En cualquier final olímpica de 100 metros, el jovencito Yohan Blake habría sido campeón excepto en las dos en que Usain Bolt ha participado. Todos los grandes mitos de la velocidad se habrían inclinado frente a Blake, lo que otorga dimensión a sus impactantes 9”75: de Carl Lewis a Ben Johnson, de Jim Hines a Mo Greene, todos ellos habrían sido vencidos por el heredero. Porque Blake, no lo olvidemos, es el heredero del mago volador.

Bolt Airlines. Menos fino que en Pekín’08 y Berlín’09. Así de rotundo. Menos fino porque padeció incidencias en la preparación, especialmente esa escoliosis que agarrota sus isquiotibiales, acortándolos tras esfuerzos intensos y repetidos. Hace solo un mes era complejo imaginar que entre Glen Mills, su técnico, y Hans Müller-Wohlfahrt, su doctor, podrían recuperar el edificio. Se pusieron a ello y lo consiguieron: acondicionaron a Bolt lo justo para meterle en la recta de la alfombra mágica de Londres. El resto fue obra del pistolero del Calibre 41.

El oro de Pekín fue el de la facilidad deslizante. Aquel Bolt (9”69) ni siquiera intuía su auténtico potencial, pero poseía una fluidez que pasmaba. Más que correr se deslizaba. El oro de Londres es el de la voluntad. Bolt está en peor forma que entonces y ha corrido más rápido (9”63) en valor absoluto aunque el diferencial de viento (nulo en Pekín por +1,5 en Londres) iguala prácticamente los cronos aplicando el factor corrector. Este Bolt algo cargado de espalda ha vencido desde la convicción más que desde la superioridad, que también. Pero sobre todo ha sido la cabeza la que ha ha guiado sus pasos. Voluntad, esfuerzo, empeño en no dejarse vencer. He ahí la causa de su histórico doblete (solo Carl Lewis lo consiguió antes y fue por el doping de Ben Johnson).

Calibre 41. En Pekín, en Berlín, en Londres: todas sus finales son 41 zancadas. En las previas baja a 40. ¿Cómo es eso? Cuando se relaja en series, dejándose ir, corta el ciclo de frecuencia de sus piernas y sus últimas ocho zancadas se amplían exponencialmente, de ahí que sea menor el número total de pasos. En Pekín y Berlín ya corrió las previas 40. En las eliminatorias de Londres, también. Ya más en serio, dio 40,5 pasos en las semifinales, señal inequívoca de que estaba ocultando sus auténticas fuerzas. Y a la hora de la verdad, en la final, sacó el Calibre 41 para clavar su pie derecho exactamente en la línea de meta cuando contabilizaba su cuadragésimoprimer apoyo. Metrónomo Bolt, cuya combinación de frecuencia de paso (4,25 zancadas/segundo) con amplitud de zancada (2,44 m. de promedio) le convierten en imbatible mientras siga manteniendo la voluntad de ser el campeón. ¿Hasta Río 2016?


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