sobre obreros y millonarios

En 2008, Bertoli atajaba en el Argentino B y Domínguez era rey en la Copa de la UEFA y ganaba la Supercopa de Europa ante el Manchester United. El sábado se encontraron en un penal.

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El fútbol tiene esos laberintos. De repente, un arquero que nunca atajó en la máxima categoría del fútbol argentino se convierte en verdugo de un jugador al que admiraba y del que deseaba sus goles. Un tal Sebastián Bertoli, un auténtico desconocido lejos de los recorridos del fùtbol del Interior, resultó el inmenso protagonista de un sábado de asombro bajo el cielo de Santa Fe. El, que siempre defendió el mismo arco -el de Patronato- y que invariablemente soñó defender el de ese equipo que siempre miró de lejos, el River de su corazón, estuvo en El Cementerio de los Elefantes ante el desafío de su carrera: River, más necesitado que casi nunca antes en su historia, tenía un penal clave en el camino de su ansiedad inevitable por regresar a Primera. Enfrente estaba Alejandro Domínguez, el Chori, el mismo que conoció la gloria en distintos rincones del mundo. Lo que pasó lo mostró ese partido de alto rating y máxima intensidad: Bertoli fue el superhéroe.

En ocasiones, el más popular de los deportes permite que los desplazados se rían de los consagrados. Pasa en los Mundiales, allí donde el Senegal -aquella colonia- le puede ganar a su antiguo opresor, Francia, en pleno partido inaugural. Pasa en los torneos de elite, allí donde un equipo chipriota -el APOEL- se puede animar a jugar frente al Real Madrid, en los cuartos de final de la Champions League. Sucede acá y ahora, en nuestra B Nacional, el torneo de segunda categoría más importante de la historia del fútbol argentino. Bertoli y Domínguez son esta vez los protagonistas del nuevo asombro.

Entre 2007 y 2009, Domínguez se transofrmó en una figura de las más codiciadas del fútbol de Europa. Crack sin objeciones en la Liga de Rusia, campeón de la Copa de la UEFA y de la Supercopa de Europa (ante el Manchester United) con el Zenit San Petersburgo, elegido como el mejor futbolista del campeonato, cotizado en millones, pretendido por los gigantes del continente, contratado por el Valencia. Era, en aquellos días, un jugador factible de Selección. En simultáneo, Bertoli defendía el arco de Patronato en canchas aptas para tropiezos y contornos de público escaso. Anduvo canchas como las de Juventud Unida de Gualeguaychú, Colegiales de Concordia, Sol de América de Formosa o Atenas de Río Cuarto. En el 2008, pasó de la cuarta categoría a la tercera, tras consagrarse campeón del bravo Argentino B. Dos mundos distintos.

Pero siempre hay un día en el que todo puede cambiar, al menos por un rato, por esos 90 minutos que duran para siempre. River, el más campeón del fútbol argentino, visitaba a Patronato, que jugaba de prestado en la cancha de Colón. Mitología o no, ese estadio en el que cayó el Santos de Pelé, volvió a ser cementario de otro elefante. El River líder -el de la fiesta inminente, el de los suplementos del regreso listos, el de la convocatoria impresionante- cayó ante ese Patronato de la semana traumática, de las sospechas de incentivación, del presupuesto no tan grande. Aquel Bertoli del fútbol obrero se quedó con la fiesta. El mismo Domínguez del fútbol millonario terminó contando su dolor. Lo contó en Twitter: "Les pido PERDON a todos los que nos apoyaron hoy". El fútbol, como tantas veces, se encargó de modificar escenarios: el centro de la escena quedó para aquel que nadie esperaba.

3 comentarios - sobre obreros y millonarios

@Leohan -1
jajajaja los tags! "te cagamos el ascenso" jajajaa
@michi12345 -1
dominguez?? iba de aguatero suplente seguro
@Azul-y-oro07 +1
LA VIRGINIDAD Y LA DIGNIDAD (UNA VEZ PERDIDA ES PARA SIEMPRE) RIVER VUELVAS O NO, SEGUIRAS SIENDO DE LA B