La no fiesta del tricampeón: "Deberíamos sentir más euforia"

La no fiesta del Tricampeón


Los jugadores de la selección española de fútbol, de izda a dcha, Pepe Reina, Santiago Cazorla, Sergio Ramos y Xabi Alonso, posan en el avión que trasladó al equipo español desde Kiev a Madrid, tras imponerse en la final de la Eurocopa 2012 a Italia por 4-0. EFE/Juan Carlos Cárdenas

No hubo bailes, ni besos apasionados, ni lluvia champagne, ni bromas. La España tricampeona celebró una no fiesta por una Eurocopa con la que todos contaban.

"Ha sido una euforia más moderada. No sé si con lógica o sin ella. Sí, es cierto que deberíamos sentir más euforia", admitió Xabi Alonso, moderado y sereno pasada la medianoche de Kiev, donde España acababa de sumar su tercer gran título consecutivo, un hito, una rutina.

Un gesto. Iker Casillas, el capitán, el hombre que plantó un apasionado beso a su novia y reportera de televisión tras ganar el Mundial, se limitó el domingo, dos años después, a un abrazo casi fraternal.

Casillas, Alonso y todos sus compañeros llevaban una camiseta-polo roja perfectamente planchada e impoluta. Ni una mancha de champagne, ni de tarta, ni de nada tras una fiesta moderada en el vestuario.

Una selección serena y reflexiva, alejada de aquella que hace cuatro años en Viena rompió con 44 años de sequía de títulos, lo que desató la locura. Como quizás les ocurra a Casillas y su novia, la pasión se extingue con el paso del tiempo, cuatro años, y con la consecución de tres trofeos seguidos: dos Eurocopas y un Mundial.

Los jugadores españoles salieron del vestuario dos horas después de terminar la final de la Eurocopa ante Italia con una goleada por 4-0 tras una exhibición de fútbol.

Antes se produjo el desfile de los futbolistas italianos, con la mueca torcida y sin ganas de hablar. Sólo se pararon dos futbolistas: Gianluigi Buffon, el gran "capitano", y Riccardo Montolivo.

Buffon realizó exactamente el discurso que se esperaba de un líder de su categoría: "No debe haber lágrimas, sólo orgullo por lo que hemos hecho".

Previamente había pasado Antonio Cassano mirando con cierto desprecio a los periodistas. También Mario Balotelli, con unos enormes auriculares apretados al cuello, pero con idénticas maneras que "Talentino".

Mientras, en el vestuario español estaban el Príncipe Felipe, heredero de la corona española, y Mariano Rajoy, presidente del gobierno. No hubo mucho que esconder, a diferencia de hace dos años tras la final del Mundial de Sudáfrica, cuando Carles Puyol recibió a la reina Sofía tapado apenas con una toalla.

El primero en abandonar la moderada fiesta privada de los futbolistas fue Del Bosque.

El seleccionador recibió con buena cara los desmesurados abrazos de los periodistas/hinchas españoles y luego puso la mejor de sus sonrisas para hacerse fotos con los voluntarios.

Luego fueron saliendo los jugadores, muy juntos. Muchos a la carrera, como Xavi Hernández, y otros con más pausa, como Casillas, el último en marcharse después de atender la avalancha de solicitud de entrevistas.

"Sí, es cierto que estamos muy tranquilos. Pero la alegría va por dentro. Seguro que cuando lo pensemos mejor, cuando estemos con todos los nuestros, vamos a darnos más cuenta de lo que hemos logrado", aseguró Casillas.

Y lo mismo dijo Iniesta: "No somos conscientes de la magnitud de todo esto".

Qué diferencia con aquella escena de la Eurocopa de hace cuatro años, cuando una decena de futbolistas salieron a la zona mixta formando un trenecito, con Xavi en calzoncillos y con futbolistas y periodistas empapados en champagne.

Finalmente, los futbolistas se montaron el autobús, en el que iba el trofeo de campeón de la Europa, y se marcharon hacia un céntrico hotel de Kiev. Allí, pasadas las 3:00 de la madrugada, comenzó una cena privada con los componentes del equipo y sus familiares. "Pero todo tranquilito", como dijo David Silva.