El Dr. Kenneth Cooper jamás imaginó por aquellos turbulentos días de 1968, que su prueba para determinar el consumo máximo de oxígeno estaba destina a convertirse en una de las evaluaciones deportivas más conocidas de todo el mundo. Aquí en Argentina, prácticamente todos los profesores de educación física lo conocen.

Quienes se oponen a realizarlo esgrimen razones tales como la falta de tablas de control para nuestra población, con la consecuente “mala” interpretación de tablas que se utilizan, y que provienen de otros países.

Lo cierto es que el test de Cooper tiene muchas ventajas que superan por lejos a sus puntos débiles. El test de Cooper puede realizarse sobre una gran cantidad de personas por lo fácil y sencillo de su protocolo. Basta con mantenerse en movimiento durante doce minutos (no esta permitido parar, pero esta permitido caminar) y luego anotar la distancia recorrida en ese tiempo.

De todas las fórmulas para estimar el consumo máximo de oxígeno, la más simple es la de restar 504 a la distancia cubierta en metros, y dividir ese resultado por 45, obteniendo así el valor de consumo expresado en mililitro pro minuto por kilo de peso, es decir, el V02 max relativo. Ejemplo: (3000 metros – 504) = 2496 / 45 = 55,46 mm/m/kg)

Para conocer la velocidad media del test, sólo hay que multiplicar la distancia cubierta en kilómetros por 5. Ejemplo: 3 kilómetros x 5 = 15 km/h

En lo personal, creo que se trata de una prueba que permite un buen control sobre la evolución del entrenamiento, y que si bien es cierto que en algunas investigaciones el coeficiente de correlación se ha sido muy alto, también hay resultados que indican lo contrario. Como sea, la flexibilidad que ha mostrado el test adaptándose a deportes tales como el basquet y el handball muestran con sobras su amplia utilidad.