Messi - Ibrahimovic: Duelo de gigantes

Son las grandes estrellas del partido en el que hoy Argentina enfrentará a Suecia en Estocolmo. Jugaron juntos en Barcelona. Brillantes ambos, tienen perfiles que contrastan. Y en sus pies está la esperanza del mejor fútbol.

Messi - Ibrahimovic: Duelo de gigantes

No hay coincidencias entre Lionel Messi y Zlatan Ibrahimovic. Ni en lo futbolístico ni en la manera de encarar la vida. Sin duda, los dos son grandes jugadores. Claro que Messi está en un escalón superior y es reconocido por todos. Hay cuatro balones de oro que lo certifican. Pero Zlatan supo abrirse camino en el mundo del fútbol pasando por varios equipos importantes (Ajax, Juventus, Inter, Milan, en todos salió campeón). Ahora se luce en el Paris Saint Germain, pero le tocó convivir con Messi en el Barcelona. Y, según dicen, esa convivencia no fue perfecta.

Zlatan es de carácter fuerte y entre esa constelación de estrellas había un pibe que era protegido por los caciques del club catalán. Y no se equivocaron en la apuesta. El Barsa con el auge de Messi llegó y se mantuvo en la cima y Zlatan con sus rezongos se fue a otro lado. Esas quejas del sueco tuvieron un principal destinatario: Pep Guardiola, el entrenador.

En la cancha, los dos tienen características muy distintas. Messi es el rey de la diagonal en velocidad, de la gambeta abre caminos, no hay nadie que le pueda sacar la pelota cuando la lleva rápido y con destino certero. El sueco es potente, más de área, de hacer goles espectaculares también, pero a otra ritmo. Eso sí, a los dos les gustaba el mismo territorio, el centro del ataque. Y por eso la disputa.

Messi es un pibe de barrio que abrazó la pelota con tanto amor y con tantos sueños que no se le reconocen rebeldías. Zlatan tuvo una infancia mucho más dura, que lo formó de pies a cabeza. En su libro dice de su niñez:”No tenía hambre, tenía mucha hambre...”. Toda una definición que hace temblar hasta los huesos.

Messi tuvo una familia que lo apoyó y lo llevó de la mano en su crecimiento. El sueco vivía con su madre divorciada de un padre afectado por la guerra de Bosnia y el alcohol.

Las travesuras de Lionel fueron iguales a las de todos los chicos comunes, allá en Rosario. Sin pasarse de la raya. Ibrahimovic confesó: “Robé muchas bicicletas. También coches. Era como vivíamos. Hacíamos esas cosas por adrenalina. Vengo de Rosengrd, que en Suecia se lo considera un gueto, pero para mí era un paraíso”.

Hay un contraste, de educación, de forma de vivir que va más allá de la pelota. Quizás por eso Messi se desvive por Thiago, el hijo que llegó hace unos meses, mientras que Zlatan también lo hace a su manera, bajo una dura confesión: “Lo único que le pedí a mi esposa fue que siempre estuviera la heladera llena para mis hijos”.

Los dos triunfaron. Lionel es la imagen de la humildad, del ejemplo. La perseverancia del sueco lo llevaron a ser nombrado personalidad deportiva de Suecia el año pasado. Pero la devoción popular va más allá de los límites. A tal punto que muchos usan el verbo “zlatanear” para decir algo de forma contundente.

Desde chicos uno y otro vieron y vivieron la vida de forma distinta. El chico malo y el chico bueno, para las apuradas y poco profundas definiciones. Sólo la mansedumbre de la pelota puede unirlos. Hoy volverán a estar frente a frente en el saludo, los dos llevan la banda de capitán de sus respectivos equipos y después discutirán el espacio de protagonismo con la pelota en los pies. Y a eso habrá que prestarle mucha atención.