Futbol: Selección Nacional, Historia

Selección Nacional


El fútbol es el deporte más popular de la Argentina. Su penetración en todos los estamentos sociales no tiene parangón con ninguna otra práctica en el país. En un territorio donde sus habitantes son reconocidos como oriundos de “la nación de Diego Maradona”, la Selección es un estandarte, una bandera y una de las formas de identificación más fuertes de sus ciudadanos con la argentinidad. Por diferentes motivos, que incluyeron hasta cuestiones políticas a nivel deportivo y estatal, el equipo albiceleste no fue reconocido de manera indiscutida en el planeta, hasta la obtención del primer Campeonato del Mundo de la FIFA, en 1978. Ocho años después, en México 1986, ratificó de modo inobjetable su poderío que cimentó con las 6 coronas Mundiales de Juveniles y las medallas de oro Olímpicas de Atenas 2004 y Pekín 2008. En la actualidad, por la enorme calidad de sus jugadores y la visión de sus dirigentes, que entendieron que la Selección es “la prioridad número 1” de nuestro fútbol, Argentina es una de las potencias más poderosas del orbe. Pero antes de este extraordinario presente y su a todas luces venturoso futuro, hay un pasado lleno de gloria que vale la pena conocer.

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Seleccion Nacional:
Los comienzos (1901-1930)


El primer partido de nuestra Selección fue el 16 de mayo de 1901, ante Uruguay en Montevideo. La victoria 3-2 como visitante, fue el exitoso bautismo de un equipo con inconfundible destino de grandeza.

Durante esos momentos iniciales y ante la falta de competiciones internacionales, los amistosos se pactaron ante rivales sudamericanos. Las distancias, que debían ser cubiertas en larguísimos viajes en barco, la Primera Guerra Mundial y las continuas disoluciones de las Federaciones, situación que recién se normalizó en 1934 con la creación de la AFA, impidieron que Argentina se midiera con los europeos.

Tan así fue, que el primer encuentro ante un equipo del Viejo Mundo (0-0 con Portugal), se produjo recién en 1928, en la gira previa a los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en que la Selección conquistó la medalla de plata tras caer con Uruguay en la final.

La instauración de la Copa América, en 1916, hizo que la competencia aumentara. La Selección no tardó en cosechar los primeros títulos: 4 Sudamericanos en 1921, 1925, 1927 y 1929.

El Mundial de Uruguay 1930 cerró un ciclo inicial brillante: Argentina llegó a la final con los locales, bicampeones olímpicos, y perdió 4-2, luego de ir ganando 2-1, ante 93.000 espectadores en el mítico estadio Centenario de Montevideo.

La Selección debería esperar 48 años para disputar un encuentro definitorio en una Copa del Mundo.

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A espaldas del mundo (1931/1957)


Después de esa generación que había obtenido la medalla de plata olímpica y el subcampeonato mundial, la Selección entró en un túnel cuyas consecuencias fueron más que nefastas.

En esos tiempos, a raíz de la diferencia de criterios y enojos impensables en la actualidad, sumado a la dramática situación que se vivía en Europa con la Segunda Guerra Mundial, nuestro equipo nacional quedó al margen de las grandes competencias y sufrió las secuelas.

A la Copa del Mundo Italia 1934, Argentina concurrió con un plantel amateur, dado que los clubes, agrupados en la Liga Profesional (la Asociación Amateur poseía la afiliación a la FIFA) negaron a los jugadores. Las instituciones no estaban dispuestas a someter a sus figuras a un viaje en barco de 13.000 kilómetros. El rendimiento estuvo a la altura: caída 3-2 ante el poderoso conjunto de Suecia, en el estadio Littorale de Bologna.

En el plano continental, Argentina conquistó de manera brillante el Sudamericano de 1937.

Luego de que la FIFA le concediera a Francia la organización del Mundial 1938, las autoridades argentinas, que habían solicitado ser sede en ese año, desistieron de participar. El argumento era que, de acuerdo a la alternancia entre Europa y Sudamérica, Argentina merecía la distinción.

Prueba de la ceguera de los directivos, hay 2 datos insoslayables: Argentina no cotejó con un rival europeo desde 1930 (Yugoslavia) hasta 1951 (Inglaterra). En ese lapso, la Selección conquistó 7 Sudamericanos (1937, 1941, 1945, 1946, 1947, 1955 y 1957).

Brasil 1950 también fue otra cita en la que Argentina estuvo ausente. Cuando el máximo organismo del fútbol mundial decidió que los brasileños llevaran adelante esa Copa, los argentinos se negaron a disputarla.

El año anterior, en ocasión de la victoria 2-0 de Argentina por la Copa América Extra, se produjo una violenta gresca que generó la ruptura de relaciones deportivas. Además, la huelga de 1948 que había hecho emigrar a muchas figuras a Colombia, ocasionó que desde el gobierno del General Juan Domingo Perón desistieran de participar del Mundial.

La decisión se fundamentaba en que la imposibilidad de jugar con los futbolistas que estaban en Colombia, impedía presentar un equipo que pudiera pelear el título.

Para no ir a Suiza 1954, también pesaron argumentos políticos, el enojo con la FIFA por la no designación como sede del Mundial y la enemistad con varias asociaciones sudamericanas.

Luego de ese oscuro período, Argentina no volvería a negarse a participar en la Copa del Mundo (no estuvo en la fase final de México 1970 pero sí jugó las Eliminatorias).

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La transición hacia
la organización (1958/1975)


Argentina volvió a jugar una Copa del Mundo luego de 24 años. La enorme calidad de sus jugadores y la supremacía en Sudamérica, hicieron pensar que la consagración sería un trámite. La realidad fue tan dura como dramática: la Selección cayó 3-1 en su debut con el campeón mundial Alemania, le ganó 3-1 a Irlanda y perdió 6-1 con Checoslovaquia, la derrota más abultada en certámenes de esta categoría. La participación fue denominada “el desastre de Suecia” y, hasta la eliminación en primera rueda en Corea/Japón 2002, nunca se vivió algo semejante.

Al año siguiente, la Selección conquistó la Copa América, que no volvería a alzar hasta 1991 y en '60, obtuvo el Campeonato Panamericano.

En 1962, Argentina cumplió con el compromiso de participar en el Mundial de Chile. Si bien se mejoró mucho en el aspecto físico y organizativo, los europeos siguieron sorprendiendo por su táctica: victoria 1-0 a Bulgaria, derrota 3-1 ante Inglaterra y empate 0-0 con Hungría. Juan Carlos “Toto” Lorenzo intentó aplicar una revolución, pero los jugadores no lo interpretaron.

Entre Chile 1962 e Inglaterra se produjeron algunos episodios extraordinarios. La conquista de la Copa de las Naciones 1964, de manera invicta y doblegando a Portugal, Brasil e Inglaterra, en el mismísimo Maracaná de Río de Janeiro y el constante cambio de técnicos (pasaron 4 diferentes a sólo 6 meses de la Copa del Mundo), marcaron un período de confusión.

Finalmente, Lorenzo tuvo su revancha y fue designado para dirigir en Inglaterra. El desempeño en la tierra de los creadores del fútbol, fue más que digno. Victorias 2-1 ante España y 2-0 ante Suiza, empate 0-0 con Alemania y caída 1-0 con los dueños de casa, luego de una cuestionada actuación del árbitro alemán Rudolf Kreitlein.

La Selección fue recibida en Buenos Aires en medio de un clima de algarabía. La ya mítica imagen de Antonio Rattín, sentado sobre la alfombra roja de la reina (el propio jugador confesó que no sabía en dónde se había posado) y estrujando la bandera inglesa, enfervorizó a los simpatizantes, que brindaron una ovación a ese equipo en su llegada al país. Esa buena actuación no derivó en un mejor proceso.

Por primera y única vez hasta el momento, Argentina no superó las Eliminatorias y quedó fuera de México 1970. Un ciclo para el olvido. Esa frustración caló hondo en el ambiente del fútbol. A la convulsionada realidad política nacional (la AFA estaba intervenida desde 1966), se sumó el hecho de que la Selección no era prioridad y muchos le escapaban.
La falta de organización no hizo más que redondear una actuación mediocre en Alemania 1974, profundizada con la inolvidable goleada 4-0 sufrida ante la fantástica Holanda del “fútbol total”.

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“Selección, prioridad número 1”
- Argentina Campeón del Mundo
(1975/1978)


La desorganización que se plasmaba de manera concreta en la falta de compromiso de los jugadores con la Selección, debía llegar a su fin.

El médico cirujano David Bracuto, nombrado presidente de la AFA en 1974, estaba dispuesto a hacer cirugía mayor. Bracuto era vicepresidente de Huracán en 1973 cuando el equipo de Parque de los Patricios conquistó, de forma brillante, el Campeonato Metropolitano, de la mano del técnico César Luis Menotti.

El máximo responsable del fútbol argentino del momento le propuso a Menotti la dirección de la Selección, cargo que el “Flaco” aceptó luego de que le aseguraran el cumplimiento de una serie de rígidas pautas, entre las que se encontraba el impedimento de la venta de jugadores menores de 25 años al exterior.

Los frutos no tardaron en observarse, la Juvenil logró el prestigioso Torneo Esperanzas de Toulón y la Mayor cosechó algunos triunfos importantes.

De todas maneras, el proceso hacia el Mundial '78, no fue para nada sencillo. El equipo nacional llegó a ese Campeonato del Mundo realizado en nuestro país, con dudas y críticas, sobre todo por la exclusión de un chico de 17 años que ya en ese tiempo, demostraba sus enormes cualidades: Diego Armando Maradona.

Argentina tuvo una primera ronda exigente, en Buenos Aires: debutó con victoria 2-1 ante Hungría, venció 2-1 a Francia y cayó en la tercera presentación 1-0 con Italia.

Esa derrota determinó que la Selección viajara a Rosario, para enfrentar a Polonia (2-0), Brasil (0-0) y Perú (6-0). Por diferencia de gol, el dueño de casa clasificó para disputar la gran final en el estadio Monumental de River Plate.

El rival fue Holanda, el mismo que 4 años antes había asombrado al mundo por su concepción de juego y que alcanzaba su segundo partido decisivo consecutivo, aunque esta vez sin su máxima figura, Johan Cruyff.

Argentina ganó de manera inobjetable, en tiempo suplementario, 3-1 con goles de Mario Kempes (máximo artillero del torneo) y Daniel Bertoni. La locura se adueñó de todo un país, harto necesitado de alegrías, habida cuenta de los difíciles momentos sociales y económicos por los que atravesaba la población.

La Selección, con orden, coherencia y un grupo de hombres, le demostró al mundo el valor de su fútbol, confirmó lo que en innumerables oportunidades había insinuado y conquistó la ansiada Copa del Mundo.

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Una alegría y un golpe
inesperado (1979/1982)


La conquista de Argentina 1978 potenció al fútbol argentino.

Los jugadores se revalorizaron y el planeta observó la consagración en Japón de un grupo de juveniles que deslumbraron por su juego, desenfado y calidad. Ese equipo tenía como figuras excluyentes a Diego Maradona y a Ramón Angel Díaz.

Pese a contar con un plantel sensacional, la Mayor cosechó varias derrotas (1-2 con Brasil, 1-2 con Alemania, 1-3 con Inglaterra) en los 2 primeros años. Luego, Menotti ajustó algunos puntos y aparecieron los triunfos, que dejaron con enorme expectativa al pueblo futbolero argentino de cara a España 1982.

La sensación que se vivía con respecto a ese Mundial, era que el bicampeonato era sólo una cuestión de salir a la cancha y ganarlo. Al equipo que se consagró en Buenos Aires en junio de 1978, Menotti le había sumado el talento sin igual de Maradona, la capacidad goleadora de Ramón Díaz y a un atacante de excepción como Jorge Alberto Francisco Valdano.

No obstante, el partido inaugural en el Camp Nou de Barcelona, fue el lamentable síntoma de lo que vendría: caída 1-0 con Bélgica ante la sorpresa de propios y extraños.

La Guerra de Malvinas había estallado y nadie podía abstraerse a semejante situación. Los jugadores en España tampoco fueron indiferentes al conflicto. Los triunfos ente Hungría (4-1) y El Salvador (2-0) devolvieron la confianza.

Sin embargo, la clasificación a la siguiente ronda, trajo a la realidad al campeón del mundo. Compartió grupo con Italia y Brasil, 2 potencias que superaron de manera inobjetable a un conjunto que, para colmo de males, sufrió la expulsión de Maradona ante los verdeamarelhos.

Fue el cierre de un ciclo brillante, la conclusión de una idea que llevó a la Argentina a lo más alto. El legado de ese trabajo fue su victoria más importante.
A partir de este proceso, la Selección pasaría a ser prioridad y una de las dominadoras del mundo del fútbol.

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Bilardo y la
táctica – Argentina levanta la Copa
del Mundo por segunda
vez (1983/1990)


La AFA, bajo la administración de Julio Humberto Grondona, decidió que el técnico para el nuevo período, fuera Carlos Salvador Bilardo.

El ex jugador de Estudiantes de La Plata, contaba con interesantes antecedentes (sacó campeón al Pincharrata en 1982 y había llevado al Deportivo Cali a la final de la Copa Libertadores en 1978) y pregonaba un nuevo sistema táctico que luego haría furor: jugaba 3-5-2, con líbero y stopper en la defensa.

Para ello, Bilardo, un obsesivo del trabajo y de la planificación, trabajó sobremanera con todos los futbolistas para inculcarles su filosofía. En los primeros tiempos, obtuvo algunos resultados importantes (1-0 a Brasil y 3-1 a Alemania), aunque el modo de jugar del equipo, no convencía ni al público ni al periodismo.

Bilardo había tomado una decisión clave: le comunicó a Maradona, que le iba a dar la cinta de capitán, dato que no era para nada menor, dado que a Daniel Alberto Passarella, en la Argentina se lo conoce como “El Gran Capitán”. Esta situación llenó de orgullo y compromiso al entonces mejor jugador del planeta.

La clasificación agónica para México 1986, en cancha de River Plate frente a Perú, encendió aún más los cuestionamientos hacia Bilardo, que resistió gracias al sólido respaldo de Julio Grondona.

Con rumores y falta de crédito, el equipo nacional fue el primero en llegar a la capital azteca: “somos los primeros en llegar y seremos los últimos en irnos” sostuvo el técnico. Muchos se rieron y sólo esperaron una derrota que de acuerdo a su óptica, era previsible.

Argentina debutó frente a Corea del Sur, en un encuentro marcado por el juego brusco empleado por los asiáticos, en especial contra Maradona. La victoria 3-1 marcó el andar de nuestra Selección.

Empate 1-1 ante el campeón del mundo Italia, triunfos 2-0 con Bulgaria y 1-0 en el clásico rioplatense (Uruguay era el campeón de América) hasta el inolvidable triunfo sobre los ingleses. Fue 2-1, con el recordado tanto convertido “por la mano de Dios” y el mejor gol en la historia de los Mundiales, obras del genio sin par de Maradona.

Diego anotó otros 2 goles (el segundo fue otra pincelada de talento, repentización y resolución en espacios reducidos) en la semifinal con Bélgica y Argentina disputó, 8 años después, otra definición mundialista. Enfrente estuvo la dura Alemania de Rummenigge, Matthaus, Briegel y Völler.

Pese a contar con una ventaja de 2-0, los germanos empataron en 7 minutos y a 9 del final. Maradona sacó a relucir su entereza, valentía y lucidez, para colocar un pase extraordinario que Jorge Luis Burruchaga, tras una electrizante carrera, transformó en el gol de la gloria, un remate cruzado ante la salida de Schumacher, a los 84 minutos.

Argentina conquistó su segunda estrella, desplegando un fútbol práctico, ordenado y muy táctico, con el aporte de un Maradona extraterrestre, fuera de serie, único, inigualable.

Nunca en la historia de una Copa del Mundo, un jugador fue tan decisivo para la victoria final, como lo fue Diego en México 1986.

Todos se rindieron ante el brillante campeón. Las críticas desaparecieron y hasta el técnico recibió las disculpas: una bandera en pleno Estadio Azteca rezó “perdón Bilardo”.

La Selección llegó al país y festejó a lo grande en el balcón de la Casa Rosada, ante una Plaza de Mayo colmada como en las grandes gestas de la historia de nacional.

Llegó primera y se fue última, nomás.

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Las dudas del campeón y el
final de un ciclo único (1986/1990)


Luego de la histórica consagración en México, la Selección se tomó un impasse de casi un año para volver a enfrentar a un conjunto nacional.

Había caído 2-1 con el Club Roma en marzo de 1987 y en junio enfrentó a Italia, con derrota 3-1. En ese partido, se produjo el debut de uno de los jugadores más carismáticos y queridos de los últimos años: Claudio Paul Caniggia.

Ese año, Argentina organizó la Copa América; todo el mundo pensaba que su obtención sería un trámite. El campeón del mundo jugaría en Buenos Aires, con Maradona en la cancha. No existían presagios negativos ni para el más pesimista.

Sin embargo, con varios jugadores nuevos, la Selección cayó 1-0 con Uruguay en las semifinales y logró un decepcionante cuarto puesto, tras ser doblegado 2-1 por Colombia, en el estadio de River.

El triunfo 1-0 ante Alemania en cancha de Vélez, en lo que fue la reedición de la final del Mundial, no tapó la incertidumbre que generaba el conjunto de Bilardo.

En 1988, todo fue peor: disputó 6 cotejos, perdió 3 y sólo ganó uno, ante Arabia Saudita. Sin Eliminatorias por delante, para el DT era imperioso jugar amistosos, pero el complicado calendario impidió que sus deseos se materializaran.

Al año siguiente, se produjo otra desilusión, en la Copa América de Brasil. Argentina jugó 7 partidos y sólo anotó 2 tantos. Una producción que dejaba muchísimas dudas a sólo 365 días de Italia 1990.

Tras una gira previa preocupante, una lista definitiva en la que el técnico privilegió a muchos de los campeones de México, y sobre todo con una lesión de Maradona que asustaba sobremanera, Argentina llegó al centro de entrenamiento de Trigoria, en Roma, para concentrarse en la defensa del título.

Con la mirada de miles de millones de personas a través de la televisión, el campeón del mundo inauguró el denominado “Mundial de la Era Moderna” en un fabuloso estadio Giuseppe Meazza colmado. Para sorpresa de todos (hasta de los propios), Camerún dio el batacazo y ganó 1-0. Un golpe demasiado duro como para asimilar.

El segundo partido fue triunfo 2-0 con la URSS, en un cotejo en el que Maradona volvió a usar la mano, esta vez en el área argentina para evitar un gol y en el que Nery Pumpido sufrió una grave lesión que lo dejó fuera del certamen. El apurado ingreso de Sergio Goycochea terminaría siendo clave para el camino de Argentina en esa Copa.

El empate 1-1 con Rumania clasificó a Argentina en tercer lugar en el grupo y obligó a enfrentar al siempre poderoso Brasil. Bilardo aseguró antes del partido: “Brasil salió primero y debe enfrentar a Argentina. Creo que es lo peor que podría haberles pasado”.

Pese a la confianza del DT, los verdeamarelhos tuvieron un arranque fulgurante: a los 11 segundos, Goycochea tuvo su primer mano a mano. Tres pelotas en los palos y varias tapadas del arquero evitaron una goleada en los primeros 45 minutos. En el entretiempo, Bilardo profirió, en la intimidad del vestuario, una frase histórica: “si se la siguen dando a los de amarillo, perdemos ...”.

Todo continuó de forma desfavorable hasta que Maradona, con los tobillos doloridos y su enorme amor propio, enhebró una jugada magistral en la que eludió a 3 brasileños y, de derecha, habilitó mano a mano a Caniggia, que definió de manera soberbia ante la salida de Taffarel. Diego luego reconoció que “fue el mejor pase de mi vida” y Claudio Paul, “el gol más grande de mi vida”.

Argentina enfrentó y venció por penales en los cuartos de final a Yugoslavia, tras un aburrido 0-0. Goycochea atajó 2 tiros desde los 12 pasos. La esperaba Italia, el dueño de casa, en Nápoles, donde Maradona era Rey.

La igualdad 1-1 en el tiempo reglamentario obligó a una nueva definición por penales. “Goyco” volvió a ser el héroe al contener 2 disparos y depositar a Argentina en la final, por segunda vez consecutiva.

Se reeditó el partido decisivo del Mundial 1986, contra Alemania, que finalmente obtuvo la Copa al vencer 1-0 a los 84 minutos, con un gol desde los 12 pasos, tras la sanción de un penal muy dudoso, por parte del médico ginecólogo uruguayo (nacionalizado mexicano) Edgardo Codesal.
Las lágrimas de Maradona, el dolor de todo el país futbolero, el maravilloso recibimiento en la Plaza de Mayo y hasta el inolvidable tema oficial “Un Estate Italiana”, son otros de los fuertes recuerdos de un Mundial muy caro a los sentimientos de los simpatizantes argentinos.

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Histórico invicto,
las Copas América y la
caída de Maradona (1991/1994)


Tras el Mundial de Italia 1990, Carlos Bilardo decidió alejarse de la conducción de la Selección.

La elección recayó, con sorpresa, en Alfio Carlos Basile. El ciclo comenzó con el regreso de la Selección a jugar en nuestro país (2-0 a Hungría en Rosario), tras el 1-0 a Alemania en Buenos Aires, en 1987.

El “Coco” formó un equipo completamente nuevo, apostando a valores como Diego Simeone, Gabriel Batistuta, y la experiencia de Oscar Ruggeri, y en pocos meses logró lo que el fútbol argentino no podía hacía 32 años: la Copa América.

Esa edición de Chile consagró a un equipo fantástico, con la explosión de “Bati”, que se entendió de maravillas con Claudio Caniggia, el equilibrio de Leonardo Astrada y Gustavo Zapata, la solidez del “Cabezón” Ruggeri y Sergio Vázquez más el aporte de Sergio Goycochea en el arco. Seis triunfos y un empate, con 16 anotaciones a favor y sólo 5 en contra. Contundencia, belleza e identificación con la Celeste y Blanca.

Basile encontró gran adhesión popular a su trabajo y la Selección disfrutó de una era fabulosa, con la conquista de las copas Rey Fahd (Confederaciones), Kirin World Annual, Lipton y Artemio Franchi.

Los triunfos se fueron encadenando y el ciclo construyó un ciclo invicto nunca antes logrado en la historia de la Selección y que en su momento fue récord mundial: 33 partidos sin conocer la derrota.

En 1993, en Ecuador, Basile conquistó la segunda Copa América, con un equipo que no brilló como en la anterior, pero que mostró una solidez notoria. Otra vez Batistuta fue la clave goleadora y Sergio Goycochea volvió a ser decisivo en la definición por penales, agigantando el mito de Italia '90.

Argentina regresó con fuerza al podio sudamericano, se acercaba la Eliminatoria, y todo indicaba que el camino hacia Estados Unidos 1994 no presentaría mayores complicaciones.

De hecho, el equipo nacional comenzó con 2 triunfos, incluido uno que fue histórico, al vencer a Paraguay 3-1 en Asunción, con un gol inolvidable de Fernando Redondo.

Sin embargo, la primera luz roja se encendió en Barranquilla: Colombia le quitó el largo invicto y obligó a que Argentina obtuviera un triunfo en el Monumental, para llegar al Mundial. Ese partido quedará en la memoria como la mayor paliza recibida por una Selección, en nuestro país: los cafeteros, en una tarde-noche brillante, doblegaron al conjunto de Basile 5-0.

La gente aplaudió de pie la magnífica producción colombiana y, por supuesto, pidió la vuelta de Diego Armando Maradona. Argentina estuvo a punto de quedar eliminada, dado que Paraguay, que debía ganar para clasificar, sólo empató 2-2 con Perú.

El último escollo era el repechaje con Australia. Con el esperado regreso de Maradona, la Selección empató 1-1 en Sydney y venció 1-0 en Buenos Aires, con gol de Batistuta. Con mucho sufrimiento, Argentina ocupó el casillero número 24, el último disponible para la cita en América del Norte.

Para el debut en la Copa del Mundo, Basile sorprendió con un equipo ultraofensivo, con un mediocampo integrado por Redondo, Simeone, Maradona y Balbo y el ataque con Caniggia y Batistuta.

Las victorias (4-0 a Grecia y 2-1 a Nigeria) cimentaron la confianza y alimentaron el sueño del tricampeonato. El equipo jugaba muy bien y el “10” estaba en su máximo esplendor, como en sus mejores épocas.

Prueba de ello fue el pase que le dio a Caniggia para la anotación del segundo gol ante los nigerianos (miró para el otro lado y se la tocó al “Pájaro”, que se la pedía al grito de “Diego, Diego”) y su impecable condición física, que mostró cómo aguantó, hasta el minuto 90, los embates de los poderosos físicos de los rivales.

Pero el destino estaba escrito para Argentina en ese certamen. Tras el partido con los africanos, se conoció una noticia demoledora: Maradona había dado positivo en el control antidoping, por consumo de efedrina.

Diego quedó al margen del certamen y Argentina, golpeada, cayó sin atenuantes con Bulgaria y luego con Rumania, en octavos de final. Ni el ingreso de un juvenil Ariel Arnaldo Ortega, pudo revertir la situación.

La Selección más vistosa del Mundial, la más ofensiva, la candidata de todos, se despidió muy pronto.
El dolor fue mayor aún porque significó la despedida, de la manera más triste, de Diego Armando Maradona de la Selección Argentina. El ciclo de Alfio Basile al frente de la conducción técnica, también llegó a su fin.


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“El Gran Capitán”,
los juveniles y el
postmaradonismo (1994/1998)


La AFA designó a Daniel Alberto Passarella como entrenador de la Selección. Pergaminos le sobraban al ex defensor: es el único jugador que integró los 2 planteles campeones del mundo, fue el que levantó la primera Copa en un Mundial y tenía muy buenos antecedentes como técnico de River Plate.

Passarella sorprendió de entrada con su primera citación: una nómina plagada de juveniles y ningún histórico. El debut fue en noviembre de 1994 en Santiago, con triunfo 2-0 a Chile.

En este período, la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino optó por un técnico para las Selecciones Juveniles, que no fuera elegido por el de la Mayor: el cargo recayó sobre José Pekerman.

Argentina fue a la Copa América de Uruguay 1995 a defender el bicampeonato consecutivo, con un plantel lleno de jóvenes, muchos de los cuales habían estado en la obtención de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995.

La decisión de Passarella de incluir suplentes en un partido con Estados Unidos (fue derrota 3-0), recibió muchas críticas y el peor resultado: tener que jugar con Brasil. La Selección tuvo una buena actuación, fue más en la cancha y empató 2-2, con ese recordado gol con la mano de Tulio, pero cayó por penales antes los verdeamarelhos.

La alegría grande de ese año la dieron los chicos del Sub 20 que, sin brillar, conquistaron la Copa Mundial Juvenil luego de 16 años. Figuras de la talla de Juan Pablo Sorín, Leonardo Biagini, Ariel Ibagaza se dieron el gran gusto en Qatar: vencer 2-0 a Brasil en la final y traer el trofeo a nuestro país.

Para Passarella, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, era el torneo ideal para seguir probando jóvenes de cara a las Eliminatorias. Con buenas producciones e interesantes rendimientos, Argentina llegó a la final y era candidata. Pero desaciertos colectivos y la sorprendente actuación de Nigeria, privaron a la Selección de uno de los pocos títulos importantes que le faltaban: la medalla de oro olímpica. La de plata, al igual que en Ámsterdam 1928, no fue consuelo.

El comienzo de las Eliminatorias para Francia 1998 tampoco fue auspicioso, aunque en la segunda parte todo mejoró. Argentina clasificó 2 fechas antes del final y concluyó su participación en el primer lugar. Después de muchísimos años, la Selección llegó al Mundial sin tener que sufrir de más.

En el medio, se disputó la Copa América Bolivia 1997, con un saldo para el olvido: caída en cuartos de final 2-1 con Perú.

Ese mismo año, los juveniles dirigidos por Pekerman, darían otro batacazo y conquistarían el tricampeonato en el Mundial Juvenil de Malasia. Ese extraordinario conjunto estaba integrado por Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Esteban Cambiasso, Walter Samuel, Diego Placente, Leonardo Franco y Lionel Scaloni, quienes luego llegarían a la Mayor.

Durante la gira previa a la Copa del Mundo, hubo un episodio que elevó hasta el cielo las aspiraciones mundialistas: Argentina venció 1-0 a Brasil, máximo candidato al título en Francia, en el propio Maracaná, con una definición, casi sin ángulo de Claudio “El Piojo” López. El Grupo era accesible y tanto fue así, que tras vencer a Japón (1-0), Jamaica (5-0) y Croacia (1-0), el equipo nacional jugó los octavos de final.

El rival fue Inglaterra y el trámite, un partidazo inolvidable. Ambos fueron al frente y no escondieron nada. La igualdad 2-2 (goles de Batistuta y Zanetti) obligó a ejecutar los tiros desde los 12 pasos. Al igual que en Italia 1990, Argentina pasó ganando por penales, luego de que Carlos Roa, el héroe de esa noche, le atajara los disparos a Ince y Batty.

En cuartos apareció Holanda, que manejó muy bien el encuentro y consiguió la victoria a escasos 4 minutos del final, con un gol “de otro partido” anotado por Bergkamp.

Si bien Argentina fue superada en el juego, estrelló 2 tiros en el palo (uno de Ortega y otro de Batistuta). Passarella luego reflexionó: “a veces la suerte está de tu lado y otras veces no. Con los holandeses, en 1978, el palo jugó para nosotros. En 1998, los favoreció a ellos”.
Más allá de merecimientos, la eliminación en Francia significó el final de la era del “Gran Capitán” en el elenco nacional.

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Bielsa y una revolución
que culminó en desazón
(1999/2002)


Por sus incuestionables méritos y éxitos deportivos, la AFA le ofreció el cargo de técnico a José Pekerman, quien lo rechazó aunque aceptó ser Director General de Selecciones Nacionales.

El mismo Pekerman acercó el nombre del sucesor de Passarella e inició las gestiones: Marcelo Alberto Bielsa. De manera inesperada, el “Loco” llegó al banco más codiciado del país.

Aprovechó una estructura de jugadores jóvenes pero con experiencia en Europa, en la Selección y con uno o hasta dos Mundiales disputados. Su estilo ofensivo, que exhibió en casi todas las presentaciones de Argentina, marcó una tendencia y creó una expectativa pocas veces vista antes.

Bielsa debutó en febrero de 1999 ante Venezuela y ese año tuvo el primer traspié. En la Copa América de Paraguay, el equipo no colmó los objetivos y cayó 2-1 con Brasil, en cuartos de final. En ese certamen, se produjo una situación tan insólita como recordada: Argentina cayó 3-0 con Colombia, pese a tener 3 penales a favor, que fueron errados de manera consecutiva por Martín Palermo.

A partir de ahí y del comienzo de las Eliminatorias, la Selección marcó un rumbo definido, sólido y contundente, que le valió el mayor de los respetos. Por primera vez en su historia, Argentina transitó la clasificación hacia la Copa del Mundo, sin ningún tipo de contratiempo, al punto que consiguió el pase para Corea/Japón 2002, 4 fechas antes del cierre de la competición. Fueron las mejores Eliminatorias de la historia de nuestro fútbol.

En esos años, también se jugó contra los mejores y de visitante, con triunfos extraordinarios: victorias ante España en Sevilla, con Italia en Roma y Alemania en Stuttgart.

El equipo infundía miedo y era, en la previa a la disputa del Mundial, el candidato de todos junto con el campeón reinante, la poderosa Francia.

En 2001 se dieron 2 hechos contrapuestos. Mientras la AFA rechazó la posibilidad de actuar en la Copa América de Colombia por “cuestiones de seguridad”, el glorioso Sub 20, nuevamente comandado por Pekerman, obtuvo el tetracampeonato en el Mundial realizado en nuestro país.

A fines de ese año, en el sorteo para Corea/Japón, aparecieron las primeras señales de alarma. A la Argentina le había tocado integrar el grupo que, a priori, era el más difícil, al punto que fue denominado “el grupo de la muerte”. Debut con las “Aguilas” de Nigeria, luego enfrentamiento con los siempre especiales ingleses y cierre de primera fase ante Suecia.

La confianza del ambiente del fútbol en ese equipo moldeado por Bielsa, descartaba la posibilidad de una eliminación en la etapa de grupos.

Los primeros problemas que tuvo el DT argentino, tuvieron que ver con la conformación de la lista definitiva de 23 jugadores. Nelson Vivas no pudo jugar por lesión, Diego Simeone volvía de una operación y sorprendió con Claudio Paul Caniggia, quien a los 35 años arrastraba algunas molestias.

Definida la nómina mundialista, a minutos del debut ante Nigeria, la Selección perdió a Roberto Ayala, que se lesionó en el calentamiento pre competitivo.

El triunfo 1-0, con gol de Gabriel Batistuta (que llegó a las 10 conquistas en Mundiales, récord absoluto), alimentó la esperanza. Pero la caída 1-0 con Inglaterra, sembró las dudas, pese a que Argentina dependía de sí misma.

Sólo debía vencer a Suecia para pasar a octavos de final. Sin embargo, no obstante haber sido superior en el trámite, apenas pudo empatar 1-1 con los europeos y a 4 minutos del final.
Fue, sin lugar a dudas, la mayor decepción de la historia del fútbol argentino. Por lo que generó ese equipo, la propuesta de Bielsa había encontrado numerosos adeptos. La eliminación es una herida que aún no cicatrizó.

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Futbol: Selección Nacional, Historia

El respaldo a un proyecto
; la cristalización de
un sueño dorado (2002/2004)


Contra todos los pronósticos, la AFA avaló el gran trabajo realizado por Marcelo Bielsa y, pese al magro resultado deportivo en Corea/Japón, le renovó el contrato por otros 4 años.

La Selección comenzó un nuevo proceso, donde tanto jugadores y técnico sabían que sería difícil volver a entusiasmar al público.

Luego de algunos amistosos con buenos resultados, Argentina encaró las Eliminatorias para Alemania 2006 con la base del Mundial 2002 y algunas incorporaciones.

El primer partido con Chile, en Buenos Aires, mostró esa frialdad del simpatizante argentino, que aún no podía asimilar el golpe sufrido en Asia el año anterior.

Al discreto comienzo de la clasificación para la Copa del Mundo, para Bielsa se aproximó un año tan complicado como ilusionador. El 2004 estaba cargado de compromisos: Eliminatorias, Copa América, Preolímpico y de conseguir el pase, los Juegos Olímpicos de Atenas. Nada fácil.

La primera cita, el Preolímpico de Chile, concluyó con el triunfo argentino en ese certamen luego de 24 años y el pasaporte a Grecia, para buscar el único gran título que le faltaba a nuestro glorioso fútbol: la medalla de oro olímpica.

La marcha en las Eliminatorias continuó sin deslumbrar y Bielsa tomó la inteligente decisión de ir a la Copa América de Perú con un plantel de jóvenes, que serían la base para Atenas. Ese equipo enhebró una gran actuación, con altos picos de producción y llegó a la final con Brasil.

No obstante haber sido superior e ir ganando hasta el minuto 93, en el que igualó Adriano, Argentina cayó por penales. La decepción fue fortísima, al punto que el presidente de la AFA, Julio Grondona, aseguró: “en mis largos años de fútbol, jamás vi un vestuario tan triste como ese tras el partido”.

La tristeza, por fortuna, duró poco, dado que Argentina viajó a Grecia para disputar los Juegos Olímpicos, que conquistó de manera apabullante: el conjunto dirigido por Bielsa, se llevó la medalla dorada de manera invicta , con la mayor cantidad de tantos anotados, sin goles en contra, tuvo al mejor jugador del certamen y al goleador (Carlos Tevez) y hasta conquistó el Fair Play.

Después de haber quedado a un paso (ganó las preseas de plata en Ámsterdam 1928 y Atlanta 1996), el fútbol argentino trajo ese esquivo deseo dorado a nuestro país.

A los pocos días, la Selección venció 2-1 a Perú en Lima y encauzó su marcha en las Eliminatorias. De forma imprevista, en el regreso a Buenos Aires, Bielsa presentó la renuncia a su cargo, alegando “falta de energía”.
El entrenador dejó así vacante el banco argentino luego de 5 años, con el triunfo olímpico como estandarte y un estilo de trabajo y de vida inconfundibles.

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Pekerman en la Mayor; en Holanda apareció un tal Messi en el pentacampeón mundial juvenil (2004/2006)


Luego de haber rechazado el cargo en 1998, el técnico tricampeón mundial en Juveniles, aceptó el ofrecimiento de la AFA y se calzó el buzo de un plantel de mayores por primera vez en su carrera.

Debía continuar el camino en las Eliminatorias, en las que restaban 10 partidos y Argentina estaba en buena posición. Pekerman hizo varios cambios en el esquema de juego y por sobre todas las cosas, en los nombres.

José apostó a muchos de los futbolistas de los 3 planteles campeones mundiales de su gestión. Con un estilo más conservador pero efectivo, logró la clasificación a Alemania 2006, 3 fechas antes del final, tras un fantástico triunfo 3-1 ante Brasil, en Buenos Aires.

En esos días, con la conducción de Francisco Ferraro, un grupo de chicos conquistó el quinto campeonato mundial juvenil. En ese plantel apareció con fuerza Lionel Andrés Messi, una de las máximas esperanzas argentinas de los últimos años y también asomó un chiquilín endiablado: Sergio Agüero.

La Mayor fue a Alemania para disputar la Copa Confederaciones. La actuación no fue deslumbrante pero alcanzó para llegar a la final, donde cayó sin atenuantes ante un Brasil plagado de figuras.

El último cuatrimestre de 2005 sirvió para observar a Messi en la Selección Mayor, aunque su debut fue insólito e inolvidable, aunque no precisamente por su gran actuación: permaneció sólo 93 segundos en el campo, dado que fue expulsado por reaccionar ante un golpe de un adversario.

La lista de 23 jugadores para Alemania 2006 mostró la idea de Pekerman: 13 de los que fueron a Alemania, integraron los equipos campeones mundiales en Qatar 1995, Malasia 1997, Argentina 2001 y Holanda 2005.

El sorteo del Mundial volvió a colocar a Argentina en un “grupo de la muerte”: Costa de Marfil, Serbia y Montenegro y Holanda.

Contrariamente a lo ocurrido en Corea/Japón, la Selección arrancó con buen pie el torneo, venció a los africanos y a los serbios (con apabullante goleada 6-0, en la que Cambiasso anotó el segundo gol más lindo del certamen) e igualó sin tantos ante Holanda.

La primera colocación en el grupo ahuyentó los fantasmas y alimentó la esperanza del tricampeonato. Argentina enfrentó a México en un durísimo partido que sólo se definió en tiempo agregado al reglamentario, cuando Maxi Rodríguez convirtió el gol más espectacular de la Copa.

Los cuartos de final ante Alemania se disputaron en Berlín. La Selección golpeó primero con un gol de Roberto Ayala, de cabeza. Pero la salida por lesión del arquero Roberto Abbondanzieri, complicó el panorama, los dueños de casa lograron empatar y el cotejo se fue a los penales.
Con una gran actuación del portero germano Lehmann, Alemania eliminó a una Argentina que mostró el mejor fútbol del campeonato. A su regreso, la AFA le ofreció la renovación del contrato a Pekerman, pero José sintió que ya había tenido su oportunidad y decidió dar un paso al costado.

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La segunda era de Basile;
Argentina, máxima potencia
mundial juvenil y el bicampeonato
olímpico (2006/2008)


Tras la eliminación del Mundial de Alemania 2006, José Néstor Pekerman decidió no aceptar la oferta de la AFA para continuar en el cargo, cumplió su contrato, agradeció la posibilidad que le dio el presidente Julio Grondona y dejó vacante el banco más codiciado del fútbol argentino.

El Comité Ejecutivo de la Asociación del Fútbol Argentino ofreció el cargo a un viejo conocido de la Casa: Alfio Basile, que era entrenador de Boca Juniors y había dejado un muy buen recuerdo en su paso por la Selección Nacional (1991-1994).

El "Coco" llegaba al equipo nacional con mucha experiencia y las vivencias de su anterior ciclo. Su debut no podía ser un mayor desafío: enfrentó a Brasil en septiembre de 2006 en el estadio Emirates de Londres. Argentina, con todas sus figuras, cayó 3-0 sin atenuantes en el gran clásico del fútbol sudamericano. Al mes siguiente, al equipo de Basile le tocó viajar a Murcia, donde también perdió con España 2-1.

En 2007, Basile plasmó su idea de trabajar con jugadores que actuaban en la liga local. De esa manera, entrenó durante varios meses en el predio de Ezeiza y pudo observarlos en un amistoso ante Chile (0-0), en Mendoza, en la vuelta del equipo nacional a las provincias tras casi 8 años.

Ese año, la Selección tenía compromisos de envergadura: la Copa América de Venezuela y el inicio de las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010. Al certamen continental, Basile apostó por todas las figuras para tratar de conquistar un título que a la albiceleste se le negaba desde 1993 (Copa América de Ecuador). Con Messi, Riquelme, Crespo, Tevez, Mascherano y otras estrellas, Argentina llegó a la final del torneo de manera arrolladora, tras vencer a Estados Unidos (4-1), Colombia (4-2), Paraguay (1-0), Perú (4-0) y México (3-0). En el partido decisivo, el conjunto de Basile volvió a ser derrotado por Brasil (3-0).

En la misma época, el Sub 20 dirigido por Hugo Tocalli conquistaba su sexto campeonato mundial de la categoría, lo que permitió a la Argentina consolidarse como la máxima potencia en Juveniles. El equipo mostró una extraordinaria solidez, con jugadores de la talla de Sergio Agüero, Ever Banega, Mauro Zárate, Maximiliano Moralez y Angel Di María, entre otros.

El arranque de las Eliminatorias fue auspicioso. Argentina le ganó a Chile (2-0), a Venezuela (2-0) y a Bolivia (3-0), con convincentes actuaciones. Ese 2007 concluyó con la caída ante Colombia (1-2) en Bogotá, pese a haber comenzado arriba en el marcador.

El 2008 iba a ser un año de muchos vaivenes. Comenzó con un triunfo ante Egipto (2-0) en El Cairo y luego con una gira por Estados Unidos donde la Selección batió a México (4-1) e igualó con el local (0-0). A partir de allí, el equipo tuvo una seguidilla de empates: Ecuador (1-1), Brasil (0-0), Belarús (0-0), Paraguay (1-1) y Perú (1-1).

En agosto, Argentina alcanzó otro hito. Los futbolistas Sub 23 (a los que se sumaron Juan Román Riquelme, Javier Mascherano y Nicolás Pareja) dirigidos por Sergio Batista, obtuvieron de manera inobjetable la medalla de oro olímpica en los Juegos de Pekín. El conjunto albiceleste estiró a 12 el invicto en partidos de esa competición (récord absoluto) y tuvo en Mascherano, al único deportista de la historia argentina que se colgó 2 preseas doradas olímpicas.

La Mayor siguió su camino en la clasificación a Sudáfrica 2010. En octubre, la victoria 4-2 ante Uruguay en el estadio Monumental pareció devolverle la confianza a un equipo alicaído que, 4 días después, perdió 1-0 en Chile por primera vez en su historia por las Eliminatorias, y luego de 35 años sin derrotas ante los trasandinos.

Basile sintió que los jugadores le habían dejado de responder como él pretendía, que no lograba encauzar el rumbo de una Selección que estaba cuarta en la tabla y a 7 puntos del líder, Paraguay y al otro día presentó su renuncia indeclinable. Su segundo ciclo concluyó de manera abrupta y con resultados bastante alejados de lo deseado, teniendo en cuenta el material con que contó.

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Bueno, Espero que les alla gustado!

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8 comentarios - Futbol: Selección Nacional, Historia

@JNro12
seleccion del orto v.v