Grandes figuras xeneizes (Parte 2)

Grandes figuras xeneizes (Parte 2)

Bueno acá les dejo la segunda parte gente, espero que les guste.

Francisco Varallo

Grandes figuras xeneizes (Parte 2)

Fue el gol personificado en un jugador de fútbol. Fue el "cañonero" de un equipo que siempre tenía pretensiones de campeón. Era "romperredes" por naturaleza. No era sutil, ni técnico en el manejo de la pelota. Pero certero y espectacular cuando la situación le era favorable dentro del área. O fuera de él, desde donde despedía violentos remates temidos por los goleros. Cuando tomaba el balón inmediatamente partía el grito desde el fondo de la cancha. "No lo dejen patear...". No sólo era un alerta, era un anuncio de lo que vendría. El balazo imparable, bien colocado. De buena estampa, tenía un físico privilegiado para un delantero. Para la historia del fútbol argentino fue "El perforador de la Boca". Para la "12" fue "Cañoncito", en una época donde sobraban los goleadores. Era Francisco Varallo.

Se había iniciado en Gimnasia y Esgrima La Plata, donde debutó a los 18 años en primera división. Con rapidez se convirtió en goleador del cuadro platense. Su fama fue aumentando. En 1929 fue carta de triunfo para los auriazules que ese fin de año se coronaron campeones, venciendo a Boca Juniors en la final. El fue el autor del gol que dio el título a Gimnasia y Esgrima La Plata. En una de las primeras adquisiciones que se realizaron a poco de implantado el profesionalismo se incorporó al club de la rivera. Sin embargo, de entrada no pudo conseguir el primer gol. En la primera fecha ante Chacarita Juniors, el partido terminó 0 a 0. En la segunda fecha Boca se presentó en La Plata para enfrentar a su ex club. Esa tarde estuvo ausente y el cordobés Vargas fue el goleador auriazul. Recién en la cuarta fecha pudo convertir un gol. "Pero fue fulero", decía "Panchito", ya que no tuvo más que empujar la pelota al fondo de la red. Los hinchas "triperos" decían en un estribillo: "Saludos a Varallo, ahora tenemos otro mejor y se llama Palomino". Tantas eran sus ansias para hacer un gol que cada vez que Cherro le pasaba el balón le gritaba: "¡Tirá!". No había caso, la pelota se iba fuera del marco. El goleador tenía la pólvora mojada.

Pero la fecha siguiente se dio el primer gusto de llegar hasta el fondo de la red a su manera. El rival era Independiente y cuando faltaban sesenta segundos para el final, sacó un derechazo que estremeció las mallas y se hizo alarido en la voz de su hinchada. Con ese gol Boca vencía 3 a 2 en un encuentro lleno de emociones. Esa escena se repetía 181 veces, que lo erigen en el máximo goleador azul y oro en toda la historia de la era profesional. Era un especialista en la ejecución de tiros penal. En toda su trayectoria en los xeneizes ejecutó 22 de los cuales convirtió 18, 1 desviado y 3 le atajaron.

Cuando llegó a la ribera jugaba de wing o insider indistintamente. En 1933 Mario Fortunato decidió incluirlo definitivamente en el centro del ataque completando un terceto de oro junto a sus laderos, Benítez Cáceres y Cherro. Donde mejor se sentía era frente al arco no necesitando demorar la partida de su remate. . "Mariulo" lo definía como un centrodelantero para jugar adelantado como realizador. Por su pique, su ímpetu arrollador y su shot, se convirtió en goleador. De allí el acierto del entrenador a colocarlo en el centro del ataque. Por sus características algunos cronistas decían que agachaba la cabeza y era una tromba que difícilmente podrían contener los zagueros. Corajudo al máximo, no se achicaba cuando los recios defensores se exigían en sus golpes arteros. El también daba.

Nació en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, el 5 de febrero de 1910, fue según las mentas el mejor exponente futbolístico del barrio, Villa Hornos. Allí jugaba en un pequeño club que se llamaba "12 de octubre". Su linaje familiar era rico en jugadores. Su padre, sus tíos, todos fueron defensores de la camiseta del pequeño club del barrio. El, como no podía ser de otra manera, fue también jugador. Pero llegó más lejos. Fue crack. Cuando era joven tenía que soportar las chanzas de sus compañeros por su ingenuidad. Había tomado como hábito una "patraña" que no tenía resultados ante sus experimentados compañeros. Cuando terminada un partido estaba seguro que no podría participar del próximo encuentro.

Ingresaba a la casilla con la cabeza gacha, caminando despacio, con aire "pesadón". Se comenzaba a cambiar y su gesto era de pesadumbre. Invariablemente se le acercaban Fortunato y Cherro y le preguntaban que le pasaba. "El domingo no juego". Y sus compañeros insistían y después lo convencían que no tenía nada. Cierta vez, repitiendo su actuación, ingresó a los vestuarios y a toda voz exclamaba quejosamente: "Los meniscos... los meniscos... tienen que ser los meniscos". Advertidos de la treta, Fortunato se le arrimó y le preguntó: "¿Qué rodilla te duele?". Aumentando el gesto de dolor: "La izquierda..." "Pero si los meniscos están en la derecha..." Entonces brotaba una sonrisa de sus labios y contestaba: "¿Cierto, che?", "¡Que fenómeno!". El dolor había desaparecido pero volvería otro que tendría igual fin. Otra anécdota sobre "Cañoncito" sucedió cuando compró un terreno en las cercanías de La Plata y dos amigos le preguntaron por las medidas del predio. Gesticulando explicó cuánto medía de frente y de fondo. "¿Y para arriba...? preguntaron con sobriedad. "La escritura no dice..." respondió pisando el límite del absurdo. "Tenés que hacerla corregir... --continuaron sus amigos--. Que pongan la altura...". "¿Cierto che...?", " ¡Qué fenómeno!".

Figuras

Francisco Varallo jugó desde 1931 hasta 1939 y convirtió 180 (no 181 como lo dan casi todos los medios) goles en 210 partidos. Su transferencia a Boca Juniors fue uno de los motivos que posibilitaron la instauración del profesionalismo. Ese año, el club le pagó $10.000 de prima, con un sueldo de $800 por mes. Fue campeón con Boca Juniors en 1931, 1934, y 1935. En 1934 fue el goleador del certamen con 34 goles en 34 fechas. En 1939 debió abandonar el fútbol, debido a una lesión en los meniscos. Como director técnico dirigió a Gimnasia desde 1957 hasta 1959. Luego de su etapa de futbolista, ocupó distintos y variados empleos. Desempeñó tareas en el Ministerio de Trabajo, fue profesor de educación física, vendedor de licores y propietario de una empresa de transporte escolar.

En honor a su exitosa carrera, fue declarado personalidad ilustre de la Provincia de Buenos Aires. Lo distinguieron en su La Plata natal, junto a un ídolo riverplatense, Adolfo Pedernera. También los organizadores del mundial U.S.A. '94, le rindieron homenaje por su participación en la final del mundial del '30, jugada en Uruguay entre el Seleccionado de ese país y Argentina.

futbol

El 2 de diciembre, Varallo vistió por última vez la camiseta azul y oro. Fue en un partido nocturno ante Ferro Carril Oeste en cancha de Chacarita Juniors.
Los jugadores "verdolagas" protestaron vehementemente un presunto fould de Víctor Valussi dentro del área, lo que motivó la suspensión del match. este accidentado encuentro fue el final de la carrera para el "Cañoncito". Era para entonces un veterano de 29 años nada más. Su presencia en la cancha pesó al recuerdo admirado por los simpatizantes boquenses y respetado por los contrarios.

Siempre perdurarán esos espectaculares goles que lo llevaron a la idolatría.

Américo Tesorieri

deporte

Arquero inolvidable, gloria de Boca Juniors en el amateurismo desde 1916 hasta 1927. Boca logró su primer título con él en la valla. No era muy alto para el puesto, pero sí sereno, seguro e instintivo. Con esas condiciones se destacó en las 7 estrellas que obtuvo Boca Juniors en la era amateur.

Nació el 18 de marzo de 1899 y murió el 30 de diciembre de 1977. Siempre estuvo vinculado a Boca Juniors, hasta fue intendente del club. Vivía en el barrio, muy cerquita de la cancha, su segundo hogar.

En la historia del fútbol hay nombres que perduran a través de los años. Su brillo se mantiene aún en un presente que no tiene, en muchos aspectos, comparación con el fútbol que los hizo grande. Son nombres que son el balompié mismo. Porque más allá de hacer algo para su bien personal, aportaron su "granito de arena" para el fortalecimiento de un club y por la suma global para el deporte en sí. Sin sus figuras quién sabe si el fútbol en Argentina hubiera llegado a ser lo que es. Es sólo una tesis que nadie podrá probar. Pero ellos fueron los ejemplos que tomaron muchos jóvenes que después serían jugadores.

Por eso cuando se habla de punteros se trae a la charla las gambetas de Pedro Calomino. O de un centro half se rememoran las andanzas de Ernesto Lazzatti o Antonio Ubaldo Rattín. O los zaqueros Juan Brown, Juan "Chito" Garibaldi. Cuando la charla de fútbol se encamina hacia la búsqueda de los grandes arqueros surge casi instantáneamente uno: Américo Tesorieri. El arquero leyenda que hasta no hace mucho tiempo se asombra por: "Me cuesta creer que, a casi 50 años de haber dejado el fútbol, haya gente que me reconozca por la calle. Y hasta se sorprende que muchachos jóvenes me digan: 'Adiós Tesoriei'...".

Claro, esos jóvenes que lo paraban en la calle no vieron a Tesorieri jugar. Pero, seguro, recibieron de sus padres las anécdotas donde refrescaban las hazañas de ese arquero que fue un adelantado en su época. Que siempre estuvo ligado a la Boca. "Nací en Palos y Brandsen, la esquina de la cancha, y jamás me mudé de la Boca...". Nunca renunció a permanecer en el lugar que lo vio nacer. cuando se fue para siempre, quedó en el corazón de todo el barrio, en el recuerdo de todos los boquenses.

llegó a la primera de Boca Juniors en 1927. Fabbiani, que por entonces era titular, se lesionó. Un joven de 17 años ocuparía el puesto, su nombre, Américo Tesorieri. Lejos de mostrar mayores atisbos de preocupación por la responsabilidad que significaba actuar bajo los tres palos del marco boquense, lució con solvencia en el puesto, que a partir de entonces lo contaría como abonado. "En Boca nunca me perdonaron los goles 'otarios'. A mi me hicieron muchos. Y duelen, porque casi siempre se producen en tardes en que uno había sacado mil pelotas".

Tenía los atributos que se le pueden pedir a un golero de excepción. Siempre arrojado, seguro, flexible, elegante, con su físico delgado y profundo, simple y chispeante dentro y fuera de la cancha. Siempre estaba atento. Como si presintiera cuál sería la jugada que realizaría el ataque rival. Instintivo, sin titubeos. Un arquero poco común para los tiempos en que jugó. Los goleros de entonces eran propietarios de su marco. El imponía su personalidad en toda el área.

Tal era su buen humor, que aún cuando la fortuna le era esquiva, tomaba la situación con una pizca de su picardía. Una tarde el delantero Héctor Scarone entró al área a la carrera. Tesorieri se preparó con su acostumbrada seguridad para esperar el momento del shot. Scarone se acomodó como para colocar el disparo hacia la derecha, pero "pifió" el remate y el balón tomó una rara trayectoria hacia la izquierda llegando mansamente a la red. Tesorieri en ese momento le gritó: "Ese gol lo sacaste a la quiniela...". Así nació el mote de "quinieleros" a los goles convertidos por "casualidad".

Corría el año 1921. Boca Juniors jugaba con El Porvenir, por un encuentro del campeonato oficial. El Porvenir dominaba ampliamente pero chocaba una y otra vez sus intentos con la seguridad de Tesorieri. En tres cortadas Boca se había alejado en el marcador por 3 a 0. Seguía insistiendo El Porvenir, cuando se produjo una jugada confusa en el área boquense. Uno de los delanteros del conjunto de Gerli (ciudad del sur del Gran Buenos Aires) sacó un violento disparo sobre el arco. cuando parecía segura la conquista Tesorieri se arrojó y contuvo el balón antes que superara la línea de sentencia. Mientras recomponía su figura el arquero mirando al árbitro le dijo: "Déselo... En otra cortada metemos otro y se quedan con el consuelo..." El juez del partido señaló el centro del campo y a los pocos minutos en otra nueva escapada sacó nueva ventaja. Boca ganó 4 a 1. Tesorieri era artífice indiscutible de esta nueva victoria, del que resultaría campeón de la temporada.

También en la selección fue titular indiscutido durante cinco años y allí también vivió tardes gloriosas. Terminó invicto en los campeonatos sudamericanos de 1921 y 1924. Una anécdota de esos torneos ocurrió en noviembre de 1924 en Montevideo. El partido entre el seleccionado argentino y uruguayo terminó 0 a 0. "Esa tarde estaba iluminado. Me tiraba y la pelota llegaba a mis manos. Me bombardearon. Y no hubo nada que hacer. Recuerdo incluso una jugada donde Romano tomó de volea una pelota que cayó en el medio del área. Me tiré a la izquierda antes que él pateara. Yo llegué al ángulo y todavía no lo había hecho la pelota. Romano se había dado vuelta para celebrar el gol, y cuando no escuchó el grito de la tribuna se volvió para mirar. En ese momento me dijo una palabrota, pero con el tiempo me confesó que jamás se explicó cómo había atajado ese shot". En reconocimiento por su gran actuación, los jugadores uruguayos una vez finalizado el partido lo pasearon en andas por toda la cancha para dejarlo en el palco de honor donde estaba el presidente de Uruguay, ingeniero Serrato.

Tesorieri no era su apellido. Tampoco Tesoriero como alguna vez se lo rebautizó. Su verdadero apellido era Tesoriere. Pero por la dificultad que tenían los simpatizantes de boca, como ya dijimos en su mayoría descendientes de italianos, fue llamado Tesorieri. Aunque para todos fue el gran "Mérico". Jugó hasta los 29 años, edad donde los arqueros pueden llegar a su madurez definitiva. Sin embargo, dejó el fútbol en ese momento. Problemas con la nueva comisión directiva le hicieron tomar la decisión de alejarse de los tres palos boquenses.

Esa misma que alguna vez llevó a los periodistas del "Jornal dos esportes" abocados en la búsqueda de formar el equipo de todos los tiempos. El mismo quedó constituido de la siguiente manera: Tesorieri, Domingos Da Guía y Nilton Santos; Andrade, Obdulio Varela y Gestido; Garrincha, José Manuel Moreno, Erico, Pelé y Enrique García. Como siempre, estuvo entre los grandes. Símbolo indiscutido del Boca campeón de la década del '20. A su juicio el mejor equipo que integró fue el campeón de 1926 que logró 70 goles y sólo le convirtieron 4. "Cómo sería que a mi me decían que estaba en decadencia porque pasaban los partidos y no tocaba la pelota. Los cuatro goles fueron en frío y nunca me los perdonaron".

Alberto César Tarantini

Grandes

"Es un marcador de punta con mucho futuro. Fijate que a pesar de los 17 años que tiene, hace todo bien y muy pocas veces se equivoca. Cuando aprenda a controlarse creo que va a ser el mejor en su puesto. No me cabe duda". Estas palabras la dijo Rogelio Domínguez cuando ascendió a primera división a un muchacho delgado, de cabellera ensortijada, que cubrió con solvencia y ganas todo el lateral que le tocó en su suerte ocupar el día de su debut. Poco tiempo faltó para que se adueñara de la titularidad, desalojando de la plaza titular a Armando Oscar Ovide. Desde ese promisorio 1973 hasta el amargo final de 1977. Alberto César Tarantini cumplió con creces en la marcación de la punta derecha del ataque rival.

De físico privilegiado, brindó en cada partido una lección de lo que debe hacer un jugador dentro de la cancha. por eso aunque ahora la casaca de los tradicionales rivales, River Plate, nadie podrá negar que Tarantini mientras lució la azul y oro entregó hasta el último de sí por el triunfo del conjunto xeneize. Rápidamente fue considerado entre los mejores jugadores en su puesto, lo que le valió un lugar en la selección argentina que se preparaba para el Mundial del '74. Finalmente no viajó. "Que me saquen porque hay otros hombres con condiciones no lo voy a discutir con nadie. Pero que me saquen y que digan que es por una cuestión de edad, no se lo voy a perdonar a nadie". Dijo entonces el temperamental zaguero, cuando con justicia fue considerado uno de los hombres olvidados en nuestro suelo, debiendo estar en Alemania defendiendo los colores argentinos.

Integró aquel equipo de 1974 que se formó con la mayoría de hombres formados en las divisiones inferiores. Junto con Trobbiani, fueron las revelaciones de un Boca que fue ejemplo en lo que a fútbol ofensivo se refiere. Aquel equipo lo integraban Sánchez, Pernía, Nicolau, Rogel, Tarantini, Benítez, Trobbiani, Potente, Ponce, García Cambón y Ferrero. "Un equipazo, teníamos todo para llegar más lejos". Y nadie lo discutía en su puesto. La regularidad lo mantuvo entre los mejores de su puesto en el año siguiente y lo llevó a ser irremplazable en el conjunto base de Boca Juniors.

Al año siguiente se consagra campeón con el equipo de Juan Carlos Lorenzo, quien lo erige en uno de los mejores jugadores de su equipo y su cuota de fervor lo convierten en pieza vital de aquel conjunto. otro título logra en el Nacional y ya nadie duda de su importancia en el equipo. "La verdad es que tenías ganas de ser campeón con Boca, desde el año anterior. Lorenzo es un tipo que sabe transmitir lo que quiere. Muchos dijeron que tuve un problema con él, pero no fue así. Cuando llegó me pidió que me cortara el pelo porque él decía que me perjudicaba jugar con la melena. Acepté porque no era cuestión para agrandar".

Ya en 1977, cuando comenzaba Boca a avanzar a través de la Copa Libertadores de América, Tarantini no cedía ante la propuesta de los directivos y éstos no aceptaban las exigencias del jugador. El encono entre ambas partes no hizo que Tarantini rindiera menos en el campo de juego. Profesional cabal, responde a las responsabilidades de un equipo que tiene como meta la Copa Libertadores de América. En la final ante Cruzeiro, Raúl con un manotazo desesperado le quita la gloria de coronar campeón de América a Boca Juniors con un soberbio cabezazo. Se consagra campeón y es uno de los hombres más regulares del campeón. Llega fin de año y el conflicto entre Tarantini y los dirigentes no tiene solución. Amparado por Futbolistas Argentinos Agremiados, luego de dos años sin firmar contrato y recibiendo el correspondiente quince por ciento de aumento, queda automáticamente libre. Se va de Boca con el silencio del defenestrado, con el odio de los dirigentes. Vuelve a jugar en La Bombonera, pero con la camiseta de River Plate. La hinchada lo recibe con cánticos irónicos. "Yo se que le debo mucho a Boca. La hinchada no sabe porqué yo me tuve que ir. Si lo sabrían no me insultarían". La incompatible posición de los dirigentes y jugadores puso fin a un ciclo que estaba para mucho más en Boca Juniors.

Ángel Romano

Xeneizes

Llegó a Boca Juniors por 1913 0 1914, al tiempo que el equipo conseguía el ascenso a primera división. Traía, de las tierras uruguayas que lo vieron nacer, fama de buen jugador. Había integrado los combinados orientales que se medían con los similares de otros países sudamericanos. Con su pase a la institución de la ribera, Boca Juniors se convirtió en uno de los precursores de traer buenos jugadores del exterior.

Ángel Romano al llegar a Buenos Aires, quedó algo desalentado porque el nuevo club no estaba en condiciones de solventar su estada en el país. Es entonces cuando se hace cargo del muchacho don Antonio Buticelli, incansable hombre de Boca que llevó al club a una cantidad de jugadores que con el tiempo se convirtieron en cracks del fútbol argentino. Amante del fútbol por excelencia no dudó en eludir la confianza de su "padrino" para escapar del estudio y ponerse en algún potrero de la zona. Cuando Buticelli lo llevaba al colegio para que el joven finalizara sus estudios, una vez que su "protector" se retiraba a su casa, el muchacho escapaba por los fondos de la escuela. Poco tiempo le duró la treta. Cuando Don Antonio advirtió la maniobra del muchacho, con gran dosis de paciencia, decidió quedarse a esperar en las puertas del colegio hasta tanto finalizara el horario de clases para evitar que el joven se hiciera la "sin cola".

Pero la pasión del "Botija" por la redonda se fue extendiendo a su trayectoria como jugador, a la que agregó una innata calidad. No era un especialista. Era un jugador de toda la cancha. En otras palabras, no era de los jugadores a los que le asignaban una misión dentro del campo del juego y permanecía allí recluido. A Romano le gustaba jugar al fútbol. Lo guiaba el propósito de llevar el balón hasta la meta contraria, o perseguir al adversario para quitarle la pelota y proyectarse en un nuevo ataque.

Y vaya si se dio el gusto en la primera de Boca. Jugó en todos los puestos del campo. Fue un eficaz defensor para cortar las maniobras tejidas por hábiles delanteros, el impecable marcador de veloces punteros que buscaban desbordar para llegar hasta el fondo y enviar el centro siempre peligroso. Fue el incansable batallador en el centro del campo siendo el justo equilibrio entre la defensa y el ataque. O el sagaz y astuto armador de la ofensiva boquense.

Yo donde más se destacó fue en el ataque, donde se caracterizó por su artera definición. Un hombre frío que no perdonaba en el momento de definir, descolocando a los arqueros por la precisión de su remate. En una ocasión, durante un partido amistoso, el arquero boquense faltó a la cita, y allí fue Ángel Romano para cubrir el puesto vacante. Terminó invicto en su defensa por los colores que quiso con todo fervor.

Fue un ídolo de aquella época por todas sus virtudes que poseía como jugador. Pero además porque mostró valentía para no achicarse en las situaciones extremas, cuando le tocó ocupar un puesto que no le era placentero, demostrando que la calidad es tan o más valiosa que el oficio en un puesto. Eso fue lo que distinguió a Ángel Romano, su calidad de jugador. Un crack en toda la cancha.

Hugo Orlando Gatti

(Parte 2)

Los hombres más gloriosos de la historia de Boca Juniors, y quizá de otros equipos y del fútbol argentino, basamentaron su prestigio no solo en un gran porcentaje de calidad sino también en los momentos decisivos de campeonatos donde su actuación fue factor terminante para coronar a un equipo. Quizá en algunos casos hayan contado con una de esas dos circunstancias, en forma independiente. Pero cuando ambas se unen, estamos en presencia de un ídolo cuyas dimensiones escapan a las fronteras de la simpatía o el aprecio que el hincha brinda a los jugadores de su equipo. Ese es el caso de Hugo Orlando Gatti, que reunió ambas virtudes, para encumbrarse entre los hombres más importantes del club de la ribera, llegando a convertirse en símbolo de un conjunto que ostentaba superioridad internacional.

Grandes figuras xeneizes (Parte 2)
Mario Zanabria y Hugo Gatti

Si bien la historia de Gatti comenzó mucho tiempo entes de su llegada a Boca Juniors, fue en este club donde definitivamente se puso al alcance de la consagración general. Su historia comienza en Atlanta, el club que lo pone en la vidriera del fútbol grande. Por entonces era un muchacho endeble que tenía un aire de tipo atrevido, con ganas de destacarse por su juego y excentricidades, las que lo identificaron desde el mismo momento que apareció en primera división. Un hombre de características especiales para el arco, que al poco tiempo pasó a River donde no llegó a triunfar, quizá por el resentimiento que generó en la hinchada debido a muchos goles increíbles que le hicieron en su paso por el equipo de Núñez. Defenestrado por su díscola personalidad fue a Gimnasia y Esgrima La Plata donde rápidamente se convirtió en ídolo de su hinchada, que aún cuando vistió la casaca lo recibió al grito de "El Loco es del Lobo". Siete temporadas en el equipo de La Plata, hasta que llega el momento de emigrar en busca de nuevos horizontes, como lo entienden los directivos y el mismo jugador. Aparece Unión de Santa Fe y nuevamente allí surge en el plano de primer nivel como queriendo volver a un lugar que ocupó cuando todos convinieron en llamarle "Beatle" por el pelo largo, las bermudas y las casacas holgadas y de colores brillantes. Allí ya no es el arquero capaz de realizar la "locura" más increíble, gracias a la constancia con que las hacía se ganó el mote de "loco", sino un hombre maduro que comenzaba a darle valor a su actuación en el arco. Llegó la selección nacional y al año siguiente la oportunidad de Boca, gracias a los consejos de Juan Carlos Lorenzo que lo cuenta entre los hombres claves para llevar a la coronación del equipo xeneize.

Figuras
Gatti en sus comienzos

Decía Lorenzo: Gatti es el arquero que necesita Boca para salir campeón". Era un viejo más de los que trajo Boca en es temporada y, por supuesto, como otros fue discutido de entrada por saber si estaba en condiciones de jugar en un equipo que quería ser campeón y con el agravante que muchos predecían que le convertirían muchos goles de los llamados tontos. Nada de esa mala predicción se cumplió y por el contrario el gran arquero borró toda duda que pudiera tenerse sobre su presente, que rápidamente se convirtió en futuro. Que hizo de su área un lugar donde él dominada por presencia, aunque su físico no lo ayudara para tal propósito, igual lo alcanza con su fuerte personalidad. Un jugador que a pesar de estar destinado a cubrir el arco, no se remitió a esperar la llegada del delantero, sino que jugó como cualquier otro compañero con la ventaja de poder usar todo su cuerpo sin ser penado con infracción. Capaz de ser polo de atracción por su constante inclinación a jugar pensando en la tribuna más que reducirse a la mera situación de cumplir, atajando. En Boca lo hizo con la seguridad y comodidad que da la experiencia de varios años en primera división y un estilo de juego definido.

Para todo tiene Gatti una explicación. Verborrágico, fue capaz de decir cuando Maradona jugaba para Argentinos Juniors que "era un gordito que jugaba muy bien al fútbol". Luego lo desmintió pero no le interesó que sus palabras, tergiversadas o no, harían mella en el promisorio crack y le convirtiera cuatro goles como revancha. No importaba. Gatti es un tipo ganador que va siempre en el límite del peligro sin importarle su suerte. Y ganó mas veces de las que perdió.

"Cuando el delantero hace la lógica, es inútil que el arquero pueda hacer algo. Por eso es que hay que anticipar la jugada. Si hace la lógica y es gol, el que se equivocó es él, pero por el gol le echan la culpa a los arqueros. Esos son los goles bobos, de los que muchos me hicieron a mi".

Previo al Mundial '78 se planteó una gran polémica entre quienes debían ocupar la valla del conjunto nacional. Si Fillol o Gatti. Entre la palabra de los simpatizantes que decían que uno era mejor que otro, Gatti dijo: "Son dos estilos totalmente diferentes. Fillol es un arquero de arco que tiene problemas para salir. Lo suyo es todo reflejo.

En cambio yo vivo el partido, lo juego, salgo a cortar la jugada. Estoy seguro que algunos goles que me hacen a mi a él no se lo harían. Que muchas pelotas que saco yo, él no las sacaría. Es inútil toda polémica. Cada uno en lo suyo. Yo sigo creyendo que soy el titular de la selección, pero como tengo la rodilla no creo que pueda jugar en la plenitud de mis condiciones".

futbol
Gatti, Maradona y Brindisi

Cuando César Luis Menotti dio la lista definitiva de los hombres que integrarían el combinado en la confrontación mundial, Gatti fue confirmado por el DT como arquero titular, pero consciente de que no estaba en sus mejores condiciones físicas, prefirió el retiro que promovió las más diversas suspicacias, antes de rifar su prestigio por una caprichosa lesión que lo privó de jugar en su plenitud durante mucho tiempo. Fue así que cedió su lugar y se dedicó a Boca Juniors con la misma entrega que lo había hecho hasta entonces. "Como no voy a entregare el todo por el todo, si detrás mío tengo esa hinchada maravillosa que siempre nos apoya. Yo le dejé a Boca mucho de mi físico, pero mucho más fue lo que me dio Boca".

Muchas veces dijo que era el mejor arquero del mundo y lo confirmó con sus palabras: "Soy el mejor de todos. Nadie tiene los atributos que yo tengo. Es inútil que discutan. Yo soy el mejor". Tan polémica afirmación hizo que muchos lo juzgaran como un hombre sin capacidad para valorar los rivales. Pero Gatti lo dijo, no para desvirtuar a los rivales, sino para afirmarse anímicamente él mismo. Cada partido dejaba abierta la posibilidad de que su show, cargado de un repertorio variado de excentricidades, saliera a lucir ante la alineación de un público que deseaba verlo cachetear a los rivales. Aun cuando los resultados eran adversos renegó de esa necesidad de provocar con la pelota en sus manos a los delanteros rivales que fracasaban en su intento de batirlo. A principios de la temporada 1981, la llegada de Maradona le hace decir: "Mirá, con el pibe adelante y yo atrás tenemos que jugar los partidos en dos canchas. Va a ser una cosa de locos. Ya vas a ver".

deporte

Nadie puede olvidar aquella noche de Montevideo cuando los nervios habían conducido a la angustia impotente del que quiere llegar al triunfo, pero el mismo depende de un hombre. Las manos caídas de Gatti. Su imperturbable presencia ante un hombre que quería batirlo para seguir compitiendo por la Copa Libertadores. Otro mano a mano en la vida de un arquero que se dio el gusto de salir campeón con el club de los xeneizes y que dijo ser simpatizante desde chico. El zurdazo de Vanderley busca el palo izquierdo. Las manos de Gatti también. Esa pelota muere en los guantes que buscan la suerte de un penal, tal como siempre dijo. El salto, el balón blanco que va por el aire como símbolo de alegría. Un hombre que se adueña de toda la gloria. Hugo Orlando Gatti hubiera sido ídolo igual, con penal atajado o sin él. Pero con el penal atajado pasó a ocupar un lugar privilegiado. Un grande en la historia de Boca Juniors.

Paulo Valentim

Grandes

Lo trajo a la Argentina la fiebre del "fútbol espectáculo". Como pocos justificó la adquisición. Como pocos fue adorado por el fervor y la pasión del número doce. Marcó una época durante durante la primera mitad de la década del sesenta. Con el fuego sagrado de los goleadores y el vicio empedernido de hacerle goles a River. Su aparición se asemejó a la que tiempos atrás había tenido el inolvidable Severino Varela, que con sus boinazos se ganó el aprecio del público. El, con sus disparos certeros y potentes, hizo trizas las aspiraciones millonarias en los clásicos de todos los tiempos. Quizá allí radique la razón de su éxito. Verdugo de los riverplatenses es el máximo scorer boquense en estos enfrentamientos especiales. Paulo Valentim, el grito de gol.

Cuando hizo su aparición en el primer equipo boquense y luego de dos partidos sin que la delantera pudiera quebrar la valla rival, teniendo como ariete a Valentim, muchos fueron los que pensaron que se trataba de un invento más. No fue así. Inmediatamente llegó al primer equipo Ernesto Grillo, veterano pero sapiente atacante que conjugó con el brasileño una pareja de ataque de primer nivel. Armador de todo el campo, Grillo colocaba pelotazos para los desmarques y la potencia de Valentim. Entonces allí apareció en toda su dimensión ese hombre voraz de redes adversarias, que no se "dormía" en las cercanías del área rival para aprovechar el rebote o la oportunidad sino que se movía por todo el sector del campo, tratando de crear espacios y ayudar a sus compañeros en la contención.

Llegó el primer enfrentamiento con River Plate naciendo el duelo épico con Amadeo Carrizo. El goleador de categoría versus el gran arquero. Fueron más las tardes que sus triunfos personales cerraron una nueva edición del clásico de los clásicos., a las victorias del golero. En el primer choque fueron dos impactos contundentes que hicieron las mallas de Carrizo y aseguraron una clara victoria por 3 a 1. Para el orgullo del arquero quedó el consuelo de haberle contenido un tiro penal. Seis veces fueron las oportunidades que venció al arquero riverplatense en ese duelo de destreza y contundencia, y otras dos a Rogelio Domínguez, completa su foja goleadora ante River Plate. Obtuvo en cinco temporadas 67 goles en 105 partidos. En 1961 alcanzó su mejor producción con 24 goles.

Paulinho, como lo llamaban en su familia, era un oficinista que cumplía con el buen tino su horario de trabajo. Lo sorprendió cuando su hermano Valdir lo invitó a que junto con él, jugaran al fútbol profesional. Al poco tiempo, el Atlético Mineiro de Mina Gerais le ofreció un contrato equivalente a mil pesos argentinos. Los goles lo catapultaron a la fama, donde tras dos años de constante amistad con la red, formó parte del scratch brasileño, donde alcanzó la consagración definitiva. Una lesión el el tobillo le impidió viajar a Suecia, donde sus coterráneos lograrían la primera consagración del fútbol brasileño a nivel mundial. Sincero, afirmó que "no viajé porque Vavá y Altafini son superiores a mí". En el Sudamericano de 1959, jugado en Buenos Aires, con tres tantos que definieron un clásico especial entre brasileños y uruguayos, donde se jugó la supremacía de un pasado glorioso de los celestes, con el esplendoroso presente que tenían por entonces los "verdeamarelhos" compartió la línea de ataque con: Garrincha, Didí, Pelé y Zagalo.

Cuando finalizó la temporada de 1964, y tras jugar 21 partidos convirtiendo 10 goles, entendió que su capacidad goleadora había disminuido notablemente. Honesto como siempre, se apersonó ante los dirigentes pidiendo el pase en blanco, que le fue extendido. Se incorporó al San Pablo con treinta y dos años; pareció en un primer momento conservar su vocación de romperredes, pero no fue así. Un breve paso por el fútbol mexicano, en Atlante; en 1968 firmó contrato con Argentino de Quilmes pero no llegó a jugar ningún partido oficial. Se retiró de los campos de juego acompañado por su brillante pasado de tardes inolvidables, con una sola meta en la cancha y un solo grito en la voz: "¡Gooool!".

El cañonero encadenado

Xeneizes

Es Valentim, así, con "M". Aclaramos esto porque se lo escribía con "N" por dos razones: una de eufonía y otra de identificación con facetas esenciales del temperamento del brasileño. Le cuadra a la perfección el Valentín, porque él es eso: guapo con coraje para regalar, con temple para aguantarse el hacha de tantos insignes leñadores del área.

Sin chistar, con alarde varonil que en nuestras canchas está lejos de ser corriente. Alguna vez lo definimos como el "goleador encadenado". Todos sus marcadores llevan la consigna escrita de pararlo de cualquier manera. Y él, al final de cada partido, ostenta en las piernas de hematomas y en la camiseta desgarrada por el continuo tironeo, las consecuencias de esa consigna.

Resulta así un verdadero milagro que pueda hacer goles teniendo que aguantar tan tremenda deslealtad de las defensas rivales. La verdadera dimensión de Paulo Valentim como futbolista podría establecerse, aunque el método pudiera ser tildado de incongruente, recordando más sus momentos desafortunados que los pasajes brillantes de su carrera.

Recordamos aquel tramo inmediatamente posterior a la suspensión que sufriera tras aquel partido con Argentinos Juniors. Aquella sanción significó para Valentim un impacto anímico demoledor. Se vio convertido en víctima de la más irritante de las injusticias.

El, que recibía todos los golpes, que era el blanco de todas las arterías, fue castigado a la primera respuesta ofrecida de frente, varonilmente. Todavía está por darse el primer caso de expulsión y suspensión de un defensor de los que hacen de Valentim el punto de mira de sus incorrecciones.

Y retomamos el hilo de nuestra apreciación para decir que en ningún momento, ni aún en los de su mayor declinación, nadie pensó que estaba de más en el equipo. Y es que Valentim, aún en sus momentos aciagos de jugador (que los ha tenido y muchos) mantenía latente, por razón de prestancia, la seguridad de una auténtica valía.

Se le ha hecho a menudo el reproche de que "no está en todas las del fútbol", como si en nuestro medio sobraran los jugadores que las conocen todas. Pero le basta con lo suyo, con su fuerza de ariete, con su sentido de gol, con su vergüenza deportiva revestida de un coraje que lo capacita para entrar sin miedo al fuego en zona donde las malas intenciones arden al rojo vivo.

Le basta con eso para ser, de lejos, lo mejor que transita nuestras canchas con el 9 en la espalda. De Europa se lo han querido llevar muchas veces y puede confesarse que alguna vez se tuvo la tentación de venderlo, pero siempre se resistió la tentación.

Y es que se le sabe irreemplazable. Que lo ha sido aún en esos momentos de declinación que ha atravesado. ¿Qué mayor elogio se le puede hacerse a este muchacho moreno que tan profundamente se ha metido en el corazón de la hinchada boquense?.

Mario Nicasio Zanabria

(Parte 2)

Apodado "Marito". Puro talento. Una zurda magistral. Zanabria nació el 1° de octubre de 1948 en la ciudad de Santa Fe. Debutó en primera en Unión de Santa Fe en 1967. Jugó allí hasta 1969. Desde 1970 hasta 1975 fue gran figura en Newell's Old Boys de Rosario. Ese notable desempeño lo llevó a Boca Juniors. Estuvo en el club Xeneize desde 1975 hasta 1980 y luego volvió en 1982. Jugó en total 147 partidos oficiales y marcó 15 goles con la casaca Azul y Oro. Por la Copa Libertadores vistió la camiseta de Boca Juniors en 25 oportunidades. Ganó todos los títulos a nivel local e internacional en la gloriosa época del "Toto" Lorenzo. Luego de Boca Juniors jugó en Argentinos Juniors en 1981 y en Huracán en 1983. Allí cerró su brillante carrera el 2 de noviembre de ese año , en el partido River 1 - Huracán 0. También jugó 4 encuentros con la Selección Argentina y convirtió 2 goles. Además de los campeonatos ganados con Boca, fue campeón con Newell's Old Boys en el Metropolitano de 1974.

Luego de abandonar la práctica activa de fútbol, fue ayudante y luego director técnico. Dirigió a Boca Juniors, ganado una liguilla, a Vélez Sarsfield, Unión de Santa Fe, Newell's Old Boys y Lanús entre otros.

Mario Nicasio Zanabria fue uno de los mejores 10 de toda la historia del Boca.

Grandes figuras xeneizes (Parte 2)
Zanabria y Tarantini rodeados, esperando el momento de la partida hacia Cali,
dónde se jugaría un gran partido por la Copa Libertadores


Talentoso, hábil, inteligente. Así se caracterizaba Mario Nicasio Zanabria cuando se concretó su transferencia a Boca Juniors. Nadie podía dudar que ese hombre, con esas cualidades, no venía a Boca a otra cosa que darle pausa y claridad al vértigo fervoroso que imponía en cada encuentro a sus enfrentamientos el conjunto xeneize. Tenía que ser el cerebro de un conjunto que hacía de su garra un arma desgastante e insuperable para sus rivales. Cumplió de tal manera, que se convirtió en pieza poco menos que irremplazable en esa maquinaria futbolística que fue el Boca de Juan Carlos Lorenzo.

Los primeros encuentros abrieron un interrogante. ¿Se adaptaría este jugador sutil al estilo de fuerza impuesto por Lorenzo?. En muchas ocasiones hombres con buenas dotes técnicas fracasaron en equipos de lucha, y esta historia podía repetirse. No confirmado como titular desde su llegada, apareció el hombre talentoso ante Independiente por el Nacional 1976, en cancha del equipo de Avellaneda. Boca perdió, pero Zanabria fue la figura de la cancha. "Si, éste es mi mejor partido desde que estoy en Boca. Me salieron todas. Todavía no soy titular, pero voy a seguir trabajando para serlo". Esta actuación fue solo su carta de presentación. Fechas más tarde contra River Plate en el Monumental, Boca derrota a sus clásicos rivales por 2 a 0, siendo éste el primer triunfo que obtiene el equipo de la ribera sobre el equipo millonario desde que lo dirige el "Toto" Lorenzo. Mario Zanabria vuelve a ser la figura del conjunto, ingresando en el segundo tiempo por Carlos Veglio. Boca tenía un hombre menos por la expulsión de Jorge Daniel Ribolzi, y el "zurdo" ingresó para hacer pesar su habilidad. Esa tarde, junto con Ernesto Mastrángelo, hicieron estragos en la zaga riverplatense.

Comenzaba a gestarse allí una pareja de gran efectividad. Luego del partido, Lorenzo decía: "Lo voy a poner siempre a Zanabria. Vieron lo que hizo hoy. Es el mejor diez del país. Un gran jugador".

A partir de entonces ya no hubo quienes dudaran del triunfo de ese jugador con la casaca boquense, ni aun con un estilo de juego opuesto a sus características. Su panorama, su calidad estaba, por encima de cualquier trato táctico. A sus condiciones naturales, le agregó la fibra necesaria para unirse al esfuerzo de todos. Un obrero más del equipo, que tenía la habilidad para convertirse en el constructor del conjunto. Así ya fue el titular indiscutible del conjunto boquense, conduciendo la ofensiva del cuadro. La precisión de su zurda lo convirtió en lanzador de los contraataques mortales que llevan Ernesto Enrique Mastrángelo y Luis Darío Felman hacia la meta final.

Sin ser un jugador nato, su juego era más que importante. Mastrángelo alguna vez dijo: "Todos hablan de los goles que yo hago, pero lo único que tengo que hacer es meterla. Con los pelotazos que pone Marito, no tengo necesidad de otra cosa". Otra vez un periódico dedicaba este párrafo a la función de Mario Zanabria en el conjunto que aquilataba títulos internacionales: "Este Boca sin Zanabria pierde el setenta por ciento de sus posibilidades de triunfo". El hombre que le daba el equilibrio justo a un conjunto compacto en todas sus líneas.

Figuras

Nunca llegó a destacarse por lo que hacía fuera de la cancha. En el momento del reportaje dejaba ver su modestia. "Aquí todos dependemos de todos. Ponemos nuestro esfuerzo para salir adelante y gracias a ello llegamos adonde nos encontramos. Tampoco me puedo olvidar de ese importante apoyo que nos da el público, una hinchada maravillosa como la de boca. Sin ello mucho de lo que logramos no hubiera sido posible alcanzarlo. Le voy a estar agradecido a esa gente que siempre nos apoyó. En las buenas y en las malas". Campeón Nacional en el '76, doble campeón de América e Intercontinental, fueron los títulos que obtuvo en su paso por Boca. "El gol que más recuerdo?. No conquisté muchos pero el que conseguí en Paraguay ante Libertad es inolvidable. El "Chino" Benítez le pegó con todo, rebotó en un rival y me quedó justa. El "Chino" me pegó el grito: "¡Arco!" y le di con todo. Fue un golazo. Con ese triunfo nos clasificamos para jugar las finales. La noche de los penales, casi me muero. Me tenía confianza para tirar, pero las piernas me pesaban mucho. Cuando llegó mi turno le pegué de zurda, no muy fuerte. El arquero casi la saca, pero no llegó. después dimos la vuelta olímpica, una emoción incomparable".

Pasa la era Lorenzo y llega Rattín, pero la solidez de aquel equipo se diluye en los esfuerzos individuales de hombres que no parecen conectarse como hasta hacía poco tiempo. Con fortaleza suficiente para superar los malos momentos, Zanabria es uno de los artífices de la levantada boquense, escapándole al descenso. Surgen los cuestionamientos, quienes piden la presencia de Mario Zanabria en el primer equipo, otros que no. Sigue poniendo su esfuerzo para salir adelante y supera con hidalguía de los malos momentos. No le importa tener que esperar en el banco de suplentes en momentos donde muchos jugadores protestaban por tener que ocupar esa plaza. "No voy a protestar nunca por ir al banco. Eso lo decide el técnico. Nunca voy a protestar cuando se que un compañero irá al banco si el técnico así lo decide. Aquí todos ponemos el hombro para salir adelante, en la misma forma que cuando ganábamos los títulos". Pasó 1980, un año regular para Zanabria. La nueva temporada lo ubica como los hombres prescindibles en un Boca que quiere volver a ser el de antes. El ciclo de Mario Zanabria ha finalizado. Con más luces que sombra.

Pedro Calomino

futbol

La raya lateral siempre ha sido emparentada en romance con punteros que, por su habilidad, guardan un lugar dentro de la historia del fútbol. La gran mayoría se ganaron el apodo "loco", para definir con una expresión clara toda la capacidad que tenía aquel jugador para realizar una imprevista jugada, que asombraba a los espectadores y ridiculizaba a los contrarios.

Por el año 1911, llegó a la primera de Boca Juniors un puntero que en poco tiempo se convirtió en dueño indiscutido del puesto y fue carta de triunfo. Su nombre era Pedro B. Journal. Su juego respetaba todo lo que el manual del "wing-wing" ordena. Gambeta, velocidad, improvisación y picardía, para encarar hacia el arco rival.

Fue, si nos permite el término, el inventor de la "bicicleta". La maniobra consistía en pasar los una y otra vez la pelota sin tocarla, hasta que el rival se desacomodaba y Calomino quedaba con el camino libre para continuar su marcha al lado de la línea de cal. Lo hacía con destreza y precisión y desde entonces llegó a ser la jugada que le pedían los simpatizantes en los encuentros.

Cuando ya se había afirmado en la titularidad, los simpatizantes boquenses, en su gran mayoría inmigrantes italianos, les costaba sumo esfuerzo pronunciar el nombre de aquel hábil jugador, que hacía delicias para el espectáculo. Entonces lo identificaban con un apodo o adaptaban el apellido a su tergiversado castellano. Journal fue apodado "Calumín". Con rapidez el sobrenombre fue ya de manejo popular. Así al poco tiempo fue apellidado "Calomino", con el cual se lo recuerda en estos tiempos.

Para mostrar lo que podría llegar a hacer Calomino dentro de un campo de juego, es bueno traer al presente una anécdota contada por Garibaldi.

Boca Juniors había viajado hacia Rosario para medir fuerzas con Tiro Federal de aquella ciudad. Entre otros hechos destacados, en aquel viaje habían acompañado al equipo porteño la inusual cantidad de 8 simpatizantes. Durante el desarrollo del partido el equipo rosarino había sacado claras ventajas en el marcador. Cuando el score estaba cuatro a cero, favorable a Tiro Federal, los 8 simpatizantes, al no ver atisbos de una posible recuperación de Boca, que permitiera remontar el resultado, decidieron retornar a la estación para esperar el tren que los llevaría de regreso a Buenos Aires. Esto pareció tocar el amor propio de los jugadores, que habían quedado solos en circunstancias tan adversas. Fue entonces cuando Calomino le indicó a Bertolini que juntos cansaran al centrojás. Fue tal el "baile" que le dieron que éste no tuvo otra alternativa que sentarse en la cancha rendido en su inútil persecución. después Calomino comenzó a desarmar la poca resistencia que quedaba a la zaga rosarina. Y Bertolini a definir las ingeniosas jugadas generadas por el wing. En pocos minutos colocaron el marcador 4 a 4. Ya sobre la finalización del partido, Garibaldi le cedió el balón a Calomino y le gritó "¡Calumín, la hora...!". Calomino tomó el balón y encaró con decisión hacia el área contraria, eludió a todos los defensores y sobre la línea envió centro que concretó en forma impecable Bertolini decretando la victoria de Boca por 5 a 4.

Cuando los jugadores retornaron a la estación para tomar el tren de regreso, los simpatizantes les preguntaron "¿Cómo salieron?" a lo que respondieron "5 a 4". Los hinchas retrucaron "¿Perdieron?" "No, ganamos". Los jugadores contaron las incidencias finales del partido, la gran alegría que envolvió al pequeño grupo de "boquenses" fue indescriptible. Calomino había sido artífice de aquella hazaña. Su juego que promovió elogios periodísticos tales como: "Calomino ha sido uno de los wingers más extraordinarios que haya tenido el fútbol argentino". Otro de sus tantos méritos fue haber vestido la casaca de los primeros combinados argentinos, en épocas donde sobraban jugadores de calidad.

Fuente: http://www.informexeneize.com.ar/biografias.htm

Fuentes de Información - Grandes figuras xeneizes (Parte 2)

Dar puntos
5 Puntos
Votos: 0 - T!score: 0/10
  • 0 Seguidores
  • 1.665 Visitas
  • 0 Favoritos

4 comentarios - Grandes figuras xeneizes (Parte 2)

@purapata Hace más de 5 años
muy bueno loco
@redondorenguero Hace más de 5 años
me putearan todo lo que quieran
Gatti, un gran arquero, yo creo que tendria que haber estado en la seleccion, habla mierda de boca ahora, es un forro