[CARP]Idolos de River
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Bernabé Ferreyra
El primer gran ídolo de River Plate
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En 1932 River Plate logró su primer Campeonato de AFA del profesionalismo, marcando un total de 84 goles a favor, de los cuales Bernabé Ferreyra aportó la increíble suma de 44 tantos en 33 partidos, con un promedio, no menos espectacular, de 1,33 goles por partido.

...hasta el diario Crítica había ofrecido un premio para el primer arquero que pudiese parar la racha goleadora de Bernabé...
Ferreyra, más conocido como La Fiera, había llegado ese mismo año a River, proveniente de Tigre, por la suma récord de 35 mil pesos, por lo que el Club Atlético River Plate confirmó su fama de Millonario, ya que un año antes había desembolsado 10 mil pesos por Carlos Peucelle. Bernabé Ferreyra fue un revolucionario de nuestro fútbol y sus cañonazos causaron una conmoción impresionante.

Por ese entonces, River estaba situado en Palermo, más precisamente en las avenidas Alvear y Tagle, y el arraigo popular que provocó Bernabé en la década del 30 fue muy notorio.

La gente quedaba asombrada ante cada remate de aquel centroforward, fusilamientos que casi siempre tenían destino de red, que perforaban la resistencia de los arqueros rivales y que provocaban el delirio del público riverplatense.

Sus rivales lo manoteaban, lo agarraban de la camiseta, intentaban tacklearlo (como en el rugby), pero La Fiera siempre se las ingeniaba para sacar sus violentos remates, tan decisivos como contundentes. Pateaba desde afuera del área y la embocaba, pateaba desde cerca y era mortal para los contrarios, remataba con violencia o con suavidad, acomodándola al lado de un palo, pero usualmente, hacia dentro del arco.

Se cansó de hacer goles con la banda roja en el pecho y fue el goleador máximo de aquel torneo del 32, marcando durante las primeras doce fechas consecutivamente, y hasta el diario Crítica había ofrecido un premio para el primer arquero que pudiese parar la racha goleadora de Bernabé.

Nació el 12 de febrero de 1909 en Rufino, provincia de Santa Fe, por eso también era conocido como el Mortero de Rufino. Más tarde, se juntaría con otros monstruos como José Manuel Moreno y Adolfo Pedernera para obtener dos títulos más, los de 1936 y 1937. Debutó frente a Chacarita Juniors el 13 de marzo de 1932 (marcó en dos ocasiones) y su último encuentro fue el 11 de mayo de 1939 frente a Newell´s Old Boys.

Ferreyra fue el primer gran ídolo que se calzó la banda sangre en el pecho, un revolucionario y el pionero de todos los magníficos goleadores que pasaron por esta gloriosa institución. Falleció el 22 de mayo de 1972 y dejó su sello en el aire, por haber marcado más goles que partidos jugados. Todo un récord, toda una Fiera.

Partidos en River: 185
Goles: 187
Títulos: 3
Último partido: 11 de mayo de 1939 (2-2 vs. Newell´s)


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Adolfo Pedernera
El cerebro de la máquina
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La Máquina, el mejor equipo de todos los tiempos del fútbol criollo, nació el 21 de septiembre de 1941, en Avellaneda, cuando River, que terminaría coronándose campeón, venció a Independiente por 4 a 0, con tres goles de su centroforward Adolfo Pedernera.

Ya desde niño vislumbraba por su técnica de juego, tan prodigiosa como efectiva, Adolfo era un maestro dentro de la cancha y se movía por todo el frente de ataque.
Además, tenía a su lado figuras de la talla de Moreno, Labruna y Loustau, entre otras.
River comenzó a aparecer como un gran equipo a mediados de 1941 cuando Adolfo Pedernera fue colocado como centrodelantero por el técnico Renato Cesarini, por un expreso pedido de Carlos Peucelle, un visionario del fútbol.

Pedernera jugaba como wing izquierdo pero su inteligencia a la hora de dar el toque preciso, en cortada, la manera de manejar los tiempos del partido, fueron determinantes para mudarse hacia la zona central del ataque.

Pedernera fue el director de orquesta de aquella obra maestra del fútbol, era el estratega, el tipo que pensaba las jugadas, el que las armaba, aunque, también las definía en reiteradas ocasiones. Como en 1942, año en que La Máquina llega al cenit, en el cual marca 23 goles en 24 partidos y finaliza como goleador del conjunto Millonario. Y se da el lujo de anotar dos tantos en la penúltima fecha ante Boca, en La Bombonera, después de estar debajo en el tanteador por 2-0 y con un hombre de menos. Con aquel empate, River se consagró campeón y dio la vuelta olímpica en la tierra de su acérrimo rival.

Su último laurel conseguido con la casaca de River fue el título de 1945, ya que más tarde se despediría del club para pasar por 140 mil pesos a Atlanta, y luego por Huracán y Millonarios de Colombia. Aquel muchacho nacido en Avellaneda, Buenos Aires, el 15 de noviembre de 1918, hizo su debut en River Plate con tan sólo 16 años, el 28 de julio de 1935, en un empate 1-1 frente a Ferro Carril Oeste.

Ya desde niño vislumbraba por su técnica de juego, tan prodigiosa como efectiva, Adolfo era un maestro dentro de la cancha y se movía por todo el frente de ataque. Además, tenía a su lado figuras de la talla de Moreno, Labruna y Loustau, entre otras.

A Boca Juniors le marcó cinco goles en dieciocho encuentros y estuvo presente en varias de las goleadas frente al rival de siempre como las del 5-3 en 1939 (un gol) y 5-1 de 1941 (anotó el último).

Fuera de las canchas, Adolfo fundó el sindicato de Futbolistas Argentinos Agremiados (F.A.A.) y encabezó la huelga histórica del 48. Fue director técnico y pasó la última parte de su vida ligado al club de sus amores como director general del fútbol amateur, para demostrarle a los más chicos todo su conocimiento futbolístico, en torno al juego.

Maestro dentro y fuera de la cancha, llevaba las condiciones puras que forman parte de la historia de River, porque Adolfo es una parte grande de nuestra historia y por eso, no sólo el pueblo millonario, sino el fútbol argentino se vistió de luto el día de su partida, el 12 de mayo de 1995, dándole la despedida a uno de los más grandes ilustres de nuestro fútbol.

Toda historia tiene una mejor parte y toda parte tiene un excelente rasgo de distinción: ellos fueron La Maquina y su cerebro, don Adolfo Pedernera, maestro inolvidable.

Partidos en River: 287
Goles: 131
Títulos: 5
Último partido: 17 de noviembre de 1946 (2-2 vs. Huracán)


lejos


Angel Labruna
Ganador siempre
el


Polémico adentro y afuera de la cancha, goleador desde el principio al fin.
Ganador desde siempre como jugador y como técnico.
Nadie pudo permanecer indiferente ante su figura, amado por los hinchas de River, odiado por los enemigos.

" Mi papá no quería que jugase a la pelota, pretendía enseñarme su oficio pero el potrero me tiraba demasiado. Al final papá se convenció y terminó siendo el delegado del cuadrito que teníamos: El Barrio Parque Fúbal Club. Casi todos los integrantes de ese equipo terminamos en la Sexta División de River."
Hijo del italiano de Avellino, Don Angel, el relojero de Barrio Parque
Nacido el 28 de setiembre de 1918 en Las Heras y Bustamante, muy cerca de la cancha de Alvear y Tagle.

Era hincha de River a muerte, tenía una foto autografiada de Bernabé Ferreyra en la vidriera del negocio de su padre.
En 1934 integraba simultáneamente el conjunto de básquet (cadetes) y la cuarta división. En la cuarta especial cobró su primer dinero: 25 pesos por partido.
Tuvo que elegir deporte y el dijo que si le conseguían empleo elegía el basquet. Menos mal que no se lo consiguieron.

Su ascenso fué vertiginoso y debutó en Primera el 18 de junio de 1939 en La Plata frente a Estudiantes. River perdió 1 a 0. Volvió momentáneamente a la tercera hasta el 15 de octubre, cuando reapareció en primera contra Atlanta y ya no salió más. A los 40 minutos del segundo tiempo gritó el primero de los 292 goles que marcó con la banda roja.

Los primeros tramos de la década del 40 sirvieron de marco para el alumbramiento de la Máquina que logró 3 campeonatos (41/42/45) dos subcampeonatos (43/44) y un tercer puesto: 1946
Dentro de la afinada orquesta que componían entre otros Moreno, Pedernera, Muñoz y Loustau, Ángel era el ejecutor: de los 240 tantos convertidos en esa época, 115 los hizo Labruna.
Es el segundo goleador del fútbol argentino. Cuando entraba al área y agachaba el lomo era gol.

Una mañana de 1939 inauguró su serie contra Boca: el domingo 5 de noviembre, Era el primer clásico que jugaba, estaba 1 a 1 a 15 del final y Labruna hizo el gol del triunfo.

El sentimiento "anti boca" (al cual le hizo 15 goles en su carrera) que siempre exhibió Ángel fue una bandera para todo hincha de River. Siempre luchaba para amargarles la vida.
Su "odio" nació gracias a la influencia de un amigo suyo Pistoletti que fué dejado de lado en Boca y quien decía "todo lo que hago es para que algún día puedas jugar en River y le hagas muchos goles a Boca" y vaya si cumplió Don Angel.

En 1945 se casó con Ana, la mujer que conocía desde los 17 años. Fué padre de dos hijos Angel Daniel (fallecido) y Omar Raúl (actual miembro del cuerpo técnico), a quienes tuvo la satisfacción de ver también con la banda puesta.

Llegó el desastre del Mundial de Suecia en 1958, la ida de River a los 41 años.
" Esa Navidad fué la más triste de mi vida, lloré de amargura cuando recibí el telegrama del club."

Tuvo un fugaz paso por el Rangers de Talca (Chile), por Rampla Juniors de Montevideo y el cierre fue en Platense en 1961 a los 43.

Probó suerte en otros negocios (un hotel en Mar del Plata, una pizzería, una gomería y una consecionaria) pero fracasó en todos.
" Quise alejarme del fútbol y así me fué, el fútbol es mi vida" Y se hizo director técnico.

Siempre jugó a ganar en todos los equipos que dirigió: Platense, Defensores de Belgrano, Talleres de Córdoba, Central y por supuesto con River en 1975 tras los 17 años sin títulos.

4 títulos de técnico, uno más en Central y once de jugador en River. Un Ganador Nato.
El último equipo que drigió fue Argentinos.
Amaba las carreras de caballo y la timba y muchas veces se lo veía en el hipodromo.
Amado y odiado falleció a los 65 años de edad.


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Amadeo Carrizo
El arco mas grande del mundo
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"Yo estoy convencido de algo, el arquero decide solo, no necesita de terceros, en realidad yo iba a las charlas técnicas por respeto."

Su nombre la ganó al apellido. Fue un precursor , el inventor de un estilo el de arquero jugador. No le gustaba que el más gordito o el más tontito fuera el que iba al arco. Quería darle categoría al puesto.

"Busqué cambiar la imagen que tenían los arqueros y creo que con los años lo logré."

" Lloré tres veces en mi vida y las tres fueron por River: cuando me vine de Rufino solo en tren, cuando batí el record del arco invicto y cuando el escribano Kent me llamó para decirme que mi ciclo había terminado."
En Rufino, nació el 12 de junio de 1926, era de Independinete pero se cambió rapidamente una vez que recibió el calor de la masa millonaria.
Un dia jugó para Buenos Aires Pacífico, jugó en el preliminar y le hicieron varios goles, volvió a los vestuarios, que era un simple vagón de tren, con cara larga pero le pidieron que no se cambie, que tenía que atajar para la primera. El no entendia nada, jugó y ganaron. El potencial centrodelantero había quedado definitivamente archivado.
Una carta del ex atleta Héctor Berra, dirigida a Peucelle, le brindó la posibilidad de probarse en River. Con 19 años en 1945 Amadeo debutó contra el Rojo en Avellaneda, ganó River 2 a 1. En el 47 le tocó el servicio militar.

En la cuarta fecha de 1948 Amadeo reapareció en primera (1 a 1 con Lanús)
Una calurosa tarde de 1965 Norberto Menendez fue uno de los que más cargó a Carrizo, pero se llevó la peor parte, Carrizo reacionó en el túnel y le pegó una trompada al Beto, quien había sido compañero suyo en la década del 50.

La última anécdota de Carrizo vs boca sucedió justamenente en el último clásico que jugó Amadeo: Fue en el Metro del 68, el domingo de la tragedia de la puerta 12. Carrizo llevaba 5 partidos sin que le hagan goles y siempre lucía una gorrita gris a manera de cábala. Rojitas cuando entro se la robó y salió corriendo. Igualmente el partido terminó 0 a 0.

En el tema Selección a Amadeo no se le perdonan los 6 goles que le hizo Checoslovaquia, pero la gran revancha fue en la Copa de las Naciones del 64 en Brasil, Argentina venció sucesivamente a Inglaterra, Brasil y a Portugal, logró la copa y Amadeo fue la figura en los 3 encuentros.

El 14 de julio de 1966 instituyó una nueva marca en el arco: 769 minutos sin goles en contra.

Se consagró campeón en 1952/53/55/56/57
Para Amadeo uno de los secretos del arco pasaba por conocer perfectamente al rival.
"La clave era amagar, yo trataba de hacer entrar al ejecutor en la variante que quería. Le regalaba un rincón, lo invitaba a patear allí y cuando remataba a ese lugar yo salía al mismo tiempo que la pelota de sus pies."
Atajo 18 penales.

Su brillante ciclo en River se cerró en 1969 a los 42 años.
Detrás quedaron 21 años de titularidad indiscutida y 520 partidos jugados.


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Mostaza Merlo
Siempre en River
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" A fines de 1984, River me dejó libre. Fue una decisión que me golpeó pero tomé con calma.
En el último partido estaba en el banco de suplentes, sabía que era mi último partido con la gloriosa camiseta. El aliento de la gente desde que bajé de la concentración hasta que llegué al banco de suplentes, fue increíble, se me cayeron las lágrimas... y ahí supe en realidad que yo jamás me voy a terminar de ir de River."
Llegó a primera de la mano de Labruna, allá por 1969.
Con su cabello color mostaza, con su pierna fuerte, con su despliegue incansable, con su personalidad ganadora. Llegó a primera pero no fue suficiente. Porque rápidamente tuvo que comenzar una lucha que se iba a prolongar durante años: el resguardo del puesto que tanto le había conseguido conquistar.
Casi todos los años traían un jugador en su lugar pero el se mantenía inalterable, pasaron Ramiro Pérez, el Chamaco Rodriguez, Della Savia, Cierra, Carranza, Raimondo, Russo, Pitarch, De Los Santos, Gallego.

"Tenia 11 años e integraba un equipo de La Paternal que había formado Paranicke, un boxeador que fue sparring de Gatica. Estábamos disputando un campeonato en el club Villa Mitre y me vio Palomino, un hombre que levaba chicos a River. Me dijeron si quería ir y acepté inmediatamente, jugaba de centrodelanatero, habilidoso y todo."

Mi ídolo era Sanfilippo, En la octava, a los 14 años, me agarró Peucelle y me dijo "mire joven, usted tiene que ser mediocampista, tiene muchas condiciones...". Aquellos consejos le sirvieron de mucho.

" A los 13 años ya había aprendido a ganarme el peso, pedí trabajo en un taller mecánico que estaba al lado de mi casa en Paysandú y Añasco, me lo dieron y me acuerdo que ganaba muy poco pero era un dinero que tenía un valor bárbaro. Después fui cadete en una farmacia, luego trabajé en una fábrica de mosaicos de la avenida San Martín. Todo esto fue hasta 1968, cuando River me empezó a pagar una beca. Mi viejo , después de jubilarse como colectivero, se fue a trabajar de gerente a una fábrica de sifones. Al poco tiempo, tuvo un infarto y entonces el único ingreso en casa era el mío.

El debut en Primera fue contra Esudiantes en 1969 (ganaron 1 a 0)
Siempre fui de meter la pierna mas fuerte y ademas gritón con mi vozarrón pero nunca me senti caudillo.

1975 fue sensacional inolvidable, único: Ganamos el Metropolitano y el Nacional.
Con la celeste y blanca jugué solo 3 partidos.
Mejor partido fue en la Libertadores de 1976 con Independiente en Velez: fue el desempate para llegar a la final y lo ganamos sobre la hora con un cabezazo de Pedro Gonzalez.

Mejor gol a Estudiantes en el 73

Mayor alegría haberme recuperado de una lesión de meniscos en 1979, porque muchos pensaron en mi retiro.

Mayor tristeza la final de la Libertadores perdida en 1976 con Cruzeiro.

" A fines de 1984, River me dejó libre. Fue una decisión que me golepó pero tome con calma. En el último partido estaba en el banco de suplentes, sabía que era mi último partido con la gloriosa camsieta. El aliento de la gente desde que bajé de la concentración hasta que llegué al banco de suplentes, fue increíble, se me cayeron las lágrimas... y ahí supe en realidad que yo jamás me voy a terminar de ir de River.

En el 89 volvi como técnico formando una dupla con el Beto Alonso. Cuando el oficialismo perdio las elecciones dejamos nuestro puesto por lealtad al Titi Di Carlo ya que Davicce me ofreció quedarme.

Mostaza Merlo un grande que SIEMPRE estuvo en River


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Pinino Mas
El dueño del gol
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Con tan solo 17 años (nació el 29 de octubre de 1946 en Villa Ballester), debutó en primera el 26 de abril de 1964, por la primera fecha del campeonato, en la cancha de Chacarita. River ganó 1 a0 pero la gran atracción del partido fue el chico petisito, morrudo, encarador e incontenible que llevaba la número 11 y se llamaba Oscar Mas.
Pinino, como le decían en aquellas épocas (porque siempre jugaba con unas bolitas chiquitas llamadas pininas), cumplió velozmente con su ilusión: jugar en River, "es que toda mi vida fui hincha de River. De chico lloraba si perdía. Si un domingo por la tarde alguien quería encontrarme, tenía que ir directamente adonde jugara River. Nunca tenía un mango pero siempre me las ingeniaba para entrar a la cancha. Era travieso y decidido: le hablaba a los controles y de tanto versearlos, al final terminaban dejándome pasar. Así fueron mis primeros contactos con River".

Su historia de todos modos, pudo haber sido otra. Porque Juan Evaristo, un exdelantero de la década del 30 lo llevó a Boca después de verlo jugar en las inferiores de Juvenil Porteño. Luis, su hermano, ya jugaba en Boca y esa circunstancia estuvo a punto de torcerle el rumbo a Pinino. Perro en el partido de prueba tiró un penal desviado a propósito: el quería ponerse la de River. "Los sentimientos me tiraban mucho más. Un día, en 1959, apareció Don Ernesto Duchini y me presentó a Peucelle. Me probé en River un miércoles de abril. Era una pulguita pero los gambeteaba a todos, no me podían sacar la pelota y encima hice un gol. A las siete estaba con el dirigente León Ricard, en la sede de la calle Suipacha, firmando el contrato...". Claro que la firma le trajo un montón de problemas en su casa. Evaristo era íntimo amigo de su padre, casi un hermano , y se ofendió después que Pinino rechazara la posibilidad de ir a Boca. Nunca más los saludó.

La prolongada campaña del Mono en River (382 partidos y 199 goles) le dejó, obviamente, muchas alegrías (los campeonatos ganados después de la larga racha sin títulos), algunas tristezas (las dos finales perdidas por la Copa Libertadores en el 66 y en el 76) " En el fútbol como en la vida, se aprende todos los días. Yo podía pasarme horas escuchando a Renato Cesarini, era una gran persona y un maestro inigualable. El me hizo aprender a pegarle a la pelota con la derecha, una pierna que solo usaba para pararme. Me pasé tantas horas en el frontón, que al final le daba con un fierro. Y Hasta hice varios goles de derecha, eso se lo debo al Tano".

"Labruna era una especie de símbolo, respetaba códigos de vida muy particulares, era un amigo de fierro, de esos que siempre se acercan a dar una mano a quien lo necesita". " Muchas veces me preguntaron- y algunos lo siguen haciendo- si como profesional hubiese jugado en Boca. Siempre dije que no. En uno de mis mejores momentos en el 73 vino el Puma Armando y me dijo "Pinino, usted pida lo que quiera y yo se lo doy...". Lo pensé varios días y le respondí negativamente. Hoy, a la distancia estoy seguro de que no me equivoque. Hubiese sido una traición para la mitad del país que siempre creyó a muerte en mi".

Siempre quiso terminar su carrera en River pero no pudo ser. Paso por varios clubes hasta que un día dio basta. UN domingo de octubre de 1987 jugó su último partido como profesional. Y lo hizo en un equipo llamado Boca de Coronel Suárez. Parece mentira pero no fue el Boca que siempre lo quiso. Los principios valen más que cualquier cosa.

" El hincha siempre esperaba que hiciera algo diferente, que la embocara desde un ángulo cerradísimo o desde cuarenta metros. Yo me daba cuenta de esa ansiedad de la gente y por eso intentaba todo lo que parecía imposible. Me gustaban las definiciones difíciles y estaba convencido de que podía conseguirlas. Todo pasaba por una cuestión de confianza, de seguridad, de determinación".


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Beto Alonso
La magia de la zurda
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Cuando le hizo el gol a Pepe Santoro de Independiente, tirandola por un lado y yendola a buscar por el otro. Muchos dijeron que Alonso era el Pele blanco. La frase sintetizaba a la perfección lo que significaba ese jugador diferente, absolutamente diferente, que se calzaba desde un año y pico antes la camiseta número 10 de River: la que había sido de Labruna, de Sívori y de Ermindo Onega, La que fue de el al cabo durante un largo e inolvidable tiempo.
Hincha de Racing desde chiquilín, su ídolo era el Bocha Maschio, el Beto nació en Vicente López pero vivió desde chico en Los Polvorines. Jugaba en un equipo llamado El Textil.
Desde allí hacía dos horas de ida y dos de vuelta para llegar e irse de Nuñez. La octava división fue la primera escala de un viaje rápido que pronto lo iba a depositar en el fútbol grande.

Fanático de Los Beatles y de la batería, a los 15 años, junto a un compañero de la matricería en que trabajaba, se pasaba el día cantando y hasta pensó en formar una banda de rock, caddie en las varias canchas de golf que había por su zona, hoy juega muy bien, nada le gustaba más que el fútbol.
Cuando estaba en quinta, Didi lo llevó al Chaco para jugar un partido amistoso. River ganó 2 a 1 pero más allá del resultado el técnico quedó muy conforme con el Beto.

En agosto del 71 llegó el gran domingo. Cancha de Atlanta, derrrota 2 a 1 con Atlanta
Uno de los primeros gratos recuerdos fue el 3 a 1 a boca en Racing cuando River jugó con los pibes contra los profesionales de boca.

En el 72 lo llamaron para la selección.

Alonso fue protagonista de los campeonatos del 75: hizo 20 en el Metro y 7 en el Nacional.

El 12 de agosto de 1976 fue vendido por más de 59 millones de pesos al Olympique de Marsela. En el 77 volvió a River.
Solicitado únanimemente por la gente y por la crítica, más allá de las dudas de Menotti, accedió a la Selección Nacional que se preparaba para el Mundial.
Jugó el Mundial pero de suplente, se enojó con Menotti porque según el no jugó de frente, no le dio la oportuindad que le había prometido.

Fue un año a Velez y volvió en 1984 para un cierre de campaña con toda la gloria.
Ganamos el Metro 85-86, la copa y la copa del Mundo.

Una fria tarde de junio de 1987 ante un Monumental con más de 90.000 personas se despidió del fútbol.


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Daniel Passarella
El Kaiser
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Nadie se olvidará de aquella imagen de Pasarella que recorrió el mundo en 1978: él, capitán de la selección argentina, en andas de la gente y con la Copa del Mundo en sus manos. El pibe de Chacabuco, nacido en Alsina 236, una calle de tierra, el 25 de mayo de 1953, vivía en aquella fría tarde de junio una de sus horas más gloriosas.
"Daniel, vos vas a jugar en River", le predijo su abuela Ramona, que era la curandera del barrio. Y se lo dio a él que era de Boca como toda su familia. Boca, justamente, fue uno de los cuadros en que se fue a probar y en el que lo rechazaron, allá por 1970, como antes había ocurrido en Estudiantes, Independiente y Chacarita. Las puertas se cerraban pero el no bajaba los brazos, siempre pudo más su amor propio. Cada vez que escuchaba un NO regresaba a su Chacabuco, donde entre otras cosas estudió industrial y trabajó desde los 14 años en un corralón de materiales, como su padre Vicente Uberto, mientras su mamá Elida hacía las tareas de la casa. También durante dos años fue cadete en una tienda del centro. Jugó en Argentino de Chacabuco, como puntero izquierdo y salió tres veces campeón. Pasó a Sarmiento de Junín y allí de tanto romperla su nombre comenzó a trascender. Una vez la selección se presentó en Junín para un amistoso y le pidieron si podía actuar en reemplazo de Antonio Rosl (lesionado). "No contestó, yo juego para Sarmiento porque si me destaco no van a poder decir que fue por mis compañeros".

El tucumano Raúl Hernández (ex jugador de River y uno de sus mejores amigos) se lo llevó a Néstor Rossi que en aquel tiempo dirigía a River. Tenía 20 años el 23 de enero de 1974 cuando Pipo le preguntó si se animaba a jugar contra Boca "Discúlpeme que le conteste, yo me animo a jugar, hay que ver si usted se anima a ponerme" respondió. Daniel actuó de 3, no dejó mover al Mane Ponce, pegó un zurdazo espectacular en el travesaño y fue la figura del superclásico.

River le compró el pase y en sus primeros tiempos de banda roja dejo el sello inconfundible de su personalidad, de su marca, de sus goles de zurda o de cabeza, de tiro libre o penal, ya jugando como segundo marcador central. Llegó Labruna en el 75 y con él el Gringo Artico, el 6 titular. El técnico lo quiso ubicar como 3 y Daniel se negó rotundamente. Empezó la "guerra" con Labruna que una y otra vez lo mandaba al banco o a la reserva. Pero Daniel terminó convenciendo a Labruna y su espalda, rápidamente, empezó a identificarse plenamente con el 6.

En la Selección jugó 84 partidos y convirtió 26 goles. Se fue a Italia para jugar en la Fiorentina y después al Inter. Pero la selección le tenía reservada una revancha (tras el fracaso del 82): el 30 de junio de 1985, cuando Perú le ganaba a Argentina y lo dejaba afuera del Mundial de México, una espectacular corajeada de Danieldesembocó en el gol de Gareca y en el empate salvador. Lamentablemente una enfermedad lo dejó al margen del Mundial 86.

En Fiorentina cumplió una etapa formidable y hasta alcanzó el r récord de ser el defensor más goleador en una temporada de Italia: 11 en el torneo 85-86. Pasó al Inter. Y también dejó un recuerdo imborrable. En Italia es respetado hasta la admiración. Volvió a River para integrar el equipo de Menotti en el campeonato 88-89. Y le dijo adiós al fútbol activo unos meses después. Nacía el Pasarella técnico, tan exitoso como exigente y rígido (En Europa, lo llaman profesionalismo, ironiza)

Como técnico ganó el primer torneo que disputó y después vinieron dos más. El trabajo y la disciplina son valores imposibles de negociar con Pasarella. Es tan respetuoso de eso que hasta se ganó la fama de duro.


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Enzo Francescoli
El Principe
el


" Alguna vez volveré a River, de eso estoy seguro", dijo cuando fue a jugar a Francia.

Y allá anduvo por Racing Matra de París, después en el poderoso Olympique de Marsella, más tarde en el Cagliari y por último en el Torino.

Fueron ocho años de transitar por las canchas europeas. Nunca se olvidó de la banda roja que vistió por primera vez un viernes 22 de abril de 1983, en la cancha auxiliar del Monumental.
Y volvió el Enzo para dejar bién en claro que las promesas se cumplen. Volvió para el Apertura 94 y la gente lo recibió como si nunca se hubiera ido. Volvió menos explosivo, menos veloz, pero con más oficio, más panorama, y más ascendencia. Y con dos elementos absolutamente intactos: el taleto y esa capacidad de gol que siempre los destacó. Fue goleador y campeón, mejor imposible.

El primer gol de su retorno fué frente a Argentinos Jrs, pero el debut fué frente a Nacional de Montevideo por la Supercopa.
Durante ese Apertura hizo 12 goles que lograron batir el récord de otro compatriota suyo, nada más y nada menos que Walter Gómez.

Se fué el Tolo, paso fugaz de Babignton y viene Ramón con quien lograría muchísimos títulos.
El 96 logró lo que tanto anhelaba: La Copa Libertadores en la cual hizo 6 goles.
Pero no todo terminó ahí. Ese mismo año River arrolló en el Apertura y el Enzo llegó nada más y nada menos que a la cifra de 100 goles en Rosario frente a Central (convirtió dos goles es día del 5 a 2)
De los 100 goles 59 fueron de jugada, 34 de penal, 7 de tiro libre: 40 en los primeros tiempos y 60 en los segundos.
Y quedaron además 10 en la Libertadores y 9 en la Supercopa.

En el 97 dos títulos más para El Enzo y además la Supercopa. Su cifra final de goles fué de 115 conquistas en 198 partidos.

El anuncio que nadie quería escuchar fue dado en la tarde del 18 de febrero de 1998. El retiro estaba consumado.

Pero no todo fue un lecho de rosas en la carrera del Enzo en River. Francescoli nació el 12 de noviembre de 1961 en el barrio Capurro de Montevideo. Llegó a Wanderers en el 77 y tres años después debutó en Primera. Fué campeón sudamericano con el juvenil uruguayo (1981) en Ecuador y participó en el Mundial de la categoría en Australia. Con la selección mayor logró la Copa Nehrú de la India (1982) y la Copa América (1983). En el 83, a los 21 años llegó a River.
Desde el momento en que debutó el 24 de abril de 1983 en el Monumental, victoria 1 a 0 sobre Huracán su evolución fue constante. El "uruguayo, uruguayo" ya era un grito conocido, casi familiar. Eso lo conmovía "es muy díficil ser reconocido fuera del país de uno y lograrlo me hace sentir muy bien" quién nunca fue tan bien tratado en Argentina , ni siquiera en Uruguay.
En 1985 ganó el Olimpia, el balón de oro.

Además de su talento Enzo siempre fue admirado por su humildad, a pesar de ganar todo y ser un grande en el campo de juego lo era todavía mucho más fuera de la cancha donde demuestra día a día la clase de persona que es.
El domingo 9 de marzo de 1986 se consagró campeón argentino con River, 3 a 0 sobre Velez con un penal suyo en el último minuto de juego- Fue el goleador del torneo con 25 conquistas.
El 1 de agosto de 1999 fue el día seguramente más soñado. Fue el día en que 80.000 espectadores colmaron el Monumental con un único motivo: AGRADECERLE AL ENZO. Fue el día en que otro uruguayo, el ilustre Walter Gómez dio el puntapié inicial. Fué el día en que diseñó el equipo de River con muchos amigos y para colmo cerró la noche con un pase a Marco y de este a Bruno para que sellen el último gol de River. Para anunciar que la dinastía Francescoli continúa.
En esa tarde Enzo recogió algo de lo tanto que había sembrado en su brillante trayectoria: su partido despedida se transformó en una fiesta inolvidable para él y para todo River. El Enzo hombre seguirá caminando por la vida con la frente bien alta y las convicciones irrenunciables.
El Enzo símbolo estará siempre.


grande


Ariel Ortega
¡Gracias por volver!
[CARP]Idolos de River


La tarde del sábado 30 de abril de 1994 Ariel Arnaldo Ortega escribió una de
las páginas más gloriosas de la historia del Club Atlético River Plate, cuando con una actuación perfecta, que incluye un golazo, fue el héroe del triunfo frente a Boca Juniors en La Bombonera por 2 a 0.
Es que habían pasado ocho años, exactamente 2946 días, de la última victoria millonaria en tierra boquense y además, existía una racha adversa de resultados que ofendía y provocaba desazón.
Dicen los que saben que los grandes jugadores aparecen en las más difíciles y éste jujeño, que por ese entonces tenía 20 años recién cumplidos, eligió un Superclásico para dejar de llamarse Orteguita.
Jugó en una Bombonera repleta de presión con soltura y alma de potrero; gambeteó y desparramó rivales jugando como wing derecho y no se cansó nunca de pedirla y de resolver en una baldosa. Dejó en ridículos a Mac Allister (¡pobre colorado!), Navarro Montoya y al experimentado defensor Juan Simón.
A los 14 minutos de la segunda mitad entró al área por la punta derecha ¿cuando no? y sacó un latigazo infernal que se clavó en el ángulo izquierdo de Navarro Montoya. Luego, siguió nloqueciendo rivales y provocó la expulsión de Peralta. Más tarde llegaría el segundo de Hernán Crespo para adornar el resultado.
Ese mismo año, el 11 de diciembre y con un Mundial encima, Ariel volvió a pisar la cancha de Boca. Esta vez, tenía a un compañero de lujo a su lado: Enzo Francéscoli. Nuevamente fue la figura del Superclásico, en aquella inolvidable goleada por 3-0 que le permitió al equipo de Gallego coronarse campeón invicto -por única vez en la historia- una semana después.
El Chango clavó un derechazo desde afuera del área por encima del cuerpo del mismo Navarro Montoya y colocó el 2 a 0 parcial. Anteriormente, le habían cometido el penal que Francescoli luego transformaría en gol.

Claro que la historia de Ortega no empezó en 1994. Ya desde chiquito mamó esa pasión por la pelota y se la pasaba pateando en la canchita Belgrano que estaba enfrente de su casa. Dejó de lado los estudios tras finalizar el primer año y ni siquiera amagó, raro en él, con seguir segundo. Su primer club fue Atlético Ledesma, que era el club más importante del barrio, y a los 15 años ya estaba en primera. ¨Mi meta era que me pagaran por jugar en la liga de Jujuy¨.
Llegó a River en diciembre de 1990 y se sometió a una práctica de quince minutos realizada por el director general de fútbol amateur, Delem. Volvió a Jujuy y tras dos meses se integró efinitivamente al club en la sexta división. Disputó once partidos y saltó a la reserva. Por esos días extrañaba mucho pero el apoyo de sus padres José y Mirta fue importante para que se quedase en Buenos Aires.

Debutó en primera el 14 de diciembre de 1991 -1-0 frente a Platense- con 17 años y de la mano de Passarella (su padre futbolístico). De ahí entonces, su vínculo con el hincha quedaría marcado a fuego.

Ganó su segundo título (el primero jugando como titular) en el Apertura 1993. En ese torneo disputó todos los encuentros y convirtió un gol recordado a Mandiyú de Corrientes en el Monumental el día de su vigésimo cumpleaños. Repetiría otra vuelta olímpica en el Apertura de 1994 y dos años más tarde se alzaría con la Copa Libertadores de América y el Apertura ´96.

Sus notables actuaciones provocaron su ida al Valencia español, en lo que fue en ese entonces el pase más caro en la historia del fútbol argentino: $ 12.130.000.
En el viejo continente desparramó alegría por el ya nombrado Valencia y luego en Sampdoria y Parma. Ya había jugado su segundo Mundial en 1998 en Francia.
Hasta que un día decidió volver, como una vez lo hicieron Ramón Díaz y Enzo Francescoli. Ariel Ortega emprendió el viaje de vuelta a Núñez porque en Europa no entienden mucho de gambetas y lujos.

Fue una tarde lluviosa frente a Rosario Central y fue figura, valga la redundancia, en la goleada 4-1. Tuvo que esperar tres torneos (tres subcampeonatos) para alcanzar la gloria nuevamente. Esta vez, retornó como manija del equipo y no tan pegado a la raya de cal, y se dedicó a enloquecer a volantes centrales, como a Mauricio Serna el 10 de marzo de 2002. Sí, de nuevo en el mismo escenario -La Bombonera- y también después de ocho años sin conocer el triunfo allí.

Tenía que volver el Burrito de las mil y un gambetas para alterar la historia y sacarnos de encima una mochila pesada. Sirvió a Esteban Cambiasso (en el primer gol) y a Ricardo Rojas (en el tercero). Robó la pelota a Serna en la mitad de la cancha, la llevó al área rival, la abrió a Zapata a la
izquierda, la volvió a recibir y dejó solo a Cavenaghi para que éste dejara a Coudet listo para empalmar el segundo. Tenía que regresar Ariel para poder gritar en La Ribera. Posteriormente, River gritó campeón por trigésima vez pero Ortega tuvo que desembarcar en el Fenerbahce turco, pese a que era la debilidad del presidente José María Aguilar. Tenía un contrato muy elevado como para mantenerlo. Y ahí está deleitando ojos ajenos y esperando seguramente por otro regreso al club de sus amores.

Ariel, ¡gracias por volver!, gracias por volver a ganar en la Boca, todos los riverplatenses lo necesitábamos y hasta la vuelta.

Partidos en River: 191 (Torneos AFA)
Goles: 54 (Torneos AFA)
Títulos: 6


river


Marcelo Salas
El Matador
mas


Cuando era pequeño, su madre Alicia Melinao siempre lo llevaba a ver jugar a su padre, así en las canchas de barrio de la sureña ciudad de Temuco, comenzaba el sueño de Marcelo Salas: convertirse en un gran futbolista. Pero mucha agua tuvo que correr bajo el puente antes que Marcelo llegara a ser quien es. Sus inicios, no están marcados, ni por la gloria ni por la fama de hoy, pero el camino de sinsabores que ha tenido que recorrer este joven futbolista, son una muestra de que todo en la vida se puede lograr, sólo hay que tener la intención, muchas ganas y quizás también un poquito de suerte.
Marcelo, comenzó su carrera siendo "alcanza pelotas" del Club Santos de Temuco, pero la agudeza de la mirada de este jugador, lo llevaron al poco tiempo a convertirse en goleador del mismo equipo en la categoría juvenil. Eran los años en que se había propuesto llegar a Santiago y ser titular de uno de los grandes clubes del balompié chileno.

Su padre, hincha número uno, y convencido de que Marcelo, era uno de los grandes, comenzó con las gestiones, muchas veces infructuosas, que permitieran demostrar el talento de su hijo.
Varias fueron las puertas que tocaron entre ellas la de Colo-Colo, primera prioridad para Rosember Salas- pero nadie quería apostar por un desconocido, ¿ no sabían "la cartita" que se estaban perdiendo.

En 1991, Marcelo y su padre viajaron a probar suerte a la capital. El equipo de Universidad de Chile era el elegido. Después de diez minutos de juego con la reserva le otorgaron la titularidad y comenzaron los llamados a Temuco para pedir el pase.

La carrera de Salas recién comenzaba, fue traspasado a Universidad de Chile por la módica suma de 66 mil 856 pesos y en 8 días pasó a formar parte de la selección Sub-17. Su sueldo entonces bordeaba los 50 mil pesos. Fueron días difíciles para Marcelo, tuvo que dejar atrás la tranquilidad del sur e internarse en la selva de Santiago; dejar la casa paterna y pasar a ser huésped donde unos primos santiaguinos.

"Estuve dos o tres años sin salir para ningún lado y pasaba metido en la casa, no conocía a nadie". No se demoró mucho en llegar a la categoría adultos. Vinieron los goles, sus increíbles pases y el apodo de "Matador". Dejó de ser el tímido provinciano que viajaba a la capital en busca de oportunidades. La capital lo obligó a cuidarse, sobre todo de la prensa, dejó de ser un chico alegre e ingenuo. Era un ídolo, una de las grandes promesas del fútbol nacional. Pero como se ha hecho costumbre, todo lo que es bueno es material de exportación. Los clubes extranjeros empezaron a fijar la mirada en el "Matador". Mexicanos, españoles, y más tarde los argentinos no dejaron de gritar las ofertas para tener a Marcelo entre sus filas.

Fue entonces cuando el empresario argentino Gustavo Mascardi, compró a Salas en 2 millones 800 mil dólares, más o menos mil 200 millones de pesos, y en poco días lo transfirió a River Plate por tres millones y medio de dólares. Al poco tiempo, los buenos pases y, por supuesto los goles, Marcelo Salas-quien firmó contrato por tres años con el equipo bonaerense lo situaron en el lugar de honor. Pero nada fue gratis. Tuvo que dejar su país para lograr el triunfo. Aunque le advirtieron lo difícil que podía ser. El se arriesgó. Desde su debut en las canchas trasandinas, el 15 de septiembre de 1996, la prensa de ese país le ha dedicado portadas y artículos que no dejan de elogiarlo y la hinchada le ha demostrado su cariño mediante el canto a todo pulmón de "Chileno... Chileno". El, agradece con goles y con la clásica hincada con el índice apuntando al cielo, como dando gracias a Dios. "Sé que habrá momentos más difíciles, porque el fútbol es así. Pero la alegría de ahora no es comparable a otra cosa. Es mucho lo que significa para mí y para mi familia". En los últimos meses, los teléfonos de River Plate no han parado de sonar. Importantes clubes del viejo continente quiere a Marcelo Salas y lo quieren ya, no importa cuánto cueste. Él señaló una vez: "Desde que empecé a jugar al fútbol, yo siempre tuve en mi cabeza ir a Europa, nunca había pensado antes pasar por el fútbol argentino. Por eso cuando se dio la oportunidad la tomé como un desafío. Tenía mucha confianza. Y espero triunfar antes de cumplir con ese sueño del pibe´´. Ya triunfó pero Salas jugara en el River Plate hasta antes del mundial de Francia, ya que fue transferido al Lazio de Italia el 31 de enero en unas de las operaciones más costosas de fútbol mundial, que involucra 55 millones de dólares y dejará desde julio al Matador con el segundo sueldo de Italia (el primero es el de Ronaldo)

. La transferencia en Argentina significó un desembolso de 20 millones 414 mil dólares: 17 millones 300 mil para River Plate libres de impuestos; dos millones 595 mil del 15 por ciento para el jugador; 346 mil del dos por ciento para la AFA; 173 mil del uno por ciento para Futbolistas Argentinos Agremiados. Salas recibirían un sueldo de 17 millones 500 mil dólares en ocho años, oficialmente son cinco, el límite permitido en Italia. Vivirá en una casa cuyo alquiler mensual asciende a 15 mil dólares; así como un auto valuado en 80 mil dólares. Mascardi recibirá unos tres millones de dólares de Salas, 15 por ciento de los ingresos. Lazio desembolsa al fisco italiano unos 17 millones de dólares en impuesto. Y eso que no se cuenta un seguro de accidente hasta junio por otros 12 millones 500 mil. Es mucho el dinero que recibiría Salas y hay que pensar que Marcelo tiene sólo 24 años.

Salas fue coronado como "Rey de América" en el hotel Victoria Plaza de Montevideo, que se vistió de fiesta para recibir a los 520 invitados de los 52 piases que votaron en la encuesta denominada "América y Europa le responden a El País" realizada por ese medio uruguayo. A la ceremonia, además asistieron cerca de un centenar de periodistas. El salón denominado de "Ball Room", que fue el escenario de la entrega, se llenó de aplausos al ser nombrado el jugador chileno. Ante el reconocimiento, los integrantes de la delegación nacional: Ricardo Abumohor, Alfredo Asfura y Nelson Acosta tampoco ocultaron su orgullo por el delantero criollo. Entre los asistentes a la fiesta había entrenadores, jugadores activos y ya retirados, árbitros y dirigentes, y todo coincidían en alabar las condiciones innatas del goleador chileno. Salas además de la medalla que lo consagra como "Rey de America", recibió el "Balón de Oro" como el mejor jugador del continente y un flamante auto Toyota Tercel 1998. Si bien este no es el primer reconocimiento con que lo distinguen, sin duda es uno de los más importante de su carrera.

SU LLEGADA A RIVER:
Dos veces campeón con Universidad de Chile, a estas alturas los objetivos de Marcelo Salas habían crecido sustancialmente. El plano interno no bastaba. Era necesario consagrarse fuera del país. El año no partió bien en lo grupal, al quedar la selección Sub 23 eliminada en los Preolímpicos de Mar del Plata, aunque el Matador demostraba su efectividad con cuatro anotaciones. Se anunciaban dos grandes desafíos: la copa Libertadores y la eliminatorias mundialistas para Francia 98. En el torneo de clubes, Salas fue la clave en la gran campaña de Universidad de Chile, sólo detenida en semifinales por River Plate, a la postre campeón y fundamental en su destino. Salas se cruzaba con los Millonarios, iniciando de esta manera la historia actual. Pudo ir al Boca Juniors, pero Carlos Bilardo dio una razón para el no: "Nunca un chileno ha triunfado en Argentina". Gran equivocación del doctor. Marcelo Salas asomó en River Plate y se ganó el corazón y respeto de la hinchada de inmediato cuando en su primer partido como titular, frente a Boca Juniors, anotó la cifra del empate parcial a un gol.

A pesar de que inexplicablemente no fue titular, sus apariciones resultaron determinantes en la conquista del Apertura 96. Imborrables son sus dos goles a Vélez Sarsfield, cuando desparramó al meta Pablo Cavallero, entregándole a River aquella corona, tres días después que con la selección igualara frente a Argentina en el Monumental de River. Eran días felices en la Roja donde anotaba goles a Ecuador y Uruguay, aportaciones claves para la clasificación a Francia.


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Espero que le guste,acuerdense por MP acepto sugerencias para la segunda parte