Ole se burla de Bianchi


Este arranque difiere mucho de las otras épocas de Bianchi. Ahora, cambia no por rotación sino por bajo rendimiento y no encuentra el equipo. Eso lo llevó a modificar otros hábitos...

El fantasma de Bianchi no se fue. Está en la Bombonera, en Casa Amarilla, en los pasillos del club. Ya supo atormentar a todos aquellos que quisieron convertirse en Virrey, a todos los que vinieron después de esos tiempos dorados. Ahora, el fantasma de Bianchi parece ir por el propio Bianchi, una lucha entre el pasado y el presente, como si la gloria de ayer condicionara las decisiones de hoy, en una comparación permanente que a él no le gusta pero en la que irremediablemente cae y vuelve a caer. Y cuando uno y otro no se parecen, surgen los interrogantes, puertas adentro y puertas afuera se preguntan qué le pasa. Por lo pronto, no encuentra el equipo y lo va cambiando dramáticamente partido a partido.

No es este Bianchi el mismo de hace ocho años y medio, menos el de hace casi 15, cuando asumió por primera vez. Lo reconoce él mismo. Por el lógico paso del tiempo y porque los jugadores son otros. Pero la primera gran diferencia de conducción, visible para todos, es que en tres partidos oficiales cambió y volvió a cambiar el equipo titular. Los eligió con claridad, a partir de la designación personal de los números de las camisetas. Puso a los que tenía en condiciones de esos 11 para el estreno ante Quilmes. Pero ya para la segunda presentación ante el Toluca hizo dos modificaciones. Y para este domingo incluyó seis nombres distintos, cinco que no habían sido titulares en los anteriores.

Los propios jugadores se sorprenden de este Virrey modelo 2013, preguntan si siempre fue así, y la respuesta es no. Queda muy lejos el gesto de confirmar a Oscar Córdoba en el arco, dándolo como titular para el siguiente partido, luego de que cometiera un feo error. La diferencia es que en ese momento estaba convencido de sus titulares y ahora siente que no le responden como esperaba, los resultados no son ideales y trata de disimular las oportunidades que les da a otros con excusas de cansancio. Paredes es un claro ejemplo, fue titular en el primer partido y ni concentró para el tercero.

Cierra las puertas como nunca antes, ni a los jugadores les da la formación (los últimos dos partidos las confirmó cuando llegaron al estadio), no permite que las cámaras filmen las prácticas de fútbol, se enoja con los errores, se muestra ansioso desde el banco, protestón, tal vez porque antes de eso se ocupaban sus ayudantes y ahora es él quien tiene la única voz, tal vez porque no se dan los resultados. Sigue sin conceder entrevistas individuales, pero estas últimas semanas subió la acidez y el discurso evangelizador en las conferencias para enfocarse en su enemigo preferido: el periodismo. Que le inculcan ansiedad a los hinchas, que le ponen dramatismo, si le dije o no le dije a Cellay, que Tevez en el 2003 y Paredes ahora... Todos gestos de desesperación de quien nunca perdió. ¿Hubiera sido así en 1998 y en el 2003 de haber tenido malos comienzos? Imposible tener certeza... Por eso, sólo le queda encontrar el camino de sus dos ciclos anteriores para volver a ser. Para recuperar la memoria, su memoria. ¿Cómo era?