Algunas de las respuestas orgánicas que el ciclismo estacionario produce en los entrenados también se producen al entrenar a cielo abierto. La diferencia es que quizás, en el caso de la bici fija en salón, aparecen de manera abrupta, por lo tanto es importante tenerlas en cuenta y bajo control.
Pedalear en un salón cerrado, sea invierno o verano, con una veintena de bicicletas ocupadas por personas con diferente nivel de entrenamiento, un profesor que guía la clase, música y todo el entusiasmo y adrenalina que se libera, hará que el cuerpo eleve su temperatura rápidamente (ni hablar si la resistencia o carga comienza a aumentar). Además, transpiramos en grandes proporciones y nuestra frecuencia cardiaca se eleva a niveles a los que probablemente nunca antes habíamos llegado.

Entrenar en la bici fija


Inquietudes de primerizos

Hay tres preguntas comunes que los principiantes en materia de ciclismo estacionario suelen hacer:

1- ¿Por qué transpiro tanto en una clase de ciclismo estacionario?
En primer lugar, porque el ambiente es cerrado, y el viento que, al aire libre, generalmente ayuda al cuerpo a enfriarse, no está en el salón. Además cada una de las personas que pedalea a nuestro lado libera energía calórica, y eso aumenta la temperatura del ambiente. ¡Imagínense multiplicar eso por 20 ó 30 bicicletas ocupadas!
Por otra parte, muchas veces no utilizamos ropa específica para ciclismo o prendas livianas que nos permitan liberar mejor el calor y transpirar menos.

2- Cuando transpiro, ¿bajo de peso?
Sí, bajamos de peso al transpirar, pero hay que ser conscientes de que lo que liberamos mayormente en forma de transpiración es líquido. Pueden llegar a consumirse hasta 500 ó 700 calorías por sesión de ciclismo estacionario, dependiendo del trabajo que se realice, pero esa pérdida se deberá a eliminación de líquido. Por esta razón es muy importante hidratarse antes, durante y después de la clase.

3- Mediante el ciclismo estacionario ¿aumento mi nivel de entrenamiento?
Sin dudas, en las sesiones de ciclismo estacionario puedo realizar trabajos difíciles de hacer en la ruta, como escalar una pendiente de pie, realizar sprints alactácidos (de corta duración y máxima intensidad), sesiones a ritmo e intensidad constantes y controlados y completar una hora de entrenamiento de manera segura y supervisada por un especialista.

Escucha a tu corazón
Teniendo en cuenta los puntos anteriores, al comenzar a rodar en gimnasio es aconsejable que sumemos al entrenamiento una herramienta indispensable. Se trata de la frecuencia cardíaca (FC), es decir, de la cantidad de veces que el corazón late (ver columna). Conocerla es primordial para cuantificar la intensidad de los entrenamientos y para conocer el estado del sistema cardio-respiratorio. Además, a mediano y largo plazo será una herramienta que permitirá comparar y establecer diversas adaptaciones, producto del entrenamiento planificado y sistemático.
Muchos profesores enseñan a sus alumnos a tomarse la FC antes, durante y después de la parte central de la sesión. Puede hacerse mediante la utilización de un cardiotacómetro o de manera manual (contando la cantidad de latidos en 6 segundos y multiplicándolos por 10). El uso de un medidor de frecuencia cardíaca nos brindará información constante y precisa sobre los cambios en nuestro sistema cardiovascular, sobre cómo estamos asimilando el trabajo que se está llevando a cabo. Además, a partir de conocer la FC, sabremos en qué zona y/o área funcional nos encontramos, de acuerdo el esfuerzo que se está realizando. Es que el control de la FC debe responder a una planificación sistemática, en la que, conociendo ciertas variables como edad, sexo, nivel de entrenamiento, objetivos, se planifica el trabajo de cada sesión.
Por otro lado, si no estamos entrenando de manera planificada y sistemática, no tenemos en claro objetivos futuros para los que entrenar y entrenamos por nuestra cuenta, o simplemente practicamos ciclismo estacionario para movernos un poco, también es muy útil conocer el comportamiento de la FC, para saber cómo el cuerpo responde a los esfuerzos, como se comporta el corazón en determinadas situaciones y además se pueden llegar a prevenir algún tipo de anomalía en las respuestas del sistema cardiovascular, como por ejemplo, algún tipo de arritmia.

En la clase
Al comenzar el pedaleo, la FC aumentará progresivamente. Es bueno tener en cuenta sus cambios, pero sin obsesionarnos. Generalmente, hay un aumento y luego una estabilización. Y si la intensidad aumenta, lo hará también la FC. Estos cambios se corresponden con los momentos de mayor y menor intensidad de la clase. Es aconsejable recordar los valores más altos en cada momento de la clase y también los de las recuperaciones o pausas, para luego analizarlos junto con el entrenador.
También existen varias tablas con zonas determinadas por variables, como edad, sexo y FC máxima, en las que se establece la FC según el sexo y la edad de la persona que entrena y las zonas funcionales. Pero estas tablas son teóricas, pro lo tanto dejan escapar varios otros factores, como el nivel físico de la persona, la experiencia y el stress.
Recordemos que si practicamos actividad física regularmente, la capacidad de nuestro sistema cardiovascular se incrementará y podrá resistir a esfuerzos mayores de manera eficiente. A esto se llama adaptación.
Queda claro que un entrenamiento –sea al aire libre o en gimnasio, como en este caso- que pretenda ser consciente, controlado, específico y que nos permita lograr nuestros objetivos y a la vez evitar el sobreentrenamiento, debe contar con esta herramienta indispensable que es el control de la FC.

CONTROLES
Para medirte mejor


Un cálculo útil para conocer mejor nuestro organismo a la hora de entrenar y poder obtener la frecuencia cardíaca máxima, es el siguiente:
Hombres: 220 – edad.
Mujeres: 226 – edad.
Existen pruebas directas e indirectas para obtener esta información, pero lo ideal sería conseguirla por medio de una prueba específica que dará como resultado el valor de la FC máxima.
Las áreas funcionales determinadas (generativa, subaeróbica, súperaeróbica, etcétera) nos permiten entrenar combinando los trabajos según los objetivos y con una planificación sistemática que respete los principios básicos del entrenamiento (recuperación, progresión, especificidad), lo que permitirá lograr adaptaciones y asimilar positivamente las cargas de trabajo. Es decir que mejorará nuestro nivel de entrenamiento.