguno de los dos bandos. Aunque para ser sinceros, la sanción disciplinaria causó consecuencias bien marcadas: dividió a los dirigentes y unió al plantel. De hecho, a los jugadores sancionados, decidieron plegarse en solidaridad Gatti, el Potrillo Morena, Perotti, Sotelo, Di Natale, Otero, el Turco Abdeneve y Pasucci.
Al tomar conciencia de que la situación no se arreglaba así nomás, Boca pidió a oficialmente la suspensión de su fecha siguiente contra Huracán. Por suerte el Globo se copó y el partido de la fecha 16, que debía ser jugado el domingo 15 se pospuso para el jueves 26 de julio. De esa manera se ganaba una linda cantidad de días para seguir negociando.
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El último que apague la luz
Tras el domingo 15 de julio sin fútbol para Boca, el lunes 16 fue la fecha en que la dirigencia tenía que ponerse rápidamente a construir los caminos del diálogo que llevaran a solucionar el conflicto. Pero no. El mundo Boca se sacudió con una vuelta de tuerca que hizo que la situación se agravara. Algo que ya a esta altura parecía imposible. Corigliano elevó a la CD un pedido de licencia por 60 días, lo que en ese momento fue tomado casi como una renuncia encubierta. Enseguida Corigliano se apuró en aclarar que si durante su alejamiento se lograba solucionar la crisis institucional y económica del club, no tendría problemas en abandonar inmediatamente el cargo porque "...en primer lugar está Boca y luego los temas personales...". Los conocedores de la interna del club leyeron entre líneas e hicieron notar que la jugada de Corigliano más que una renuncia era una maniobra de neto corte político: se rajaba 60 días para que el club tocara fondo definitivamente y a su vuelta, con toda la oposición ya desgastada y sin crédito, no quedara otro camino que apoyar al presidente elegido por los socios. Una jugada vil que rifó literalmente la suerte de Boca Juniors a nivel institucional.
Hay que aclarar que como el vicepresidente Orgambide también estaba de licencia seguramente pasándola mejor en EEUU y el vicesegundo, Horacio Blanco estaba impedido por estatuto para ocupar el cargo, el club se mantuvo acéfalo durante esa jornada hasta que a última hora en una reunión extraordinaria de CD se resolvió darle la potestad al vicesegundo. Pareció problema resuelto, pero no. Horacio Blanco no aceptó el cargo por problemas personales y nombró a Cándido Jorge Vidales para ocupar el sillón de presidente durante los 60 días que duraba la licencia de Corigliano. Las primeras declaraciones públicas de Cándido Vidales fueron el miércoles 18 de julio: "...soy conciente de la responsabilidad mayor que llevo y por eso convoco a partir de este momento a la undiad de todos los boquenses...". Héctor Martinez Sosa, ex tesorero y uno de los puntales de la abierta oposición a Corigliano, fue el encargado de armar y acercar al club a un grupo de socios e hinchas que a partir de ese momento fue conocido como el grupo de "Los Notables".
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La aparición de Los Notables