Ecuador vivió el 3 de setiembre de 2000 en el Centenario una experiencia que no olvida, porque terminó con agresiones.

El embrujo del túnel.

No existe torneo en el mundo que reúna los condimentos de las Eliminatorias sudamericanas. No lo busque. No hay. Ahí anda Portugal jugando su pasaje al Mundial contra Luxemburgo, Azerbaiyan, Irlanda del Norte y Rusia. ¿Qué dificultad puede tener? Un poco de frío. Ni hablemos del grupo de Suiza, Albania, Islandia, Chipre, Noruega y Eslovenia.

No hay altura, tampoco se juega con temperaturas extremas, con el sol pegando en la nuca o en horarios inapropiados.

Por esta parte del mundo hay todo tipo de artimañas. El visitante se podrá encontrar con dificultades para llegar al estadio en una ciudad con tránsito pesado. Entonces empiezan a jugar los nervios.

Ni hablemos de entornos de hostigamiento, de los viejos trucos de poner barras de aliento en los hoteles para lanzar bombas e impedir el normal desarrollo del sueño de los jugadores.

En las ciudad con altura están las jugadas psicológicas. Generalmente se ponen tubos de oxígeno en los camarines para generar preocupación.

En Barranquilla hubo bronca porque el vestuario de Uruguay no tenía aire acondicionado. Había cuatro ventiladores que a los 15 minutos eran un caño de escape.

Se juega lidiando con el sub mundo de los alcanzapelotas, adiestrados en muchas ciudades a las conveniencias de local. En Bolivia son capaces de acomodar la pelota para que el golero saque rápido generando que el rival se ahogue con la altura.

Todo país tiene sus mañas. Todo país intenta sacar la mínima ventaja. El pasaje al Mundial se paga a valor de oro en América.

Y Uruguay la pelea con sus armas. No tiene altura, no existe un calor intenso ni un frío intolerable. Tabárez no es adepto a apelar a los alcanzapelotas y mucho menos a cosas extra fútbol. Pero existe la picardía.

El rival de esta tarde padeció una situación particular en el Centenario que lo marcó para siempre.

Resulta que por aquel entonces los dos equipos se veían las caras en al túnel central.

Previo a la salida los ecuatorianos comenzaron con las arengas características antes de saltar al campo de juego.
“¡Vamos a ganar que acá no pasa nada!”, gritaron los ecuatorianos ante la mirada incrédula de los futbolistas uruguayos desbordados por los gritos.

En el túnel estaba el famoso Pato Celeste que se disponía a salir al campo de juego. Y el Pato, hombre de pocas pulgas dicen, no toleró la arenga de los visitantes y saltó.

“Yo disfrazado de Pato siento a mis espaldas que los ecuatorinos empiezan a gritar y me saqué la careta porque no podía creer lo que pasaba”, reveló el personaje, llamado Gustavo Torena, en nota con El Observador de julio del año 2007.

“¡Muchachos, qué Ecuador ni Ecuador, estamos en Uruguay y acá no nos cabe nada! Y vos callate la boca, le dije a uno antes de que se armara la generala”, agregó.

“¡Vamo’ a ganar que esto es Uruguay!”, gritó el Pato. El clima cortaba. Los ecuatorianos lo miraron como para pegarle a lo que el Pato retrucó: “¿qué? ¿qué pasa?”. Y se inició una trifulca entre los jugadores de ambas selecciones.

Con el tiempo trascendió que Sebastián Abreu y Darío Silva fueron los que más remaron aquella tarde.

Torena se limitó a decir: “Metieron como loco. Yo no voy a decir si tiré alguna trompada o no, dejala ahí”.

Los ecuatorianos salieron al campo de juego sorprendidos y lo primero que hicieron fue quejarse ante el árbitro.

El capitán Alex Aguinaga le mostraba al árbitro que el golero Espinoza había sido golpeado. Nadie entendía lo que sucedía.

El hecho es que años después, en oportunidad del torneo Sudamericano sub 20 del año 2003, a Uruguay le tocó enfrentar a Ecuador en el Centenario.

Los juveniles ecuatorianos se negaron a salir por el mismo túnel por temor a ser agredidos como había ocurrido con los mayores.

Debido a esta situación y una situación posterior vivida en un partido contra la selección de Chile, también por las Eliminatorias, la FIFA impidió que ambas selecciones se unieran en la parte baja del túnel del Centenario.

Ahora cada equipo sale por su zona y los jugadores caminan hasta el medio por donde ingresan juntos.

No quedan dudas: no existe torneo en el mundo que reúna los condimentos de la eliminatoria sudamericana.