Almeyda: "Tuve problemas con el alcohol"

El entrenador de River contó los serios problemas que debió afrontar y que “cuando me deprimía no había nada que me levante”. También de “los pocos momentos que tengo para disfrutar”, ahora que es entrenador y aclaró que “hasta el día de hoy Passarella nunca me dijo que ponga un jugador”. Por último, no aseguró su presencia en la despedida de Ortega: “Que la disfrute. Lo conozco hace mucho, sabe el cariño y el aprecio que le tengo”


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En una íntima y jugosa entrevista con el programa Basta de Todo, por Radio Metro FM 95.1, que conduce Matías Martin, Eduardo “Cabito” Alcántara y Diego Ripoll, Matías Almeyda explicó los duros momentos que debió afrontar hasta atravesar este gran presente en River. También habló de Passarella, de Cavenaghi y Domínguez, de la despedida de Ortega, de Boca y muchos temas más. A continuación los fragmentos más importantes de la nota.

Su confesión en el libro acerca del alcohol: Estuve cerca de tener un gran problema con el alcohol. El deportista soporta más tomar alcohol que otro físico y cuando te diste cuenta estás al límite de entrar en algo peor. Yo fui ayudado y tuve una familia que me hizo entender que iba por el mal camino. La conclusión que saqué fue que era un egoísta de mierda. Me aislaba sin importarme del resto. Como uno nace con muchos errores, el único sin defectos es Dios, lo escribí, porque mis hijas tienen que saber cómo fue el padre.

Los momentos más difíciles, su reconocida y admitida depresión: Pasé periodos negativos donde me decían que tenía que ir a un psicólogo para descargarme y me sirvió un montón para madurar. Con todas las cosas que hice pudo haber pasado cualquier cosa, tuve suerte. En los momentos difíciles, cuando me deprimía, no había nada que me levante. No era yo y lo único que quería era estar con los ojos cerrados, de verdad. Estaba horas despierto sin mirar a nadie, aislado. Es muy difícil que te comprendan y esto que pasé no se lo deseo a nadie. Cuando estuve en depresión socialmente era otro tipo, pero en mi interior comprendía y jamás lo demostré. Ni mis viejos sabían de esto, lo conté porque estaban conociendo a otro. Parecía un loquito que antes me descargaba con el fútbol o boxeo. Eso ya pasó y no va a volverá suceder. Ahora sé cómo tratarlo y tengo las herramientas, sería muy estúpido si vuelvo a caer. Tengo un diálogo más abierto con familiares y amigos.

Su experiencia en la Primera C jugando para Fénix: El haber entrenado y ver lo que lo valoraban mis compañeros y el sacrificio que hacían, me devolvió el amor por lo que hacía. Los chicos iban en bicicletas, otros después de entrenar se iban a trabajar. Todo esto me sirvió para darle valor, porque realmente ellos amaban y yo por ahí no le daba el valor. Ellos no tuvieron la suerte que sí tuvimos otro.

Su última etapa como jugador en River antes del descenso: Fue muy dura y estaba al límite con el físico. Todos los días terminaba el entrenamiento y me metía en un balde con hielo hasta la cintura. Era lo único que me sacaba todos los dolores. Mis tendones y músculos no aguantaban más. Me había convertido en un enfermo que sabía cómo bajarme de la cama para no desgarrarme, que me pasaba con tan sólo subir o bajar las escaleras. Pero la mente gobierna el cuerpo y si estás débil no logras nada. Yo pienso que las lesiones en el fútbol son un 70 por ciento mentales.

La vida como entrenador: La semana es bastante movida y muy pensada, y pensar mucho desgasta. Hace rato que vengo esforzándome y pese a que disfruto mucho de lo que hago, porque el compromiso hacia River y la gente es grande, también es desgastante. El físico me pasó factura. Siendo entrenador entras en un desgate mental que te permite estar cansado todo el día. Son muy pocos los momentos que tengo para disfrutar de algo que me gusta. A veces me voy a pescar y trato de despejarme, estoy con la naturaleza, callado y en silencio.

El público de River: Soy un eterno agradecido. El sentimiento que tengo hacia River es muy grande como para soportar ciertas cosas. Siempre me han manifestado su cariño y respeto. Es entendible que tengan el deseo de Ramón Díaz en su momento y hay gente que no está de acuerdo. Uno desde que asumió siempre supo que esto era así. Pero ídolo fue Enzo, a mí la gente me apreció y me quiere por la entrega, no por una característica en las jugadas como sí el Enzo.

Su error al manejar las salidas de Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez: Reconocí el error de la comunicación, tuve charlas internas con ellos que no voy a dar. Fue algo rápido que a mí me superó. Mi comunicación fue mala, pero uno es humano también. Yo no lo hice al propósito. Quedé dolido, no actué como soy yo. Pero en este mundo es difícil pedir disculpas, pasas a ser apuntado y te dicen que es tarde. La manera en que me manejé se me fue de las manos, fue horrible. Eso lo aprenderé de mi carrera como entrenador.

Su relación con Daniel Alberto Passarella: Hasta el día de hoy Passarella nunca me dijo que ponga un jugador. Quien no me conoce dice eso. Mi relación con él es buena, tengo diálogo deportivo y sería un necio si no lo hablo cuando él fue jugador y técnico. Sobre los refuerzos: Cuando asumí como DT, River estaba quebrado. ¿A quién iba a contratar?, si a nosotros no nos pagaban desde hace dos años. Por eso tampoco podía pedir cosas que no podían existir. Muchas de las negociaciones que se hicieron fueron de los dirigentes, pero un visto bueno mío.

El encuentro que se viene ante Boca: El último partido me fui como un hincha. Con dolor, con ganas de pelear, con bronca por lo que paso en el partido y por ser expulsado. Pero ahora estoy pensando en Quilmes, la semana previa a Boca la trabajaremos de manera especial, porque es una semana especial y mundialmente es comentada. Esa semana se merece ser disfrutada por el jugador, para qué hablar ahora de eso. Si me adelanto y nos va mal con Quilmes, esa semana será difícil.

Su presencia en la fiesta de despedida de Ariel Ortega: No sé si voy a ir. Ojalá que pueda hacer su despedida, la disfrute como merece y que el hincha lo disfrute. Lo conozco hace mucho, sabe el cariño y el aprecio que le tengo y que mi decisión fue para incluirlo en otra etapa de la vida. No importaba el lugar, sino pensar en un futuro, porque creo que Ariel tiene que terminar en River de cualquier manera. Él es ídolo de River, el último ídolo que tuvo River. Él sabe que lo quiero de verdad y sé que previo a su despedida hay mucha gente que ha metido cizaña en esta decisión que tomé yo. Pero quiero que la gente lo despida a él. Voy a estar feliz de verlo nuevamente con la camiseta de River despidiéndose.

El valor de su familia: Soy un agradecido a la familia que tengo y gran parte de todo lo que pasa es por ellos.