DIEGO ARMANDO MARADONA !

Historia :


Diego Maradona nació el 30 de octubre de 1960 en el Policlínico Evita de Lanús. Fue el quinto hijo, su hermano se llama Lalo, y primer varón, del matrimonio entre Diego Maradona y Dalma Salvadora Franco. Se crió en Villa Fiorito, una villa miseria ubicada en el sur del Gran Buenos Aires. Desde los primeros momentos en que jugó a la pelota, se inclinó a la práctica del fútbol ofensivo, criticado por esos años debido al auge del Catenaccio. En particular el éxito creciente que estaba teniendo el Club Atlético Independiente por aquellos tiempos, hizo que eligiera ser "hincha" (fanático) de ese equipo, fanatismo que alcanzaría su punto máximo con la aparición de su referente en los años '70, Ricardo Bochini. Si bien desarrolló su juego en un potrero de Fiorito denominado "Las Siete Canchitas", su primer contacto con el mundo del fútbol se produjo en 1969 cuando realizó la prueba para entrar en las divisiones inferiores del club Argentinos Juniors. Los Cebollitas era el nombre del equipo de la clase 1960, creado por Francisco Cornejo para disputar los torneos "Evita" del año 1973 y 1974, ya que éste no los quiso anotar bajo el nombre de la institución. El equipo ganó ese torneo y el campeonato de la 8ª division en 1974, y el plantel permaneció con Cornejo hasta que cumplieron los 14 años, edad en la que Argentinos podía ficharlos en la Asociación del Fútbol Argentino.

En Argentinos Juniors : 1976 a 1981. Jugó 166 partidos, convirtió 116 goles

Resumen : Debutó en Primera División el 20 de octubre de 1976 contra Talleres de Córdoba, en la vieja cancha de Boyacá y García, La Paternal. Le faltaban diez días para cumplir 16 años. El entrenador, Juan Carlos Montes, lo mandó a la cancha: "Vaya, Diego, y haga lo que sabe". Y él hizo. Para empezar, un caño al primer rival que se le cruzó en la primera pelota que tocó. Perdieron 1 a 0, pero él ganó.
Jugó con esa camiseta hasta 1980. Fueron 166 partidos con 111 goles. Fue la primera batalla de una guerra permanente: engrandecer a los humildes.

Historia completa: Por el barrio en el que nació, Villa Fiorito, Diego Armando Maradona bien podría haber sido jugador de Independiente. O, más todavía, debía haber sido. Pero no. Y está bien. Porque Argentinos Juniors, se confirmó con los años, tiene más que ver con su historia, con eso de pelear desde abajo. Con eso de engrandecer a los humildes.

Como después viviría con otras camisetas, con la de Argentinos empezó peleando el descenso y terminó buscando el título. Y la vieja cancha de Bocyacá y García se convirtió en el centro de atención de todo el mundo futbolero: como quien parte en procesión a adorar a un Dios, los hinchas de cualquier club se encaminaban hacia allí para ver jugar al morocho retacón y de rulos con el número diez. Siempre. Desde que debutó, el 20 de octubre de 1976, hasta que se fue, en los primeros días de 1981.

Como se jactan los partidarios de cada uno de los equipos por los que pasó, los del Bicho aseguran que ellos tuvieron al mejor Maradona. El más puro, el diamante en bruto, incontaminado. Es posible. En todo caso, siempre se habla del Mejor Maradona y la discusión se eleva cada vez más.

En Argentinos hay hitos maradonianos, claro. Aquel debut en primera división, con caño incluido, cuando todavía no tenía 16 años. Los dos primeros goles, enseguida, a días de su presentación. La bronca en forma de goles (tres) después de la frustración de Argentina ’78. Goleador, goleador, goleador, goleador, goleador, cinco veces goleador sobre nueve campeonatos jugados con esa querida camiseta. Giras y más giras con él como atracción principal. Y un subcampeonato, por supuesto, el único segundo puesto que alguna vez él festejó.

Y la referencia ineludible, para siempre. Hoy, y por todos los tiempos, Argentinos Juniors fue, es y será el club donde se inició Diego Armando Maradona.

Diego Armando Maradona [megapost]


En Boca Juniors (1ra etapa) :1981 a 1982. Jugó 40 partidos, convirtió 28 goles

Resumen: Debutó el 22/2/1981, contra Talleres. Ganó 4 a 2, hizo dos goles. Boca y el Diego parecían el uno para el otro. Salió campeón del Metropolitano. Jugó 40 partidos y convirtió 28 goles.

Historia completa: Para que no queden dudas, de entrada: Boca es Maradona, Maradona es Boca. Aquella historia que tiene avales en la propias palabras del protagonista de esta historia, sobre su simpatía con Independiente, tiene una razón, también en Boca de Diego: su fascinación por el juego extraordinario de Bochini y de Bertoni. Pero lo cierto es que en aquella humilde casita de Azamor y Mario Bravo, la suya, en Villa Fiorito, flameaba en los corazones familiares una única bandera: la de los colores azul y oro. Eso mamó desde pequeño. Y además, intuyó, también desde muy chico, que algo muy especial se estaba gestando entre él y el pueblo boquense.

Fueron los primeros que lo ovacionaron en una cancha, cuando aquel "¡Que se quede / Que se quede!" se convirtió en himno en el entretiempo de un partido de primera entre Argentinos y... Boca. El no tenía más de 12 años. Años después, no demasiados, siempre con la camiseta de Argentinos le pegó cuatro cachetazos a un símbolo de Boca, a Hugo Orlando Gatti. Fueron cuatro goles en un solo partido que provocaron otra ovación unánime: la de los hinchas de Argentinos, por supuesto, y también la de los hinchas de... Boca.

Por eso presionó como presionó para que un día, al fin, se pusiera esa camiseta. Al punto de que él mismo generó el pase. Así fue: el gran interés era de River Plate, que daba hasta lo que no tenía para contar con él; sólo bastó que él sugiriera en una entrevista que Boca Juniors también estaba interesado —cuando en realidad Boca no tenía ni interés... ni plata- para que la historia cambiara de rumbo.

Al fin, el sueño se concretó, en una operación financiera que podría estar en la leyenda de la economía mundial. Millones de dólares, avales bancarios, cuotas escalofriantes.

Nada suficiente para pagar lo que generó, desde aquel debut contra Talleres de Córdoba, el 22 de febrero de 1981. Dos goles de penal en una Bombonera colmada que le permitieron adquirir la seguridad que su ajetreado físico necesitaba, porque era conciente de que no podía dar todo lo que tenía de entrada.

En el arranque, le cedió la posta del protagonismo a Miguel Angel Brindisi, un socio ideal. Como para que nadie dudara, igual mostró su distinción en los partidos diferentes. Como contra River, en la Bombonera nocturna y lluviosa, tres a cero inolvidable, 10 de abril. Y en el remate del campeonato, el mejor Maradona. Para dejar atrás a aquel Ferro de Carlos Timoteo Griguol, engorroso pequeño gran rival que mezclaba fútbol, básquetbol y ajedrez, con ese Boca que luchaba y luchaba dirigido por Silvio Marzolini.
Después llegó el Nacional. Pero no vino solo. Lo acompañó una serie de giras y partidos amistosos que terminaron por minar tanto el físico de todos, que el camino quedó más tranquilo para la marcha del River de Kempes.

Diego se fue de Boca en el verano del ’82, casi un año exacto después de su llegada.

diego

En Barcelona: 1982 a 1984. Jugó 58 partidos, convirtió 38 goles

Resumen: Debutó el 4/9/1982, contra Valencia. Perdió 2 a 1, hizo un gol. Buscaba revancha después de la frustración mundial. No se la hicieron fácil. Una hepatitis, primero. Un golpe criminal, después. Ganó la Copa de la Liga y la Copa del Rey. El 5 de mayo de 1984 se despidió con una derrota, contra Athletic de Bilbao, en la final de la Copa del Rey.
Jugó 58 partidos y convirtió 38 goles. Por encima de todo, su magia está en la memoria catalana.

Historia completa: "¡Lo quería Barcelona / lo quería River Plei / Maradona es de Boca / porque gallina no es!", cantaba el pueblo boquense con razón y con orgullo. Pero los dólares (o las pesetas) pudieron más y retenerlo en el equipo fue una utopía. No en el corazón, claro, que eso no tiene precio.

Pero hacia España partió Diego, al fin. Primero, para jugar el Mundial ’82. Y después, para quedarse en uno de los clubes más ricos del planeta: el Barcelona Fútbol Club.

No fue fácil. O, mejor, no se la hicieron fácil.

Más allá del catalán como lengua oficial de esa hermosa región española que es Cataluña, todos hablaban el mismo idioma... fuera de la cancha. Dentro de ella, Diego se encontró con que, para la mayoría de sus compañeros, era más importante correr que jugar. Más furia, menos talento. Y si bien los demás no podía aprender lo que él sabía desde la cuna, intuyó que él debía incorporar aquello que todos consideraban una virtud —"Dejar la piel en el campo", según la irónica definición de César Luis Menotti- para poder así contagiar algo de su magia intacta.

No lo ayudó nada su primer entrenador en el club, el alemán Udo Lattek. El hombre se preocupaba más porque los jugadores cargaran gigantescas pelotas de entrenamiento que usaran la verdaderas —las de "fulbo"- en los partidos. Sin embargo, él se impuso. Y volvió a generar esa fantástica discusión positiva: son muchos los que dicen que las cosas que Maradona hizo con la pelota —con la de verdad- en el Barcelona, no las hizo en ninguna otra parte. Por ejemplo, aquel maravilloso gol a Real Madrid, eterno: con una amague, quebró a toda la defensa rival, que presionaba en la mitad de la cancha; corrió y corrió con la pelota pegada a su zurda, hasta encontrarse con el arquero, que salió a buscarlo más allá de su área; con otro amague no dejó que los rozara, ni a él ni a la pelota; entonces, encaró hacia el arco vacía, sin romper la amistad entre su pie y la pelota; cuando ya casi había llegado a la línea de gol y el travesaño le hacía sombra, aunque que era de noche, espió por uno de los tantos ojos de su nuca; Juan José, un barbado y melenudo defensor madrileño venía con todo, dispuesto a acabar con todas las partes de aquella relación; entonces, la magia; frenó de golpe, quitó su pie y... su pelota de la barrida del rival y lo dejó que pasara de largo, como el torero al toro; el pobre Juan José se estrelló contra el poste; el grandioso Diego tocó, ahora sí, al gol.

Ningún hombre podía para a un futbolista así. Pero una enfermedad, sí. Una hepatitis lo enganchó desde atrás, cuando apenas llevaba tres meses exponiendo su magia.

Había debutado el 4 de septiembre de 1982, perdiendo contra el Valencia, en Mestalla, por 2 a 1. Llevaba 13 partidos y 6 goles cuando debió ingresar en reposo absoluto. Reapareció recién tres meses después, el 12 de marzo, contra el Betis. El técnico era otro y las posibilidades de soñar también: Menotti y la Liga se ofrecían, con los brazos abiertos. Todo no pudo ser, pero algo sí: la codiciada Copa del Rey.

Era cuestión de empezar de nuevo, no había forma de quebrar tanta determinación.

Sí. La había. Tenía nombre y apellido: Andoni Goikoetxea fue el verdugo de la mejor zurda de la historia del fútbol. Aquel 24 de septiembre de 1983, muchos pensaron que su carrera se había acabado, en el peor de los casos, o que habría que esperar demasiado para volver a verlo en un campo, en el mejor. Se equivocaron ambos: su regreso en apenas 106 días fue el último milagro en España.

Eso sí: para salvar su relación con el presidente Joseph Luis Núñez, que pretendía más protagonismo del que debía, hacía falta algo más que ayuda divina. más que ayuda divina. Y eso ya no tuvo solución. Al cierre de la temporada, en medio de una gresca real, en el final de la Copa del Rey contra el archirival Athletic de Bilbao, el 5 de mayo de 1984, en Madrid, todo se acabó.

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En Napoli: 1984 a 1991. Jugó 259 partidos, convirtió 115 goles

Resumen: Debutó el 16/9/1984 contra Verona. Perdió 3 a 1.
En la temporada 1986/87 el Napoli consiguió su primer scudetto y repitió el título en 1989/90. Además, la Copa Italia 1986/87, la Supercopa '90 y, más todavía, la Copa de la U.E.F.A. 1988/89. El 24/3/1991 se despidió con una derrota contra Sampdoria, 4 a 1, y el gol del adiós. Jugó 259 partidos y convirtió 115 goles.

Historia completa: Maradona ya estaba en Nápoles cuando se enteró de que su nuevo club se había salvado del descenso por un sólo punto en la última temporada. Si bien se sorprendió, no se alarmó; ya estaba acostumbrado. Fue como volver a los orígenes, a aquel Argentinos Juniors que les peleaba desde abajo a todos los grandes.

Lo que sí le llamó la atención de esa populosa y sureña región a la que arribaba, fue la discriminación que sufría de parte del resto de Italia. Lo vivió de entrada, nomás. Cuando viajó al norte con el equipo, para jugar su primer partido en la Liga italiana, en el millonario calcio, contra el Verona. Fue el 16 de septiembre de 1984 y el dolor y las ganas de revancha se mezclaron en la sangre de Maradona por el resultado en contra, 3 a 1, y por las banderas de los hinchas rivales. "¡Lavatevi!", lávense, se leían en ellas.

El calcio ya era el campeonato de las estrellas y el Napoli tenía la mayor, pero le faltaba otras para brillar en serio. La primera rueda de aquella primera temporada, 1984/85 fue la de un equipo que apenas hace méritos para salvarse raspando del descenso. La segunda, en cambio, ya tuvo otro color: el Napoli sacó más puntos que el equipo que finalmente se consagró campeón, el Verona del italiano Galderisi, el alemán Briegel y el danés Elkjaer-Larsen.

De la mano de Diego, descenso había pasado a ser una mala palabra hasta en el dialecto napolitano.

El cambio de mentalidad fue tan evidente que, en la segunda temporada, la 1985/86, y en sociedad con un delantero que él mismo había hecho comprar, Bruno Giordano, el Napoli de Maradona asustó a los poderosos del norte: finalizó tercero y entre el nuevo número nuevo y Diego convirtieron 21 tantos. Temblaba la Juventus, que en ese año se quedó con el scudetto. Por poco tiempo...

La explosión se produjo en la tercera temporada, la de 1986/87: tras 60 años de espera, el Napoli consiguió su primer scudetto, dejando en el camino al poderoso Milan y desatando el carnaval napolitano. La consagración fue en el San Paolo, el 10 de mayo de 1987; le alcanzón con empatar, 1 a 1. A partir de aquel dí y sin temor a la herejía, los napolitanos entronizaron a un nuevo santo: junto a San Gennaro, patrono de la ciudad, ahora estaba El Diego. O Diecó, mejor.

Ciudad de extremos al fin, Nápoles vivió el gozo y la frustración con la pasión con que sólo puede vivirse allí en la cuarta temporada de Maradona, la de 1987/88. Fue, quizás, el mejor arranque del Diez y de todo el equipo en su historia de vida juntos, pero todo se derrumbó de tal manera al final que es imposible darle la dimensión verdadera. Resultó que el Napoli comenzó como una máquina arrasadora, batiendo todos los records estadísticos a los que los italianos son tan propensos, pero cerca de la meta su motor se fundió. La fórmula Ma-Gi-Ca, conformada por el mismo Maradona, Giordano y Careca, el brasileño que se había sumado al club, no fue suficiente para evitar el desastre: de los últimos siete partidos, perdió cinco y empató dos. El partido clave se perdió contra el Milan, 3 a 2, el 1 de mayo y en el mismísimo San Paolo. La sombra del totonero oscureció la imagen de un grupo excpecional, le costó el puesto a varios y obligó a Maradona a redoblar la apuesta, molesto por la sospecha.

En su quinta temporada, la de 1988/89, el Napoli demostró que no era ninguna casualidad pelear arriba. Perdió la pulseada ante un gran Inter., pero fue más allá de las fronteras italianas: Maradona le regaló la primera Copa de la UEFA de su historia, en una extraordinaria campaña y venciendo al Stuttgart alemán; el partido final de vuelta se jugó en Alemania, 17 de mayo de 1989, y el empate, 3 a 3, permitió la vuelta olímpica.

A esa altura, Diego pensaba que su ciclo ya había terminado. Pero ningún dirigente se animaba a abrirle la puerta para dejarlo salir. Por eso, pese a la promesas incumplidas, afrontó su sexta temporada en el Napoli, la de 1989/90, con una gran dejo de resentimiento. Se sabe: el combustible de Maradona muchas veces ha sido la bronca. Y esta vez no fue la excepción: cabeza a cabeza con el Milan, en el final sacó la diferencia decisiva. Y cuando todos pensaban que ya existía el gran Napoli de Maradona, el gran Maradona de Napoli respondió a su manera: con el segundo scudetto para la historia del club. La consagración fue otra vez en el San Paolo, con una victoria contra la Lazio, por 1 a 0, el 29 de abril de 1990.

Inmeditamente, empezó el Mundial de Italia ’90. Y en él, la eliminación de los italianos a mano de Argentina. Quizás por eso, Maradona jamás debió afrontar su séptima temporada allí, la de 1990/91. Demasiada bronca había contra él, no llegó a terminarla. Jugó su último partido el 24 de marzo de 1991, contra la Sampdoria, en Genova. Un caso de doping que aun hoy está bajo sospecha lo obligó a escapar de Italia, sin despedirse Maradona de los napolitanos como uno y otro lo merecían.

Igual, tan grande es la historia de Diego en el Napoli que hoy continúa. Y continuará por siempre.

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En Sevilla: 1992 a 1993. Jugó 29 partidos, convirtió 7 goles.

Resumen: Debutó el 4/10/1992. Contra el Athletic Bilbao, en el estadio San Mamés. Perdió 2 a 1. Su regreso a España no podía ser en otro sitio que ese, la Catedral de sus eternos rivales vascos. Tuvo sus chispazos, sobre todo contra los grandes, como Real Madrid y Barcelona.
Se despidió contra el Burgos, a los gritos, el 12 de junio de 1993. En total, jugó 29 partidos y convirtió 8 goles.

Historia completa: Una suspensión con sabor a vendetta italiana le prohibía jugar al fútbol. Quince meses era la sentencia . Demasiado tiempo para un talento indomable. Necesitaba correr. Necesitaba gritar un gol. Necesitaba ser feliz.

Campeón del mundo con Argentina. Ganador todo en Italia. Había llegado a la cima. Al cielo. Era Dios. Intentaba volver a ser terrenal. Y Sevilla era el destino ideal para eso. Jugar y divertirse, esa era la consigna.

Interminables negociaciones con el Napoli, que insistía en que regresara a Italia cuando se cumpliera la suspensión, eran señales claras de que la tranquilidad no existía para él. Volvía a estar nuevemente en el centro de la escena.

Objeto de culto al fin, el amor desmedido de los napolitanos añoraba sus hazañas. Sangre latina caliente que no admitía la resignación. Pero el Sevilla FC, con Carlos Salvador Bilardo como técnico y el Cholo Simeone, esperaban por él. Después de 86 días de negociaciones, obtuvo la ansiada libertad. Lloró abrazado a sus hijas. Como le dijo su representante Juan Marcos Franchi en aquel momento: "Pibe, sos libre. Sos libre de verdad...".

El 28 de septiembre de 1992 volvió a pisar un campo de juego. Fiesta en Sevilla para recibirlo. Treinta mil personas esperaban en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. El Bayern Munich de su amigo Lotthar Matthaus era el invitado, el partenaire. Un tiro libre en el travesaño, indicaba que la clase estaba intacta.

Tenía que seguir demostrándolo, en serio. San Mames, el estadio inevitable. Athletic Bilbao, el rival. Como si el tiempo no hubiera pasado. La catedral del equipo vasco había sido el escenario de las eternas batallas en su paso por Barcelona. Pero este 4 de octubre de 1992, la historia era bien distinta: hacía su presentación oficial. Otras cosas, claro, no habían cambiado. El grito de bienvendia de los ultras del Bilbao fue inconfundible: "¡Goyko. Goyko!", escuchó Diego. El nombre de quien casi una década antes había transformado su tobillo en una madera rota y la noche previa se había presentado en el hotel del Sevilla para, por fin, disculparse.

Lo cierto es que si algo no habían perdido los rivales por él, eso era el respeto. El Real Madrid y Barcelona vieron lo mejor de su talento. La selección lo tentaba nuevamente. Volvían los viajes. Retornaban las presiones. Comenzaban los... problemas.

Los viajes a la Argentina para ponerse la irrenunciable celeste y blanca desgastaron la relación con el presidente Luis Cuervas. Nada volvería a ser como antes

El 12 de Junio de 1993, fue el fin. Explotó. Estaba golpeado en una rodilla, dolorido. En el entretiempo del partido frente al Burgos, Bilardo le pidió que se infiltrara. A los ocho minutos, el técnico ordenó el cambio. Se sintió usado. Lo miró a los ojos, lo puteó y se fue. Todavía no sabía hacia donde.

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En Newell's Old Boys: 1993 a 1994. Jugó 5 partidos, no convirtió goles

Resumen: Debutó el 10/10/1993 contra Independiente. Perdió 3 a 1. Con una estampa de delgadez impactante, demostró que la magia no tiene edad ni peso: su rabona en la presentación está en la historia, aun cuando no fue gol.
La aventura terminó pronto. No tanto como para evitar que naciera un feeling que ninguna estadística podrá romper.

Historia completa: La idea fue del Gringo Giusti, pero se le podía haber ocurrido a cualquiera. Con su traje de representante, el ex compañero de Diego en el seleccionado observaba desde la tribuna un partido de Newell´s. En medio del aburrimiento de un partido intrascendente, lo miró a la Tota Rodriguez y le dijo "Este club necesita un golpe de efecto. Y yo conozco a la única persona capaz de dárselo". Esa persona era, claro, el apellido mismo del fútbol: Maradona. Parecía el mejor destino. Una ciudad que respira y vive para el fútbol lo esperababa. Todo Rosario estaba pendiente de él. Hasta los hinchas de Rosario Central le perdonaban jugar en Newell´s: "Salvemos a Maradona, la lepra se cura", ironizaban.

Con el entusiasmo de un principiante, comenzó la dieta más estricta de su vida. Bajó 12 kilos, gracias a o por culpa de un chino de nombre casi imposible de recordar, Liu Guo Cheng.

El lunes 13 de septiembre de 1993 el Parque Independencia cobró vida. Desbordaba de ansiedad. Fue una tarde irrepetible. Treinta mil personas estaban a punto de presenciar el milagro. Maradona con los colores rojos y negros. Asomó su pequeña figura por la manga y sus piernas no se animaron a coordinar un paso más. Recibió una ovación que lo alentó a levantar tímidamente los brazos. Una pelota se deslizó hacia él, para que haga lo que nadie puede imitar. Ni siquiera eso lo pudo hacer reaccionar. Sus compañeros se acercaron con devoción y lo elevaron al cielo. Su sonrisa fue eterna. Igual que en el San Paolo casi un década antes, la gente había ido sólo para verlo hacer juguito.

El indio Solari le daba las comodidades que necesitaba. Ocho años, diez meses y ocho días después volvía a jugar oficialmente para un club argentino y en la Argentina. Fue el domingo 10 de octubre de 1993 en cancha de Independiente, el mismo lugar donde él vio sus primeros partidos de fútbol y admiró las paredes de Bochini y Bertoni.

Regaló todo su entusiasmo y calidad en un par de toques marca registrada. Dejó para el recuerdo una rabona inolvidable que Islas salvó de forma milagrosa. No sería la última.

Aun cuando fue una ráfaga y la historia quedó inconclusa, a ningún hincha de Newell’s se le ocurriría mostrarse arrepentido por haberlo tenido con ellos, aunque sólo fuera por cinco partidos.

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En Boca Juniors (2da etapa): 1995 a 1997. Jugó 31 partidos, convirtió 7 goles

Resumen: Volvió. Debutó el 7 de octubre de 1995 con un 1 a 0, ante Colón. El 25/10/1997 se despidió con un triunfo, 2 a 1, contra River. Jugó 30 partidos y convirtió 7 goles. Nunca, nunca se fue.

Historia completa: El embarazo de catorce años, gestado en Europa, desarrollado en Barcelona, Nápoles y Sevilla, con un acercamiento final en la argentina Rosario, finalmente derivó en el parto del gran retorno.

1995 fue el año; octubre, como corresponde en cada renacimiento maradoniano, el mes. Primero en la lejanísima Corea del Sur, tierra amante de Maradona como pocas. Después, en La Boca, su tierra. "Quiero que la gente diga otra vez: ‘Vamos a la cancha, vamos a ver a El Diego’", deseó en una frase íntima. Y así fue. En La Bombonera otra vez, el 7 de octubre de 1995, pisó la cancha más querida. Boca ganó 1 a 0, pero ese fue un detalle.

Todos fueron detalles, en realidad. Cada uno de los 30 partidos que jugó, imponiendo algo que fue más allá de sus 7 goles, sus triunfos, sus empates, sus derrotas en aquellos dos años, dirigido consecutivamente por Silvio Marzolini, Carlos Bilardo y Héctor Veira: la sensación inevitable de todos y cada uno de sus compañeros y rivales de que estaban compartiendo el campo de juego con un monumento de carne y hueso. Y de talento.

Lo persiguieron con extraños controles antidoping hasta que el dolor (no físico, sí del alma) lo obligó a gritar basta. Justo contra River, justo en el Monumental, justo cinco días antes de cumplir 37 años de edad. Aquel 25 de octubre quedará en la historia. Lo que nunca nadie se animará a escribir es lo que sigue: fue el último partido oficial de fútbol de Diego Armando Maradona. Sólo es una referencia; jamás una verdad absoluta.

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En la seleccion:

Resumen: Debutó el 27/2/1977 contra Hungría. Ganó 5 a 2. A partir de allí, nunca nadie hizo tanto por una camiseta. Por la Selección, Maradona cruzó el océano cinco veces en doce días, jugó con un tobillo tan lesionado que apenas podía caminar. Fue campeón mundial en México '86 y subcampeón mundial en Italia '90 con 21 partidos en cuatro mundiales. Jugó 91 partidos con 34 goles. El es la bandera del fútbol argentino.

Historia completa:
Seleccion juvenil: "Cuando me pongo la camiseta de la selección, el sólo roce de la tela ya me eriza la piel". ¿Hace falta agregar algo más a esta definiciónn de Diego Maradona? Seguramente, no.

El primer contacto con esos colores fue en Chascomús. Aquel 3 de abril de 1977 quedó detenido en el tiempo. La Selección Juvenil Argentina le ganó 3 a 2 al Combinado de Chascomús. Solo cinco días después, en Cipolletti, convirtió su primer gol con esa camiseta. Y enseguida supo, también, que la tristeza era más tristeza, con la Argentina sobre las espaldas: ese mismo año, en el Campeonato Sudamericano de Venezuela jugaron tres partidos y... no pudieron ganar ninguno. Ya aparecía la bronca como el mejor combustible para potenciar su motor y buscar el desquite.

Claro que, demostrar y demostrarse eso, todavía faltaba el peor golpe: quedarse en la puerta del Mundial de 1978, justo en Argentina. Lloró sin consuelo, de verdad, como en un velorio. Y le prometió a su mamá, a su papá, a su novia, a los suyos, que ganaría todos los trofeos que hubiese en el mundo y se los llevaría a su casa.

En el camino de cumplir esa promesa, sorprendió al alemán Franz Beckenbauer, nada menos. Después de un partido amistoso que le ganaron al Cosmos, en Tucumán, el 3 de noviembre de 1978, el gran Káiser le pidió su camiseta, como recuerdo.

Se venía el Sudamericano de Uruguay, que clasificaba para el Mundial Juvenil, a jugarse en Tokio. Fueron subcampeones después de empatar con Uruguay, 0 a 0, el 8 de enero de 1979, y ganarle a Brasil, 1 a 0, el 31 de enero de 1979.

Entonces, sí, llegó la hora de la gran revancha.

Los primeros jugadores los eligió Ernesto Duchini y Cesar Luis Menotti terminó de darle forma a un equipo inolvidable. Único. "Nunca me divertí tanto dentro de una cancha. Sacando mis hijas, me cuesta encontrar una alegría semejante", según la definición del propio Diego. Cierta, por supuesto. Que lo digan los argentinos, que se levantaban a las cuatro de la mañana para verlos jugar. Los ojos del mundo no terminaban nunca de sorprenderse con tanta habilidad. Un taco por acá, una gambeta por allá. La formación de memoria, como las de los grandes equipos de la historia: Sergio García; Carabelli, Juan Simón, Rossi, Hugo Alves; Barbas, Rinaldi, Maradona; Escudero, Ramón Díaz, Gabriel Calderón.

Para todos ellos juntos, fue casi un tramite hasta llegar a la final. Unión Sovietica, era el último escollo. Empezaron perdiendo uno a cero. Sólo un susto. Tres a uno, con gol de Diego de tiro libre, fue el resultado final. Y la Copa en casa, en las manos de Diego, que quiso volver a Buenos Aires para vivir ese momento, para bajar de la escalerilla del avión con el trofeo en alto. Para la Tota, para don Diego, para la Claudia, para los suyos. Para todos. Para empezar a cumplir con la promesa.

Seleccion mayor: Diego Armando Maradona es capaz de hacer cualquier cosa por la camiseta argentina. Por ejemplo, cruzar el Océano Atlántico cuatro veces en catorce días para jugar dos partidos amistosos. O pelearse con cualquier dirigente del mundo que le pague el mejor sueldo para hacerse un tiempo para ponerse la albiceleste. O salir a la cancha con el tobillo en una estado tan calamitoso que cualquier persona normal ni siquiera podría caminar y, así y todo, ser decisivo para ganar el partido.

Desde siempre lo siente así. Desde que en una tarde de febrero de 1977, después de una práctica de juveniles (él y sus compañeros) contra los mayores (ellos, Passarella, Gallego, Luque, Bertoni), el Flaco César Luis Menotti lo llamó aparte y le dijo, casi al oído, para que no se enterara nadie, que iba a quedar concentrado con los mayores, para el amistoso contra Hungría.

Fue el 27 de febrero de 1977 el gran debut. Y aunque Diego sabía que sólo iba a entrar si el partido se ponía fácil, el "¡Maradóóó, Maradóóó!" bajó temprano de las tribunas, reclamando la presencia de ese pibe que apenas tenía doce partidos en primera división pero talento de experto. Ellos lo intuían. El también.

El "¡Maradóóó, Maradóóó!" se escuchó muchas veces, entonces. En los 91 partidos oficiales, con 34 goles, que jugó con la camiseta más querida y también cuando no estuvo: para la gente, el himno se ha convertido en un sinónimo de exigencia cuando el equipo nacional no da lo que ellos quieren... Presente es ese curioso gesto y presente están, siempre, los pasos de Maradona en el seleccionado nacional.

En el noveno partido gritó un gol propio por primera vez. Fue el 2 de junio de 1979, en Glasgow, contra Escocia. La Argentina ganó 3 a 1 y los esoceses aplaudieron de pie a ese pibe con el pelo cortito por la obligación de la colimba, el servicio militar. Y tanto le gustó que en el siguiente partido patentó el festejo, saltando al aire, las piernas abierta, la rodilla derecha más arriba y el puño del mismo lado revoleado al cielo: fue en el Monumental, el 25 de junio de 1979, contra tantos monstruos que eran el Resto del Mundo. Algo de bronca y rabia, como siempre, había en aquel logro: un años antes, por eso era el partido, un festejo, el seleccionado argentino de César Luis Menotti se había consagrado campeón del mundo... Sin Maradona. Para el Flaco, había otros números 10 antes que él en aquel momento, 19 de mayo de 1978, el momento de la decisión, como Valencia, Villa, Alonso, Larrosa. Para Maradona, no habría amargura más grande. Tampoco tanto combustible junto para buscar la revancha.

Hacer goles se le hizo costumbre, entonces. A Bolivia, a República de Irlanda, a Polonia, a la Unión Soviética, a Brasil. Y Austria, entre medio de todos esos partidos: fueron tres juntos, por primera vez, en Viena, el 21 de mayo de 1980; una verdadera sinfonía.


Entre 1979 y 1980 jugó 18 partidos en la Selección y convirtió 11 goles. En 1981, apenas 2 encuentros y ningún grito. Y enseguida, la vigilia del Mundial ’82. con 5 cotejos.

Para un ganador como Diego, España ’82 fue una gran frustración, claro que sí. Ya transferido al Barcelona, todos los ojos estaban posados sobre él, esperando la explosión del número uno. No pudo ser. Y por razones varias: un grupo sin demasiado hambre, fallas tácticas, carencias individuales y muchos golpes, sobre todo a... Maradona. Si se busca una alegría de aquel debut mundialista, es posible encontrarla en sus dos primeros goles a semejante nivel: los dos a Hungría, el 18 de junio de 1982, para el 4 a 1. A los golpes, después, el italiano Claudio Gentile empezó a empujarlo. Y una sobrada de los brasileños provocó la definitiva salida: planchazo en los genitales a Dirceu, tarjeta roja y chau primera Copa del Mundo, el 2 de julio de 1982.

Insólitamente, volvió a jugar en el seleccionado casi tres años después. Ya era jugador del Napoli. Carlos Salvador Bilardo lo eligió y él aceptó: sería capitán, sería titular, sería bandera. Fue, quizás, el mayor acierto de Bilardo en toda su carrera. El compromiso de Diego fue tan grande que aquel 9 de mayo de 1985, cuando se puso otra vez la camiseta albiceleste, contra Paraguay, 1 a 1, quedará en la historia por eso y por el periplo que aceptó realizar el Diez, símbolo de un compromiso sin reservas, que sería la marca registrada de los seleccionados argentinos durante mucho tiempo: cruzar el Atlántico no era cansador para él si del otro lado estaba el equipo nacional.


La pelea, entonces, fue otra: nadie, salvo los jugadores y el cuerpo técnico, quería al seleccionado. Y la clasificación agónica para el México ’86 no ayudó nada de nada. Pero Diego confiaba. Y Bilardo confiaba en Diego. Entonces llegó el Mundial.

Nadie es capaz de refutar que la influencia de Diego Armando Maradona en aquel equipo campeón del mundo no tiene comparación. Y que pocas veces en la historia hubo un número uno tan definido. Debería basta con la mención del gol, El Gol, el mejor gol de todos los tiempos: 22 de junio de 1986, estadio Azteca, México, toda Inglaterra en el camino, la pelota en el arco, ¿qué más? Hay más, hay otro gol histórico en el mismo partido, con La Mano de Dios. Como robarle la billetera a los ingleses, éste; vengar a los pibes de Malvinas, aquel. Definiciones de Maradona, todas.

Si en algo se equivocó Diego fue en pensar que aquella imagen suya, con la Copa del Mundo en alto, el 29 de junio de 1986, bastaba para acabar con las discusiones. Al contrario.

Si él había pensado que aquel que se consagró era un equipo realmente suyo sobre todo porque luchaba contra todo, debía acostumbrarse a seguir de la misma manera.

Fueron tiempos de lucha, los siguientes. Dos Copa Anmèrica, 1987 en la Argentina y 1989 en Brasil, para olvidar rápido. Y enseguida, el desafío de Italia ’90, para defender lo que era suyo: la Copa del Mundo. A ningún Mundial llegó Maradona como a aquel. Venía de lograr su segundo scudetto con el Napoli, volaba físicamente. Hasta que un tonta uña encarnada del dedo gordo del pie derecho le puso un bache en el camino, una gripe inoportuna otro más y las patadas de los cameruneses finalmente lo detuvieron. Fue el 8 de junio de 1990, en el Giusseppe Meazza de Milano; Camerún 1, Argentina 0; una de las derrotas más dolorosas en la carrera de Maradona.

La cosa era, como tantas otras veces, enojarse y arrancar de nuevo o dejarse caer. De a poco, arrancaron. Y a fuera de penales (Grande, Goyco) llegaron. A la final, llegaron. Con despojos de jugadores, incluido Diego, allí estuvieron. Antes, tuvieron que eliminar a Italia, en las semifinales; para Diego, aquel triunfo por penales, en su San Paolo, después del 1 a 1, fue la sentencia de muerte. Resultó lógico, entonces, que el 8 de julio de 1990, en el estadio Olímpico de Roma, en la final de la Copa del Mundo, el árbitro mexicano Codesal ignorara un claro penal de Matthäus a Calderón en el área alemana y viera uno de Sensini a Völler en el área argentina. Fue subcampeonato. Para Diego, inservible. Los segundos puestos no se festejan.

Diego lloró en la cancha, al final. Lloró con la grandeza que no tuvo el público para entender esa tristeza y silbó. Para Diego, fue uno de los peores golpes de su vida: "Nunca imaginé que hubiera gente que se alegre por mi tristeza", dijo entonces.

Le costó volver al seleccionado después de tanto dolor. Poco más de dos años y medio. El 18 de febrero de 1993, en el marco de los festejos por el centenario de la Asociación del Fútbol Argentino, jugó contra Brasil, en el Monumental. Ya había sido nombrado, con justicia, qué duda cabe, el más grande futbolista argentino de la historia.

Y cuando pocos pensaban que volvería, tras aquella maldita suspensión por quince meses del ’91, allí estuvo, liderando al equipo del Coco Alfio Basile hacia la clasifiación para el Mundial de 1994. Australia lo vió festejar su cumpleaños número 33 y también la posibilidad de su carta Copa del Mundo.

Estaba muy bien. Era el mejor. El milagro se había concretado. Gritó su gol inolvidable contra Grecia, el 21 de junio de 1994, y luchó contra los nigerianos. No pudo con la FIFA; algo le buscaron, algo le encontraron. Y lo echaron.

Lo echaron de un Mundial, apenas. Jamás podrán sacarlo de la historia.

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Sus años lejos del fútbol profesional: 1997-2008

En marzo de 1998, meses después de anunciar su retiro, surgió la posibilidad de que volviera a jugar, esta vez para el club All Boys dirigido por su amigo Sergio Batista. Sin embargo, Maradona terminó rechazando esta oportunidad, que finalmente quedaría descartada, junto a toda posibilidad de regreso, cuando el juez Bonadío levantó la medida cautelar que impedía que la AFA lo sancione.

Después de alejarse del fútbol profesional, Maradona no se ha dedicado a una sola actividad, sino que, entre otras diversas ocupaciones, ha sido comentarista deportivo, vicepresidente de la Comisión de Fútbol de Boca Juniors, conductor de televisión y ha realizado varias publicidades. Esta etapa de su vida se vio afectada, además, por graves problemas de salud causados por su adicción a las drogas, lo que lo llevó a realizar, con mayor o menor éxito, largos procesos de rehabilitación tanto en Argentina como en Cuba. En septiembre de 2000 publicó su autobiografía, titulada "Yo soy el Diego", en la que repasó su carrera futbolística y confesó los orígenes de su adicción a las drogas.

En enero de 2000 Maradona fue internado en terapia intensiva en el Sanatorio Cantegril, mientras estaba de vacaciones en la ciudad uruguaya de Punta del Este. El jugador ingresó a la clínica con una crisis hipertensiva y un cuadro de arritmia ventricular. Su representante, Guillermo Cóppola, explicó que la internación no era por un problema con las drogas, sino que Maradona sufría de hipertensión. Sin embargo, en los análisis de sangre y orina fueron encontrados restos de cocaína, por lo que Maradona tuvo que declarar ante la justicia uruguaya, ya que el consumo, si bien no se encontraba penado, era considerado una "falta". Tras salir de la clínica, el 18 de enero de ese año viajó a Cuba para iniciar un tratamiento de rehabilitación, residiendo en ese país durante varios años.

Tras su retiro, Maradona esperó más de cuatro años para realizar su partido despedida. El mismo se realizó el 10 de noviembre de 2001, en La Bombonera, en un partido entre la selección argentina y un combinado de estrellas. El seleccionado argentino, conducido por Marcelo Bielsa, contaba con la presencia de jugadores como Roberto Ayala, Juan Sebastián Verón, Javier Zanetti y Pablo Aimar. El combinado de estrellas, dirigido por Alfio Basile, estaba integrado por jugadores de la talla de Enzo Francescoli, Éric Cantona, Davor Šuker, Juan Román Riquelme, Carlos Valderrama, Hristo Stoichkov, Nolberto Solano y René Higuita, entre otros. Tras el partido, un emocionado Maradona brindó un discurso, aceptando errores, en el que pronunció una de sus recordadas frases: "yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha".

En 2003, Diego Maradona finalizó dos de sus relaciones más importantes: con su esposa Claudia Villafañe y con su representante y amigo Guillermo Cóppola. Su esposa inició la demanda de divorcio el 7 de marzo por abandono del hogar en 1998, luego de permanecer más de 13 años casados. Maradona y Villafañe contrajeron matrimonio el 7 de noviembre de 1989, en una gran fiesta realizada en el estadio Luna Park de la Ciudad de Buenos Aires. Con Cóppola finalizó la vinculación contractual y la amistad que los unía,iniciándole luego una demanda por un supuesto dinero adeudado.

En abril de 2004 Maradona sufrió un importante problema de salud y fue internado en la Clínica Suizo-Argentina de Buenos Aires. Las autoridades de la clínica expresaron que el jugador había sufrido "una crisis hipertensiva, con un cuadro basal de cardiopatía dilatada". Maradona había regresado de Cuba tres semanas antes para visitar a su familia, y sus apariciones mediáticas previas a la internación no evidenciaron ningún tipo de problema. Los problemas cardíacos de Maradona eran agravados por su adicción a las drogas, por lo que, luego de que su salud se estabilizó, fue internado el 9 de mayo en la clínica neuropsiquiátrica "Del Parque" para iniciar un tratamiento de desintoxicación. Tras tres meses de internación, Maradona pidió permiso judicial para continuar su tratamiento en Cuba. El jugador no podía abandonar la clínica sin el consentimiento de su familia, quien ejercía su custodia bajo autorización judicial. Además, la asesora de Menores e Incapaces Elena Bortiri, promovió, con el consentimiento de su familia, la inhabilitación de Maradona por su drogadependencia, en base al artículo 152 bis del código civil. La inhabilitación se dicta para proteger al individuo, y a su familia, de sus propios actos, limitando su capacidad jurídica. A pesar del pedido de Maradona, quién llegó a reunirse con el Presidente Néstor Kirchner para solicitarle que mediara en la situación (aunque finalmente el tema no se trató en la reunión), el tratamiento continuó en la Argentina.
Tras bajar en forma considerable de peso, le ofrecieron conducir un programa de televisión que se emitiría por Canal 13. Esto se concretó el 15 de agosto de 2005 con la primera emisión de su programa, La noche del 10. Como invitado para el primer programa escogió a Pelé, con quien mantenía un mediático enfrentamiento desde hace años. El programa tuvo entrevistas con varias personalidades, pero el hecho más importante fue la entrevista al líder cubano Fidel Castro, con quien mantiene una amigable relación desde su paso por la isla. El 7 de noviembre del mismo año fue transmitido el último programa del ciclo. Fue realizado en el Luna Park, y tuvo como principal figura invitada al boxeador estadounidense Mike Tyson. El programa fue ganador en los Premios Clarín Espectáculos 2005 en los rubros Mejor Programa de Entretenimiento y Mejor Producción; siendo Maradona elegido la Figura del Año. Además, obtuvo el Martín Fierro en la categoría Producción Integral. Mientras conducía su programa de televisión, también participó en un programa de baile emitido por la cadena RAI de Italia, al que finalmente renunció debido a problemas con el fisco italiano y por lo agotador que resultaba viajar hacia ese país dos veces por semana.

El 30 de marzo de 2007 se estrenó en Italia una película biográfica, dirigida por el italiano Marco Risi —con guión de Manuel Valdivia, César Vidal y Manuel Ríos San Martín— titulada Maradona, la mano di Dio. Maradona vendió la exclusividad sobre cualquier producción audiovisual a Globomedia hasta el 2010, para llevar a cabo esta película y un documental realizado por Emir Kusturica.

Se desempeñó como vicepresidente de Consejo de Fútbol de Boca Juniors desde junio de 2005 hasta agosto de 2006. Al ocupar el cargo, solicitó la designación de Alfio Basile como entrenador, lo que significó un acierto ya que bajo su conducción técnica el equipo consiguió varios títulos nacionales e internacionales. También ha continuado jugando al fútbol en partidos benéficos, como el Soccer Aid realizado en Inglaterra, y en una nueva modalidad de fútbol sala llamada Showbol.
El 28 de marzo de 2007 fue internado en el Sanatorio Güemes, debido a excesos con las bebidas alcohólicas. Se le diagnosticó una "hepatitis química, aguda y tóxica", por lo que debió permanecer internado hasta el 11 de abril, cuando los médicos le dieron el alta. Dos días después tuvo una recaída y debió ser trasladado por una ambulancia al hospital Madre Teresa de Calcuta de la localidad de Ezeiza, y luego derivado al Sanatorio de los Arcos de la Ciudad de Buenos Aires. Allí permaneció hasta que el 21 de abril decidió internarse en la clínica psiquiátrica Avril, para tratar su adicción al alcohol. Tras más de dos semanas de tratamiento, en las que llegaron a circular rumores de su muerte, el 6 de mayo abandonó la clínica y al día siguiente obtuvo el alta.

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Director tecnico seleccion Argentina: 2008
En octubre de 2008, tras la renuncia de Alfio Basile, Maradona fue presentado como nuevo director técnico de la Selección de fútbol de Argentina en conferencia de prensa, acompañado de Carlos Bilardo como Coordinador de Selecciones Nacionales.

Su debut se produjo el 19 de noviembre de 2008 en el mismo estadio (Hampden Park), y ante el mismo rival (Escocia), al cual le marcó su primer tanto en la selección. El partido finalizó con un triunfo por 1-0, con gol de Maximiliano Rodríguez.

El debut oficial se produjo el 29 de marzo, por la clasificación al Mundial 2010, frente a Venezuela. El partido, disputado en Buenos Aires, finalizó con una victoria argentina por 4 a 0.

Su segundo partido por esta competición se jugó el 1 de abril frente a la selección boliviana, en La Paz. El resultado fue 6 a 1 para los locales, en una de las mayores goleadas que recibió la selección albiceleste.

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el diego saludando, de joven, en boca
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recordando lo que alguna vez fue…
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maradona haciendo jueguito, de joven, en el nápoli
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diego con yanina
Dios

en el bailando por un sueño de italia
Diego Armando Maradona [megapost]

diego armaando maradona sufriendo una patada de un coreano mientras defendía la camiseta de la seleccion nacional argentina de futbol
diego

el tatuaje de su pierna izquierda donde se puede ver a fidel con su firma
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sonrriendo, en su mejor version
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murales del diego
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otras en la seleccion argentina
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llorando
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haciendo equilibrio con la pelota en la cabeza
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ja!, con un turbante!
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pidiendole al juez que le “de una”
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gritando un gol
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en medio de las polémicas, como toda su vida
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en el mundial de usa 94, donde lo sacaron por doping positivo
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el diego en el tc, hizo de todo!
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en el barcelona, que peluca papá!
Diego Armando Maradona [megapost]

de taquito
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fumando abano con la camiseta de boca
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amagando
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maradona y messi juntos
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acá con barba, las mil caras del diego!
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con la franja amarilla en el pelo, contra newells
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jugando contra brasil, cuando le da el pase a canigia
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levantando la copa del mundial del 86
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con la eterna 10 argentina
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Maradona gol a Inglaterra la mano de Dios narrado por la BBC

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Maradona a los ingleses! (MUNDIAL 86)

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maradona vs pele

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Tributo a Maradona

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SIMPLEMENTE EL MAS GRANDE