Racing club de avellanedaa.. =)
El nacimiento.Cuando se trata de buscar el origen de Racing Club, la piedra fundamental se encontrará en nombres que nada tienen que ver con el que dio la vuelta al mundo desparramando su gloria deportiva e institucional. Y, como entidad centenaria, los comienzos coinciden con las primeras tentativas locales de formar equipos organizados como clubes. Muchas de estas iniciativas contenían apellidos ingleses que impulsaban un deporte, el fútbol, que los sajones habían traído desde su tierra en tiempos en los que los ferrocarriles eran manejados justamente por los británicos, quienes aprovechaban el tiempo de dispersión para armar equipos de once futbolistas y así poder liberar la energía de correr detrás de una pelota en busca del gol. Eran los famosos “ingleses locos” La zona en la que se dieron los primeros pasos que desembocarían, luego, en el nacimiento de Racing Club, era la misma que hoy recorren los miles de hinchas que cada vez que hay partido en el Cilindro suman su fervor para alentar a la Academia. En esa época todavía no era Avellaneda, sino que el territorio lindante con el Riachuelo se conocía como Barracas al Sur. A la vez que el siglo diecinueve comenzaba a despedirse, lo que hoy se conoce como el Gran Buenos Aires daba sus primeros pasos entre calles de tierra y chimeneas que exhalaban el humo de una zona que de a poco se transformaría un motor industrial fundamental. Volviendo al fútbol, llegó un momento en el que los criollos se cansaron de ser meros espectadores de los ingleses. Querían aprender a dominar la pelota. Y se entusiasmaron. Por eso, un grupo de empleados del Ferrocarril Sud le solicitó a las autoridades la cesión de unos terrenos para jugar allí al fútbol en los descansos. La respuesta afirmativa abrió el camino para demarcar la cancha y comenzar con los primeros desafíos, preferentemente ante equipos con mejores valores (generalmente ingleses), con el fin de enriquecerse a partir de estos enfrentamientos. El talento argentino, y particularmente racinguista, estaba ahí, sólo había que despertarlo. Los nuevos cultores del fútbol no tardaron en perfeccionarse. Transcurría el año 1898 y entonces, los empleados que se juntaban para disputar esos cotejos amistosos decidieron agruparse formalmente en un club de fútbol, que se llamó Argentinos Excelsior Club, cuya existencia fue de tres años. Al principio, el equipo fue una sensación; con el paso del tiempo, el nivel bajó y, en 1901, su disolución le dio paso a la creación de otras tres entidades: Sud América Fútbol Club de Barracas al Sur, American Club y Argentinos Unidos. Poco tardaron los pobladores de la zona, asiduos concurrentes a los partidos, en darse cuenta de que había un equipo que se destacaba sobre el resto: Barracas al Sud. La habilidad de sus jugadores cautivó a los hinchas, que se volcaron decididamente en su favor.
Barracas al Sud se transformó en un club organizado a partir del 12 de mayo de 1901, luego de un par de reuniones en las casas de Ricardo y Emilio Barceló y de Félix Cirio, en las que se designó a Pedro S. Werner como presidente, a Alfredo Lamour como secretario y a Salvador Sorhondo como tesorero. Otros nombres que motorizaban la idea de hacer un club ambicioso eran Arturo y Zenón Artola, Germán Vidaillac, Leandro Boloque, Raimundo Lamour (hermano de Alfredo), Fracisco Balestrieri, José Guimil, Pedro Viazzi, Ignacio Oyarzábal, Salvador Sorhondo, Julio Planisi, Evaristo y Alfredo Paz, Enrique Pujade, Elías Calmels, Bernardo Etcheverry, Ricardo y Ernesto Martín, Juan Sepich y José Paz.
En estos tiempos, la cocina de la casa de los hermanos Lamour cumplió funciones de sede y allí, luego de las 21, quedaba el terreno libre de todo vestigio culinario para darle paso a las decisiones sobre el futuro de la institución. Si bien el poderío futbolístico suponía la llegada de tiempos de gloria, las desavenencias entre algunos integrantes del incipiente grupo (entre otras cuestiones un tanto banales, por los colores de la camiseta: unos pretendían que fuera a bastones negros y amarillos y otros roja) provocaron una pronta ruptura y la creación, el 16 de marzo de 1902, de Colorados Unidos, cuyo titular fue Arturo Artola, con Evaristo Paz como secretario y Alfredo Guzmán como tesorero. Este nuevo club se llevó aproximadamente unos cuarenta socios, prácticamente obligando a Barracas al Sud a una reconstrucción. Lo que aportó la escisión fue poco, pero contundente: por separado era imposible construir alguna entidad con fuerza. De hecho, Colorados Unidos resultó un equipo sin mayor trascendencia, a la vez que Barracas al Sud perdió las virtudes que lo llevaron a ser “el equipo de la gente”. Una curiosidad: hubo dos personas que se mantuvieron, durante el año que duró la separación, como socios de ambos clubes. Se trata de Germán Vidaillac e Ignacio Oyarzábal, quienes fueron, en definitiva, los que propiciaron el reencuentro entre los exponentes más representativos de Barracas y Colorados.
Werner y Artola tuvieron varias reuniones antes de que se produjera la más importante. Cuando caía la tarde del 25 de marzo de 1903, ambos bandos a pleno se convocaron a un encuentro definitivo. Juan Ohaco, padre de los dos jugadores que luego serían figuras de Racing durante los años del amateurismo, fue quien autorizó que la reunión se realizara en el Mercado de Hacienda, un emblema de la zona, bajo los cuatro ombúes del sector llamado La Tablada. Llegaron a la conclusión de que, como dos clubes chicos, no había futuro; en cambio, una institución grande sí tenía porvenir. Y, por unanimidad, se resolvió volver a ser una sola fuerza deportiva. La obra, sin embargo, no estaba completa. Todos coincidían en que no repetirían nombres del pasado.
Tenían que encontrar alguno que fuera distintivo. Las propuestas fueron muchas y variadas, pero la que impactó fue la de Germán Vidaillac, joven de ascendencia francesa, quien solía leer publicaciones de origen galo. Justamente, Vidaillac echó mano a una revista cuyo nombre era Racing Club. Y puso esa denominación a consideración del resto. La unanimidad volvió a decir presente y así llegó el momento histórico: el nacimiento de RACING CLUB. Inicialmente, Colorados Unidos aportó 34 socios y un capital de $ 19,65, mientras que lo de Barracas al Sud fue un tanto más modesto: 11 socios y $ 16,35. Se estableció también que la cuota mensual sería de 1,50 para los integrantes de la comisión directiva y de 0,50 para el resto. La numeración de los asociados se hizo por un sorteo que determinó el siguiente orden: 1) Alejandro Carbone, 2) Raimundo Lamour, 3) Ignacio Oyarzábal, 4) Pedro Viazzi, 5) José Guimil, 6) Leandro Boloque, 7) Julio Planisi, 8) Pedro Werner, 9) Juan Sepich, 10) Alfredo Lamour, 11) Arturo Artola, 12) Germán Vidaillac, 13) Alfredo Paz, 14) Bernardo Etcheverry, 15) Evaristo Paz, 16) Francisco Balestrieri, 17) Enrique Pujade, 18) Elías Calmels, 19) José Paz, y 20) Salvador Sorhondo, por mencionar los primeros. Se trataba de jóvenes que no superaban los 20 años en su mayoría y con una característica inusual para la época: eran todos criollos. La efervescencia y, quizás, algo de improvisación, hicieron que los primeros pasos de Racing no quedaran registrados. El primer documento de una reunión dirigencial contiene el siguiente texto: “A los siete días del mes de febrero de mil novecientos cuatro y siendo las 3.30 pasado meridiano, se reúnen los miembros de la comisión directiva de fútbol del Racing Club y se inicia la consideración de la orden del día. En primer término se da lectura a los reglamentos que presenta el señor Alejandro Carbone y que ha redactado él mismo”. Aquella sesión se levantó a las 17.20, luego de ratificar la necesidad de que los socios se mantuvieran al día en el pago de las cuotas y de designar a Francisco Balestrieri como encargado de las cobranzas. Vale mencionar que, sobre todo en estos primeros tiempos, difíciles por cierto en cuanto a lo económico, el único ingreso con el que la entidad hacía frente a las necesidades era el que provenía del pago de las cuotas sociales.
Además, por ese entonces, Racing también buscaba un local propio para realizar las reuniones de la comisión directiva y resolver todas las cuestiones vinculadas al diario vivir del club. De eso se encargó Pedro Werner, el segundo presidente que tuvo la institución. No fue fácil la tarea, sobre todo por la mencionada cuestión de la escasez monetaria, pero Werner era un hombre que no sólo no se dejaba vencer, sino que también tenía un don especial para el convencimiento. Mientras tanto, cualquier lugar venía bien para tomar las decisiones necesarias. Incluso, la sala de espera de la estación Barracas Iglesias, hasta que el jefe de la misma, Niceto Barrios, se cansó del bullicio, de las conversaciones acaloradas y los tonos elevados, y los echó. Además, y esto pesó en la decisión de Barrios, algunos usuarios, aprovechando la volada, se colaban, situación que no estaba dispuesto a tolerar. El refugio, entonces, fue un cuarto del fondo de la tienda de Molinelli (quedaba en Mitre al 500), un conspicuo seguidor de Racing que cerraba el local cada vez que había reunión de la comisión directiva. Pero, finalmente, el perseverante Werner logró su cometido y consiguió, a los pocos meses, un antiguo almacén de la calle Montes de Oca 20, que tenía un recinto de seis metros cuadrados y una salita de tres por tres. Empezaba a cobrar vida el sueño de ser grande.
..........
El Tricampeonato.
Con el comienzo de la década del 30, el amateurismo le dio paso al profesionalismo y Racing empezó a recorrer un camino deportivo lejos de las alegrías de los títulos. Si bien eso no alcanzó para detener el avance institucional y social del club de Avellaneda, se sabe que en un club de fútbol, siempre, los resultados deportivos influyen en el crecimiento.
El paso del amateurismo al campo rentado no fue lo feliz que la parcialidad de Racing Club imaginaba. Teniendo en cuenta el rotundo suceso académico en los años románticos del fútbol local, nadie esperaba que resultara tan complicado volver a gritar campeón.
De todas formas, los distintos equipos blanquicelestes mantuvieron el virtuosismo heredado de la época amateur. Racing ganaba muchas veces, gustaba en varias ocasiones, pero no conseguía armar una campaña lo suficientemente sólida como para erigirse nuevamente en el máximo referente. Por ejemplo, en 1932, quedó segundo, a un punto de River (a la postre el campeón) e Independiente. Individualidades no le faltaron. Eran momentos en que la “bordadora” Vicente Zito dibujaba malabares en las canchas, y Vicente del Giúdice rompía redes contrarias. Con los años, se sumaron el Chueco Enrique García (Rosario Central), que se transformó en ídolo inmediatamente con su zurda prodigiosa; Alejandro Scopelli, goleador que llegó de Estudiantes, y el Machetero paraguayo Delfín Benítez Cáceres, un goleador de raza. Para la década del 40 llegó el gran back central José Salomón.
A fines de la década del 30, en 1939, el club recibió la visita de Jules Rimet, titular de la FIFA, debido a que la Argentina tenía intenciones de organizar una Copa del Mundo, algo que se demoró varios años más. Ya entrados los años 40, se adquirió el edificio donde hoy se encuentra la sede de Villa del Parque, en Capital Federal, epicentro de los más variados eventos. Era algo así como el club social y deportivo de cualquier barrio, pero con los colores por los que se vibraba cada domingo. En esa época, por Racing pasaron la orquesta de Osvaldo Fresedo, doña Petrona C. de Gandulfo y sus recetas de cocina, el poeta cubano Nicolás Guillén y el dibujante Vicente Forte.
Los años 40 no fueron gratos para la Academia, sobre todo en la primera mitad. Hasta 1945, el equipo deambuló por la mitad de la tabla y, algunas veces, más abajo también. Sólo en 1946 empezó el resurgimiento, con un cuarto puesto, a siete puntos del campeón, San Lorenzo. Las incorporaciones se fueron amalgamando poco a poco. Rubén Bravo llegó desde Rosario Central como parte de una operación múltiple, y al año siguiente, desde el mismo club, Waldino Aguirre, el Torito. El Turco Ezra Sued había saltado de las inferiores y era una fija en el equipo titular. Y para 1948 se hicieron incorporaciones fundamentales para el tricampeonato que en breve se lograría. De Huracán llegaron Juan Carlos Salvini, Norberto “Tucho” Méndez y Llamil Simes, y volvió de Atlanta Higinio García. La base estaba formada.
En 1944, dos días después de festejar el cumpleaños número 41 del club, se nombró la comisión pro adquisición del campo de deportes, que meses más tarde le compró 30.000 metros cuadrados de terreno a los ferrocarriles Sud y Oeste, donde hoy están el estadio y el polideportivo. A comienzos de 1946 se proyectó la financiación.
El club seguía con su expansión. Al renovado éxito en el fútbol se le sumaban también otros deportes destacados, como hockey y patín artístico, que se desarrollaban en el anexo de Villa del Parque. También Pichuco Troilo hacía bailar a todos los racinguistas (y otros tantos que no lo eran) en los carnavales de la época.
Racing estaba para campeón ya en 1948. Debió consagrarse. Pero ese año los jugadores iniciaron una lucha gremial sin precedentes y con consecuencias fundamentales en el desarrollo del certamen. El primer paro se levantó el 9 de abril y le dio paso al torneo. Buen presagio fue la goleada ante Boca, por 4 a 1. Con una gran serie de siete victorias consecutivas, Racing saltó al primer puesto un par de meses después. Sin embargo, los futbolistas volvieron a efectuar una huelga y el torneo prosiguió con jugadores amateurs. El equipo se cayó y fue goleado por Rosario Central por 6 a 1, perdió ante Independiente por 1 a 0 e igualó ante Platense 1 a 1. Los dirigentes, ofuscados, retiraron el equipo para las dos fechas finales. Para colmo de males, el campeón fue Independiente, que sumó su tercera corona. Otra vez se frustró el sueño el título. El maleficio seguía, pero no por mucho tiempo más.
La huelga de finales del último certamen generó una sangría de figuras en el fútbol local, ya que la mayoría se fue a jugar al exterior, principalmente a Colombia. Pero con Racing sucedió algo curioso. Como Ramón Cereijo, famoso hincha de Racing y ministro de Hacienda del gobierno de Perón, no quería que se desmantelara el plantel, algo de lo que los jugadores estaban al tanto, ni se les ocurrió gestionar el pasaporte para emigrar. Sabían que el mismo nunca les llegaría. Por eso, la Academia sostuvo la base que lograría la trilogía de títulos.
Con Guillermo Stábile como entrenador, Racing empezó el camino de la recuperación en 1949. El equipo se presentaba sólido en todas sus líneas. Claro, era importante el hecho de que los jugadores, varios consagrados, se conocían. Antonio Rodríguez; Higinio García y José García Pérez (Nicolás Palma); Juan Carlos Fonda, Alberto Rastelli (Saúl Ongaro) y Ernesto Gutiérrez; Salvini, Méndez, Bravo, Simes y Sued fue la formación base, o mejor dicho, la que fue, al final, la titular. Por supuesto que en ellos no se terminaba el plantel.
En 1949, Racing se llevó por delante a grandes y chicos, sin distinción, aunque el torneo empezó con un tibio empate ante Banfield 2 a 2. De hecho, Banfield había sacado ventaja de dos goles, que después redujeron entre Ameal y Fuchs. Segunda fecha, primera goleada: 4 a 2 a Huracán. Como el Cilindro estaba en plena construcción, Racing actuó como local en las canchas de San Lorenzo y, la mayor cantidad de veces, en Boca.
Tras el empate ante Tigre (3-3) y la victoria ante Vélez (1-0), en la quinta fecha se produjo la primera derrota, ante River, en la cancha de Boca, por un concluyente 3 a 0. Pero eso no melló el alma del plantel, que se mantuvo en la lucha. En la fecha siguiente, Racing empató 3 a 3 con Newell’s, venció a Gimnasia (2-1), perdió con Chacarita (3-2) y goleó a Lanús por 6 a 1, un resultado clave para llegar al clásico con Independiente de la mejor manera. Y vaya si fue así: con el debut del Colorado Rastelli, el equipo de Stábile goleó a los Rojos por 5 a 2, con tantos de Julio Gagliardo, Simes, Donato Hernández (2) y Méndez.
Racing se impuso en dos clásicos más, en forma consecutiva: a Boca lo superó ampliamente por 6 a 2 y a San Lorenzo le ganó por 3 a 1. Racing sumó una victoria más, por 4 a 0, frente a Ferro, antes de caer como visitante con Platense por 2 a 0, que junto con River no aflojaba. Pero la Academia tampoco se rendía. Y la lucha se hizo emocionante.
Racing encadenó una serie invicta de diez encuentros, en los que venció a Central, Estudiantes, Atlanta, Banfield, Huracán, Vélez, River y Newell’s, y empató con Tigre y Gimnasia, hasta que cayó en la 25ª jornada frente a Chacarita, por 2 a 1, como local. Una fecha más tarde, empató 2 a 2 con Lanús y se venía Independiente. ¿Aparecían algunos fantasmas? Nada de eso, la Academia dio una lección de fútbol en la primera etapa con un 3 a 0 contundente, con tantos de Salvini, Simes y Méndez, y enfiló así hacia el ansiado título, porque River cayó en esa fecha ante Newell’s, con lo que Racing estiró la ventaja.
El partido siguiente, con Boca, en la Bombonera, se suspendió cuando Racing ganaba por 2 a 1 y faltaban 11 minutos. Antes de que ese cotejo se reanudara, el equipo goleó por 6 a 1 a San Lorenzo, en la misma cancha, porque Racing actuaba como local ahí. Tres días después, otra vez la cancha de Boca fue el escenario, pero en este caso para completar el encuentro suspendido. La Bombonera estaba colmada, más allá de los pocos minutos que quedaban en disputa. Por más que el equipo xeneize atacó con toda su fuerza, la resistencia de Racing fue suficiente como para sostener el triunfo por 2 a 1. Con el pitazo final se desató la locura. La Academia volvía a consagrarse luego de 24 años. Y era merecido.
El certamen se completó con dos victorias (Ferro y Atlanta), dos caídas (Central y Estudiantes) y un empate (Platense). Pero eso fue lo de menos, porque la verdadera proeza ya estaba consumada. Racing estaba nuevamente en lo más alto del fútbol argentino y con excelentes perspectivas. Además, en 1950 se inauguró el Cilindro, por lo que el peregrinaje por distintas canchas llegó también a su fin, como la racha negra sin títulos. Pero eso fue en la última etapa del año. En estos años también se notó el crecimiento de la masa societaria: de 14.415 en 1942 se pasó a 36.636 en 1949. Por suerte, para entonces Racing había superado los años negros del comienzo del profesionalismo y había vuelto a gritar campeón.
De Italia regresó a la Argentina el Atómico, Mario Boyé, que había triunfado en Boca y que ahora llegaba para ponerse la camiseta de Racing y ocupar el sector derecho del ataque en lugar de Salvini. En el debut en el certamen, en la cancha de Independiente, la Academia venció a Boca (que había sacudido el mercado con la contratación de José Manuel “El Charro” Moreno) por 2 a 0.
Después, Racing logró seis triunfos, sólo interrumpidos por un empate ante San Lorenzo (2-2). Entre los vencidos estuvieron Independiente y River. Pero enseguida se entró en un subibaja entre derrotas (frente a Newell’s, Atlanta, Huracán, Platense, Central, Boca y Chacarita) y victorias (ante Quilmes, Estudiantes, Ferro, Banfield y Gimnasia).
A partir de la derrota frente a Chacarita, Racing regularizó su camino, algo en lo que seguramente tuvo que ver el regreso al hogar, porque en el partido siguiente, frente a Vélez, se inauguró el estadio Juan Domingo Perón, lo que generó una enorme afluencia de público, que vivió con regocijo el éxito por 1 a 0. A ese triunfo le siguieron otros cuatro, entre los que se destacaron los dos últimos de la serie, en ambos casos goleadas: 4 a 2 a Independiente como visitante y 5 a 3 contra River, en el flamante Cilindro.
Para Guillermo Stabile, la clave había sido el éxito ante San Lorenzo, que le siguió al de Vélez: “Fue definitorio, sin discusión, porque habíamos perdido el primer puesto dos jornadas antes, a manos de Boca, lo recuperamos frente a Vélez y el éxito ante San Lorenzo fue la llave del campeonato”.
La definición fue el 12 de noviembre, ante Banfield. Antes, el equipo había vencido a Quilmes, Atlanta, Ferro y Huracán, y había caído ante Newell’s y Estudiantes. La multitud en el Sur estaba expectante. Y Racing... perdió. Pero nadie se lamentó demasiado, porque el empate de Boca y la derrota de San Lorenzo le dieron el bicampeonato al equipo albiceleste. Racing fue un campeón con 10 derrotas, pero apenas un empate y nada menos que 23 victorias, lo que le sobró para sacar una diferencia determinante. Los dos últimos encuentros sirvieron para que Racing mostrara, ya sin presiones, lo mejor de su juego. Así, cerró el torneo con dos éxitos, ante Platense (4-1) y Rosario Central (4-2).
¿Era suficiente con eso? Probablemente, para muchos. Pero no para los muchachos racinguistas, que querían redimir al club después de la extensa sequía. Por eso fueron por algo inédito hasta entonces en la era profesional: un tricampeonato.
El de 1951 fue el primer certamen en el que Racing dispuso del Cilindro un campeonato completo. Además, se incorporó el esgrimista Enrique Lúpiz como preparador físico, ya que era un aspecto al que hasta ese momento no se le daba mayor importancia. Se hicieron tres incorporaciones: Héctor Grisetti, arquero de Banfield, para sustituir a Antonio Rodríguez; Juan Carlos Jiménez, de Huracán, se sumó a la defensa, y Alberto Cesáreo, de Boca, aportó lo suyo para el ataque.
El comienzo no fue del todo auspicioso. En las diez primeras fechas, la Academia ganó dos partidos (Estudiantes y Chacarita), perdió otros dos (River y Huracán) y empató cinco (Newell’s, Quilmes, Ferro, Banfield e Independiente, como visitante). En la segunda fecha Racing quedó libre. En este primer tramo del torneo quedó claro que Banfield sería uno de los rivales a vencer. Por la novena fecha, el equipo del Sur fue local ante la Academia. Albella, de penal, puso en ventaja al Taladro. Tan difícil fue el cotejo que Racing sólo pudo empatar cuando faltaban 12 minutos para el final.
A partir de entonces, el equipo logró solidez y no volvió a sufrir una derrota hasta la 23ª fecha, cuando perdió 4 a 2 ante Ferro. Después de esa caída, Racing superó a Huracán y a Chacarita, antes de encontrarse nuevamente con Banfield. El Cilindro lució un marco espectacular. Luego de que Higinio García desaprovechó un penal en el primer tiempo, Ámela puso en ventaja a la Academia. Pero apareció otra vez Albella y, cuando faltaba un minuto, empató el cotejo. Con eso, el equipo del Sur se mantuvo en la punta de la tabla de posiciones, con 34 puntos, seguido por Independiente (33), Racing (32) y River (31).
En la fecha siguiente se disputaron dos partidos “de campeonato”. Por un lado, Banfield y River igualaron 0 a 0; por el otro, en el clásico de Avellaneda, la Academia superó a Independiente por 1 a 0. La tabla de posiciones se reacomodó. Racing quedó segundo, a un punto de Banfield, Independiente tercero y River siguió en el cuarto puesto. La definición se puso picante.
Tras los triunfos ante Chacarita (2 a 1) y Gimnasia (3-0), el 28 de octubre Racing perdió el invicto que ostentaba en el Cilindro desde su inauguración a manos de Boca. Fue 2 a 1. Y podría decirse que fue una venganza del equipo de la Ribera, que lavó su honor al devolverle al equipo de Avellaneda la misma bofetada que Racing le había propinado en 1941 al quebrarle el invicto en la Bombonera.
Después, empate 1 a 1 con Vélez y regreso al triunfo frente a San Lorenzo, por 2 a 1, por la 32ª jornada, fecha en la que Banfield cayó ante Chacarita como visitante. Racing quedó a un punto cuando faltaban dos fechas y justo en la penúltima, Banfield quedó libre. River estaba tercero, a dos puntos del líder. Por la 33ª fecha, la Academia igualó ante Atlanta y alcanzó a Banfield, mientras que River empató con San Lorenzo y quedó a un punto. En la jornada final ganaron los tres equipos: Racing goleó a Lanús por 5 a 3, Banfield aniquiló a Independiente por 5 a 0 y a River no le alcanzó la goleada ante Atlanta. Todo quedaba para Racing o Banfield.
Dos partidos de desempate en la vieja cancha de San Lorenzo, el Gasómetro. Tan parejo era todo que el primer encuentro, el 1º de diciembre, terminó 0 a 0. Las más diversas conjeturas se tejieron en los días previos al choque decisivo. Porque era público que, si bien Perón, a través de Ramón Cereijo, había sido factótum fundamental en la construcción del Cilindro y el engrandecimiento de Racing, su esposa, Eva, estrechamente ligada a los sectores de menores recursos, “prefería” una victoria banfileña. Este mensaje les llegó a los jugadores de Racing, que, reunidos, se dijeron: “Ni locos. Nosotros vamos al frente”.
Y así fue. El 5 se disputó la revancha, con características similares al primer enfrentamiento. Todo era muy parejo. Pero Racing tenía un arma: Mario Boyé, el Atómico, que con un furibundo zapatazo venció la resistencia de Graneros, al minuto del segundo tiempo. Racing se convirtió así, contra todos los pronósticos que decían que las finales estaban “arregladas”, en el primer tricampeón del fútbol argentino.
Los años 50 se iniciaron de forma inmejorable, porque el bicampeonato se festejó nada menos que en la casa propia, el Cilindro, inaugurado el 3 de septiembre de 1950. Racing entraba en un período de esplendor total.
En 1951, al entidad tenía 40.907 socios y una biblioteca con 5.453 volúmenes. Fuera del fútbol, un hombre del club, como Pedro Leopoldo Carrera, se consagró campeón mundial de billar.
El anexo de Villa del Parque pasó a ser definitivamente de Racing en 1952, mediante la firma del boleto de compra-venta con fecha 22 de abril. Así, la empresa Pavimar, que hasta entonces le alquilaba los cinco lotes a la Academia, cedía a cambio de 580.000 pesos una superficie e 3.702,89 metros cuadrados.
El 25 de julio de 1953 se produjo un hecho singular. El fallecimiento de Eva Perón constó en la Memoria y Balance de ese año. Pero tan importante era la figura de la señora en el club que el citado día se descubrió un busto de bronce de Evita en la sede de Avellaneda.
Aún en tiempos de bonanza, tanta expansión tuvo un costo, por supuesto. La institución pagaba, por ejemplo, 400.000 pesos por el préstamo correspondiente a la construcción del estadio. En total, llevaba acumuladas pérdidas por un valor aproximado de 5.000.000 de pesos. Además, en 1955, la cantidad de socios había bajado un poco, a 36.933, y la afluencia de público comenzó a decaer hasta que tocó lo más profundo del pozo en 1958, con el desencanto que se produjo ante el fracaso en el Mundial de Suecia 1958.
Más allá de esto, la diversidad de actividades culturales hacía que Racing fuera una verdadera Academia en todos los sentidos. El 5 de mayo de 1956, el escritor Jorge Luis Borges disertó sobre la obra y destino de Almafuerte en el salón de actos del club; el mismo mes actuó el guitarrista Eduardo Falú y la pianista Pía Sebastián ofreció un concierto ese año.
Al año siguiente, el que pasó por Racing fue el prestigioso director Lalo Schifrin, con su orquesta Jazz de Vanguardia. En esa época se dictaban cursos para mujeres sobre trabajos con paño lency. En el aspecto económico, el club había retomado la buena senda, fundamentalmente a partir del dinero generado por las ventas de Rogelio Domínguez y de Humberto Maschio. De esta forma, los dirigentes anunciaban el saneamiento de la entidad.
A partir de allí se vivió en el club una etapa de solidez, con títulos locales incluidos, que duró en términos generales hasta el ciclo del Racing campeón del mundo, símbolo del esplendor deportivo de la institución, pero que detrás estaba sustentado por el crecimiento de una entidad grande, pujante y de bases fuertes.
................................
El ascenso y otra copa.
Mientras el país salía de un período de gobiernos de facto, en 1983, el club transitaba una de las etapas más oscuras. El 27 de septiembre de 1983, la torre del estadio Juan Domingo Perón se derrumbó y con ella casi se caen también las ilusiones de reapertura de la cancha, que había sido clausurada en 1981 por falta de mantenimiento. Las imágenes del Cilindro era un espejo patético en el que el club se veía reflejado. Aún así, con tremendas dificultades a cuestas, la cancha se reabrió el 12 de octubre de 1983, pero como una cachetada del destino, eso sólo sirvió para afrontar en casa la peor noticia de la decadencia: el descenso.
Ramón Cereijo, un histórico dirigente político ligado a Perón y famoso hincha de Racing, dijo: “Racing cayó, pero no murió”. El viejo gran campeón quedaba sumido en la peor crisis, futbolística e institucional hasta ese momento.
La gente, una vez más, dio muestras del inconmensurable amor por la camiseta llenando todos los estadios de la Argentina mientras el equipo jugó en el ascenso, generando recaudaciones asombrosas. Lo que se esperaba en ese momento de angustia era el resurgimiento. Muchos se decían entonces: “Peor no podemos estar. Ahora, tenemos que volver a ser los de antes”. La gente reaccionó, tocada en el amor propio, y, en lugar de darle la espalda al equipo, sacó más fuerzas que nunca y llenó cada cancha en la que el equipo jugó. El camino no resultó nada sencillo y una muestra es que la Academia no pudo gritar campeón en las dos temporadas que estuvo en la B. Con el apoyo fervoroso de la hinchada, con Jorge Castelli como flamante entrenador, con Miguel Brindisi a la cabeza de otra andanada de refuerzos, la Academia comenzó el duro camino de regreso a la primera.
Debutó en la categoría con una victoria por 2 a 1 frente a Los Andes, con goles de Brindisi y Pavón. Pero el equipo no logró consolidarse y despegar en la punta del certamen. A tal punto llegó la irregularidad de Racing que, finalizada la primera rueda, el técnico Castelli renunció. Lo reemplazó Agustín Mario Cejas. La crisis económica de la entidad tampoco ayudaba como para calmar las aguas. Finalmente, Deportivo Español se quedó con el título y el primer ascenso, mientras que conjunto albiceleste se clasificó para el octogonal por la segunda plaza en primera. Racing alcanzó las finales del reducido tras dejar atrás a Deportivo Morón y a Lanús. Gimnasia y Esgrima se cruzó en el camino de la Academia en los encuentros decisivos, se impuso por 3 a 1 en Avellaneda y por 4 a 2 en La Plata. Otro sueño astillado.
En 1984 los problemas en la tesorería se incrementaron. El club quedó expuesto a constantes embargos por parte de ex jugadores. Muchos dirigentes pensaban que, ante la crisis y la deuda de 1.200.000 dólares, había que deshacerse de la sede de Avellaneda y la de Capital Federal, con el fin de juntar el dinero necesario para salir del mal momento.
El año siguiente, Cejas continuó al frente del equipo y llegaron Horacio Attadía, Walter Fernández, Miguel Angel Colombatti y Néstor Sicher, entre otros. Otra vez el recorrido fue largo y difícil. A Racing, la B le costaba más de lo que suponía. La empresa de volver a primera no era “pan comido”. Pero ahí estaba el viejo Racing, intentando, sin demasiada suerte. Por eso, Cejas dejó su cargo en medio del certamen. Los siguieron Cacho Giménez (interinamente), Vicente Cayetano Rodríguez y, finalmente, otro símbolo de la Academia: Alfio Basile. Sin embargo, Rosario Central se llevó el título de la primera B. Y Racing, a duras penas, volvió a clasificarse para el torneo reducido. El primer paso en el octogonal fue con susto: se le ganó y se perdió con Banfield por 3 a 1, aunque por cuestiones reglamentarias se clasificó el equipo de Avellaneda. El acceso a las finales fue menos traumático, con dos victorias sobre Quilmes, por 2 a 0 y 3 a 1. Llegó Atlanta, llegó la gran oportunidad. Y la Academia, esta vez, no desperdició la chance. Prácticamente liquidó el pleito en el primer encuentro, en el que se impuso por 4 a 0, con dos goles de Walter Fernández, uno de Miguel Colombatti y otro de Pavón, en la cancha de River, el 22 de diciembre de 1985. En la revancha, en el mismo escenario, el 28 de diciembre el zurdazo mortífero de Néstor Sicher alcanzó para el empate 1 a 1 con el equipo de Villa Crespo. El estadio estalló en un grito sentido, esperado. Racing volvía al fútbol grande, al fútbol de primera.
Más allá de los errores, el destino parecía también ensañarse con el equipo de Avellaneda, porque justo cuando consiguió el ascenso, a fines de 1986, al año siguiente se reestructuraron los torneos de primera. Se dejaron de disputar los Metropolitanos y los Nacionales y se organizaron certámenes nacionales por temporadas, como en Europa y durante el mismo período, de mitad a mitad de año. Entonces, Racing tuvo que esperar un semestre para recuperar su lugar en primera.
Eso llevó al presidente de entonces, Héctor Rinaldi, a alquilar gran parte del equipo a Argentino de Mendoza, que disputaba el torneo regional, para que se mantuviera en actividad. Los que se pusieron a disposición del club mendocino fueron el técnico, Basile, y los jugadores Wirtz, Vázquez, Costas, Néstor Fabbri (se había incorporado, proveniente de All Boys), Ortiz, Zubczuk, Attadía, Washington González, Walter Fernández, Medina Bello, Szulz, Lamadrid, Cordero, Colombatti, Olivera, Astegiano, Acuña y Esteban Pogany (otro refuerzo). La experiencia fue un rotundo fracaso. Pero la ilusión de volver a primera era muy superior a todo. Y la hora llegó.
Ya sin Alfio Basile en la conducción, porque no llegó a un acuerdo por su contrato, por lo que volvió a ponerse el buzo de DT Rogelio Domínguez. De movida nomás, la primera recibió a Racing con dos clásicos: primero, ante River, en el Monumental, y luego frente a Independiente, en el Cilindro. Fueron dos empates, 1 a 1 con los millonarios (gol de Medina Bello) y 0 a 0 con Independiente.
El regreso no fue sencillo. El andar irregular del equipo generó problemas no sólo deportivos, sino también de orden policial, ya que se transformó en un hecho común que los barrabravas de la entidad les intimidaran a los jugadores y el cuerpo técnico. Se terminó rápidamente el ciclo de Rogelio Domínguez y, luego de algunos partidos en los que se hizo cargo la Subcomisión de Fútbol, con la colaboración de Nelson Chabay, volvió el Coco Basile; el arquero Ubaldo Fillol, en sus últimos años de actividad, pero en plenitud, volvió a la institución, y el equipo empezó a repuntar. De estar por debajo de la mitad de la tabla, Racing comenzó a escalar posiciones poco a poco, hasta quedar finalmente en la quinta posición. El campeón del torneo 1986/87 fue Rosario Central, que logró algo inédito: alzarse con los títulos de primera B y de primera A en dos temporadas consecutivas. La Academia se clasificó para la Liguilla, que ganó Independiente, que así se clasificó para la Copa Libertadores 1988.
Para la temporada 1987/88, Basile siguió como técnico y se incorporaron dos jugadores que le dieron muchas alegrías a la Academia: el goleador José Raúl Iglesias y el talentoso Nº 10 uruguayo Rubén Paz. Si bien Racing no logró el. Título, la campaña fue buena y terminó tercero, detrás de Newell’s y San Lorenzo. La primera rueda fue espectacular. A tal punto que Racing terminó primero. El equipo consiguió una serie de cinco victorias seguidas sin sufrir goles en contra, entre las que se recuerda una soberbia goleada frente a Boca, en Avellaneda, por 6 a 0, con dos goles del Toti Iglesias, dos de Colombatti, uno de Medina Bello y otro de Acuña. Racing encontró un perfil de equipo que sedujo a su gente como hacía muchos años no pasado. Pero pese a ese reencuentro con el estilo de la vieja Academia, Racing no pudo coronar tantas buenas actuaciones con un título. Como ya se dijo, el campeón fue Newell’s y Racing fue tercero. Y tampoco pudo quedarse con la liguilla, que ganó San Lorenzo.
El premio para este equipo llegaría en el ámbito internacional, con la disputa de la primera Supercopa sudamericana, un certamen reservado para los ganadores de la Copa Libertadores, que se comenzó a disputar en 1988 y que se prolongaría hasta 1997.
El 24 de febrero, el conjunto dirigido por Alfio Basile debutó en el campeonato con una victoria con historia: venció por 2 a 0 a Santos, de Brasil, en Avellaneda, con tantos de Iglesias y Colombatti. Como en la revancha igualaron 0 a 0, Racing pasó de rueda.
Esta vez, la Academia tuvo algo más de suerte que en otras oportunidades, como si la mano viniera justa para que Racing rompiera con el maleficio, al menos, a nivel internacional. Como la cantidad de equipos que quedaban era impar se hizo un sorteo, en el que salió beneficiado el conjunto de Avellaneda, que pasó directamente a las semifinales.
En esa instancia se cruzó con River Plate, vencedor de Gremio, de Brasil, en los cuartos de final y que siempre mantuvo una molesta paternidad con Racing. El 25 de mayo, día de la fundación del club millonario, se enfrentaron en el Cilindro. River se puso en ventaja con un gol de Jorge Borelli, que años más tarde se pondría la camiseta albiceleste. En el inicio de la segunda etapa, Walter Fernández hizo valer su potencia goleadora y con dos tantos dio vuelta el partido.
El 1º de junio fue la revancha en el Monumental. River volvió a sacar ventaja: a los 20 minutos ganaba 1 a 0 con un gol de penal de Nelson Gutiérrez. El encuentro se puso emocionante. El final era incierto. Todo era una incógnita. Hasta que apareció Néstor Fabbri a pocos minutos del final y con un cabezazo venció a Nery Pumpido. Racing estaba en las finales de la Supercopa.
Otra vez el formato hizo que Racing actuara como local en el primer encuentro, el 13 de junio. De vuelta a sufrir en el desarrollo, porque, como River, el equipo de Belo Horizonte pasó al frente con un gol de Robson, a los 36 minutos. Sin embargo, Walter Fernández seguía “encendido” y anotó el empate. Los minutos pasaban, pero la igualdad no se rompía. El Cuando el resultado parecía sellado, apareció otra vez Walter Fernández, escapó por la izquierda arrastrando a varios marcadores, tiró el centro atrás y Miguel Colombatti batió a Wellington. El delirio se apoderó de Avellaneda.
Cinco días después, a sufrir al Mineirao, de Belo Horizonte. El gran golpe fue a los 43 minutos del primer tiempo, con la gran escapada de Omar Catalán, que terminó en el fondo del arco brasileño. Con la carrera fervorosa del goleador, el estadio enmudeció, salvo por ese puñado de hinchas argentinos apretujados en un rincón de esa mole de cemento. El segundo tiempo fue a todo corazón.
Había que sostener el resultado. Basile cambió figuritas: hizo entrar a Ramón Medina Bello por Catalán, pero sacó a Rubén Paz y lo puso a Hugo Pérez. A los 37 minutos, Robson igualó el cotejo, pero ya estaba muy cerca la Academia. Y el partido terminó. Y la Academia se desahogó después de tantas frustraciones. Y otra vez, al menos en una flamante copa internacional, gritó campeón.
Unos meses después, el 17 de septiembre de ese año, Racing se quedó con otra copa, la Supercopa Interamericana, al vencer a Sportivo Herediano, de Costa Rica, por 3 a 0, en tiempo suplementario, aunque este título nunca fue reconocido oficialmente por la Confederación Sudamericana de Fútbol.
Claro que eso no importaba demasiado: Racing estaba nuevamente instalado en el concierto importante del fútbol. Al menos deportivamente, la Academia volvía a brillar.
..........................
Volver a gritar campeon.
La cita en la cálida mañana de verano fue bien temprano, en el Hindú Club, de Don Torcuato. Lejos del ruido de la gran ciudad, en ese oasis verde que supo ser refugio de muchos equipos. A las 8.30, el plantel empezó a salir del vestuario y los jugadores se sentaron en el centro de la cancha principal con Reinaldo Carlos Merlo. Se establecieron las pautas iniciales, todos empezaron a conocerse. Allí buscó Racing la intimidad necesaria para empezar a construir una gesta heroica, un grito ahogado por muchos años, un mito que revivirá con el recuerdo de cada hincha académico: el logro del título en el torneo Apertura 2001, después de 35 años de amarga e injusta espera.
El camino no fue sencillo. El equipo, a comienzos de 2001, estaba seriamente acuciado por el temido fantasma del descenso y venía de hacer la peor campaña de su historia, en la que quedó último, en el torneo Apertura 2000. Hacía falta un importante giro de timón y un aporte económico genuino para rescatar a la institución. Hacia allí se apuntaron los esfuerzos desde el momento en el que el juez de la quiebra, Enrique Gorostegui, estimó como propuesta más confiable la realizada por Blanquiceleste S.A.
El reglamento sólo permitía la llegada de un par de refuerzos, no más. Sin embargo, Racing hizo tres incorporaciones. El delantero Luis Rueda y el defensor chileno Pablo Contreras ocuparon las plazas permitidas y se repatrió al atacante Maximiliano Estévez, quien rescindió su préstamo con Racing de Santander y se reincorporó a la Academia sin problemas porque su pase pertenecía a Racing.
Después de muchos años, el equipo hizo una pretemporada pensando exclusivamente en los objetivos deportivos. Atrás habían quedado las incomodidades de otras temporadas en las que a duras penas y con problemas económicos e institucionales los jugadores podían realizar un trabajo como las exigencias del fútbol de hoy indican. Esta vez, Bariloche y todos los hinchas de Racing que hay ahí le brindaron el calor y la tranquilidad necesaria para empezar a forjar la mística de grupo.
El torneo Clausura 2001 empezó mal. La esperanza de Racing comenzaba en el Cilindro, frente a Talleres, pero el destino parecía empecinado en poner a prueba el temple celeste y blanco: derrota 1 a 0. Con un nuevo técnico, en ese momento sin identificación con el club, y un plantel sin demasiada renovación, en el que predominaban viejos valores como Claudio Ubeda, Sergio Zanetti, Gastón Sessa, jóvenes que habían crecido a la sombra de los malos tiempos, como Javier Lux, Adrián Bastía, Carlos Arano, el propio Chanchi Estévez y Vicente Principiano, entre otros, y refuerzos buscados con los pocos pesos que tenía el club, como José Chatruc y Osvaldo Canobbio, la historia pintaba complicada.
En el segundo partido, frente a Los Andes, como visitante, los gritos de los hinchas se hicieron sentir. El empate 2 a 2 no conformó y Merlo empezó a sufrir en carne propia los reclamos populares. Se le recriminaba un planteo poco audaz. Se mezclaban las necesidades y el gusto histórico de los hinchas. No había tiempo: había que levantarse como fuere, había que andar. Y el equipo anduvo, con algunos dolores, pero anduvo.
Hubo dos victorias muy importantes, hasta podría decirse que inesperadas, aunque jamás imposibles para el espíritu de un Racing que a lo largo de su existencia siempre supo inflar el pecho afrontar los más difíciles momentos. Los dos triunfos fueron en el Cilindro, como para calmar los ánimos de la gente.
Primero, por la tercera fecha, Maximiliano Estévez siguió con su costumbre de hacerle goles a San Lorenzo y anotó los dos tantos de la gran victoria por 2 a 0; en el medio, un valioso empate como visitante ante Chacarita, y por último, de vuelta en Avellaneda, un gran éxito ante Boca por 2 a 1, con goles de José Chatruc, de penal, y de Luis Rueda, quien en ese momento no imaginaba que ese sería su último tanto del torneo y que su rendimiento iría en baja hasta perder la titularidad a manos del uruguayo Osvaldo Canobbio, a la postre el goleador del equipo junto con Estévez, ambos con seis tantos.
Después de la alegría con Boca llegó un choque extrañamente más importante desde el punto de vista matemático, frente a Argentinos Juniors, uno de los rivales directos por el descenso. Claro, era una situación extraña, porque Racing, por historia, vibraba con los choques frente a los grandes, pero su futuro se dirimía, fundamentalmente, con los rivales directos en la lucha por mejorar su promedio. Con los antecedentes de los éxitos ante San Lorenzo y Boca, la confianza estaba en un punto bien alto. Entonces, la rosa volvió a mostrar sus espinas: caída por 2 a 0 en Ferro y a sufrir otra vez. Encima, el posterior empate 0 a 0 como local ante Unión sólo hizo revivir los gritos de las primeras fechas.
Los altibajos fueron una característica. Siguieron tres victorias en cuatro partidos, hasta un nuevo e inesperado traspié, en Avellaneda, frente a Almagro, por 4 a 0, que fue el comienzo de una serie complicada, porque fue el primero de seis partidos en los que la Academia no pudo ganar. Ni en los clásicos volvió la alegría, porque frente a River se cayó en forma rotunda, por 3 a 0.
La recuperación llegó en el momento justo, cuando los nervios y los miedos habían ganado la escena, cuando el promedio flaqueaba. El empate 1 a 1 ante Colón, en Santa Fe, en un partido que estaba perdido, levantó al equipo. Luego, con una victoria por 4 a 1 frente a Rosario Central, el 5 de junio de 2001, en el Cilindro, Racing no sólo volvió a la senda del éxito, sino que ese día se salvó definitivamente del descenso y la promoción.
Pero la historia de ese torneo Clausura tenía reservada una última sorpresa. En la jornada final, el equipo se despidió con un festejadísimo éxito en el clásico ante Independiente por 1 a 0, como visitante, con un tanto de penal de Maximiliano Estévez. El hecho de haber evitado la promoción y de conseguir el resonante éxito final ante el rival de toda la vida fue el preanuncio del romance que se generaría entre el equipo y los hinchas en el campeonato siguiente, con la obtención del título.
Se había cumplido el primer objetivo, entonces era el momento de volver a los primeros puestos y empezar a recuperar el prestigio. El plantel se renovó, llegaron muchos refuerzos y se armó un plantel competitivo, sin incorporaciones resonantes, sino más bien buscando con cuidado cada uno de los hombres.
Aunque nadie negaba el deseo de salir campeón, no se apuntaba directamente al título, sino que se pretendía pelear arriba en ir consolidando una estructura.
Llegaron el arquero Gustavo Campagnuolo (de San Lorenzo), el lateral izquierdo colombiano Gerardo Bedoya (Deportivo Cali), los zagueros Gabriel Loeschbor (Rosario Central) y Francisco Maciel (Almagro), el lateral derecho Martín Vitali (Independiente), los mediocampistas Gustavo Barros Schelotto (Villarreal, de España), Cristian Ríos (Unión), Leonardo Torres (Chon Buk Hyundai, de Corea), Alexander Viveros (Fluminense, de Brasil) y el delantero Rafael Maceratesi (Rosario Central).
Se hizo una nueva pretemporada, esta vez en Mar del Plata. En esos días en la costa el grupo empezó a forjar la mística ganadora, lejos del ruido, en la intimidad, poco a poco.
La ilusión se puso en marcha la noche lluviosa del viernes 17 de agosto en Avellaneda, frente a Argentinos Juniors. Carlos Arano abrió el camino con una escapada individual que terminó en un gran zurdazo desde afuera del área. Pero como nada es fácil para Racing, el partido se complicó, Argentinos empató y hubo que remar nuevamente. Pero ese campeonato la suerte estaba del lado de la Academia; en el segundo tiempo un centro terminó con el gol en contra de De Muner y la victoria final de Racing por 2 a 1.
Ese triunfo fue el primer eslabón en una cadena invicta de once partidos que, como en el final del Clausura, continuó frente a Independiente. Y, aunque no fue una victoria, se festejó como tal. Racing perdía 1 a 0, pero intentaba, iba al frente. Y, de tanto buscar, tuvo su premio en el último minuto: centro, el arquero Rocha que sale mal y Loeschbor, con un cabezazo, desató un festejo de ribetes épicos.
Luego de la segunda fecha, Racing quedó cuarto. Fue la única vez en el campeonato que la Academia no estuvo primera, porque tras el empate ante Independiente el equipo hilvanó tres victorias seguidas, frente a Rosario Central (1-0), Newell’s (2-1) y Talleres (2-0). Un empate ante Belgrano (0-0) y un dificilísimo triunfo ante Huracán en Parque Patricios (1-0, gol de Barros Schelotto) precedieron a otro gran impacto racinguista, que empezó a catapultarlo definitivamente como serio candidato al título. En el Cilindro, Racing goleó a San Lorenzo por 4 a 1, con tantos de Loeschbor, Estévez, Bedoya y Maceratesi. El entusiasmo no sólo fue por el resultado: Racing tuvo una producción futbolística de alto vuelo. Fue, casi con seguridad, el mejor rendimiento del equipo en el campeonato.
La mitad del campeonato se acercaba y Racing seguía firme en la cúspide de la tabla de posiciones. Les ganó a Unión (2-0) y a Colón (2-1). El último partido de la serie invicta fue en La Plata, ante Estudiantes. Otro día lluvioso. El primer tiempo terminó con la cancha embarrada para la Academia: 0-2. Parecía que la primera derrota era un hecho, porque remontar dos goles ante el equipo platense, en su cancha, no resultaba sencillo. Pero en el entretiempo algo cambió. Los jugadores salieron con todo el amor propio a jugar los últimos 45 minutos, sorprendieron al conjunto pincharrata y enseguida consiguieron el empate, con dos tantos de Estévez, a los 4 y a los 6 minutos. La alegría era inmensa, porque Racing quedaba otra vez mano a mano y con el envión favorable para intentar pasar al frente. Y lo hizo: a los 26 minutos, José Chatruc quiso hacer una pared y le salió, pero con un rival; cuando entró en el área, definió de derecha y desató el delirio de la hinchada. Fue una victoria muy importante.
El partido siguiente era con Gimnasia, pero primero se disputó el clásico ante Boca, que correspondía a la decimoquinta jornada y que fue adelantado porque el equipo xeneize debía disputar la Copa Europeo-Sudamericana frente a Real Madrid, en Japón. El cambio no fue positivo. Ese jueves, la gente de la Academia llegó a la Bombonera con la ilusión en alto, pero Juan Román Riquelme estuvo inspiradísimo, Boca brilló y Racing se vio superado. Fue 3 a 1 y Maxi Estévez marcó el descuento. Pero las derrotas también sirven y el equipo de Mostaza fortaleció su espíritu de cara al tramo final del certamen.
Al domingo siguiente quedó claro que de ninguna manera los jugadores estaban vencidos. No dudaron un instante del camino a seguir. Y claramente a Gimnasia y Esgrima La Plata, en Avellaneda, por 4 a 1. Un resultado rotundo en una fecha especial: fue un 4 de noviembre, día que se hizo un lugar en los corazones albicelestes desde que en 1967 el Chango Juan Carlos Cárdenas le marcó el golazo a Celtic.
Un vibrante empate frente a Nueva Chicago (4-4) en la cancha de Vélez y una ajustada victoria frente a Chacarita por 1 a 0 antecedieron al “partido del campeonato”. Racing-River, en el Cilindro. El estadio se llenó, como en las grandes tardes. La Academia llegó a ese encuentro con cinco puntos de ventaja sobre los millonarios. Esteban Cambiasso puso en ventaja al equipo dirigido por Ramón Díaz. La tensión en los hinchas fue creciendo de a poco, porque los minutos transcurrían, pero el empate se demoraba. A diez minutos del final, el resultado seguía inalterable. Hasta que a cuatro minutos del final apareció el zurdazo inmortal del colombiano Gerardo Bedoya para romper el cero en el arco de Angel Comizzo y poner el marcador 1-1. La explosión que se produjo en la cancha fue única. Ya la gente de la Academia sentía el título al alcance de la mano. Quedaban sólo tres fechas.
La cercanía de la vuelta olímpica posiblemente haya hecho que, con un empate 0 a 0 ante Banfield, en la cancha de Huracán, River consiguiera acercarse a tres puntos a falta de dos encuentros. Racing jugó mal frente al equipo del Sur, pero esa tarde Merlo, apenas terminado el encuentro, abandonó su cautela habitual y la frase “paso a paso” para mandarles un mensaje a los jugadores y a todos los hinchas: “Ahora me cansé. Vamos a salir campeones”. Fue la inyección anímica, la palabra motivadora en el momento justo.
Una semana después, el Cilindro rebalsó de hinchas frente a Lanús. La confianza estaba intacta. Toda la Academia soñaba con una consagración anticipada para festejar en casa. Rafael Maceratesi abrió el marcador luego de una serie de rebotes y el delirio se apoderó de las tribunas, que volvieron a estallar sobre el final, con el gol de José Manuel Chatruc. La victoria de River sobre Argentinos por 3 a 1 postergó la consagración, pero no empañó la fiesta.
Racing siempre tuvo destino de sufrimiento. Esta vez no fue la excepción. El 20 de diciembre estalló en el país una crisis política, económica y social de enormes proporciones, que terminó con la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa, sucedido brevemente por el senador Ramón Puerta.
Durante esos días de violencia e incertidumbre se declaró el estadio de sitio, lo cual no resultaba el contexto apropiado para definir el campeonato de fútbol. Que Racing no tuviera la posibilidad de dar el último paso en la carrera hacia una consagración que llevaba 35 años de espera era casi intolerable para los hinchas, que a esas alturas no entendían que el maleficio pudiera llegar tan lejos.
El día elegido fue el 27 de diciembre de 2001. El que quedará grabado por siempre en la memoria de todos los racinguistas. Ese día no importó el resultado del equipo millonario, porque la Academia no necesitó de terceros. Después del 0 a 0 del primer tiempo, a los ocho minutos del segundo llegó el centro preciso de Bedoya y el cabezazo goleador del guerrero de la defensa, Gabriel Loeschbor. El delirio y la emoción explotaron en Liniers y también en Avellaneda, en el Cilindro, donde 40.000 almas que no pudieron conseguir su entrada para estar en el estadio José Amalfitani se reunieron para vivir, a través de una pantalla gigante, todas las alternativas del partido final.
Por fin, Racing podía gritar CAMPEON. Tuvieron que pasar 35 años para que el destino les permitiera a los racinguistas abrir la boca y pronunciar con toda la fuerza de las cuerdas vocales ese sentimiento pintado de celeste y blanco. Las lágrimas en los rostros de los hinchas se reflejaban dentro del campo en jugadores como Carlos Arano, el lateral izquierdo que se forjó en las inferiores y cuya habitación en la casa de los padres todavía se mantenía juvenilmente revestida con la pasión de la Academia. Se emocionó él en el césped, se emocionó su padre en la tribuna. Festejaron todos durante largas horas, días, semanas y meses, porque el título de Racing, el más esperado de todos, fue saludado por propios y extraños.
Solo me quedo con esta frase, que me conmovio el corazon:
"El mundo del fútbol se arrodilló una vez más ante una gesta histórica del equipo más apasionado de la Argentina: Racing Club."
http://www.racingclub.com/historia.php
-
0Seguidores
-
1.388Visitas
-
2Favoritos
¿Seguro que deseas bloquear a este usuario?
¿Seguro deseas procesar este post?
Global
Argentina
Chile
Colombia
España
México
Perú
Uruguay
Venezuela
21 comentarios
igual te quiero
ahi van +10
mañana te prometo mis 10
El domingo cueste lo q cueste! el domingo tenemo´ q ganar!
ESTE CLUB ES MAS AMARGO KE LA SELECCION ARGENTINA
\"llene 2 canchas\"