El relato de un hincha de river


Tuvieron el ascenso al alcance de la mano, pero volvieron a regalar la oportunidad de terminar con el martirio de todos nosotros. Se cagaron en el hincha que los acompañó todo este año e hizo lo imposible por respaldarlos en todos lados. Se cagaron en ese hincha que, sin críticas de por medio, se bancó el papelón de los superclásicos de verano y hasta se sumó al verso de "tirar todos para el mismo lado". Todo por River, ¿pero ustedes para qué lado tiraron?

Luego de 36 fechas de no jugar a nada, de no encontrar un mínimo de estilo de juego, de festejar goleadas efímeras y de sufrir derrotas escandalosas, el torneo les regaló una nueva oportunidad de reivindicarse. De milagro, de casualidad, les permitió llegar punteros a la anteúltima fecha de la B Nacional.

Sí, este cruel torneo de la B Nacional, que tan competitivo juraron que era, les regaló otra posibilidad (la enésima) de dejar atrás esta temporada de la manera más decorosa posible: logrando el título. Entonces, presos de la ingenuidad, de la ilusión de empezar a encontrar la luz en medio del capítulo más oscuro en la historia de River, los hinchas coparon Santa Fe creyendo que podrían lograr el tan ansiado ascenso.

Alrededor de 20.000 hinchas de River hicieron kilómetros y kilómetros de viaje soñando que, si Instituto no ganaba o Central perdía, el ascenso sería posible. Después de todo, ustedes sólo le tenían que ganar a Patronato... ¡Patronato, muchachos! Pero no, justo en el momento menos oportuno, los volvió a sofocar la presión, el pánico escénico los paralizó y, a los siete minutos de juego, ya perdían 1-0. Increíble.

O no tanto, porque al fin de cuentas, cada vez que dependió de ustedes mismos, más sufrió la gente. Por qué habrían de cambiar ahora, si fueron lo mismo a lo largo de todo el año: un equipo apático, que ganó por goleada los partidos en los que le permitieron golear, que derrochó triunfos y puntos hasta el hartazgo en los minutos finales de varios encuentros (¡varios encuentros!), y que tuvo que sufrir hasta el último segundo para encumbrar cada una de sus victorias.

Y, en Santa Fe, quedó a la vista, no quisieron ser menos. Se burlaron de esos hinchas que los bancaron desde el primer día, desde la pretemporada en Chapadmalal, y que lo dejaron todo por seguirlos hasta donde fuera necesario. No hubo distancia, dinero ni tiempo que les impidiera acompañar al equipo en cada uno de los 36 partidos más dolorosos en la historia del club. En cambio, ustedes, entre hoteles cinco estrellas, spa, asados en Nordelta y excursiones a las islas del Tigre, no solo que se dieron el lujo de cuestionar a la gente, sino que además demostraron no tener los huevos suficientes para afrontar semejante presente. Ganen el sábado, cagones.