Hace 40 años se mancho de sangre el deporte

Medallas manchadas de sangre


Hace 40 años, en los JJ.OO. de Munich, un grupo terrorista palestino dio un golpe comando en la villa y asesinó a once deportistas israelíes.


Hace 40 años se mancho de sangre el deporte
Operativo comando. Fueron ocho los terroristas palestinos que perpetraron el golpe contra la delegación de Israel. Durante 21 horas la villa olímpica estuvo cercada.


La noche del 5 de septiembre de 1972 era tranquila, algo calurosa. Hasta que a las 4.30 empezaron las 21 horas más dramáticas de la historia olímpica. En la oscuridad de la villa, sin policías a la vista, ocho hombres saltaron las vallas de contención ayudados por atletas estadounidenses que pensaron que eran trasnochadores como ellos y se dirigieron hacia el departamento 1 de Connollystrasse 31, el edificio donde dormía la delegación israelí. Eran terroristas palestinos de la organización Septiembre Negro. Ya se olía la muerte. El golpe comando se inició con dos asesinatos, los de Moshé Weinberg, entrenador del equipo de lucha, y Josehp Romano, pesista, y siguió con el secuestro de otros nueve israelíes. La razón de ser de esa acción era pedir la liberación de 234 prisioneros palestinos. Todo lo que se hizo en esas 21 horas para resolver la situación, fracasó. Los rehenes murieron, además de un policía alemán. Los únicos sobrevivientes: tres terroristas.



sangre

Oro y sangre. Los Juegos Olímpicos de Munich ‘72 tienen el recuerdo de las siete medallas de oro de Mark Spitz, pero también quedaron manchados de sangre. La Organización para la Liberación de Palestina le había pedido al COI que una delegación participara en los Juegos. La petición fue negada. “Participaremos en las olimpíadas a nuestra manera. Secuestremos rehenes (israelíes) para intercambiarlos por prisioneros en Israel”. Eso dijo Abu Iyad –uno de los líderes de la OLP– a Abu Daoud, cerebro del ataque, pero que no participó de la acción, una tarde en Roma, mientras tomaban un café. Comenzaba así a gestarse uno de los actos terroristas más recordados de la historia. Después de esa reunión, se eligieron a los ocho que llevarían a cabo el asalto y comenzaron los viajes a Munich para estudiar el terrero. Incluso uno de esos ocho trabajó en la organización de los Juegos.




Diez días antes del ataque, viajaron por última vez a Munich. Allí, Abu Iyad le entregó a Abu Daoud los fusiles Kalashnikov, que habían sido llevados de contrabando, para la operación. La noche del 5 de septiembre Daoud llevó a los atacantes a un restaurante en los alrededores de la estación de trenes de Munich. Cenaron y partieron a la villa olímpica en taxis, con sus armas en bolsos deportivos. “El plan era cortar las rejas para entrar. Pero cuando llegamos pudimos mezclarnos entre varios atletas estadounidenses ebrios que estaban escalando una valla. Teníamos órdenes estrictas de no matar a nadie, excepto en defensa propia, reveló Daoud en 2006, en una entrevista con la agencia Associated Press. El papel del cerebro del ataque se limitó a esperar que sus compañeros ingresaran en la villa, después huyó. La primera vez que Daoud admitió públicamente haber participado de la masacre de Munich fue en 1999, cuando publicó el libro Palestina: de Jerusalén a Munich. Murió en 2010, debido a un fallo renal, en Damasco.


“La facilidad que tuvo Septiembre Negro para entrar a la villa olímpica fue por culpa del pasado. Alemania se empeñó en borrar cualquier conexión con los Juegos de Berlín ‘36, los del nazismo. Había poca seguridad. Al llegar a Munich, todo parecía perfecto: las calles estaban llenas de color y había flores por todas partes; hasta los uniformes de los guardias eran alegres. Se notaba el esfuerzo que hacían para mostrarle al mundo que habían cambiado. Me sentía seguro en la Villa Olímpica, pese a que había pocos guardias. Bastaba decir que uno pertenecía a alguna delegación y podía entrar fácilmente”, recordó Shaul Ladany, atleta israelí que pudo escapar del asalto, a la revista colombiana SoHo en julio pasado.


Las negociaciones fracasaron una y otra vez. Hasta llegar al desenlace conocido. La muerte de los once atletas israelíes, cinco secuestradores y un policía alemán fue vista, en vivo, por 900 millones de espectadores en más de 100 países.


HACE


Eso entorpeció el plan de rescate: los secuestradores seguían al instante los movimientos de la policía. Los planes por salvar la vida de los atletas estuvieron llenos de fallas. Uno de los apuntados fue Manfred Schreiber, jefe de la policía alemana. “Cuando llegamos, estaba oscuro. No lo podía creer, hubiésemos inundado el campo con luces. Pensamos que tenían más francotiradores o coches armados, pero no los tenían. Los alemanes fueron inútiles en todo sentido”, aseguró el día después de la masacre Zvi Zamir, jefe del Mossad, el servicio de inteligencia israelí. Los francotiradores, según versiones, no eran profesionales sino policías aficionados a la práctica de tiro.


Después de ese episodio, la primera ministra de Israel, Golda Meir, ordenó al Mossad lanzar la Operación Bayoneta (conocida, también, como Operación Ira de Dios) para buscar y eliminar a los tres terroristas palestinos y a cualquier integrante de Septiembre Negro que tuviera relación con la OLP. La misión tuvo relativo éxito. Adnan Al-Gashey, Mohammed Safady y Jamal Al-Gashey fueron los tres terroristas sobrevivientes y protagonistas de mil y una versiones sobre sus destinos. Los dos primeros se presume que murieron. Al-Gashey reapareció en 1999, cuando concedió una entrevista para el documental Un día de Septiembre. No se sabe si continúa con vida.



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Documentos secretos. Los cuarenta años de la masacre de Munich no deben ser olvidados, por ese motivo Israel sacó a la luz, el miércoles pasado, 45 documentos secretos que incluyen protocolos de reuniones de urgencia en Israel, y telegramas. Los informes muestran cómo Israel pidió al gobierno alemán y al COI que suspendieran los juegos, pero según advertía en ese momento la embajada israelí en Bonn decidieron no hacerlo porque la televisión alemana no tenía una programación alternativa.


Otro documento, firmado por Zvi Zamir, jefe del Mossad, dice que los alemanes no hicieron el mínimo esfuerzo por salvar vidas, lo que querían era seguir con las Olimpíadas y terminar el asunto como sea.



En Londres casi no mencionaron la tragedia. Los recientes Juegos Olímpicos de Londres eran la oportunidad perfecta para el COI de homenajear, a cuarenta años de la masacre, a los atletas y entrenadores israelíes que murieron en Munich. Pero el COI, siempre atento a las cuestiones que puedan afectar su negocio, y sin intenciones de mencionar el peor episodio en la historia olímpica para no ofender a las naciones árabes, se negó a recordar a la masacre de Munich en la ceremonia inaugural. Apenas dedicaron un minuto de silencio, en un acto casi improvisado y tres días antes de la apertura. “Creemos que la ceremonia inaugural no es el lugar adecuado para recordar un incidente tan trágico”, había advertido Jacques Rogge, que en Munich ‘72 participó como regatista y no abandonó la competencia después de la tragedia. Recibió la dura respuesta de los familiares de las víctimas, con Ankie Spitzer (mujer de Andrei Spitzer, entrenador olímpico de esgrima) a la cabeza. “Le pedí a Rogge que tome una posición, que haga historia. Me dijo que está maniatado. Le dije: ‘Las manos y pies de mi marido estaban atadas cuando fue tomado como rehén y asesinado en las Olimpiadas’. Rogge no tiene el valor de tomar una posición clara. El COI se salió con la suya.”






LA EXPERIENCIA DE UNA NIÑA ARGENTINA DE LA TRAGEDIA

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Silvia Borgini era la más pequeña de la delegación argentina que hace 40 años participó de los Juegos de Munich. Su recuerdo.



El recuerdo de Munich ’72 lleva en sí ese sabor agridulce. En el mismo corazón de los Juegos Olímpicos que pregonan cada cuatro años solidaridad, compañerismo y esfuerzo, se gestó el horror. El ataque del grupo comando palestino Septiembre Negro, que terminó con la vida de once integrantes de la delegación israelí, un policía alemán y un terrorista se llevó adelante con una facilidad que asusta. Y para muchos deportistas que debieron ser los protagonistas de una fiesta, la memoria alrededor de lo que sucedió en la Villa Olímpica se tornó dual: la alegría de haber cumplido un sueño y el relato de cómo, de alguna manera, la masacre tocó a cada uno de ellos. El reto y el espanto, dos caras de una misma experiencia.



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Silvia Borgini era la más pequeña de la delegación argentina. Había logrado quedarse con una de las plazas para las pruebas de natación. La preparación había sido ardua. La recompensa, infinita. “Viví las Olimpíadas con la mirada de una nena de 14 años de esa época”, recuerda en diálogo con 442. Lo bueno, y también lo malo. Corrían los primeros años de la década del ’70. Ni los 14 años de aquel entonces, ni el hecho de ser mujer, ni la natación -y mucho menos la circulación de la información internacional- se acerca a los tiempos que corren.


Ilusión olímpica. La chispa competitiva se encendió en el cuerpo de Silvia en los preselectivos para México 68. Los vio con su entrenador, Tito Pescio, y ella quedó flechada. De inmediato arrancó con los entrenamientos. “A la mañana iba al secundario, y a la tarde, temprano, iba a entrenar. Después de un descanso volvía a la pileta. Así era mi vida. Y llegue a nadar 1.600 metros por día. Por eso llegue a los Juegos”, repasa Silvia.


deporte


La familia Borgini apoyó desde un principio el sueño de la nadadora. Cada uno desde el lugar que pudo. “En ese momento, la rutina que me daba mi entrenador me la hacía hacer entre comillas mi mamá. Acá –Silvia es de Luján- tenemos el Club Náutico ‘El Timón’, que tenía pileta cubierta, y mi mamá iba y venía, se paseaba al lado mío. Yo nadaba y ella me controlaba los tiempos y el entrenamiento. Tito venía los martes y los jueves y los sábados era día de toma de tiempo”, recuerda. “Yo creo que esa la forma de llegar. Y fijate que no tiene nada que ver a esta época”, dice, como quien sabe que dio lo máximo de si.


Papá Borgini no quedó al margen. Herrero de oficio, fue quien le fabricó unas poleas y unas pesas para que ella pudiera complementar con gimnasia cuando no estaba bajo el agua. “Mis papás eran obreros. Nosotros no recibíamos un peso de nada. Viajábamos a los torneos en tren. Te podés imaginar que yo vivo a 70 kilómetros de Capital, así que se viajaba en tren. En épocas de torneos íbamos todos los días. Volvíamos a las tres de la mañana y al otro día había que ir a la escuela y hacer toda la rutina”, cuenta.


Silvia consiguió boleto a Munich en un campeonato que se realizó en Rosario, donde participó de tres competencias: 200 m libres, 800 m libres y 400 m combinados. Sus logros no los mide en tiempos o medallas. Para ella la clave está en la superación. “No me acuerdo bien como quedé. A mí en realidad lo que me interesó y me quedó es que yo bajé el tiempo en los 800 libres. Había hecho récord argentino. A lo mejor no bajé todo lo que tenía que bajar porque, con 14 años, viajé sin mi entrenador y sin mi mamá, que me acompañaba todos los días”. Silvia tampoco recuerda a la dama de compañía que le designaron para viajar. Es más, asegura que nunca la vio. Lo que sí revive al detalle haber conocido a los grandes de la natación. “Tengo muchas anécdotas, como por ejemplo estar entrenando al lado de Mark Spitz sin saber que era Spitz. Te podés imaginar que cuando nos dimos cuenta nos pasamos de andarivel para saludarlo. Él, de perfil totalmente bajo, saludaba. No tenía ningún tipo de problema. Y era la figura.”


Reminiscencias de la tragedia. “El ser olímpica es un sello que no te quita nadie. Es único, porque lo que vos vivís es lo máximo. Esa solidaridad, el compañerismo, el respeto del otro. El juego limpio. El estar con los mejores, saber que vas a dar lo mejor y que vas a representar a tu país lo mejor posible para que quede bien tu camiseta”. Eso, para Silvia, fueron los Juegos. Sin embargo, esos valores, dice, se opacaron la madrugada del 5 de septiembre. Y todo, repite, lo vio a través de los ojos de una niña de 14 años.

“Un buen día nos despertamos y nos empezaron a pedir los carnets, que a veces lo hacían y a veces no. Veíamos un mayor control, entonces empezamos a preguntar y nos empezaron a contar que habían matado a unos israelitas, a entrenadores, que habían tomado a once israelíes de rehenes y que los secuestradores eran terroristas”. Silvia recuerda que nadie sabía bien lo que pasaba, y gran parte de eso se debía a que, hasta ese momento, todo había sido perfecto. Luego repasa los relatos, los controles, las banderas a media asta y un parate de un día en la competencia. “Nos dio mucha pena. Opacaron los Juegos Olímpicos. Alemania había hecho todo el esfuerzo, la Villa Olímpica era hermosa, todo empezaba a horario. Era como la perfección y esto nadie se lo imaginaba. Y creo también que Alemania no estaba preparada para un ataque terrorista”, sentencia.



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Con el correr de los años la dimensión sobre lo que sucedió en la Villa Olímpica de Munich cambió. Entre aquella nadadora adolescente y la actual concejal de Luján pasaron cuarenta años. “A la distancia yo creo que Munich tendría que haber estado preparado para esta circunstancia. Ellos tenían la tecnología como para poder brindar mayor seguridad a todos los deportistas. Fue algo que nadie se lo imaginó. Creo que fue una tragedia que enlutó los Juegos, que tienen que ser en paz”. Borgini también se refirió a la polémica sobre la ausencia del minuto de silencio en la ceremonia inaugural de los Juegos de Londres. “Yo hubiera apoyado el minuto de silencio porque así como hubo deportistas que murieron me podría haber tocado a mí, o a otro deportista. Los Juegos Olímpicos tienen otro espíritu. Si hubiera estado en una comisión, o hubiese tenido la responsabilidad de decidir, hubiera hecho un minuto de silencio por todas esas familias que desaparecieron.”



Fuentes de Información - Hace 40 años se mancho de sangre el deporte

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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Comentarios Destacados

@gastongarello Hace más de 2 años +16
Por favor, teniendo en cuenta el contexto político y religioso en el cual se desarrollaron los trágicos hechos, si alguien va a comentar algo que lo haga con respeto y con la seriedad que la temática del post se merece.

11 comentarios - Hace 40 años se mancho de sangre el deporte

@gastongarello Hace más de 2 años +16
Por favor, teniendo en cuenta el contexto político y religioso en el cual se desarrollaron los trágicos hechos, si alguien va a comentar algo que lo haga con respeto y con la seriedad que la temática del post se merece.
@Hardcorefan Hace más de 2 años +9
lamentablemente el comite olimpico no acepto hacer el minuto de silencio por las victrimas de Munich en las pasadas olimpiadas de londres
@jacikpo Hace más de 2 años +5
Pero que mierda tienen en la cabeza los asesinos...
@MasterGanja Hace más de 2 años
pero despues se la cobraron metiendo bomba y bala por toda Europa asesinando a los supuestos ideologos de este atentado no? (y alguna que otra victima inocente que quedo en el medio)
@Xeneixe39866 Hace más de 2 años +2
yo vi un documental hace poco.... un gran desastre.
@escamoles2 Hace más de 2 años +4
jacikpo dijo:Pero que mierda tienen en la cabeza los asesinos...

mierda literalmente
@FJbreppe Hace más de 2 años +4
una fotito ilustrativa no vendria mal no ¿?
@Fistful_Of_Metal Hace más de 2 años +1
Habia un documental en History Channel cuando era un canal serio, lamentable el desempeño de la policia alemana y si hay una conclusion que se puede sacar es como hay intereses que sobrepasan la vida humana
Los informes muestran cómo Israel pidió al gobierno alemán y al COI que suspendieran los juegos, pero según advertía en ese momento la embajada israelí en Bonn decidieron no hacerlo porque la televisión alemana no tenía una programación alternativa.
@escamoles2 Hace más de 2 años +4
los familiares de las víctimas de la masacre de Munich siguen reclamando al Comité Olímpico Internacional (COI) que se preserve un minuto de silencio en la ceremonia inaugural, petición que ha sido rechazada por el COI para no vincular hechos que nada tienen que ver con el espíritu olímpico ni el deporte. El Presidente del Comité Olímpico, Jaques Rogge, se negó. El New York Times calificó dicha actitud como “una ofensa olímpica”. La razón de la negativa sería evitar una reacción negativa del mundo islámico. El Comité Olímpico incluye la membrecía de 23 países árabes y 53 musulmanes
@ro_089 Hace más de 2 años +2
gastongarello dijo:
FJbreppe dijo:una fotito ilustrativa no vendria mal no ¿?

No se ven las imagenes ? yo en mi compu las visualizo. Si no salieron en el post , les pido disculpas.

disculpado