Carlos Bianchi, hay que ganarle a River



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La estrella de Boca en Tandil es Bianchi. Y la gente lo idolatra cada vez más. Pero también le pide: ayer le hicieron saber lo que quieren para el superclásico del sábado. A cumplir...



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¿Firmás prendas íntimas? No puedo, mi mujer no me deja, je”.

Son más de cincuenta. Pero hay de todo, chicos, chicas, grandes, abuelos, para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero. Y el pedido se multiplica, se hace ruego, claro, si apenas faltan pocas horas, si la adrenalina empieza a recorrer las venas que ya están en azul y oro, de efervescencia bien boquense cuando el rival de toda la vida se acerca. “Le tenemos que ganar a River, Carlos”, suplica la gente y Bianchi sonríe y firma. “Tranquilos que hay para todos”, los calma. Y sigue rubricando autógrafos mientras el cancionero popular no da tregua: “Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, de Carlos Bianchi, todos la vuelta vamos a dar”.

Esto lo provoca el técnico más ganador de la historia de Boca. No hay otro modo, filosofía y teorizaciones al margen, de explicar tanto optimismo destilado por la sola presencia de un entrenador. Cuando se acerca al alambrado del club Banco Provincia luego de la práctica matutina, conmueve apenas con la mirada desde el otro lado de su anteojos. Ya es la tercera vez que se presta a los pedidos de los hinchas: en esta ciudad lo había hecho la semana pasada. Y el día de su primer entrenamiento, en Casa Amarilla, había firmado más de 100 camisetas durante 16 minutos. También firmó algunas en la Bombonera, el día de su presentación. Primero en el verde césped, antes de meterse en el túnel, y después en su auto, cuando pegaba la vuelta a casa después de ese emotivo día. Tal vez, se sienta en la obligación de devolver semejante muestras de afecto. Al cabo, entre íntimos ya confesó el verdadero motivo de su regreso al club: la gente lo emocionó en el último partido del campeonato pasado frente a Godoy Cruz, cuando cantaron por él y lo ovacionaron apenas lo vieron en el video homenaje para Schiavi. Y no se pudo resistir.

Los que no resisten, ahora, son los fanáticos que despliegan sus banderas, camisetas y lo que venga (menos prendas íntimas, claro) para recibir de puño y letra el mejor regalo del Virrey. Junto a él se acercan varios jugadores (Orion, Martínez, Caruzzo, Erbes, Viatri, en rigor todos fueron cumpliendo con la gente en estos días de pretemporada), pero la estrella es el hombre que a los 63 años, otra vez, está ante un desafío mayúsculo.

Enfrentar a River tres veces en el verano, lo aclaró en la conferencia de prensa del sábado, le parece una “estupidez”. Sin embargo, es consciente de que desde afuera se vivirá con la intensidad que amerita un partido de alta gama. Ya se lo dijo Burdisso a Olé : “A River hay que ganarle siempre”. Por la estadística no debiera preocuparse el DT. Los superclásicos estivales le otorgan saldo favorable, con diez victorias (dos por penales) y tres derrotas. Y aunque para él lo más “importante” es que no se lesione ningún jugador, andá a explicarle a la veinteañera que ayer faltó al laburo y que el sábado se gastará los últimos pesos del mes en el Minella, que el partido contra River no interesa.

Bianchi intenta quitarle dramatismo y que el protagonismo verbal llegue de la vereda de enfrente. No va a cambiar la estrategia en la última curva de su carrera, con la vitrina repleta. Evitó cruzarse con Ramón Díaz (“Es un técnico de River”, contestó, lacónico, cuando se le consultó por las chicanas del Pelado) y de sus labios difícilmente se pronunciará una ofensa. Tal vez una ironía fina, suave, con estilo, pero hasta ahí.



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