Un reencuentro con su historia


Estudiantes, un campeón con todas las letras


Esto es hacer historia. Esto es coraje. Esto es fútbol. Esto es compromiso con la identidad, es priorizar lo colectivo muy por encima de las vanidades individuales. Esto es honrar a nuestros viejos, los de ellos, los del "Pincha Corazón". Esto es ser torazo en rodeo ajeno, brasileño, nada más y nada menos. Esto es un campeón con todas las letras: Estudiantes. Gloria en estado químicamente puro, con Verón en total, absoluto y definitivo estado de gracia.

Está demasiado encima nuestro este triunfo del "Pincha Corazón" como para tomar la real dimensión de lo que significa.

La cuarta Copa Libertadores de América acaban de ganar los muchachos en buena ley.

¿Cruzeiro festejó antes? Es probable.

Ellos creyeron, tal vez, que el tema estaba resuelto. No contaron con la "cuestión genética". Esa que se ve en la foto de los Verón: Juan Ramón y Juan Sebastian, llorando abrazados.

La cuestión genética del "Pincha corazón", que puso otra vez en carne viva, en pura discusión, la dialéctica de nuestra identidad a la que le había dado fuerza inusitada el intento frustrado de reinserción como campeón del filósofo Angel Cappa.

Ese "modelo", que el "menottismo ilustrado" se ha encargado de poner por encima de la "identidad pincharrata", sufrió tres golpes virulentos en escasos quince días, que serán también para ellos inolvidables.

Primero Vélez les ganó una final en la que terminaron vociferando contra el árbitro. No jugaron, vociferaron y hasta hoy siguen haciéndolo contra Brazenas y la AFA. Contra Vélez sufrió el menottismo ilustrado su primer gran golpe. Uno que lo paralizó.

Unos pocos días después, el Gimnasia de Madelón le dio otro impacto al menottismo ilustrado, que lo hizo besar la lona. Al borde del nocaut lo puso la lección propinada por Gimnasia. Le mostró cómo se juega una final al límite.

Madelón puso 4 atacantes: dos punteros (Cuevas y Niell) y dos centrodelanteros (Sosa y Romero) cuando estaba a 10 minutos de irse al descenso y necesitaba dos goles.

Cappa, mientras empataba y salía campeón, sacó de la cancha al único delantero que tenía su equipo en la cancha, Federico Nieto, para poner otro mediocampista, César González.

Y el último y casi definitivo golpe se lo propinó el glorioso Estudiantes de Sabella. Ya tendrá el menottismo ilustrado la posibilidad de seguir luchando por hacer historia

Hace poco, hablando por radio, le pregunté a Angel Cappa si recordaba a aquel equipo de Estudiantes 82-84 conducido por Carlos Bilardo. Tenía "tres 10" en la mitad de la cancha, Trobbiani-Ponce-Sabella, con un solo mediocampista de contención, Miguel Angel Russo.

"Qué sé yo donde estaba en el 82", selectivo en sus recuerdos, comentó Cappa, el gran orador.

Nunca pudo la cámara encontrar a Sabella insultando a nadie. Ni a sus propios jugadores, ni a los árbitros, ni a los integrantes del banco de suplentes del equipo adversario.

Se lo vió concentrado, buscando respuestas. Sumando, a la altura de la exigencia.

Estudiantes, campeón de América, supo cómo jugar una final. En un contexto menor, también Gimnasia y Vélez supieron. Los otros no.

Esto es una realidad. Un dato irrefutable.

Como es irrefutable la histórica página escrita en tierras brasileñas por un grupo de héroes que puso muy por encima de las propias vanidades, el sentimiento colectivo traducido en juego, coraje y talento para hacerle al fútbol argentino el mejor de los regalos: otra Copa Libertadores de América.

¡Chapeau Estudiantes!


Fuente: http://msn.foxsports.com/fslasc/historia/futbol/tournaments/libertadores/9814136/Estudiantes,-un-campesn-con-todas-las-letras?msnlatam