la favorita brasil


Uruguay debuta con un triunfo sufrido ante los pibes de Emiratos Arabes, gracias a la jerarquía de ese "pura sangre" notable que es Luis Suárez y a las zurdas distinguidas de Gastón Ramírez y Nico Lodeiro. Brasil juega media hora prendiendo el turbo y aunque se despeina un poco sobre el cierre del juego, le gana con lo justo a Egipto. España e Inglaterra pisan una baldosa floja y tropiezan en su debut. Los locales apenas si logran un empate ante los senegaleses, mientras que los acaparadores de todos los títulos que pueden conseguirse en los sitios en donde una pelota esté involucrada, caen a precio de oferta contra unos japoneses que el día que aprendan que en el área se puede frenar, ya no solo copiarán mejorado sino que tendrán su propia impronta.

Las crónicas podría seguir, y el esfuerzo por disimular lo obvio terminaría siendo inútil. Allí están todos ellos peleando desde el jueves por una medalla. Comenzando antes de la ceremonia inaugural, imponiendo sus propias reglas, a contramano de los tiempos lógicos y confirmando que el fútbol y el espíritu olímpico siempre se miran con cierto recelo. Pero juegan. Están ahí, tienen acción. Y nosotros los miramos con el mejor plasma, desde el sillón más cómodo, pero desde afuera. Con la ñata contra el vidrio y sin poder disfrutar de la chance de soñar con hacer "oro" por tercera vez consecutiva.

Cuando en Atenas 2004, el fútbol le devolvió al deporte argentino la satisfacción de escuchar el himno, ver la bandera flameando y ocupar el lugar más alto del podio, no pocos diluyeron el logro por pegarle a Marcelo Bielsa, en esa época otro deporte nacional. Es tan cierto que el fútbol olímpico es un universo acotado, por los límites de edad, la cantidad de participantes y un nivel que no se acerca a la excelencia suprema, como que la brillantez y contundencia del logro lo ubicaron en el lugar que se merecía. Campeón invicto, ganando los seis partidos y sin recibir un solo gol en contra fueron números lo suficientemente absolutos como para darle lustre a la conquista.

Cuatro años más tarde, el equipo de Sergio Batista con Messi como estandarte, más el apoyo de Agüero y Dimaría como laderos y Riquelme como una de las excepciones al tope de edad, repitió el título y acercó a aquellos que querían un equipo más cercano a su ideología futbolística.

La falta de cultura olímpica de buena parte de nuestra sociedad, indiferente en cierta medida del increíble y silencioso esfuerzo que hacen la mayoría de los deportistas que nos representarán y que relativiza un diploma por no ser medalla o se manifiesta con brutal frialdad ante aquellas disciplinas que son la verdadera esencia de los juegos, es la misma que ahora ante la ausencia, quizás pueda apreciar lo obtenido con el fútbol.

No es ésta de Londres la única vez que el fútbol dice ausente, de hecho en Sydney 2000 se quedó con las ganas la generación de los Riquelme, Aimar, Cambiasso, Milito o Saviola, pero con esos pesos pesados alcanza para comprender que en aquella ocasión el problema no pasaba por la falta de recursos, sino por el contrario, por un exceso de abundancia de jugadores consagrados.

El último sudamericano juvenil que se jugó en Perú a principios de 2011, otorgaba las tradicionales dos plazas para los juegos y el equipo que dirigía Walter Perazzo, uno de los responsables del fracaso, pero no el único, fue incapaz de lograr la clasificación. La tercera posición alcanzó para llegar al mundial de la categoría pero fue insuficiente para llegar a Londres. "El objetivo era la clasificación para el mundial y no los Juegos Olímpicos", fue la frase con aire de excusa con la que se cubrió el técnico y que todavía hoy produce cierto escozor.

Vale la pena un mínimo vistazo de los nombres que estuvieron en ambos torneos, para entender algunos de los motivos del faltazo. Un año y medio más tarde son muy pocos los que se han consolidado en primera división y tienen continuidad. Si hacemos un ejercicio repasando apellidos la conclusión es elocuente.

Solo Erik Lamela, que se sumó para la competición mundial y el tucumano Roberto Pereyra juegan en el exterior en la Roma y el Udinese respectivamente. Podríamos sumar a Iturbe cuyo pase pertenece al Porto, pero el diminuto delantero nunca pudo hacer pie con solvencia. Igual caso el de Araujo que ahora se incorporó al Barcelona B para ganar experiencia. Cirigliano en Ríver, Laba en Argentinos Juniors, Nervo en Arsenal, Tagliafico y Ferreyra en Banfield y Battaglia en Huracán son titulares en sus equipos pero con pocos partidos en la máxima categoría. Agreguemos a Pezella, Funes Mori y González Pires, o Andrada, el arquerito de Lanús, como buenos proyectos, pero que tampoco vieron la luz de forma definitiva

El resto de los que vistieron la camiseta nacional en aquellos torneos conforman un listado que define la austeridad de ésta generación o al menos su falta de roce en el nivel más alto. Adrián Martínez (San Lorenzo), Claudio Mosca (Arsenal), Cardozo (Estudiantes L.P), Ruiz (Gimnasia L.P), Luque (Colón), Mauro Díaz (Unión Española de Chile), Villafañez, Galeano y Lucas Krupzky (Independiente) alternan en sus clubes e intentan terminar de definir su identidad futbolística.

Pensando en sumar valores que no llegan al tope de los veintitrés años y que podrían reforzar un hipotético equipo como Lisandro López, Valentín Viola. Lucas Ocampos o Iván Bella la cosa podría tomar un poco más de color, aunque seguiríamos lejos de otros tiempos mucho más fecundos.

El profundo vacío que deja el fútbol en los juegos obliga seriamente a un replanteo. Es la voz de alerta más fuerte que se enciende en muchos años y debería ser escuchada. Con la frase "ya no salen tantos jugadores como antes" se explicarán las razones de la crisis. Es tiempo de buscar las causas para no analizar solo las consecuencias.

La falta de trabajo en la búsqueda de valores, opacada por la necesidad de resultados también en inferiores, es un motivo sensible para entender la escasez. La improvisación en algunas designaciones y una evidente pérdida del rumbo desde la salida de Pekerman y Tocalli resulta la razón más profunda.

La llegada de Marcelo Trobbiani quizás augure un tiempo mejor. Se debe barajar y dar de nuevo. Las medallas que en su momento fueron denostadas, ahora que solo tenemos ausencia se extrañan muchísimo.

Definitivamente, uno valora lo que tiene a partir del momento en que lo pierde.


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