¿Quién dijo que no había que festejar? River volvió a Primera tras 363 días y tuvo un desahogo Monumental. De la mano de Almeyda, que conmovió con sus lágrimas, y de Trezeguet, héroe del ascenso. Y subió Quilmes. Y Central e Instituto, a Promo.
23-J La Resurrección
Esa lágrima que cae por la mejilla de Matías Almeyda es la de los hinchas que se abrazan en la tribuna, la de los jugadores que se amontonan sobre el piso del Monumental, la de un Daniel Passarella que se come los dedos en el palco presidencial. Esa lágrima es el sufrimiento y la angustia por los peores 363 días de la historia de River. Es desahogo. Es alivio. Es un título. Es ascenso directo a la Primera. El lugar de donde nunca se tendría que haber ido.
El Pelado se abraza con su ayudante Amato, recibe un beso de su esposa, sigue con las lágrimas y va al encuentro de esos pibes que se recibieron de hombres y de esos hombres que se recibieron de ídolos, como el caso de David Trezeguet, a quien le bastaron seis meses para meterse en la historia del club y en el corazón del hincha. Trece goles en la B Nacional, uno que nadie olvidará ante Almirante Brown, dos goles en la tarde de la consagración para destrabar un partido que, para no perder la costumbre de este año errante, venía anudado por todos lados. Tanto que, durante un buen tramo, mientras llegaban noticias de goles de acá y de allá, los resultados llevaban a River a un desempate por el segundo ascenso directo, con Instituto.
Pero apareció David con un gol tan grande, pese a un pequeño offside, que se metió entre sus favoritos: "Este gol fue más importante que el que le hice a Italia en la final de la Eurocopa 2000. No sólo se agregó el gol que dio el ascenso, sino que soy hincha. Tiene doble sentido. Este supera al de la Eurocopa", confesó, sin vueltas, ni temor a vender humo, porque el gran David lo dijo con sentimiento de hincha. Para Almeyda, que andaba con la camiseta del 23-J la Resurrección, que vistió al plantel durante el festejo y resumió de manera exacta el valor del título, también fue una tarde de emociones fuertes, pero no se cree más de lo que es: "Acá el único ídolo es Enzo. En menos de un año lo pusimos a River en el lugar donde tiene que estar", dijo el DT que tuvo coraje para asumir en un momento caliente, dejando los pantalones cortos y poniéndose el buzo de DT.
River es un desahogo gigante, como el de Trezeguet y el del Pelado Almeyda, porque otra vez es de Primera. Y sí, por fin llegó el día de la resurrección.