El enganche no tiene club donde jugar. Se fue de Boca anunciando que se sentía “vacío” y no logró concretar su pase a un club del exterior. Hoy deambula entre la espera, el retiro y una camiseta nueva en la Argentina.
Riquelme no tiene destino asegurado. Su futuro es incierto e indescifrable. Desde aquella final perdida por Boca en el Pacaembú, los pasos del enganche no tienen un lugar concreto hacia donde dirigirse. Durante las últimas semanas las especulaciones crecieron, cambiaron y disminuyeron según los intereses de los equipos. Pero a esta altura parece que el mejor jugador del último semestre en la Argentina no es pretendido por ningún equipo del exterior.
Parece ilógico, pero es real. Riquelme es uno de los mejores jugadores dentro del mundo del fútbol. Lo ha demostrado en todos los equipos donde jugó y en diferentes competiciones. Boca fue el lugar donde se formó, donde tuvo una mayor preponderancia en el armado del juego y en donde lideró a sus compañeros dentro y fuera de la cancha. Así lo hizo hasta el último encuentro que jugó frente al Corinthians, pero ya no es parte del plantel.
El tiempo pasa, las ofertas desaparecen y la continuidad de Román es parte de una duda que por estas horas parece no tener respuesta. Algunos días después de su anuncio en Brasil, los rumores marcaron que el camino del ídolo “xeneize” lo llevaba al país carioca. Al mismo lugar donde había confesado que estaba “vacío” y no podía continuar porque “no tenía más nada para dar”.
El nombre del Flamengo se posicionó en la cima de los interesados, pero Román no aceptó la oferta porque no le conformaba el momento deportivo del equipo. Palmeiras apareció y desapareció en un instante de la lista de interesados. Cruzeiro parecía llevárselo pero no hubo un acuerdo económico y la operación se diluyó. El presidente de Villareal, Fernando Roig, le bajó el pulgar para volver a España y cerró las puertas del submarino amarillo.
En Argentina, Tigre y Argentinos Juniors preguntaron por él, pero se sabe que Román prefería no enfrentar a Boca y que los dirigentes del “xeneize”, encabezados por Daniel Angelici, no querían que el ex número diez juegue en el país. Entre tantas idas y vueltas el pase nunca se logró concretar, y al día de hoy Riquelme no tiene club.
Será difícil encontrar una explicación certera de por qué ningún equipo quiere contar con los servicios de Riquelme o por qué los que quieren tenerlo no pueden lograr que la negociación se concrete. Combinar el interés del jugador con el de los dirigentes de Boca y el de los clubes demandantes parece ser una tarea imposible. El temperamento y la edad de Román asoman como una de las posibles causas de la falta de interés de otros clubes.
Las especulaciones siguen latentes a dos semanas del comienzo del torneo. Existe la posibilidad de que Riquelme no juegue hasta que decida regresar a Boca y sentirse a gusto en el lugar que trabaja. Eso sólo lo puede saber el mismo jugador al que no se le escucha la voz desde aquella noche en la que anunció que se iba.
La culpa la tienen Falcioni, Angelici, la dirigencia de Boca o los clubes que no se interesan en él. O quizás no la tenga ninguno de ellos y las exigencias de Riquelme no sean compatibles con los demás actores de la historia. Lo cierto es que el fútbol se pierde a un protagonista que sabe tratar bien a la pelota y que Boca se quedó sin su mejor jugador. La novela aún no tiene final, pero sí es cruzada por una línea de incoherencia absoluta. Ningún equipo del mundo ha logrado concretar una negociación con uno de los mejores jugadores que quedan en América. Será cuestión de esperar.
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