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fundacion
La historia de como un inmigrante inglés con sueños de futbol fundó al equipo mas popular del interior del país ya es conocida por todos aquellos que tenemos sangre roja y sudor negro, pero igualmente vale la pena recordar como Isaac Newell llegó a nuestra ciudad (y digo NUESTRA porque es sabido quien manda en Rosario) en 1869 y con solo 16 años. Cuenta la historia que trabajó como telegrafista mientras terminaba la secundaria. El paso del tiempo encontró a Isaac como maestro y posterior fundador del colegio Anglo Argentino, colegio en donde el mismo enseñaba a sus alumnos a practicar un deporte hasta el momento desconocido: el fútbol. Años mas tarde, para ser mas precisos: el 3 de noviembre de 1903, Isaac y su hijo Claudio fundan el C.A. Newell's Old Boys (Viejos muchachos de Newell) y adopta los colores de su escudo y gloriosa camiseta basandose en el rojo por la bandera de su Inglaterra natal y el negro por la insigna alemana, nacionalidad de su esposa.
¿De donde viene el apodo de Leprosos?
La comisión de damas de beneficencia del hospital Carrasco organizó un partido de futbol entre Papá y el Sin Aliento a beneficio de los enfermos de lepra, la dirigencia rojinegra aceptó gustosa demostrar quien manda una vez mas, pero los antecesores de Vesco y Scarabino decidieron ¿abandonar? no, ni siquiera presentarse, embargados por el miedo a perder como dijo Pie Grande Bauza en una recordada nota a un sin aliento diario de Rosario.
Como muestra de grandeza y no-cagazo nos apodaron "Los Leprosos" y a nuestros hijos "Los Canallas", años mas tarde su apodo iria mutando en "amargo", "sin aliento", "cabezas de parlante" entre otros, pero esto no viene al caso, el tema es que hay que darle las gracias a Don Isaac por fundar el primer club que practicó futbol de Rosario y por crear la razón que nos alegra la vida desde hace mas de 100 años.
Metropolitano 2 de junio de 1974 "en tu cara y en tu cancha"
RECUERDOS DE LEPROSOS EN ESE DIA GLORIOSO PARA NEWELLS
Ese día nació la Hinchada que Nunca Abandona, ahí estuvimos todos los que pudimos conseguir las entradas que la AFA nos concedió, allí estuvimos todos desde el primer minuto que se abrió la vieja cancha sin aliento, ese día se inauguró el Vueltodromo….
“Quiero pintar la situación. Estaba contra el alambrado, bien derecho adonde pateó Zanabria, apretujado, había seis, siete filas de personas. Me di cuenta de que entró la pelota cuando se infló la red. Se vino la avalancha. Sentí que me hacían pasar por el tejido. No tiene comparación con nada “
“Fue desgarrador. Yo le he mordido la oreja a hinchas de abrazarlos. A un tipo le dije, «Aflojá que me estás matando» “Un hombre que estaba enyesado, me dio un coscorrón que casi me desmaya. Era un loquero”
“No podía hacer nada ni Biasutto ni el mejor del mundo”, afirma el relato de José María Muñoz al concluir su relato del gol.
Lo que sigue es difícil explicar con palabras. “Yo bajé de la tribuna. Empezamos a hacer boquetes por todos lados del tejido”. “El Gordo fue el que hizo uno de los agujeros de atrás del arco que daba a Génova”. Y el partido se jugaba con interrupciones, pero con un claro dominador: Newell's.
En el banco de suplentes, Arsenio Julio Pomelo Ribeca se salía de la vaina. “Me dijo: «Poneme que los corro todos»”, cuenta Montes.El entrenador metió el cambio por el Mono, que se fue de la cancha besándose la camiseta.Y pese a que Ribeca cumplió con su promesa no fue necesario tanto despliegue, ya que el adversario había bajado los brazos.
“Central se quedó en el fondo, no se movió. Se pedían por favor entre ellos «párense, párense, porque vamos los dos, porqué clasificábamos los dos» (Montes)”. “Ellos decían cuidemos el empate. Porque veían que el partido ya estaba dado vuelta y con ese empate salían segundos y podía clasificar para la Libertadores (Zanabria)”. “Si el partido sigue, se lo ganamos. Cucurucho Santamaría tenía un tiro libre cerca del arco y Dellacasa terminó el partido”.
Lo que sigue ya es imposible de traducir a palabras.
“Empezó a entrar la gente. A mí me pisaron una zapatilla y me quedé buscándola.Las usaba para jugar al básquet. Entré igual a la cancha y me volví a casa sin la zapatilla”.
“De mi lado hicieron un boquete, pero era muy alto, así que me tuvo que alzar un muchacho y meterme en la cancha. Yo corría como loca”.
“De mi familia entramos todos, los cinco hermanos, mi viejo y mi vieja. ¡Con más de 60 años dio la vuelta olímpica! Se trajo pasto de la cancha en una bolsita. Mi mamá era muy especial)”.
“Ahí entramos todos. Pensar que (el dirigente de Central Osvaldo) Rodenas había desafiado que no íbamos a entrar)”.
“Llegamos al otro área, a pesar de que estaba la policía. Le dimos la vuelta en cancha de ellos. Es la fiesta que todo hincha de fútbol sueña”.
“Yo estaba subido al alambrado. En esa época era flaquito y estaba agazapado, cuando se distraen los canas, me tiré a la cancha con el Quique, mi compadre. Lo vi al Pomelo Ribeca y me dio la camiseta. Después, con agarramos las mangueras de regar la cancha, abrimos la boca y mojamos a todos los que estaban en la platea. Después, dimos la vuelta. En el área de ellos (se refiere al arco que da al Club Regatas) estaba la cana, que nos quiso parar. Pero la vuelta la dimos igual”
En ese momento, los gritos eran “Dale, campeón”, “Soy de Newell's”. El Mono, Zanabria y todos los demás se paseaban en andas por el campo de juego. La locura desenfrenada no permitía mayor inspiración. Luego, vendrían canciones inolvidables.Mientras, el festejo seguía en los vestuarios. “El vestuario era un río, había champán. Yo era muy amigo de Santamaría y le fui a pedir la camiseta, pero uno me ganó de mano. Lo único que conseguí fueron los pantaloncitos de Tito Rebotaro ”.
Y la gente, que había cubierto el campo de juego de Arroyito, ya emprendía el regreso por Avellaneda. “La salida fue una marea humana rojinegra. Yo fui a buscar, ahí cerquita, la bocina y las garrafas que no me habían dejado pasar los policías y volví por (bulevar) Avellaneda, el cruce Alberdi y Ovidio Lagos tocando como loco”.
La fiesta ya se había extendido a toda la ciudad. Los bocinazos aturdían en avenida Francia, San Martín –de sur a norte–, Arijón, Junín, avenida Pellegrini. La ciudad se vestía de rojinegro. Todo el pueblo leproso se volcó al Parque Independencia. Allí siguió la celebración. A las 20, la cancha estaba repleta y la gente ocupa los pasillos, la zona de la pileta y del camping. Entre bombas de estruendo y fuegos artificiales aparecieron los jugadores
“Apenas salí, me dejaron desnudo”, recuerda Cucurucho. La gente invadió el campo y brotaron canciones inmortales: “Ole, olé, ole, olá. La toca el Mono, la baja Magán, para que Marito la mande a guardar”. “Carnaval, carnaval, la vuelta se la dimos en la cancha de Central”.
Hubo festejos hasta la madrugada. Los jugadores celebraron en el restaurante San Miguel –en ese entonces ubicado en la esquina de 9 de Julio y Cafferatta–, los bares se atestaron de gente y todo fue rojinegro.
Lo que siguió a aquel día bendito es el recuerdo permanente, cotidiano, inalterable. Muchos lo evocan con alegría, con creciente pasión.Algunos no.
El famoso Ñubels que se fue a la Boca y salió campeón
Barro por acá, lluvia por allá, el Grigo Scoponi tapando todo, el Chocho Llop cerrando por toda la cancha, Marcelo Bielsa que ya a esa altura el apodo de loco le quedaba chico y, arriba de todo, la
hinchada que nunca abandona, en la popular mas alta de la Bombonera, como un presagio de que una vez mas los ibamos a mirar a todos desde arriba, esta vez en el mítico templo boquense que aquella vez no tembló ni latió, lloró, junto con varios periodistas porteños que debieron cambiar de apuro las portadas de diarios y revistas previamente preparadas con colores azul y oro prediciendo un inminente campeonato de boca.
Pero, no, el equipo del Loco puso lo que hay que poner en este tipo de partidos y le regaló al club su cuarta estrella. La primer final se jugo en el Vueltodromo, donde, como siempre, fuimos locales ante Boca Jrs, ganó Newell's 1-0 en lo que parecía una diferencia escasa para ir a jugarle al Xeneize en Bs As, parecía. 9 de julio de 1991, fecha patria, fecha patria nuestra, ese día llegamos a la Bombonera con una lluvia torrencial y un par de suplentes que sustituían a los convocados a la selección nacional, Boca, por su parte contrató para esta final a dos jugadores por el mismo motivo, Gaucho y Reinoso.
El partido fue emotivo hasta el infarto, la cancha embarrada le daba mas grandeza a las corajeadas de los Viejos Muchachos de Newell, pero a pesar de soportar mas de 80 minutos el cero, en una jugada trabada Reinoso puso el 1-0 para el local. Todos pensaron que a partir de ahi Bosta Jrs nos iba a pasar por arriba, pero no fue asi y se llegaron a los penales: Graciani, tapa el Gringo. Berizzo, gol. Rodriguez, tapa otra vez el Gringo. Llop, golazo. Giunta, gol de Boca. Zamora, gol. Si Pico erraba eramos campeones otra vez, y Pico "picó" su remate que fue devuelto por el travesaño y fue gritado por mas de 6.000 leprosos en la mismisima Bombonera que, en silencio, vio como un equipo (el único) le daba la vuelta en su cancha al grito de: "Oy oy oy oy, oy oy oy oy, es el Glorioso Ñuls Old Boys".
40.000 de visitantes
Historico, irrepetible, cuenta la leyenda que un dia domingo de diciembre una gran masa de gente recorrió los mas de 300 km que hay entre Rosario y Buenos Aires
Cuenta la leyenda que fueron 40.000 personas las que se llegaron hasta la Doble Visera para ver a Newell's old Boys consagrarse campeón una vez mas.
La historia empezó el jueves, sacando la entrada, yendo martes y miercoles al pedo porque todavia no estaban a la venta, la historia empezó de madrugada, quedandonos a dormir en el Coloso o levantandonos mas temprano que nunca con tal de tener ese preciado boleto a la felicidad.
Pero como somos el mas popular, nos quedó chico todo el espacio que nos dieron y muchos fueron el dia anterior a Buenos Aires para conseguir aunque sea popular o platea local, porque copamos toda la Doble Visera, por primera vez el Rojo le cedió a un equipo ¿visitante? la platea donde generalmente van los socios vitalicios, por primera vez un evento deportivo movilizó tanta gente y tanto aliento.
Porque ese dia pateamos el tablero, dejamos boquiabiertos a los medios y sin aliento a los sin aliento. Porque ese dia el Pueblo Rojinegro archivó para el recuerdo uno de sus mayores logros como hinchada. Porque ese dia es propiedad de todos los leprosos, incluso de los que no pudieron ir y de los muchos que quedaron, lamentablemente, en la ruta.
Porque sufrimos mas de la cuenta, es cierto, pero D10S tiene lepra y nos guiñó un ojo, miró de reojo el partido y mucho no pudo hacer para torcer el resultado, pero miró de reojo la tribuna y simplemente pensó "esta hinchada se merece ser campeón"
ULTIMO CLASICO
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