Si bien se entreveía la decisión de Ariel Ortega de retirarse, no es fácil digerir la noticia.
El “adiós”siempre es difícil. Lastima. Acongoja porque se va una parte de nosotros y se sabe que vamos a extrañar. Y extrañar es doloroso y también suele desgarrar.
El entrañable "Burrito" comunicó que no jugará más al fútbol profesional. Nunca sabremos qué hubiese pasado si en River lo cuidaban un poco más. No sabemos las maravillas que nos podría haber regalado.
Lo cierto es que deja el fútbol profesional el último artista del balón que lució el manto sagrado para dar satisfacciones al pueblo riverplatense y para humillar a los contrarios con sus caños, apiladas y golazos.
El 14 de Diciembre de 1991, el pibito de sólo 17 años debutó con la banda en el pecho y el enamoramiento fue instantáneo ante el atrevimiento y habilidad incomparable que mostró en su temprano debut. Nadie lo amedrentaba, encaraba, gambeteaba y burlaba con la pelota en el pie a cuanto rival se le acercase.
A partir de allí Ortega fué el símbolo para los amantes del paladar riverplatense. Para los otros no, nunca lo comprendieron. Y con su magia también vinieron los goles (79 en total), los bailes a Boca en la Bombonera, los desparramos a cualquiera en cualquier cancha que toque y los 7 títulos (la Copa Libertadores 1996, Apertura 1991, 93, 94 y 96 y Clausura 2002 y 2008).
Precisamente Ortega fue el protagonista desequilibrante en este último logro de nuestro River y a los pocos meses fue usado en una patética operación mediática (Agosto del 2008) entre América TV e Independiente Rivadavia (Vila) con el propósito de utilizarlo en una operación política-económica (Avila) montada para el año electoral.
Es que alrededor de "Orteguita" sobrevolaron buitres que con hipocresía hacía como que lo protegían, cuando sólo pretendían utilizarlos aprovechándose de otra cualidad del jugador. La Humildad, esa que tanto hace falta en estos tiempos riverplatenses.
Fuentes de Información
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