Belgrano le ganó a River en una noche de piratas

No se guardó nada. Polémicas al margen, el Celeste le ganó a River, pero también se superó a sí mismo.

Una noche de piratas

Se lo vio deambulando, sin rumbo, ante Argentinos Juniors y Quilmes. Se dijo que estaba desmotivado y que aquellos atributos, que todos le reconocieron desde el histórico ascenso de 2011, habían expirado. Pero, se sabe, a Belgrano nunca hay que darlo por vencido. Y anoche, al margen de la polémica por el gol de Lucas Zelarayán, dio una muestra más.

La intensidad, con la que Belgrano salió a jugarle a un River que vino a Córdoba para adueñarse con exclusividad de la punta, fue el primer síntoma de que había vida y esperanza. Le dio el cuero (y el cuerpo) a los piratas para marcar el ritmo durante todo el partido. El esfuerzo fue supremo y la victoria, sufrida, un premio merecido. Pero hay una lección detrás que la “B” no deberá olvidar: en un campeonato parejo y con una plantilla sin nombres que por sí solos puedan aportar soluciones, no se puede dosificar la intensidad ni la concentración. Allí estuvo la principal diferencia entre lo que los celestes mostraron anoche y lo que habían puesto en cancha en los partidos anteriores.

Vale más el haberse superado a sí mismo que el triunfo ante un River poco convincente, al que le faltó determinación para quedarse con los tres puntos. Después sí se puede hablar y coincidir, o no, con la jugadísima decisión del árbitro Fernando Echenique al dar como bueno el gol del “Chino”. Y también la de convalidar el gol del empate millonario, que pareció jugada peligrosa de “Teo” Gutiérrez.

Belgrano dio una prueba de carácter y la superó ampliamente. Tuvo la lucidez mental que le veía faltando, pero también una buena cuota de fútbol que era fundamental para volver a ganar. Ante un equipo que, se sabe, tiene mejor manejo y posibilidades de desequilibrio individual, el Pirata no renegó de jugarlo. Ni cuando el partido se volvió ordinario, por las “lagunas” que los dos tuvieron, hubo un renunciamiento a la idea de buscar el arco defendido por Barovero.

Creyó Belgrano en las proyecciones del tándem que Juan Quiroga y Jorge Velázquez construyeron por la izquierda, y también en la pulcritud de Zelarayán para limpiar la jugada cuando venía sucia. Olave, cuando no, volvió a demostrar que vive de turno y que responde con solvencia cada vez que lo llaman a hacerlo. Y los volantes centrales, autocríticos como pocos con su propio desempeño, desempolvaron el overol para volver a construir los pilares sobre los que se edificó el equipo del “Ruso” Zielinski.

Zelarayán, el más chiquito, fue uno de los que mejor lo definió. “Nos miramos a la cara y sabemos que cada uno está orgulloso de sus compañeros. Lo jugamos a lo Belgrano. Así se juega con esta camiseta”, dijo apenas concluido el juego.

Siempre juega por algo. Desde lo numérico, el triunfo también es significativo. Eran seis fechas las que llevaba la “B” sin poder ganar y todavía no había podido festejar a lo grande en Córdoba (acumulaba cinco empates hasta ayer). Anoche sí, se sacó las ganas y casi 50 mil almas lo hicieron con furia. Es que River venía agrandado, después de tres triunfos en serie, incluido el de la Bombonera. Belgrano lo paró en seco y, de paso, volvió a eregirse como una figura fantasmagórica, casi una mala palabra para el mundo riverplatense. Aunque lo de anoche fue apenas un sacudón, una réplica menor de aquel terremoto.

Pero Belgrano también recuperó terreno en la clasificación a la Copa Sudamericana. Hoy, sigue adentro. Volvió una noche y todos esperan que sea para quedarse.

Partido completo:


link: https://www.youtube.com/watch?v=NEYPK9sIims


Yapa:

piratas

Belgrano es como el conserje, el encargado del edificio. El tipo siempre está, cuando salís y cuando volvés a tu departamento. Si andás gateando él se entera, si estás solo también. Y como todo conserje, tiene sus enemigos, esos a los que no les abre la puerta cuando no encuentran la llave, o que de onda los basurea en frente del resto de los inquilinos.
Regla número 1 de convivencia: Nunca lo invites a un fulbo con tus amigos. Es conocido por aguantarse todos los penales, inventados o no y, cuenta la leyenda que una vez le ganó a una banda de muchachos que vivían en el edificio. Resultado? El depto se les prendió fuego.