Juan Roman Riquelme...Enzo Francescoli

DOS GRANDES RIVALE...DOS GRANDES JUGADORES...DOS GRANDES GOLEADORES...DIVIDIDOS POR LOS COLORES...:


Juan Roman Riquelme...Enzo Francescoli

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BIOGRAFÍA de Roman:

En 1978, un día antes de la primera conquista argentina en una Copa del Mundo, nació en Buenos Aires Juan Román Riquelme. En efecto, el 24 de junio de aquel año, el hogar de la humilde familia Riquelme recibió a uno de los once hermanos.

El romance entre Román y la pelota no tardó en concretarse. Desde muy pequeño, Román se destacó en los potreros de su San Fernando natal. Primero defendió los colores de clubes barriales, entre ellos La Carpita. El gran nivel de Román en aquellos campeonatos barriales llegó a oídos de varios buscadores de talentos, quienes debieron luchar para convencer a Román de fichar por algún club grande. El enviado de Argentinos Juniors convenció a Román y se lo llevó a La Paternal.

Los primeros tiempos en la disciplina de Argentinos Juniors fueron duros, Román tuvo problemas para conseguir la titularidad y ocupó en principio, el puesto de mediocampista central. Desde allí, desplegó todo su talento, pero esa función obligó a Riquelme a realizar un gran desgaste físico, lo que le costó perder la titularidad.

Mientras tanto, Román forjó su amor por Boca Juniors cada domingo desde las tribunas de “La Bombonera”; el padre de Emmanuel Ruiz, otro crack “made in Argentinos”, llevó a ambos amigos con rigurosa disciplina a ver al primer equipo “azul y oro”.

El gran juego de Román lo hizo famoso en el ambiente de las divisiones inferiores. En 1996, Carlos Bilardo aconsejó a Mauricio Macri la compra de varios valores de Argentinos Juniors. En una operación sin precedentes en el fútbol argentino, Boca adquirió al club de La Paternal las fichas de grandes promesas: Fabricio Coloccini (hoy flamante figura del Atlético Madrid), Pablo Islas, César La Paglia, Carlos Marinelli (titular en el Middlesbrough inglés), Emmanuel Ruiz y Juan Román Riquelme.

Obviamente, Riquelme causó sensación en Boca desde el principio. La pobre campaña del conjunto “xeneize” obligó al entrenador Bilardo a apurar el debut del talentoso mediocampista del barrio San Jorge.

Román debutó el 11 de noviembre de 1996 ante Unión de Santa Fé en “La Bombonera”. Aquella tarde Boca venció 2 a 0 al conjunto “albirrojo” en lo que fue el comienzo del romance entre Riquelme y la parroquia boquense. De allí y hasta el final del torneo Apertura, Riquelme fue titular y su nivel fue en ascenso.

Su primer gol en primera no tardó en llegar. El 24 de noviembre Riquelme convirtió el sexto gol en la goleada de Boca sobre Huracán por 6 a 0; Román volvió a marcar en la derrota de Boca 4 a 2 frente a Rosario Central.

En febrero de 1997, Román formó una gran dupla creativa con Pablo Aimar en la selección sub 20 que ganó en forma brillante el Campeonato Sudamericano de Chile, en aquel torneo convirtió 3 goles.

Héctor “Bambino” Veira asumió la dirección técnica de Boca Juniors a principios de 1997. El juego del conjunto en general nunca fue bueno en el torneo Clausura, pero Riquelme consiguió mantener su nivel a lo largo de los 14 partidos que disputó y en los que marcó 2 goles.

José Pekerman construyó un verdadero “Dream Team” para el Campeonato Mundial de Malasia: Riquelme, Aimar, Samuel, Placente, Scaloni, Cambiasso, Romeo y Franco entre otros brillaron en la espectacular conquista argentina. Riquelme convirtió 4 goles en el campeonato.

El talento de Riquelme hizo que equipos de Europa como el Betis de Sevilla y el Parma se interesaran en su concurso. Román desestimó ambas ofertas y prefirió continuar jugando en el club de sus amores.

Veira acarició la gloria con Boca en el Apertura ’97, pero al equipo le faltó gas en la parte final y el campeonato fue a las vitrinas de River Plate. Pero en la vida futbolística de Román hubo un hecho testimonial: el 25 de octubre se enfrentaron River y Boca en el “Monumental”. Ese encuentro fue el último que disputó oficialmente Diego Armando Maradona; tras una derrota parcial por 1 a 0, Veira dispuso el cambio de Riquelme por Diego Maradona y Boca pudo dar vuelta el juego y el resultado de la mano de Román. Ese cambio fue el traspaso del trono de Diego a Román. Aquella gloriosa tarde, Román fue considerado unánimemente la figura del cotejo por toda la prensa especializada.

El 16 de noviembre de 1997 Román debutó en la Selección Mayor. Y el debut no pudo ser en otro lugar que “La Bombonera”. Daniel Passarella convocó a Riquelme al último partido de Argentina en las eliminatorias hacia la Copa del Mundo Francia ’98. Riquelme ingresó en el minuto 80 en lugar de Marcelo Gallardo y las tribunas estallaron con una cerrada ovación.

El primer semestre de 1998 fue muy difícil para Boca Juniors. El equipo de Héctor Veira se bajó temprano de la lucha por el título y Riquelme jugó poco en ese torneo. No obstante esto, Riquelme fue nuevamente convocado por José Pekerman para el Torneo Esperanzas de Toulon. Argentina se alzó con el título y Juan Román Riquelme fue considerado el mejor jugador del torneo.

Pero en julio de 1998 llegó a Boca Juniors el entrenador Carlos Bianchi. Este extraordinario director técnico respaldó a Riquelme desde el primer día; lo hizo sentir importante y le dio un rol protagónico. Y Román no defraudó a Bianchi: el condujo magistralmente al Boca campeón invicto del Apertura ’98. Riquelme tuvo asistencia perfecta en el torneo y marcó 3 goles. Riquelme conformó un letal trío ofensivo junto a los delanteros Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo.

El gran paso de Boca continuó con la obtención del Clausura ’99. Riquelme continuó deleitando a todo el mundo del fútbol con su excepcional juego repleto de belleza y efectividad.


En julio de 1999 Riquelme fue convocado por el seleccionador Marcelo Bielsa; Román formó parte del plantel que disputó la Copa América Paraguay ’99. El nivel que mostró el talentoso mediocampista fue bueno, pero sin llegar a los niveles de Boca Juniors.

En agosto de 1999, Riquelme y el Barcelona se vieron las caras por primera vez. Una verdadera exhibición de gambetas, pisadas y caños de un inspirado Román enloquecieron a los defensores “blaugranas” durante un amistoso disputado en Málaga en el que Boca venció por 3 a 2.

En el año 2000 llegó el momento de afrontar el gran desafío: disputar la Copa Libertadores de América. Y Román fue gran artífice de la tercera conquista continental de Boca Juniors. En la memoria de la afición boquense perduran grandes momentos de Riquelme como el golazo de tiro libre a River en el Monumental, el penal convertido y el caño de taco al defensor Yepes en la revancha ante el mismo rival y el fútbol desplegado durante las finales frente al Palmeiras.

Con América a sus pies, Boca fue por el Mundo... El equipo de Carlos Bianchi encaró la segunda parte del año 2000 con el objetivo prioritario de la Copa Intercontinental y con la intención de pelear hasta el final el Torneo Apertura y la Copa Mercosur. Y Boca estuvo cerca del póker... Boca ganó el campeonato local, llegó a octavos de final en la Mercosur y tocó el cielo futbolístico a fines de noviembre en Tokio cuando batió 2 a 1 al Real Madrid. Aquella noche Riquelme deslumbró al mundo con una actuación sensacional. Román se convirtió en una pesadilla para toda la defensa madridista, en especial para Geremy y Makelele. Tan espectacular labor de Román hizo que el Barcelona se convenciera de su fichaje. El conjunto “culé” acordó el traspaso con Boca Juniors en una suma superior a los 20 millones de dólares, operación que luego quedó frustrada.

El 2001 trajo como gran desafío revalidar todos los títulos obtenidos durante el 2000. Boca Juniors no pudo repetir el juego brillante de la temporada anterior pero el oficio del equipo le alcanzó para retener la Copa Libertadores. En el torneo local, lo más destacado fue la paliza 3 a 0 a River en “La Bombonera”. Aquella noche Román mostró por primera vez su festejo a lo “Topo Gigio” (en honor a su hijita Florencia, según dijo).

El equipo debió recorrer un durísimo camino hacia la Copa. En el infierno del Estadio Metropolitano de Barranquilla Boca sacó a relucir su temple y venció al local por 3 a 2; en la revancha igualaron 1 a 1.

En cuartos de final, el rival fue el Vasco Da Gama, equipo que hasta el momento de enfrentar a Boca había ganado todos sus partidos. El campeón de América venció al Vasco 1 a 0 en Río de Janeiro y bailó a los brasileños 3 a 0 en una “Bombonera” repleta.

En las semifinales, Boca enfrentó a un Palmeiras dirigido por Luiz Felipe Scolari sediento de revancha. Como en las finales de la Copa del 2000, fue igualdad 2 a 2 en la ida en Buenos Aires (el segundo gol de Boca fue una espectacular apilada de Román para servirle el gol a Barijho) y se repitió el marcador en el Parque Antártica, el hogar del “verdao”. Pero en la revancha Riquelme jugó uno de los mejores partidos de su vida. El fue el responsable de la clasificación de Boca para la final. Riquelme enloqueció a los defensores de Palmeiras con su repertorio más bello y efectivo, el segundo gol de Boca fue una verdadera obra de arte de Román.

Boca y el Cruz Azul mexicano dirimieron la monarca americano del 2001. Boca sorprendió a los “aztecas” en la primera final cuando venció 1 a 0 con gol de Marcelo Delgado. Todos dieron entonces por descontado el tetra campeonato de América para los “xeneizes”, pero el Cruz Azul le devolvió la gentileza a los dirigidos por Carlos Bianchi y fue necesaria la definición con disparos desde el punto penal para consagrar al campeón. Román tranquilizó a toda la parroquia “azul y oro” al convertir la primera ejecución; las manos de Oscar Córdoba hicieron el resto y Boca retuvo el cetro máximo a nivel clubes en Sudamérica.

El Bayern Munich asomó entonces como el gran desafío para los hombres de Bianchi. Lamentablemente, Boca Juniors cayó derrotado por los alemanes 1 a 0 en los últimos minutos del tiempo suplementario. Román no pudo reeditar su hazaña del año anterior. Los alemanes, debidamente notificados del talento de Riquelme, lo marcaron de cerca y no dudaron en utilizar el juego brusco para detenerlo.

La prensa argentina lo distinguió con el premio “Olimpia” de Plata 2001.

Envuelto en una serie de interminables disputas con la dirigencia boquense, Riquelme supo que estos primeros meses del 2002 serían los últimos con la camiseta “azul y oro”. Riquelme se impuso como gran meta para este año formar parte del plantel argentino del Mundial de Corea y Japón y conquistar por tercera vez consecutiva la Copa Libertadores con Boca Juniors. Lamentablemente, Román no consiguió ninguna de las dos cosas y sufrió además un penoso incidente familiar, lo cual motivó su decisión de abandonar la disciplina de Boca Juniors. Las controversias en las que se vio envuelto le quitaron a Riquelme esa alegría necesaria para desarrollar cualquier actividad.

Tras su discreto paso por el Barcelona, ha logrado demostrar al mundo entero sus cualidades en el Villarreal. El equipo del chileno Pellegrini, semifinalista de la Champions League 2005-2006, ha formado un esquema de juego que depende de Riquelme. Pero tras esa exitosa temporada, y diversas diferencias con el entrenador chileno, Riquelme vuelve a Boca Juniors para ganar su tercera Copa Libertadores.

Bellezas (+10):







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Juan Roman Riquelme...Enzo Francescoli

Biografia del Enzo:

Las idas y vueltas del pase

Era 1982 y River necesitaba un recambio de jugadores. Muchas de sus figuras ya habían partido, como era el caso de Alonso, Pasarella, Ramón Díaz, Kempes, entre otros. Así fue como en una cena que tuvo Ernesto Homsani, por ese entonces integrante del Consejo de Fútbol, en Punta del Este, se le acercó el dueño del restaurant y le dice: "Hay un chico en Wanderers que anda muy bien. Le aconsejo que se lo lleve a River. Se llama Enzo Francescoli". Ese fue el primer contacto que tuvo River Plate con Enzo, pero todavía para que comenzaran las negociaciones había que esperar.

Ese '82 para River fue lamentable. Alejado de la lucha por el campeonato, vapuleado en la Copa Libertadores por Peñarol y Flamengo, el equipo no sólo sentía el vacío de dejado por aquellos jugadores, sino que generaba una paupérrima convocatoria. Entonces los dirigentes de Nuñez volvieron a la carga en la búsqueda del flaquito que la "rompía" en Wanderers.

Comenzaron las negociaciones, y luego de muchas idas y venidas, se llegó a un principio de acuerdo: 310.000 dólares limpios para Wanderers, más el 20 por ciento de la diferencia entre el precio de compra y de venta en una futura transferencia a Europa. También River se hacía cargo del 20 por ciento que le correspondía a Enzo y un 10 porcientos a intermediario. El único problema era que River no contaba con todo ese efectivo, por lo cual propuso dar 50.000 dólares en efectivo y el resto en cuotas avaladas por el Banco de Nápoles, con el dinero de la transferencia de Ramón Díaz. Mientras tanto Enzo viajaba a Buenos Aires, y arreglaba su contrato personal sin mayores problemas. De esa forma todo estaba OK. En Wanderers sólo faltaba una Asamblea de Socios, que aparentemente era una formalidad...

En aquella Asamblea no se estaba muy de acuerdo con las el pago en cuotas, y había una gran incertidumbre. Había desconfianza por el cobro de esas cuotas, además se comentaba que el Milan de Italia estaba interesado en Enzo. Todos daban su opión, hasta el mismísimo Enzo: "Yo quiero jugar en River, es una gran oportunidad para mí. Y espero no desaprovecharla. Todos saben el nombre que tiene River internacionalmente. Y yo sé que se trata de un club elegante, cuya hinchada admite únicamente al que sabe jugar, que tiene un estilo definido, que siempre se destaca por su buen fútbol. Por eso me tengo fe. Creo que mi estilo andaría bien en River Plate". A la hora de la votación, luego de dos horas de debate, por 85 votos contra 66 se decidió denegar la venta y pasar a un cuarto intermedio hasta que se modificaran las condiciones de pago y se extendiera por tiempo indefinido el aporte de aquel 20 por ciento por una futura. River accedió a esos pedidos, y se comprometió a liquidar todo el dinero en agosto de 1983. Bajo esas condiciones el jueves 24, se firmó un pre contrato que fue aprobado por una segunda Asamblea. Cuando todo parecía que terminaba, surgió un inconveniente con los avales, y no se podía realizar la venta. Así, luego de varias gestiones, River consiguió nuevos avales y pudo, finalmente el 21 de abril de 1983 concretar la compra de Enzo Francescoli.

La dura llegada


"Lamentablemente para todos, tantas tratativas quizás magnificaron mis cualidades, por eso espero no defraudar a nadie. Tan sólo tengo la ambición de satisfacer las expectativas que se crearon. Pero quiero recalcar que en River hay jugadores de primer nivel y yo seré uno más. No me considero el salvador de River. Lo único que voy a tener que hacer el domingo es no pensar en que todos los ojos van a estar puesto en mí. Eso sí: vine a uno de los mejores clubes del mundo y no me voy a achicar". Fueron unas de las primeras palabras de Enzo cuando llegó a River. Llegaba a un equipo devaluado, que extrañaba a horrores a las glorias vendidas en los últimos años. Llegaba a un equipo que reclamaba a gritos volver a ser River.

Había una gran expectativa, y el 24 de abril de 1983 los hinchas fueron al Monumental a ver al "salvador", mal que le pesara al muchachín de 21 años. Fue por la segunda fecha del Campeonato Nacional, y River salió al campo para enfrentar a Huracán con Fillol, Saporiti, Tarantini, Nieto, Jorge García, Bulleri, Gallego, Francescoli, Bica, Chaparro, Commisso. River ganó 1 a 0, pero eso fue lo de menos. Lo importante, tuvo que ver con los movimientos de ese número "10" que a los dos minutos despertó la primera ovación cuando giró sobre la línea lateral y salió airoso de la marca, y que a los 20, tras empalmar un centro de Chaparro que finalmente terminó en corner, fue receptor de ese murmullo convertido en canto, que después escucharía tantas veces "Vení, vení, cantá conmigo / que un amigo vas a encontrar / que de la mano / del Uruguayo / todos la vuelta vamos a dar".

Tres días después del debut, River enfrentó a Ferro en Caballito. Triunfó 1 a 0 con un gol de Enzo de penal. Las cosas parecía encaminadas... Así contaba Enzo: "Allá en Montevideo, la imagen que tenía de River era la de un club muy grande con jugadores que debían competir entre ellos. Es la vieja historia de las trenzas, los caudillos... Yo me sentía intrigado con todo eso y resulta que me encuentro con muchachos macanudos, que se abren a la amistad. Por mi carácter, por mi forma de ser, muchas veces quedaba apartado, solitario. y siempre alguno se acercaba para bromear o conversar conmigo. Se daban cuenta que me sentía sólo y que me daban el apoyo, la confianza que necesitaba. Si hasta el día que surgió un penal me lo dieron para que lo pateara. En los entrenamientos yo tiraba alguno, pero Jorge García y Nieto eran los especialistas. Cuando se dio el penal contra Ferro, se acercó García y me pidió que lo pateara. Tiralo vos, le dije yo. No, queremos que lo patees vos, me contestó. Y ésa es una prueba de confianza que me compromete con todos mis compañeros".

Semanas más tarde, comenzaba un conflicto entre los jugadores y los dirigentes. Había problemas financieros y el primero lo tuvo el "Conejo" Tarantini. Luego lo tuvo Fillol y así fue como el 29 de junio, por el no pago de haberes, el plantel millonario se declaró en libertad de acción. Y comenzó la huelga. El conflicto se agudizó. River presentaba un equipo de juveniles, entre los que jugaban Mariano David Dalla Líbera, Néstor Raul Gorosito y Néstor Adrián De Vicente, para enfrentar conjuntos profesionales. Luego de 7 partidos, los chicos habían ganado 2, perdido 4 y empatado 1. Los hinchas ya no soportaban la situación, y comenzaron a ponerse en contra del plantel. Si bien los "grandes" volvieron a jugar, no había una buena situación con la gente.

Allí Enzo comenzó a notar las diferencias entre el Wanderers y River Plate. Comenzaba a extrañar a sus padres, a su novia Mariela que todavía vivía en Montevideo, sus amigos. El fútbol argentino también era otra cosa. En ese primer año, Francescoli sufrió algunas brusquedades que todavía no estaba preparado, y tuvo que quedar afuera en dos oportunidades por importantes lesiones. No sólo Enzo andaba en la mala, sino que también River estaba en uno de sus peores momentos. En ese campeonato del ´83 River quedó en el puesto 18º entre 19 participantes.

En noviembre Enzo es convocado a la selección de su país, y si bien los dirigentes de River se oponían a que se vaya, el técnico de Uruguay, Omar Borrás, les decía "Quédense tranquilos, que para estos partidos yo me llevo un diez, pero les voy a devolver al mejor diez del país". Enzo anduvo bien en su país, le metió un gol de tiro libre a Brasil en la final y fue una pieza clave de su equipo.

Las aguas estaban divididas... Muchos lo apoyaban, otros lo descalificaban. Terminó ese 1983 y comenzaba una nueva etapa para Enzo, donde por fin "despegaba" y desmostraba todo lo que sabía.

La Consagración


Enzo tenía muchas ilusiones depositadas en el año que arrancaba. El siempre confió en sus condiciones y no estaba dispuestos a bajar los brazos. Tenía una personalidad que, lejos de la fragilidad que aparenta, es fuerte y obcecada.

Ya había pasado la huelga de los jugadores, sus lesiones y con su casamiento proyectado para febrero de ese año las perspectivas parecían otras. Parecían simplemente porque en los primero días de 1984 asumió Luis Alberto Cubilla. Y el uruguayo aparentemente no tenía a Enzo entre sus planes. Le decía a la revista El Gráfico del 10 de enero de ese mismo año cuando se le preguntó si estaría dispuesto a que River se desprenda de Francescoli para conseguir el pase de Alfaro: "Si hacemos diferencia económica y deportiva, si. Pensemos que su cotización está en los 400 mil dólares. Con ese dinero estaríamos en condiciones de traer tres excelentes valores para reforzar el equipo sin comprometer el partrimonio del club".

Pero Francescoli no quería saber nada con irse del club, y daba sus motivos por aquellos días: "No me interesa para nada irme de River. ¿Por qué? Porque me propuse triunfar aquí, porque yo vine desde mi país el año pasado para jugar en uno de los equipos más importantes y siempre confié en rendirle al máximo de mis posibilidades. Se que no lo pude hacer todavía, por eso lo mío es una cuestión de orgullo".

Enzo se quedó en el club, pero igualmente Cubilla consiguió que le traigan a Alfaro. Estaba claro que entre Roque y el Beto Alonso que regresaba de su exilio forzozo en Vélez, se encontraba el diez de River. Y que Francescoli no iba a tener la posibilidad de pelear por ese puesto, pero tampoco podía "desaparecer del mapa". Por eso, Cubilla lo hizo jugar de ocho, una posición que Enzo no sentía para nada. No estaba para nada de acuerdo, pero se puso la ocho y comenzó a luchar. Así y todo, Enzo tuvo una clara recuperación, comenzó a convertir goles y a destacarse, ya no era el mismo del año anterior. Siempre señaló que la llegada de Alonso fue clave en su recuperación.

River llegó a las semifinales del Campeonato Nacional, y allí venció 2-1 a San Lorenzo, tanto en el partido de ida como en el de vuelta. Faltaba un solo obstáculo, que era Ferro Carril Oeste. Parecía un barrera no muy complicada, pero el equipo de Griguol le ganó 3 a 0 en el Monumental. El partido revancha fue en Caballito, y a los dos minutos del primer tiempo "La Máquina Verde del Oeste" se colocó en ventaja. El encuentro no concluyó porque la hinchada de River comenzó a quemar los tablones de Caballito, y la barbarie se propagó al campo de juego. Fue un golpe muy duro para los dirigidos por Cubilla. Semanas después River pierde con Unión 5 a 1, lo que termina con el entrenador uruguayo. Para Enzo concluía así una de las etapas más difíciles, más allá de que nunca hubiera armado un escándalo público el hombre respidaba aliviado la ida de Cubilla. Pero hasta de las experiecias malas también se aprende...

Producida la desvinculación de Cubilla, asume como entrenador interino Don Adolfo Pedernera, que era el máximo responsable del fútbol amateur. Allí comenzó a gestarse un nuevo River a partir del cambio de posiciones de unos cuantos jugadores: Francescoli pasó de ocho a "nueve y medio", como le gusta definir su puesto al mismo Enzo, Héctor Enrique de siete a ocho y Alfaro quedó como rueda de auxilio en el medio campo. Si bien no se obtuvieron resultados rápidamente, se vislumbraba un cambio. Así lo revive el mismo Enzo: "Con Don Adolfo nos encontrábamos muchas veces en la confitería del club y charlábamos. Respecto a mi posición un día me dijo: Vos tenés todas las condiciones para engancharte en los últimos 30 ó 40 metros de la cancha, tenés que ser mucho más desequilibrante de los que sos volanteando. Y tenía razón. Hoy le estaré agradecido por ese cambio".

Ya casi empezado el campeonato, se elige el nuevo director técnico: Héctor Rodolfo Veira. El primer partido lo vio desde la platea, y cuando le preguntaron por Enzo dijo lo siguiente: "¡Que jugadorazo!, le tiran cualquier cosa, él la mata y sigue. Es un fenómeno".

Veira tomó el equipo a mediados del Metro del ´84, y en ese torneo River finalizó en la 4ta. ubicación, a ocho puntos del Campeón Argentinos Jrs. Enzo ya era Príncipe y cada vez jugaba mejor. "El apodo surge porque yo andaba con un metejón con el tango Príncipe -Comenta el relator Víctor Hugo Morales- y lo cantaba a cada rato. Hizo un gol y repetí una parte: Príncipe soy, tengo un amor y es el gol . Aparte el apodo le caía justo al hombre algo melancólico, tristón, con un andar verdaderamente principesco. Por eso, más que nada, creo que perduró en el tiempo". En aquel torneo se convirtió por primera vez en goleador, con 24 tantos. El año ´85 comenzó con sorpresas. River contrató a Ruggeri y Gareca, que venía de Boca Jrs. luego de un conflicto con el club por su libertad de acción. También se sumó la "Araña" Amuchástegui. El equipo comenzó con buen pie el Nacional, pero sin uno de sus pilares, porque estaban las eliminatorias para el Mundial de México. Para Veira, Enzo era único. Lo demostraba en sus declaraciones: "Enzo te resuelve un montón de problemas. Es un fenómeno total. Para mi está en el gran nivel, a la altura de Platiní, Rummeniegge y Maradona. Hace todo, lo mando jugar atrás, de punta, y se hay que cabecear, salta como pocos. Nunca dice nada: va, juega y produce". De ese Nacional quedó afuera River, luego que lo eliminó Velez Sardfield.

El otro torneo fue diferente. Era un todos contra todos en dos ruedas y el nivel de juego de River iba creciendo. Una semana después de que comenzó la primera fecha, se sumaba al plantel un hombre clave para ese año: Claudio Alberto Morresi. Así, luego de una lesión de Alonso, Morresi ocupaba ese "cargo", y encaminba a River para el título. Nadie parecía detenerlo, aunque había que dar un par de exámenes todavía. Enzo se ilusionaba: "Ahora sobran afectos, todo es compañerismo. Y el título está cerca. Este es el River con el cual soñaba antes de venir", razonaba en los últimos días de 1985, tras recibir el Olimpia de Plata al mejor futbolista del año, el primero -pero no el último- de su carrera.

El comienzo de 1986 fue a toda orquesta y Enzo estaba a punto de cumplir dos sueños: salir campeón con su equipo y participar en un Mundial de mayores. Esos tres meses antes de su partida, fueron quizá los más brillantes de su carrera, dejando ese imborrable recuerdo a toda la gente millonaria.

Promediaba el verano, y las clásicas copas en Mar del Plata. Era un 8 de febrero de 1986. Enzo siempre recordará esa fecha y la asociará con una de sus jornadas más felices. River jugaba contra Polonia, que se preparaba para jugar el Mundial ´86, por un triangular que también participaba Boca Jrs. Era un encuentro más, sin demasiadas presiones. Los polacos se adelantaron en el tanteador con un 4 a 2. A siete minutos del final, Francescoli convirtió el segundo tanto personal para acortar la distancia. Sobre la hora, Centurión puso el 4 a 4, que parecía definitivo. Ya pasados tres minutos en tiempo de descuento el Beto Alonso lanzó un tiro libre desde la derecha. El centro pasado aterrizó en la cabeza de Ruggeri, y su cabezazo cayó en el pecho de Francescoli. Casi en la puerta del área grande, el Príncipe empalmó de chilena el balón y la clavó en el palo izquierdo del indefenso arquero. El hombre salió corriendo, sin saber con quien abrazarse y a su vez queriendo abrazar a todos. El Tolo Gallego lo buscaba con los brazos abiertos sin saber bien que era lo que había visto. El Bambino entró al campo como poseído. El estadio había estallado y era una locura. Nadie podía reaccionar ante lo que acababa de observar. Enzo Francescoli había escalado hasta un punto inimaginable.

Solamente le faltaba el título, ese que no se le podía escapar. Y fue el 9 de marzo de 1986, ante Velez, ganando 3 a 0, con un gol propio de penal, en el Monumental. El Príncipe anotó el gol en el útlimo minuto y quedó de cara a la tribuna local, con los brazos bien altos, símbolo inequívoco de una victoria por la que había luchado como pocos. No podía ser de otra forma. No hubiera sido justo. Con ese triunfo, el equipo del Bambino Veira se aseguraba el el campeonato cuando todavía faltaban 5 fechas, y Enzo quedaba al tope de la tabla de goleadores con 25 tantos, repitiendo así el rito de 1984. Junto con Ruggeri fue el jugador con más presencias en el torneo: 31. Así recordaba a Enzo su compañero Jorge Gordillo: "Enzo no fue fundamental sólo por los goles, también fue importantísimo para nosotros, los defensores, porque cuando llegaba un momento del partido en el que no nos daban más las piernas, se la tirábamos a él y descansábamos. El hacía el resto: aguantaba la pelota el tiempo necesario y nosotros no podíamos recuperar tranquilos. Enzo ya era un referente en aquella época, aunque no tuviera la trayectoria de tipos como Alonso y Gallego. Yo lo vi muy feliz a lo largo de todo el campeonato: lo vivió a pleno y consiguió lo que se había propuesto". También Roque Alfaro tiene palabras de elogio para Enzo: "En mi primera práctica, yo estaba en el banco de suplentes de la cancha auxiliar viendo a los jugadores y me preguntaba a mí mismo: ¿Cómo puede ser que a este tipo lo critiquen tanto si es un fenómeno? Era la primera vez que lo veía, pero yo sabía que las cosas que se decían de él. Eso fue en 1984. Y enseguida me di cuenta de lo buena persona que es: a pesar de que yo llegaba para jugar en su puesto, el trato de él hacia mí fue espectacular desde el primer día hasta el último".

Siempre se puede ser más grande (última etapa futbolística)

Enzo había concluido 1995 con la necesidad de ir al quirófano. Su hombro izquierdo exigía una operación para darle un corte definitivo a los frecuentes episodios inestables que venía sufriendo en el segundo semestre de ese año. Muchos temían que esa operación fuese el fin de la carrera de Enzo como futbolista, también se lo asociaba como el posible sucesor de Ramón Díaz en la dirección del equipo, pero gracias a Dios no fue así. Y Enzo se operó pensando en su vuelta. Y nunca se debió imaginar que en los próximos 2 años, no sólo levantaría la Copa Libertadores que él tanto soñaba, sino que triplicaría la cantidad de títulos conquistados hasta ese momento con River.

Enzo se operó 4 días más tarde de aquel partido empatado con Boca, ya que River no tenía nada importante hasta el siguiente año por jugar. Ese verano, desde sus vacaciones en Punta del Este, Enzo hablaba sobre el año que había pasado: "Hasta yo me sorprendí de llegar a esta altura de mi carrera y ser tan importante con mi fútbol en un medio tan duro como es Argentina. Es complicado encontrar una explicación exacta. Creo que se trata de una cuestión anímica: hoy en día, en River jugego con una tranquilidad que no la tiene casi ningún jugador. Creo que algo así le debe pasa a Diego (Maradona) y también le pasó al Bocha (Bochini) o el Beto (Alonso). Digo esto porque cuando volví al club, mucha gente pensó que volvía para robar. Para mi era un compromiso muy grande. Por ahí me hubiera convenido no venir y que la gente se quedara con aquel gran recuerdo de mi primera etapa. Pensaba no fracasar, pero nunca imaginé lograr todo esto". También Enzo comentaba: "De los sueños realizables creo que el más importante es levantar la Copa Libertadores. Y eso me da bastante manija para seguir. Con respecto a mi retiro no tengo puesta ninguna fecha. Será cuando no aguante más las obligaciones del fútbol como las concentraciones o los viajes o cuando físicamente no esté acorde con los que necesito para jugar".

El equipo arracó el nuevo año de la manera que había terminado el anterior: muy mal. El 15 de febrero de 1996, ochenta y un días después de su último partido contra Boca, Enzo volvía a la cancha, justamente para enfrentar al eterno rival. Y no lo podía hacer mejor: se le ganó a Boca con un gol de su marca, superando el achique de Carlos Fernando Navarro Montoya, obteniendo una victoria por 1-0. El mismo arquero de Boca, al fin del partido, se cruzaba hasta el vestuario rival para pedirle la camiseta. Pequeños lujos que sólo unos pocos futbolistas pueden generar con su magnetismo. Enzo comentaba después del partido: "No me sentía al cien porciento para jugar. Para estar realmente bien, debía esperar otro mes, pero no aguantaba más. Necesitaba pasar la barrera del primer partido para sacarme el miedo a mover el brazo con normalidad. No le tengo miedo al dolor que significa sacarse el hombro, pero sí a todo el proceso de recuperación que viví el año pasado. No tiene que ocurrir nada raro, pero la incógnita va a existir hasta que juegue varios partidos seguidos. Esta fue la lesión más difícil de mi carrera, nunca sufrí problemas importantes. El otro día, unos chicos de la filial de River que lleva mi nombre, se acercaron para entregarme una plaqueta: se cumplían 10 años de aquella chilena frente a Polonia. Aquella etapa fue hermosa, inolvidable, pero hoy tengo otra madurez, disfruto las cosas de otra forma. Antes vivía en una nube, no disfrutaba demasiado... hasta que me fui. y ahí si que sufrí. Hoy vivo una tranquilidad interior que nuca hubiera imaginado. Ojalá continúe...".

En el clausura River no entró con buen pié, y la continuidad del Pelado estaba en la cuerda floja. Cada domingo, cada miércoles Ramón se jugaba el puesto. Cada domingo, cada miércoles, Enzo lo salvaba con sus goles. En el torneo local el equipo fue perdiendo posiciones. Sólo quedaba jugarse a muerte por un objetivo: la Copa Libertadores. El equipo de Ramón fue saltando escalones de a uno. Superó la primera fase en Venezuela y después llegó el turno de jugar cara o cruz. A River no le sobraba nada, ganaba con lo justo. Contra el Sporting Cristal de Perú, en el Monumental, observó como había hecho escuela sin proponérselo. A unos metros nomás, un pibe llamado Hernán Crespo, que lo admiraba de su primera etapa en el club, convertía una impresionante gol de chilena al mejor estilo "Francescoli". Enzo lo alzó de cara a la tribuna. Valdanito no cabía en su cuerpo de la emoción. Sufriendo avanzó River. Venció al Sporting Cristal, a San Lorenzo, a Universidad de Chile y al Amércia de Cali en la final. Cuando aquella fría noche del 26 de junio de 1996, el árbitro pitó el final, el Príncipe se arrodilló en el césped del Monumental y miró al cielo.

Ahí fue cuando se le cruzaron las imágenes de aquella Libertadores del ´86 de la que no pudo participar todo lo que él hubiese querido. Todo lo que luchó por conseguir ese trofeo, la operación y la recuperación. Así lo cubrieron decenas de manos amigas, cientos de almas gemelas. Y más tarde, besó la Copa con la pasión de los realmente enamorados. Enzo Fracescoli cumplía su sueño postergado. Algunos días después, Enzo comentaba: "¿La verdad?... Después de irme, hace 10 años, nunca pensé que podía ganar la Libertadores en mi regreso. ¿Cuando me di cuenta que podíamos ganarla?... En Perú, después de perder contra el Cristal. Esa noche nos pelotearon de lo lindo y perdimos apenas 1-2. Allí pensé: si hoy no nos golearon, es porque la suerte está con nosotros. Y quiero decir algo más para quienes piensan que un jugador con más de 15 años en Primera División no se pone nervioso en los partidos trascendentales. Yo terminé acalambrado la final, los nervios me habían comido las piernas".

Terminada la Copa, comenzaba un nuevo Torneo. En el que sería clave en la formación de River. Acompañando a Ariel Ortega, Julio Cruz, Sergio Berti, Marcelo Gallardo, Marcelo Salas, Roberto Monserrat, Leonardo Astrada. Una máquina que explotó con un vendaval de fútbol incontenible el 20 de octubre de ese año, en Rosario, la tarde en que con sus dos tantos alcanzó la marca de los 100 goles convertidos con la camiseta de River Plate en torneos de la AFA. Esa campaña fue memorable, ya que luego de un 2-3 contra Boca, River siguió así: 4-1 a Platense, 5-2 a Central, 3-0 a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, 1-0 a Estudiantes, 3-0 a Colón, 1-3 ante Lanús, 4-0 a San Lorenzo.

El River de Ramón lideraba el torneo con un juego inspiradísimo y vislumbraba entre sueños un objetivo que desvelaba a todos lo jugadores, pero fundamentalmente al Príncipe, sobre todo por aquello de la ilusión quebrada hacía 10 años: La Copa Intercontinental. El calendario indicaba Juventus, el 26 de noviembre. El final, esta vez no fue de sonrisas. Enzo no pudo escapar a la mediocridad de ese equipo que no se parecía para nada al River que venía jugando. Así calló 0-1, un resultado que caló hondo en el corazón del Príncipe. Minutos después de terminado el partido, Enzo "murmuraba" en la conferencia de prensa: "Estoy muy triste, yo sé que algunos chicos del club pueden volver aquí en unos años, tienen toda una carrera por delante. Para mí, en cambio, es muy duro. Nunca había estado en Japón, nunca había jugado una final del mundo. Y creo que esta fue mi última oportunidad, por eso lo siento tanto". El regreso interminable en avión sirvió para apuntalar un juramento: no dejar escapar el campeonato local. Al volver, River venció 5-1 a Ferro y 4-3 a Racing, con dos goles de Enzo, el primero una verdadera joya dejando atrás a un defensor al borde del área chica y definiendo arriba. También se le ganó 3-1 a Newell´s y 3-0 a Velez. River se coronó campeón el miércoles 18 de diciembre, una noche de lluvia y barro, tras superar a un duro escollo como el conjunto de Liniers. Enzo se desgarró durante el segundo tiempo, en lo que sería el primero de una larga serie de inconvenientes musculares que lo dejarían al brode de un ataque de nervios durante 1997. El Príncipe festejó con ganas su tercer título local con la Banda.

Ya había regresado a la Selección, con lo que la felicidad no podía ser completa. Enzo se fue hartando de todo cada día más. Viajaba con la Selección y viajaba con River. Concentraba con la Selección y concentraba con River. Otra vez fue hasta Japón, pero esta vez el destino indicó Kobe para disputar la Recopa ante Vélez. Pero River volvió a perder. Se encendió una pequeña luz de esperanza de volver a Tokio con la disputa de la Copa Libertadores, pero el equipo del Pelado Días fue eliminado por Racing en octavos de final. Enzo exhibía el gran nivel de sus mejores jornadas, incluso contra Racing en el Monumental, por el encuentro de vuelta, convirtió un golazo después de eludir a dos rivales y picarla por encima de Nacho Gonzálesz. Pero a la hora de la definición por penales, Enzo erró su disparo. Ahora sí definitivamente para él no quedaban chances de tomarse la revancha soñada en Tokio. Así lo reconoció el mismo Príncipe, tras aquella dolorosa eliminación: "Les pido disculpa a mis compañeros y a los hinchas, hoy perdimos por mi culpa, lo lamento mucho". Todos sabemos que no fue así, pero Enzo lo sentía así.

Mientras tanto, en el torneo Clausura, los vaivenes se convertían en la marca destacada del campeón. Después de un arranque avasallante (4 triunfos en los primeros 4 encuentros, con 11 goles a favor y ninguno en contra), River alternó buenas con malas hasta tocar fondo con dos derrotas consecutivas ante Estudiantes (1-4) y Colón de Santa Fe (1-5). Algo extraño sucedía con Enzo: su clásica infalibilidad en la ejecución de penales (con River había convertido todos desde 1984) daba un brusco giro. En apenas un par de semanas, el Príncipe erraba tres penales: contra Huracán, Español y el citado recientemente ante Racing. Fue otro síntoma más de las ideas que le andaban dando vuelta en la cabeza, un aviso claro de saturación, como ese otro desgarro que surfrió en pleno torneo ante Huracán de Corrientes.

Sin embargo, su talento no fue tan fácil de destruir. En el Clausura, Francescoli convirtió goles notables: contra los jujeños de tiro libre, ante Lanús tras una gran pared con Salas, contra Central después de pararla con el pecho y ante Vélez Sarfield el día de la consagración. Primero un cabezazo y después un pique desde 40 metros y un par de enganches. El 9 de agosto, en Liniers, River y Enzo celebraron un nuevo título. El Príncipe, además se daba el gusto de ser el goleador del equipo, con 12 impactos. Desde el vestuario ganar, eufórico, Enzo se daba un minuto para la melancolía: "No creo que haya otra vuelta más", admitía extenuado. Claro que no le iba a resultar sencilla la misión, porque ni los hinchas, ni los dirigentes como sus propios compañeros estaban dispuestos a tirar de sus brazos para disfrutarlo un poquito más. Así lo expresaba Leo Astrada: "El retiro despende de él. Siempre lo dijo y así será. Pero nosotros haremos todo lo posible para convencerlo. Necesitamos que nos siga sacando campeones". Y así será nomás.

Enzo se fue preparando a conciencia para el final, como decía en esa época: "De alguna forma me estoy preparando. Por eso quizá me enganché un poco con el programa de televisión, por eso trato de ocuparme de mis propias cosas como la publicidad. Intento que la curva que uno pega cuando deja el fútbol sea lo más suave posible. Esto no debe ser fácil: no sólo son 20 años, sino que el fútbol es una pasión, no se trata de dejar un trabajo normal, donde uno por ahí tiene más obligaciones que otra cosa".

Pero a pesar de todo, todavía le quedeban alegrías por vivir en ese 1997, aunque también algunas decepciones. Luchó con Uruguay para llegar a Francia ´98, pero no pudo. Se volvió a desgarrar y tuvo una larga recuperación de unos 3 meses interminables para Enzo. Fue tanta su desazón tras sufrir su tercera lesión en el año, que tras del viaje que hizo a Lima con la Selección Uruguaya y no poder jugar casi deja el fútbol en ese momento, como más tarde lo confesaría a los medios. Pero Enzo tenía más por dar, y participó de los tramos finales del Apertura y la Supercopa, ambos títulos conquistados por River.

No era el de siempre, ya que una larga inactividad a esa altura de su carrera, lo había dejado sin reacción y resto físico. Fue un precio muy alto el que debió pagar. Pero puso el corazón más que nunca. Así le convirtió un golazo a Colón de Santa Fé, abriendo un partido clave para ese campeonato. Así también peleó aquella negra noche contra el San Pablo en el Monumental, donde no anduvo muy bien y hasta erró un penal.

Pero a los ídolos se les perdona todo, por eso, todas y cada una de sus últimas presentaciones, tuvieron el marco de la despedida cariñosa, agradecida y cordial, sincera y emotiva. Todo el mundo quería que se quede... Todos cantaban "Y Enzo no se va... y Enzo no se va...".

Tironeado por la familia riverplatense que le pedía un poquito más, siempre un poquito más, y la familia biológica que le reclamaba un poquito más, siempre un poquito más, "el" Enzo vivó sus últimos días como futbolista. Así llegó al final. Disputado por sus dos grandes pasiones. Allá por el '86, antes de su viaje a Europa, Enzo decía: "El fútbol no me va a dejar a mi, no me va a encontrar sentado. ¿Y sabés que? Cuando llegue ese día, lo único que quisiera es que digan: ¡Que buen jugador, sí, pero que hermosa persona!. Eso es lo que me importa: ser una buena persona. Que el Beto Alonso pueda decirles a sus hijos: yo jugué con Francescoli y no saben lo gran tipo que era. Que dentro de treinta años me encuentre en la calle con Gallego o Pumpido y me pueda dar un abrazo con ambos. Porque en definitiva, más allá de la imagen y de la enseñanzas futbolística que uno puede dejar para algún niño -que es mínima-, lo fundamental es su comportamiento como persona. Porque el fútbol solo no existe. Hay que preparar la mente para dar un consejo y el alma para ser buena persona...". El Máster, el Uruguayo, el Enzo, el Príncipe. Son muchos apodos, pero definen una sola cosa: es único. Es uno de los pocos jugadores del fútbol argentino que es respetado por todas las hinchadas.

Pasion:







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GRACIAS Y ADIOS

Fuentes de Información - Juan Roman Riquelme...Enzo Francescoli

Tags: enzo | Riquelme | futbol | Grandes

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19 comentarios - Juan Roman Riquelme...Enzo Francescoli

@mcsaturno Hace más de 5 años +2
no hay comparacion!!
el enzo es el mas grande!!
@ElCafre87 Hace más de 5 años +2
Enzo no puede compartir el post...
@diego1sl Hace más de 5 años
Busquemos las 7 diferencias.
1: Enzo buen jugador.
2: El Enzo sonríe.
3: Nunca dejó la Selección por la mamá.
Ayudenme. =P
@Lucianit0 Hace más de 5 años +2
Riquelme es ARGENTINA
@diego1sl Hace más de 5 años -1
Lucianit0 dijo:Riquelme es ARGENTINA

Lamentablemente lo sufrimos nosotros con la Selección.
@Chacho_8 Hace más de 5 años +1
QUE GRANDE LA CARPITA, UN CLUB BIEN DE BARRIO A 10 CUADRAS DE CASA
@rodac77 Hace más de 5 años
fussion28 dijo:NO AL FOROBARDO...POSTA ME COSTO UN MONTON HACERLO...DALE OPINEN NO CRITIQUEN


Cerra los comentarios antes de que te borren el post
@Luzbelito_88 Hace más de 5 años
Dos grandes jugadores...Soy Bostero pero contra Enzo no tengo nada.
arregla donde pusiste \"dos grandes RIVALE\" si?
@Marceloel73 Hace más de 5 años +1
NI SE COMPARAN
EL ENZO ES GRANDE DENTRO Y FUERA LA CANCHA EN EL VESTUARIO EN TODOS LADOS NUNCA ARMO QUILOMBO UN SEÑOR EL ENZO
@lokurologo Hace más de 5 años
diego1sl dijo:Busquemos las 7 diferencias.
1: Enzo buen jugador.
2: El Enzo sonríe.
3: Nunca dejó la Selección por la mamá.
Ayudenme. =P


Tiene huevos por que es MANYA
@gwahler85_BAN Hace más de 5 años +1
no hay punto de comparacion
Franfrescoli no gano un carajo
Roman gano todo
@lucas5231 Hace más de 5 años +1
diego1sl dijo:Busquemos las 7 diferencias.
1: Enzo buen jugador.
2: El Enzo sonríe.
3: Nunca dejó la Selección por la mamá.
Ayudenme. =P


Por lo menos nosotros los xeneizes tenemos un idolo argentino
@BRUNORICOTERO88 Hace más de 5 años -2
Aparte francescoli con la seleccion nunca hizo NADA
@la_rana26 Hace más de 5 años +2
el enzo es un SEÑOR y roman tambien... pero no se comparan...

distintas epocas... y son dos cosas diferentes... (y soy de boca) el enzo es un verdadero maestro...
@ajaxcs3 Hace más de 5 años
\"no hay punto de comparacion
Franfrescoli no gano un carajo
Roman gano todo\"

segun entiendo decis que cristiano es mejor que messi
@ElZapa Hace más de 5 años +1
El Enzo es todo un caballero...
Riquelme es un maricon...

Ahi la diferencia
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