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Ricardo Caruso Lombardi
"A Messi lo pondría en el banco"
Tuvo un circo, fue vendedor ambulante, regenteó un boliche de solos y solas, festejó cumpleaños en la cárcel y hasta se hizo el latin lover en Japón. Jugó como muchos, dirige como pocos y plantea una revolución.
Nota publicada en la edición febrero 2009 de la revista El Gráfico

1 ¿Cómo fue tu infancia? Muy linda. Nací y me crié en Villa Urquiza, donde vivo. Cada calle tenía un equipo y se armaban desafíos en canchitas de la zona. Yo jugaba para Giribone, pero también me pedían de Pasaje China o Lugones; porque de pibe era habilidoso, me endurecí de grande. Y también jugábamos a la guerra, a la guerra de verdad, ¿eh?
2 ¿No será mucho? Había cuatro casas abandonadas, así que nos hacíamos escudos y espadas de madera y nos cagábamos a palos defendiendo cada “castillo”. Pegábamos como locos. Era sano, pero bravo.
3 ¿Y algo más inofensivo? La escondida, el poli-ladron... No faltaban los “asaltos”, donde bailábamos de lo lindo. Y en mi casa hacíamos un circo.
4 ¡¡¿¿Un circo??!! Sí. En el fondo había un galpón donde armábamos el escenario y actuábamos. Unos pibes hacían de equilibristas, otros de payasos. La estrella era mi perro, al que le había enseñado algunos malabares. A las chicas les cobrábamos un peso la entrada, pero venían muchas por lo que se armaba después.
5 ¿Qué cosa? Un baile espectacular. Desarmábamos el escenario, metíamos música y dale que va, terminábamos todos “rascando” o “chapando”, como se decía antes. Las madres de las pibas creían que venían al circo, no se imaginaban lo demás. A las 12 de la noche, poníamos los lentos y nos matábamos a besos hasta la una. Todo se pudrió el día que una madre vino antes y nos encontró apretando. Se armó un escándalo y desapareció el circo.
6 ¿Eras buen alumno? Sí. Terminé de abanderado en la primaria y me llevé una sola materia en la secundaria. Hoy me acusan de mediático, pero fijate de donde viene mi facilidad de palabra: en la fiesta de fin de año fui el maestro de ceremonias. Agarré el micrófono y no me pararon más: “Buenas tardes, señoras y señores, abuelas y abuelos, niñas y niños, terráqueos y marcianos, estamos en la Escuela Enrique B. Mosca para…”. A los 12 años era así: desinhibido y quilombero.
7 ¿Tu primer auto? Para mi cumpleaños 18, mi viejo me regaló el estuche de un reloj Seiko, pero adentro estaba la llave de un auto. En la puerta había un Fitito blanco, modelo 72, hermoso. Al otro día le puse la lengua de los Stones, el volantito chiquito, calcomanías… Pero a mi viejo le empezó a ir mal con su negocio de letreros luminosos y no lo pudo pagar. ¡Me lo regaló y lo tuve que pagar yo! “¿Qué clase de regalo me hiciste?”, lo cargaba. Había terminado la secundaria y ya estaba en Argentinos, pero vendía por la calle para sostener todo.
8 ¿Qué vendías? Palanganas, fuentones y baldes de plástico. Y después sumé otros artículos.
9 ¿Qué artículos? Macetas, tierra, turba. Me hice una cartera de cien viveros. También empecé a entrar a los almacenes, y en una semana enganché 97 vendiendo esponjas Patito, cervezas León de Oro, trapos de piso, Pinolux… Le levantaba pedidos a un mayorista. O sea que yo jugaba en Argentinos, vendía palanganas, elementos para viveros y artículos de almacén, todo al mismo tiempo. Estuve dos años así, hasta que tomé el mando del tallercito de mi viejo, salí a armar letreros y lo levanté. Un día caí en un cabaret, el dueño me fue recomendando y les hice la marquesina a unos quince.
10 Estabas chocho. ¡Qué te parece, estaba en mi salsa! Había que cobrar de noche, así que estaba de 1 a 4 de la mañana revoloteando por ahí. Me veía todos los shows: el del taco de billar, el de la sidra… Ojo, cobrar no era fácil. Los dueños a veces no venían o se iban por otra puerta… Y yo, a las 8 tenía que arrancar con los letreros y a las 2 de la tarde me entrenaba con las inferiores de Argentinos. Cuando me subieron a Primera, largué la venta callejera, no me daba el cuero. Pero seguí con los letreros.
11 ¿Tus viejos son italianos? Descendientes. Mi bisabuelo tuvo ocho hijos, a uno le dieron una patada en el traste y lo rajaron para la Argentina: fue mi abuelo, que acá tuvo tres hijos; entre ellos, a mi viejo. Vino en el baúl de un barco, escapando de la guerra. Se enamoró de una alemana grandota, mi abuela, que lo tenía cagando. Y mi viejo se enganchó a mi mamá en un corso. La vio, le gustó, la corrió y tuvieron esta linda semillita.
12 ¿Malcriado por ser hijo único? No, lo normal.
13 ¿Cómo arrancás con el fútbol? Mi papá era vicepresidente en el baby de Almagro, agarró de técnico y empecé a patear. Jugué ahí hasta los 12, pasé dos años por Parque y salté a Argentinos, donde me subieron a Primera con edad de Quinta.
14 ¿Te acordás de tu debut en Primera? Contra Colón, en Santa Fe, el 20 de junio de 1981, salimos 0-2. Tenía de compañeros a Bordón, Magallanes, Randazzo, Zanabria…Jugué de cuatro y marqué a Luna. Después me bailó Teglia, el de Central; me dejó tres veces colgado de la baranda del foso de Arroyito, aunque ganamos nosotros 4-2. Mi puesto era ocho, pero me ponían de cuatro porque no tenía altura. A fin de año cambió el técnico, el nuevo no me tuvo en cuenta y fui a préstamo a Italiano.
15 ¿Qué calificación te puso El Gráfico cuando debutaste? Creo que 6. Siempre me ponían 5 o 6. Para la Primera era un jugador regular, pero en la B me destaqué. Era de correr, marcar y meter. Como jugador parecía un técnico dentro de la cancha. Equilibraba al equipo, hablaba constantemente. Los entrenadores me lo valoraban mucho.
16 ¿Llegaste a practicar con Maradona? Sí, él estaba en Primera cuando yo llegué a la Reserva. Nos limpiaba a todos con una facilidad asombrosa, nunca vi nada igual. El viejo Spinetto no quería que le pegáramos, así que el pibe se armaba un festín. Tengo varias anécdotas con él.
17 Contá una. Un día, jugando en Parque Saavedra para los Tricolores, nos tocó enfrentar a los famosos Cebollitas. Terminamos 1-0 el PT y nos agrandamos: “¿Estos son los famosos Cebollitas? Pan comido, les hacemos cinco”. Para ellos jugaban Diego, Delgado, Carrizo, el Mono Rodríguez… En el segundo nos metieron siete. Y en los últimos minutos llegaban hasta el área chica y tanto Diego como el Mono la tiraban por arriba del travesaño. ¿Sabés por qué? Atrás del arco había un nido de horneros. Y como ya no les divertía seguir metiéndonos goles, jugaban a ver quién lo volteaba. Eramos tan fáciles que los turros jugaban para voltear al hornero…
18 ¿Otra con Diego? Para mí, fue inolvidable cuando con Parque, le ganamos la final de fútbol de salón a Sarmiento de Olivos, cuando él estaba suspendido en el Napoli. Goleamos 5-1, con tres míos y dos de él. Cuando hice el primero, me levantó para el festejo y le besé la cabeza. “No tenés a Careca, pero tenés a Caruso”, le dije. Se mataba de risa.
19 ¿Eras vago para entrenar? Vaguísimo. Me mataba entrenando sólo cuando los técnicos me borraban. Si me volvían a poner, chau, me dejaba estar. Si íbamos a correr a la zona del golf, me escondía detrás de los árboles y nunca me encontraban. En Defe, el profe nos sacaba por Lugones o Libertador. Ahí me colgaba de un camión y viajaba adentro de la caja. Me bajaba unas cuadras antes, me mojaba el pelito como si hubiera transpirado y me mezclaba entre los punteros. “Muy bien, Caruso: sexto”, me decía el profe. A los jugadores, les inculco que no sigan mi ejemplo. Por eso me lesionaba mucho, largué a los 29. No elongaba nunca, ni loco me quedaba después de hora. Era vago, pero en los partidos me mataba. Igual, tenía un atenuante.
20 ¿Cuál? Llegaba fusilado a las prácticas porque trabajaba. Mil veces llegué al entrenamiento de Almagro a los pedos, con la escalera bailando arriba de la multicarga. Me vendaba en el camino, paraba detrás de un arco, me bajaba con los botines desatados y empezaba a correr. Si el entrenamiento era a las 4, llegaba 3.59. El horario fue un problema grave para mí.
21 ¿Quisiste ser arquitecto? Sí. De chiquito me preguntaban y decía “Quiero ser arquitecto”. ¿Por qué? “Y yo qué sé”. Con el tiempo, vi cómo trabajaban algunos amigos en la construcción y le tomé el gustito. Me doy maña: sé si las vigas van con hierro del 6 o del 8 y cosas por el estilo. No soy arquitecto, pero casi. Si alguien tiene que hacer una casita, que me llame sin dudarlo.
22 ¿Es cierto que Grondona te aconsejó bien en un momento difícil? Es verdad. Cuando empecé a dirigir, era medio loquito. Tenía 5 fechas de suspensión y no podía entrar a la cancha. En un San Miguel-Italiano, terminó el PT y un jugador mío tenía los ligamentos rotos y otro una parada infernal, así que bajé de la popular y me metí en el vestuario de Pezzotta para decirle que fuera más severo. Al jueves siguiente, compro Crónica, miro los suspendidos y leo: “Caruso Lombardi, 16 partidos”. ¿De qué, si yo tenía 5? Llamo a la AFA y pregunto. “No viniste a declarar y sos reincidente, te informó por entrar al vestuario”. Así que fueron 16 más 5: ¡21 en total! “No dirijo más”, dije. ¿Sabés lo que era ir a la platea de visitante? Me decían de todo. Pero con Morón conseguí un permiso especial y entré. A la semana, me dieron 5 más por haber entrado con un permiso que no correspondía. Tenía cien fechas por boludeces. Entonces, fui a hablar con Julio.
23 ¿Te levantó en peso? No, me trató bárbaro. Me pidió que parara la moto y que me bancara la suspensión. Y me tiró unos consejos que me guardo para mí. “Dame bola, que vas a llegar a Primera”, me dijo 12 años atrás, sabiendo que yo era del ascenso. Cuando me veía, me decía: “Venís bien, eh, ya te va a tocar la Primera”. Aunque tengo que agradecerle a mucha gente, en el fútbol me formé medio a la bartola, no tengo ningún padrino. Por eso me aferré a esas palabras de Julio, me marcaron un antes y un después.
24 ¿Alguna vez quisieron sobornarte? Nunca.
25 Tu principal virtud como entrenador. El conocimiento. Conozco a los jugadores de todas las categorías. Miro donde otros no ven o no se dedican. Espío Madryn-Mitre, registro quién me gustó y seguro que lo llamo la próxima vez que me toca armar un equipo. Si armás bien un plantel, difícil que se caiga. Nunca tuve que irme de un equipo que armé: salió campeón o peleó algo. También necesitás buenos colaboradores y saber dar una charla técnica, entrarle al jugador. A mí el jugador me cree mucho, porque comprueba que en la cancha pasa lo que le digo.
26 ¿Sos un técnico detallista? Al mango. Me río todo el día, pero a la hora de dirigir soy jodidísimo. Empieza el partido y me transformo. Sé todo de los rivales y les bajo la información a mis jugadores. Muy raro que se me escape un detalle. Soy bravo, muy calentón, aunque me fui equilibrando.
27 ¿Es más difícil dirigir Primera o el ascenso? Para el que conoce el ascenso, la Primera es una risa. Yo dirigí donde no había pelotas ni agua caliente. Si veía que la Municipalidad ponía conos para asfaltar, me los afanaba porque me servían para entrenar. Pasaba despacito con el auto y los manoteaba. Dirigí en vestuarios con techo de chapa y piso de tierra. En Primera tenés todo, sólo hay que laburar. El oficio es el mismo, pero la gente es diferente.
28 ¿En qué sentido? En la humildad, en las ganas de progresar. En Mar del Plata, se me acercan jugadores del ascenso para sacarse fotos, están contentos porque me fue bien. En cambio, hay gente que fue muy importante en Primera y te muestra la chapa: no te saludan, se hacen los giles.
29 Castaño, Mercier, Morel... ¿Cuál es tu método para buscar jugadores? Veo todo, desde siempre. Si un tipo me impresiona en un compacto que pasa TN Deportivo del Argentino B, lo llamo y lo cito para verlo. A Morero, que hoy está en Italia, lo vi en una final entre Douglas Haig y Nueve de Julio. Y lo fiché en Tigre. A Sabia y Battión los traje así. Los dirigentes de Argentinos no los conocían, tuve que luchar para que los aceptaran. Arrimás a un desconocido y se asustan, creen que los vas a mandar al descenso. Después se cuelgan la medalla: “Qué equipo tenemos, traje a Fulano y a Mengano”. Mentira: no trajeron a nadie. A Paparato quise llevarlo a Argentinos y no me dejaron. Ahí lo tenés: figura en Tigre. Ojo: yo los traigo, pero no hago nada, lo hacen los jugadores. Siempre tengo cinco o seis muchachos desconocidos en la mira.
30 Dijiste: “Me gusta la polenta de Simeone, el orden de Russo y la pelota parada de Gorosito”. ¿Lo mantenés? Sí. Soy respetuoso de los colegas, lástima que no todos son iguales. Varios me nombran sin nombrarme, aluden a los técnicos mediáticos, que hacen gestos. Pelotudeces. Vos dirigí como sabes y punto. Me critican que voy al Balneario 12, supuestamente a figurar. Voy al 12 porque veraneo ahí desde hace veinte años, cuando no era nadie. ¿Por qué me tengo que privar ahora, por más que todos me pidan fotos? Y me las saco una y mil veces, porque el público me hace sentir bien. “Caruso es muy mediático”, se quejan. ¿Y qué querés, si todos me piden notas? Yo no llamo a nadie para que me las haga. Y los atiendo a todos, desde El Gráfico hasta la radio más chiquita que escuchan tres personas. Es mi forma de ser, pero muchos no lo toleran. Debe ser envidia.
31 ¿Por qué molesta? No sé, si no jugué ni en River ni en Boca, jamás estuve en la Selección. Les da bronca que la gente me quiera.
32 ¿Hay mucha envidia entre los técnicos de Primera? Cada uno hace la suya. Y a los demás, que los parta un rayo. Guarda: no son todos. Yo llegué a Primera y Russo me llamó para comer en Tandil con Alfaro y Falcioni. Ischia también se portó bárbaro, igual que Sensini. Pero la mayoría, si se puede hacer el boludo, se hace; no existís, sos un tipo que viene de abajo. Me quedo con lo que me dice la gente: “Seguí así”. Salgo a responder cuando dicen algo fuera de término.
33 Por ejemplo, a Gorosito. Con Pipo no tengo nada. Llegó y dijo que Argentinos ahora iba a jugar el fútbol que siempre le gustó al hincha. Eso me molestó. Yo dejé un equipo bárbaro, me fui por diferencias con los dirigentes. No me echaron, me fui yo. Pero Gorosito habló de más. Quizá lo dijo sin maldad, pero me molestó y le contesté. Yo no envidio a nadie. Me comparo con otros técnicos y no envidio a ninguno. Si tengo que disputar un cargo con Bielsa o Bianchi, seguro que pierdo 10 a 1. Pero con el resto, estoy a la par.
34 ¿Por qué? Porque demostré que estoy al nivel. Esperaban mi fracaso y fue al revés. Argentinos estaba descendido, venían de pelear cuatro promociones y un descenso directo. Los dirigentes actuales deberían decir “La verdad es que acertamos en traer a Caruso, gracias a Maradona que lo recomendó”. Ellos no pensaban en mi éxito y en que los jugadores iban a rendir así. En ese momento, un Desábato, un Choy González, un Carrera, un Avendaño, no eran bien vistos en Argentinos. Y conmigo la rompieron. No hay que denigrar al jugador sin antes darle la chance que merece: una buena pretemporada, un trabajo serio. Nos salvamos del descenso, y después los vendieron a todos y tuve que armar un equipo nuevo. En definitiva: en Argentinos me fue bárbaro. Después agarré a Newell’s cuando todos lo esquivaban porque se iba al descenso. Lo sacamos entre el cuerpo técnico y los jugadores. Y ahora los piden de otros clubes porque los pibes se lo ganaron. Como cuerpo técnico, algo tuvimos que ver. No cabe duda de que en Primera se hicieron las cosas muy bien. Algunos se quedaron con esa espina y si pueden darte un palito, te lo dan. El que me conoce, sabe quién es Caruso. El que no me conoce, habla cualquier boludez: mediático, payaso, vendehumo. Lo sé porque me cuentan.
35 ¿Quiénes? Amigos. Tengo amigos por todos lados y me cuentan quién me mata y quién me halaga. Muchos se hacen los lindos, “Qué suerte que te va bien”, pero por dentro no les gusta nada. Hay mucha falsedad, egoísmo e hipocresía. Hay tipos que me cruzan y me dicen “Estuviste bien con lo que dijiste”, y resulta que ellos, que tienen chapa e historia, no dicen ni mu, se callan la boca y después andan diciendo “Che, no lo lleves que es quilombero”. Mis equipos hablan por mí: Tigre bicampeón, Italiano campeón, Argentinos, Newell’s, El Porvenir que casi asciende a la A. ¿Cómo se elige un técnico? ¿Por capacidad, por saber armar equipos o por amiguismo y haber jugado en la A? Yo soy mediático. ¿Y qué? Si a los equipos los dirijo bien, si te hago ganar plata trayendo a jugadores baratos que después vendés por fortunas, ¿qué importa si soy mediático?
36 ¿Te tratan distinto? A mí no me perdonan lo que sí le bancan a un técnico con nombre. Si uno con chapa se tira en palomita para festejar con los jugadores, “Mirá qué bien, es uno más del grupo”. Si Caruso se abraza dos minutos con los jugadores, “Es un tribunero vendehumo”. Hay tipos que hacen diez mil cosas más embromadas que yo y nadie les dice nada, por el apellido.
37 ¿Cuándo creés que te van a perdonar esas cosas? Cuando sea campeón con algún equipo de Primera. Sé que hay gente contenta porque no dirijo. Creen que no lo hago porque estoy prohibido, pero no dirijo porque todavía no me llegó un equipo como yo quiero. Tuve propuestas y las rechacé.
38 ¿Te ofreciste para River? Nooo… Liberman hizo una encuesta en la radio, me daba ganador y me entrevistaron. “¿Qué falta para que dirijas River”, me preguntó el Colorado. “Que me llamen”, le dije. Eso fue todo. ¿Qué querían que dijera? ¿Cómo no voy a querer dirigir River o Boca?
39 Completá la frase: “Caruso es un técnico ideal para…” Para cualquiera. No tengo letra: soy técnico de la A, B, C o D. Menos countrys, dirigí todo y muy bien. No cualquiera puede decir lo mismo. Yo sí que comí tierra. Tuve toda clase de jugadores: malos, regulares, buenos, troncos, cracks, mediocres, con y sin nombre.
40 ¿Por qué dirigiste un partido a F.C. Urquiza? ¿Te faltaba prensa? Noooo… Fue una idea de los chicos de Estudio Fútbol y me entusiasmé. Practicamos dos horas y armé el equipo. Venían de perder siete seguidos, estaban últimos y le ganamos 3-0 el clásico a Central Ballester. ¿Qué tal? Llamalo suerte o como quieras. ¿Sabés cuántos querían que perdiera? Cuando leyeron el título de Olé –“Para Caruso, la Selección”– se habrán querido morir. “¡Este también ganó en la D!”
41 Cuando ibas a agarrar Argentinos, dijiste: “Por ahora, en el campeonato de los técnicos, todos son más que yo”. ¿Hoy, en qué lugar te ves? Igual que todos, porque gané y perdí con todos. En el banco contrario no me asusta ninguno. No es fácil ganarles a equipos de grandes entrenadores como Passarella, Merlo, La Volpe, Russo, Gorosito, Ramón Díaz… Para mí fue un orgullo haber enfrentado a técnicos de esa estirpe y ganarles a sus equipos. No a ellos, a sus equipos. Estoy hecho, poquitos llegan de la B a la A, salvo que asciendan con un equipo. Modestamente, marqué un antes y un después en ese sentido.
42 ¿Te lo reconocen los entrenadores del ascenso? Permanentemente, me tomaron como una bandera, la mayoría me quiere muchísimo. Acá hay entrenadores y dirigentes que se creen los inventores de la pelota. Y a la pelota no la inventó nadie. Hay que laburar cuando empieza a rodar.
43 De uno a diez, ¿qué tan buen bailarín sos? Diez. Jajaja…
44 ¿Qué ritmo es tu fuerte? El rock and roll, lustro la pista.
45 ¿Te hubiera gustado hacer una temporada entera de “Bailando por un sueño”? No. Fui porque era por un programa. Tinelli me ponía fichas: “Mirá que ganás, la gente te va a apoyar”. Pero lo mío es dirigir. Se dijo que firmé con él porque un dirigente no me dejó. Mentira. Yo soy un loco lógico. Y la lógica es que si dirijo, no puedo bailar. Pero si hubiera agarrado viaje, no desentonaba. Además, la oferta económica era bárbara.
46 ¿Cómo era el boliche que regenteaste? Una tanguería para solos y solas. Cuando era pibe, me gustaba ir a bailar con los viejos. Y mi papá también iba. Nos hicimos amigos del dueño, con quien nos reencontramos después de 10 años. Me ofreció alquilarlo y me animé. Aprendí lo que es la noche, conocí a gente muy sana, que en uno encontraba a un amigo. Los escuchaba y les hacía medio de psicólogo. Fue paralelo a mi etapa de jugador en Defe y Chacarita. Una época hermosa.
47 ¿Armaste muchas parejas? Millones, más que Roberto Galán. Veía a dos con onda y los sentaba cerca. Después les pedía a los tipos que las miraran un poco y les hicieran un gesto, porque para bailar había que cabecear. Y a los que no se animaban, les pegaba en la nuca para que se les moviera la cabeza y pudieran arrancar, jaja… Me reputeaban, pero salían y se enganchaban. Todavía me encuentro por la calle a parejas que armé yo.
48 ¿De esa experiencia extrajiste algo que te sirvió para el fútbol? Sí. La calle te enseña. Entre la venta ambulante y las charlas con personas con más experiencia que uno, capitalicé un montón de cosas. Aprendí a no engancharme con el cigarrillo y el alcohol, a valorar que la gente pobre es como la gente rica, y que los famosos son igual que los tipos comunes. Todos valemos lo mismo.
49 ¿Les tenés miedo a los aviones? Más que miedo, respeto. Me ponen muy nervioso. Si los puedo gambetear, los gambeteo. Me quedó una fea impresión a la vuelta de Japón, cuando fuimos con Argentinos. Ibamos pasando por el Mato Grosso y se movió todo, las azafatas rebotaban contra el techo. Y hace poco, yendo con Newell’s a Jujuy en un avioncito para 40 pasajes, estuvimos dos horas en medio de una tormenta terrible.

Nelson Vivas
“Rompí puertas en todas las casas donde estuve"
Asegura que a veces le salta el compact, que dejar el fútbol lo transformó en obsesivo compulsivo y que el Cholo lo salvó. Afirma que Alfaro es un traidor y se defiende: “No se hace una carrera como la mía sólo con suerte“.
Reportaje publicado en El Gráfico en la edición de noviembre de 2008

1 ¿Sentís que el fútbol fue generoso con vos, que te llevó a grandes clubes sin ser un dotado técnicamente? Muchos dirán: “Mirá la suerte de este tipo”, pero yo estoy convencido de que no se llega a hacer una carrera como la mía sólo con suerte. Al fútbol le di todo lo que tenía, y quizás mi carrera fue en mérito a mi gran entrega. Muchos que me criticaban pueden pensar que el fútbol fue generoso, yo pienso que no.
2 ¿Pero coincidís en que no eras un gran talento para llegar adonde jugaste? El jugador de fútbol es la suma de un montón de cosas, no sólo de talento. Es preparación física, es cuidado personal, es sacrificio, es temperamento... Tener menos talento no es ser peor jugador; ser buen jugador, para mí, es una suma de cosas.
3 ¿No te sentís identificado con Eber Ludueña? No, no (risas), exagera demasiado.
4 ¿Cuándo y por qué empezaste a ir al psicólogo? Cuando dejé de jugar y por recomendación de mi señora. Convivir conmigo se estaba tornando muy difícil. Creía estar bien, pero dentro de mí pasaban demasiadas cosas malas para que así fuera.
5 Te pegó mal ser un ex. Sí, y de un modo bastante particular. Yo siempre fui muy ordenado y aplicado. En el colegio nunca me llevé una materia; si había que correr 100 metros o hacer 20 abdominales, los hacía. Pero no terminaba de disfrutar. Y al dejar el fútbol, pasé a estar tanto en mi casa que ese orden me transformó en un obsesivo compulsivo.
6 Contá cinco obsesiones. Ordenaba la heladera como en un supermercado, con los yogures todos en fila. Agarraba las camisas ya planchadas, las desdoblaba y las volvía a doblar para que quedaran todas iguales y por color. Cada vez que me bajaba del auto lo aspiraba. Y no podía ver un almohadón del sillón fuera de su lugar. ¿Está bien?
7 Falta una. Estacionaba el auto en el garaje y las ruedas debían quedar paralelas a las líneas de los cerámicos. Y recriminaba al que desacomodara algo. Entonces: o aceptaba ir al psicólogo para seguir viviendo con mi familia o indefectiblemente tenía que irme a vivir solo. Y no quería porque amo a mi familia. Lo traté y empecé a encontrar los porqués...
8 ¿Cuáles eran? Una forma mía de llenar el vacío que me produjo dejar de jugar. De un día para el otro, ya no sos lo que eras. Sentís que perdés tu esencia. Hoy sigo yendo al psicólogo pero más espaciado. Abro la heladera y puedo verla desacomodada, pero si llegan las cosas del supermercado, las guardo yo. Es un avance. Estoy mejor, al menos puedo convivir con el desorden y no recriminarte nada. Te dejo vivir. Antes no lo hacía.
9 ¿Tus padres también eran obsesivos? De los padres uno saca lo bueno y lo malo, lógico. Mi vieja fue siempre de limpiar sobre lo limpio y eso lo absorbí. Y mi viejo tiene un carácter... es de Libra, como yo. Muy tranquilo, ¡pero que no se enoje! Cuando se enojaba rompía puertas de una trompada. Lo de las puertas me lo traje conmigo.
10 ¿Sos rompeportones? En todas las casas donde estuve, rompí puertas. A veces por la falta de lógica en las discusiones; en un punto me salta el compact y rompo puertas.
11 ¿Como ayudante también sos obsesivo? Tengo cosas. Llevo un registro de cada entrenamiento desde que somos técnicos. Anoto el plan diario de trabajo, quiénes no están y por qué motivo, los trabajos tácticos, quién se para en qué posición en los ensayos, con qué sistema jugamos, paso el plan diario del profe y termino pegando la síntesis del partido que bajo de internet. Así, todas las semanas. Cuando termina el semestre, queda todo en un cuaderno que le paso al Cholo.
12 ¿Videos? Una empresa nos edita, pero Guly está más abocado al tema. Al rival lo miramos los tres, siempre los últimos tres partidos: cómo le llegan, cómo atacan y hacemos un compacto. Eso lo sacamos de Bielsa. Después, al jugador le pasamos pequeños fragmentos para que no se disperse.
13 El Guly, un maestro: hizo Milan e Inter, Gimnasia y Estudiantes, Boca y River. El Guly no tiene bandera (risas).
14 Si te gritan “Chango”, ¿te das vuelta? Sí, y seguro que es alguien de Quilmes, me lo pusieron ahí. En Suiza no corría el Chango.
15 ¿Por qué te pusieron David, un nombre bíblico? Mi mamá me quería poner Milton David, pero cuando mi papá me fue a anotar no se lo aceptaron y entre mi viejo y mi padrino decidieron Nelson. Mi mamá se enteró después. Igual, en casa siempre fui David.
16 Tenés un ringtone incorporado. Así es: si me gritan “David” es de la familia o círculo íntimo; “Chango”, de Quilmes; y “Nelson”, alguien del fútbol que no me conoce tanto.
17 ¿Preferías Nelson o Milton? No sé, son dos nombres uruguayos y a mí me encantan Uruguay y los uruguayos.
18 ¿Sos de San Nicolás o de Granadero Baigorria? Nací en Baigorria y a los nueve meses me fui a San Nicolás. Me considero nicoleño, salvo cuando lleno un formulario.
19 Hincha de... Independiente. Mi papá es de San Lorenzo, pero en el colegio uno se hacía del que ganaba para que no te cargaran. El Rojo andaba bien y a mí me gustaba Bochini, lo tenía en un póster en mi habitación y en la carpeta del colegio.
20 ¿Fuiste a verlo alguna vez? No. La primera vez que entré a una cancha de fútbol fue para jugar. Y encima, de grande: a los 21 años, en Quilmes. Rarísimo. Para mí era todo nuevo. Mi viejo nunca tuvo auto y laburaba muchas horas, era soldador en la fábrica Somisa. No íbamos a Rosario o Buenos Aires. Yo seguía los partidos por radio y a través de El Gráfico, que coleccionaba mi viejo. Un día se humedecieron y mi vieja los tiró.
21 ¿Vos laburaste? Un tiempo, en un taller de herrería de mi tío.
22 ¿Pasaste privaciones? Jamás pasé hambre, pero tampoco sobraba. Les daba valor a cosas que hoy mis hijos no les dan, como tomar una gaseosa o festejar el día de cobro de quincena de mi viejo. Ese día se llenaba la heladera. Duraba poco: con mi hermana la atacábamos porque el resto de la quincena estaba bastante pelada.
23 ¿Tu primer autógrafo? No se rían: se lo pedí a Darío Víttori, el actor. Estaba en una heladería de San Nicolás, lo vi salir del teatro y fui corriendo con una servilleta en la mano. Me pegué un porrazo, llegué machucado y me dijo: “¿En essste papel te tengo que firmar?”. Tampoco lo admiraba tanto, era el primer conocido que veía en San Nicolás.
24 ¿A vos, te piden autógrafos? Menos que cuando jugaba, pero firmo. También recibí puteadas. Suelo hacer que no escucho. Se da una constante: si la persona te reconoce de frente, y te dice “¿Qué tal, Nelson?”, todo bien, pero si el “Nelson” lo escuchás cuando está pasando o cuando pasó, no me doy vuelta porque seguro viene la puteada. Y si son más de uno, no hay chance de error.
25 ¿Siempre fuiste cuatro? De muy chico, mi viejo estaba decepcionado porque mi hermana andaba todo el día detrás de la pelota; y yo, ni cerca. A los 6 años empecé en el baby de Don Bosco. En un comienzo no se me veían condiciones... bueno, tampoco sé si después se me vieron (risas), pero no cazaba una. Hice todas las inferiores de volante central. Después, por mi contextura y mi temperamento, Rubén Pagnanini, el defensor campeón del mundo en el 78, me puso de cuatro en Somisa y ya no cambié. Tenía 17 años.
26 Lo del temperamento... Me echaban siempre. Por dar patadas, por calentón, por todo. El menú completo.
27 ¿Cómo caíste en Quilmes con 21 años? Venía de probarme en varios clubes y siempre me decían “Te vamos a llamar”, pero no me llamaban. Intenté en Newell’s, Central, Independiente, Gimnasia y Estudiantes. Y nada. Después de la colimba hablé con mi viejo: la idea era trabajar o estudiar bioquímica, mi otra pasión. Justo ahí me llamaron de Quilmes. Hugo García era el técnico y parece que le llegaron comentarios buenos de lo que había hecho en Olimpo, en un regional.
28 Esta vez pasaste la prueba. Me llevaron engañado: me dijeron que estaba adentro. Y no era así. Si me hubieran dicho que era una prueba, ni iba. Quilmes se entrenó una semana en Ezeiza y yo jugué sin presión, liberado. Además, tuve suerte: esa semana Lucho Malvárez se peleó con el técnico, rescindió el contrato, quedó el puesto vacante, y firmé.
29 ¿Cuánto hiciste de colimba? Completa, por gil: 14 meses y un día. En San Nicolás, un batallón de ingenieros de combate. Tenía que generarle paso a una tropa en el agua: inflábamos cámaras grandes y poníamos encima barras de hierro. Una vez, el 18 de octubre, día de mi cumpleaños, calor tremendo, me hacían laburar como un animal, cargar vigas de acá para allá, y en un momento no me la banqué más y susurré un “Milico y la concha de tu madre”. Me escucharon. Conclusión: me llevaron carrera march cuerpo a tierra, media hora, y estuve 15 días preso. De estar a punto de irme en la primera baja, en noviembre, me terminé quedando hasta mayo.
30 ¿Cómo diste el salto del ascenso a Boca? Estuve tres años en Quilmes: dos en el Nacional B y uno en Primera. Fueron muy buenos: me quería Menotti para Boca y Passarella para River. De hecho, fui a Boca; enseguida Daniel pasó a la Selección y me convocó.
31 El técnico que más te enseñó. Los técnicos son celosos de estas respuestas, por más que haya pasado el tiempo. Por ejemplo, si contesto “Bielsa”, Daniel va a decir “Este es un desagradecido”, porque él me llevó a la Selección cuando en Boca no jugaba y me bancó. Entonces, paso.
32 Llegaste a Boca y Menotti te definió de una manera particular. “Vivas es una abeja”, dijo. Supongo que era por lo rápido y no por lo molesto. Era muy vertiginoso en mi juego. Una vez, cuando me echaban seguido, Carlos Trullet me dijo: “Sos una bolsa de gatos con un perro adentro”.
33 Si fue raro pasar del ascenso a Boca, más raro aún saltar de la segunda de Suiza al Arsenal. Fue por el Mundial. A la distancia, ir a la segunda de Suiza fue una locura, no tenía ni idea de lo que hacía. Era enero del 98, estaba a las puertas del Mundial y como no tenía mi espacio en Boca, que había traído a Solano, decidí ir al Lugano. Rendí, ascendimos, Daniel me vio y fui al Mundial.
34 Y en el Mundial, jugaste. Cuatro de los cinco partidos, falté contra Holanda porque estaban recuperados Chamot y Sensini. Contra Inglaterra, era el sexto en la lista de los penales, por suerte se cortó antes; estaba sufriendo en el círculo central y cuando atajó Roa, para mí fue una alegría doble.
35 No contaste cómo caíste en el Arsenal. Wenger buscaba un lateral derecho, se le cayó Ferrer, un español que fue al Chelsea, les gustó mi Mundial y me contrataron. Pensar que antes de irme a Suiza, estuve cerca de firmar en Deportivo Español. A mí siempre me pasó eso: cuando las cosas pintaban mal, me terminaban saliendo bien.
36 Describí a Arsène Wenger. Me sorprendió, era innovador. No tiene preparador físico, por ejemplo. Yo veía la dinámica del fútbol inglés y pensaba: “¡Cómo deben entrenarse!”. Y, salvo en la pretemporada y para recuperar lesionados, no trabajan físicamente. Wenger hace mucha posesión de pelota en espacios reducidos, todo cronometrado: ejercicios de frecuencia de paso, técnica de la carrera, aros, maniquíes, cuatro arcos. Nunca hacíamos práctica de fútbol de once. El tipo es muy preparado, máster en Economía, maneja el presupuesto del plantel. Mi contrato, yo lo arreglé con él.
37 ¿Recordás el canto que te hizo la hinchada? Sí, lo tengo en un CD porque al fin de la temporada las grababan. La mía era hemosa. La gente me quería, ahí jugué en casi todas las posiciones menos de lateral derecho.
38 Si hoy vas al estadio del Arsenal, de 100 hinchas, ¿cuántos te piden autógrafos? Y, alguno que otro me pediría. Cuando fui de vacaciones a lugares con ingleses, me preguntaban si yo era yo.
39 ¿Cómo es el vestuario inglés? Frío. Sólo una vez tuvimos una reunión grupal. El inglés bebe mucho, los planteles toman cerveza a lo loco, pero nosotros teníamos a Tony Adams, recuperado de alcoholismo. Wenger no permitía que se tomara alcohol en las concentraciones ni en los viajes. Una sola vez dijeron: hoy se junta el plantel a tomar unas cervezas. Citaron a las cinco de la tarde, porque allá a las once menos cuarto toca la campana para anunciar la última copa. Esa vez nos juntamos en un lugar privado. Yo llegué a las nueve, me fui a la una y algunos que estaban desde las cinco seguían chupando.
40 Te pasaron cosas raras en las canchas inglesas... Estuve en un partido histórico: la primera vez que un jugador agredió a un árbitro. Fue Di Canio, que empujó al juez; yo estaba al lado. Ese Di Canio estaba loco. Otra vez, en pleno partido, entró una pareja de la mano, los dos en bolas y con sobretodo. Me vino la pelota a mí, el tipo soltó a la mina, me empezó a correr y me tiró una patada...
41 También estuvo el penal que nadie quería patear. El técnico me hizo una seña a mí y me lo atajaron. Después Wenger me criticó, no estuvo muy bien.
42 Te falta el día que pidió repetir un partido. Contra el Sheffield. Se cayó un jugador nuestro, los rivales la tiraron afuera, se la devolvimos; el central de ellos demoró en agarrarla, Overmars se hizo de la pelota, tiró el centro, metimos el gol y ganamos 2-1. En el vestuario, Wenger nos dijo que había sido una conducta antideportiva y que iba a pedir que se repitiera el partido. ¿Se imaginan una situación así en la Argentina? Volvimos a jugarlo y ganamos otra vez.
43 Cuando vino a la Argentina, Henry recordó que no te podía hacer el dos-uno. Hablamos varias veces con Tití, pero la pared no me la comía. En Inglaterra, el sueco Ljungberg me puso “The Kicking Machine”, la máquina de pegar patadas. Yo pedía amarillas para los rivales y me cagaban a pedos en el vestuario, era una deslealtad. Pero ir fuerte es una característica que se valora. Y se juega duro: a mí me cortaron por todos lados. En los entrenamientos también me mataban a patadas: Vieira, Keown, Adams...
44 ¿Te animabas a decir algo en el Boca de Bilardo, Maradona y Caniggia? No, calladito en un rincón. Aparte era nuevito. De muchas cosas, seguro no me daba cuenta.
45 Usaste la “10” de Diego. Una vez, y daba para la joda. Fue un partido que Diego no jugó y me dieron la “10”, no sé por qué. Obviamente, no jugué en su posición.
46 Sos de los pocos que pueden decir que hicieron un gol de atrás de mediacancha, ¿te acordás? ¡Cómo no me voy a acordar! Fue en Corrientes, contra Huracán, un tiro libre desde mi campo. Le tiré el centro a Guerra, la pelota lo sobró, también al central, el arquero se confió y fue gol. Ganamos 3-1.
47 No eras alto pero cabeceabas bien, ¿cuál es la clave? Tenía bien incorporada la técnica del salto. Hoy, un montón de jugadores saltan con los dos pies juntos. No es así.
48 ¿Te sorprende lo que está pasando con Riquelme? Sí. Estuve con él en Boca y tuvimos una buena relación. Era un chico que recién empezaba, no el Román de ahora, pero lo considero una gran persona.
49 ¿Qué se te cruzó por la cabeza cuando le amagaste la piña a Rivaldo? Nos habíamos hecho un gol en contra, no queríamos perder ese partido, me acababan de amonestar… Rivaldo se me tiró con los dos pies hacia delante, se va la bola al lateral, y con la impulsividad del momento me salió tirarle una piña. Era lo que tenía ganas de hacer, pero me contuve. Fue la mejor jugada de mi carrera: de cada 10 que me vienen a decir algo, 9 me hablan de esa jugada.


"El dirigente del Madrid y de Muñíz son iguales"


Lo afirma el DT de Huracán, con conocimiento de causa. Asegura que el fútbol le salvó la vida, repasa su exilio en España, compara a Menotti con Freud y Marx, y dice no entender cuál es la función de Bilardo en la Selección.

1 ¿Cómo diferenciaría bilardismo de menottismo? Una vez, en España, hice una figura antes de Tenerife-Sevilla. Dije que el menottismo era como los Reyes Magos: uno espera siempre a los equipos de Menotti con ilusión, sin saber qué le van a traer. Y bilardismo es el señor que le dice al pibe de 4 años: “Los Reyes Magos son los padres, así que te doy un pulover que te hace falta para el invierno y punto” (risas). Se me ocurrió una cosa así y se armó un quilombo descomunal.
2 ¿Por qué no usa celular? Porque no lo necesito. Si me quieren ubicar, tengo el teléfono fijo, como se hacía hace 20 años. Ojo: no ejerzo ninguna militancia anticelular, eh, sólo que no lo preciso.
3 ¿Cuándo se afeitó por última vez? Ya me olvidé, si hasta me da la impresión de haber nacido con bigote. Lo empecé a usar cuando dejé de jugar. Era lógico: estudiaba filosofía, militaba políticamente... si no tenía bigote me sacaban la roja. Una vez, mi mujer me insistió tanto para que me lo sacara, que le di el gusto y después no me reconocía. Parece una estupidez, pero también es cierto que yo me escondo detrás del bigote, me da la impresión de que me tapa algo.
4 Correo Argentino, ¿le suena? ¡Claro! Era una revista que hacíamos en España un grupo de exiliados. Proponíamos un boicot al Mundial 78 para denunciar a la dictadura. Yo escribía, distribuía, todas las tareas de militancia de aquellos años. Después, nos juntábamos a ver los partidos y gritábamos los goles de Argentina como locos.
5 ¿No era contradictorio festejar triunfos que le podían servir a la dictadura? Esos éxitos son circunstanciales, duran muy poquito. Lo mismo que una fiesta: estás en la dictadura y tenés una fiesta o estás en la dictadura y te enamorás; eso no te quita la conciencia de la dictadura. Era un momento de alegría y nada más.
6 ¿Por qué se exilió durante la dictadura? Yo militaba en el peronismo de base. No pongas como hizo una publicación mexicana, que escribió “terrorismo de base”. Era una corriente de izquierda del peronismo, estaba Eduardo Luis Duhalde, hoy en Derechos Humanos del Gobierno, y Ortega Peña. En plena dictadura seguíamos haciendo panfletos, siempre con una militancia ideológica, nunca agarré un arma. Un día iba en mi Citroën lleno de panfletos. No me acuerdo qué decían, pero en esa época un panfleto era suficiente motivo para desaparecer. Nos paró un control militar y cuando le mostré el documento me dijo: “¡Cappa, el que jugaba al fútbol!”. Y mandó la orden para que me dejaran pasar. Por suerte fue en Bahía Blanca, porque si hubiera sido en otro lugar, donde no me conociera nadie, hoy no la cuento. Ya había compañeros desaparecidos y ese incidente terminó de decidirme. Vendí el Citroën y nos fuimos con un amigo a España, con 200 dólares encima. Por eso siempre digo que, a mí, el fútbol me salvó la vida.
7 ¿De qué trabajó en España? En una tienda de muebles: era contador y repartidor. Cuando no había ascensor, era jodido: yo no soy un derroche de músculos y mi compañero se cabreaba. También laburé de “negro”, que es cuando escribís para otro, hacía resúmenes de libros.
8 ¿Qué siente al ver cómo se perdió la militancia? Mucha pena, porque en esa época teníamos un sueño de un mundo mejor, más justo; con errores, pero sueño al fin. Y lo más jodido es perder esa ilusión.
9 ¿Qué hacía en el exterior, contra la dictadura? Hacíamos esa revista que mencioné y algunas otras cosas. Recuerdo que en 1979 fui a ver Argentina-Holanda en Berna, la revancha de la final del Mundial, y paré en la casa de unos exiliados. Hicimos una bandera que decía “Abajo la dictadura”, o algo así, y la pusimos en la tribuna con total libertad. En Suiza, a nadie le importaba nada. Y por la tele, tapaban la bandera. Por eso, cuando preguntan si el fútbol colaboró con la dictadura, habría que preguntar también si el periodismo colaboró con la dictadura.
10 ¿Cuándo volvió al país? En 1981; la cosa se había tranquilizado. Volví un sábado y el domingo fui al Monumental a ver River-Boca, Maradona contra Kempes. En una de las primeras la recibió Alonso, con un tipo en la espalda, y un hincha gritó “Humille Beto, humille”. Ahí me dije: “Estoy otra vez en la Argentina”. Hoy no gritarían eso, dirían: “Ponga huevo, Beto”.
11 ¿Por qué agarró Huracán ahora y no la vez anterior, cuando lo llamó Babington? La otra vez pedí un tiempo para pensarlo, y al día siguiente ya estaba Ardiles. Ahora fue igual porque tenía que desvincularme de ciertas obligaciones, pero me dieron el tiempo. Esa fue la diferencia.
12 ¿Como comentarista en España, se gana más que como DT en la Argentina? En mi caso, sí; en otros, no sé. Integraba el grupo “Marca” escribiendo sobre fútbol en radio, internet y el diario.
13 O sea que resigna dinero y salud, al venir acá. Dinero, sí; salud, no, porque a mí me apasiona dirigir. Aparte, cuando uno no tiene compromiso con el futuro se toma las cosas de otra manera, ¿no? Yo no estoy en Huracán para ver si mañana me llaman de otro equipo; yo estoy en Huracán para disfrutar del fútbol. Si me sale bien, lo disfrutaré; y si me sale mal, tendré que irme a mi casa.
14 ¿Es más fácil comentar arriba que tomar decisiones abajo? Sí, pero es mucho más lindo estar abajo. Como entrenador, uno toma decisiones que, en frío, se da cuenta de que por ahí se equivocó; comentando, es muy difícil equivocarse. Pero tener un equipo es como preparar una obra de teatro y entonces el día del estreno, porque siempre uno estrena en el fútbol, vienen los amigos y uno muestra lo que preparó. Eso es muy excitante.
15 De Racing se fue en 2003 afirmando que no dormía ni era feliz, ¿cambió algo? Aquella vez me afectaron otras cosas, no tanto el fútbol argentino en sí. No tuve el respaldo que esperaba en el club y por eso dije eso. Pero vamos a dejarlo así; si no, se generan polémicas que no me interesan.
16 A Babington ya se le fueron varios técnicos, ¿no le preocupa? Cuando estás enamorado, no vas a pensar: “A ver si me pasa lo mismo que al novio anterior”. Puede salir mal porque son las reglas de juego, pero yo confío en que no.
17 ¿Houseman es o no parte del cuerpo técnico? Huracán es la casa de René y él puede entrar y salir cuando quiera. La idea es que esté con nosotros ayudando cuando tenga ganas y cuando no, que no venga, porque él es así. René forma parte de la historia del fútbol mundial. Es uno de los mejores jugadores que vi en mi vida. La única comparación que resiste, para mí, es con Maradona.
18 ¿Lo sorprendió algo del fútbol argentino en estos meses? Me extrañó la preparación física de los equipos con pesas, trineos y chalecos lastrados, como si pensaran más en ir a la guerra que en el juego. En Europa, eso no existe para nada. Por ahí creen que preparando a un atleta va a rendir más futbolísticamente. En el Barcelona, desde hace 20 años hay un PF llamado Paco Seirulo que jamás hizo pesas.
19 ¿Usted no usa el gimnasio? Se puede mandar a alguien como complemento o para hacer una tonificación, pero no como base, como si le fuera a durar todo el año al futbolista. Eso es un mito sin ningún fundamento. Lo digo por mi experiencia en todos los países donde estuve, por los 200 mil congresos a los que asistí, por haber hablado con Fábregas, con Seriulo, con Signorini. Me dicen que es para tener más fuerza, ¿para qué sirve la fuerza en el fútbol? En el fútbol hay que evitar el roce, y eso depende de la astucia. El tema es: ¿pongo el acento en el juego o pongo el acento en el músculo? En la Argentina se pone más el acento en el músculo que en el juego.
20 ¿Qué escenario imagina para Huracán, en este torneo? Huracán va a jugar bien al fútbol, tiene equipo para hacerlo, pero claro, ¿cuál es el enemigo aquí?... La urgencia. La gente se olvida, pero Huracán del 73 no se hizo de un día para el otro; Menotti había asumido en 1971. Lo hablaba con Babington: si este equipo tuviera un año sin desarmarse, en el tercer torneo pelearía por el título. Pero claro, en cuatro meses sólo quedan tres jugadores. Y después preguntan qué opino del nivel del fútbol argentino. Es muy difícil así.
21 El jugador más inteligente que dirigió. Redondo. Primero, porque siempre estaba aprendiendo; aun siendo crack, si le decías algo que le servía, lo incorporaba para siempre. Después, por la personalidad extraordinaria para defender su fútbol en cualquier circunstancia. Y por la calidad, claro.
22 ¿Qué piensa de Mourinho? Nunca hablé con él pero un libro suyo me encantó: rompe con todos los mitos de la preparación física, toda esa locura de que hay que hacer pesas con los dientes. Mourinho trabaja con acciones de juego y dice que todo jugador de él no corre ni 100 metros sin una pelota y con un sentido del equipo. En cuanto a su ego, es muy joven, y cuando uno gana de joven se cree que es Dios. Lo dijo Cruyff: ya le tocará perder.
23 ¿De qué equipo era hincha, de pibe? De Independiente, por mi viejo, y mi ídolo era Ernesto Grillo. Trabajé con él en Boca, compartimos varios almuerzos y nunca se lo dije. Hoy soy más hincha de Racing que de Independiente. Igual, la única camiseta que todavía me emociona es la de Villa Mitre.
24 ¿Y la de Olimpo? No, a Olimpo me llevaron y fue una especie de traición, porque Villa Mitre representa a los barrios y Olimpo a los cajetillas, a la ciudad. Con Olimpo jugué el Reclasificatorio de 1967.
25 ¿Cómo era la peluquería de Don Blas? Mi papá era el peluquero del barrio y yo vivía ahí. Todos discutían de fútbol y, escuchando, uno aprende. Después, barría los pelos.
26 Su primer club de baby. Se llamaba Rivadavia, que era la cuadra donde jugábamos. Un día ganamos 17-0 y el entrenador dijo: “Fuimos un desastre, ganaron porque los demás eran muy malos”. No entendía nada, pero esas cosas te marcan para siempre: no alcanzaba con ganar, había que jugar bien.
27 ¿Se destacaba en el equipo? Supongo que sí, porque a los 11 años me llamaron de Villa Mitre para una prueba. Cuando me dijeron que quedaba, fue lo máximo; te hacía ganar un respeto con todo el barrio. Empecé como lateral izquierdo, después pasé de cinco.
28 ¿No quiso probar suerte en Buenos Aires? Hay un momento clave, un amistoso contra el River de Ermindo Onega, Matosas y Amadeo. Siempre venían equipos de Buenos Aires a jugar con la Selección de Bahía. Esa vez contra River jugamos muy defensivos, yo estaba disconforme, y en una contra quedé mano a mano con Amadeo. El se tiró hacia la pelota, yo la crucé pero le pegó en las piernas. Nada más que con amagar el gol estaba hecho, pero la emoción me pudo más. Ese día comprobé con amargura cuál era mi techo: el nivel local. Llegué a casa a las 4 de la mañana porque sabía lo que me esperaba. Cuando entré, se prendió la luz y mi viejo me dijo: “¿Cómo erraste ese gol? ¿Por qué no amagaste?”.
29 ¿Por qué se retiró? Me rompí los ligamentos de las dos rodillas y dije basta a los 27 años. Me puse a estudiar filosofía, me recibí y di clases en la Universidad de Bahía.
30 ¿Cómo conoció a Menotti? Fue en 1980. Yo vivía en España y él necesitaba una persona que siguiera a los argentinos en Europa y viera a los rivales. A través de Cayetano Rodríguez, al que conocía de Bahía Blanca, me preguntó si lo podía hacer. Nos encontramos por primera vez el 13 de mayo de 1980; me acuerdo porque era el cumpleaños de mi señora. Fue en Wembley, la tarde que Inglaterra ganó 3-1 y Diego casi hace un golazo eludiendo a todos. Fui con mi mujer al estadio y cuando César me preguntó cuántas entradas quería, no me animé a decirle “dos”. Me pareció un abuso, así que le pedí una y mi señora fue al hotel. Y comencé con esas tareas. Me pagaban los viajes y el hotel. Yo, encantado.
31 ¿Qué vino a hacer al Mundialito de Uruguay 81? Estaba haciendo el curso de entrenador y me las rebusqué para venir en representación de la Federación Castellana y hacer un informe. Vine con la guita justa: dormía en una pensión y morfaba una vez por día. Tenía una necesidad enorme de reencontrarme con mis cosas, que tanto añoraba. Fue mi primer viaje durante el exilio.
32 Cómo espía, o no hizo muy bien la tarea o Menotti no le dio bolilla, porque Argentina perdió 3 partidos en el Mundial. Queda otra: “que el fútbol es imprevisible”. El laburo es un dato más, si no fijate: todos sabemos cómo juega el Barcelona, ¿no? Bueno, andá y ganale, entonces.
33 ¿Estaba con el equipo, usted? No, estaba en Sevilla enamorándome de Brasil. ¡Cómo disfrutaba la gente ese fútbol! Terminaban los partidos y se quedaban bailando y cantando. Después lo mató Italia, con tres de Paolo Rossi. Una injusticia tremenda.
34 Se ve que le gustó su trabajo a Menotti, porque lo llevó al Barcelona. Yo todavía no había terminado el curso de entrenador y me llamó desde Madrid para avisarme que estaba arreglando con el Barcelona, si me interesaba seguir haciendo lo mismo. ¡Y le dije que no! (risas).
35 ¿Qué recuerda de su paso anterior por Huracán? Que al equipo le fue bien pero no terminé el torneo, porque Peña me echó tras un empate con Chacarita. Yo era un tipo incómodo, me peleaba con todo el mundo. Había empezado como DT ese año con Banfield, por recomendación de Menotti, y enseguida tomé Huracán. También me acuerdo del Toti Iglesias, que era un veterano, pero seguía con ganas de aprender. Yo veía que escuchaba mucho y pensé: “Este tipo es inteligente”. El jugador importante de verdad escucha siempre. Y el Toti agarró una jugada que le descubrí a Hugo Sánchez y la sumó a su repertorio.
36 ¿Qué jugada? Yo vivía en España y veía que el 90% de los goles que metía Hugo Sánchez los hacía con un toque. ¿Cómo mierda hace para meterlos siempre así?, me preguntaba. Entonces un día me fui al Bernabéu, detrás del arco, y sólo seguí sus movimientos. Y descubrí que el tipo iba siempre al revés de la jugada, se movía de un costado para el otro, para agarrar la pelota de frente. Y entonces, con un tic la metía. Se lo comenté al Toti y la agarró de los pelos.
37 ¿Cómo le fue como DT de Boca? Fue la experiencia más difícil de mi vida. Recién empezaba en esto, era 1987; el Flaco me llevó para trabajar en Inferiores y de vez en cuando lo ayudaba en las prácticas. Un sábado a la noche me llaman y me dicen: “Vení que al Flaco hubo que operarlo de urgencia y tenés que dirigir el equipo”. Había tenido una obstrucción intestinal. Estábamos con Poncini, había terminado el torneo y venía la Liguilla. Había que dar la charla en una época en que Menotti decía “Usted no se peinó” y era una genialidad. Adelante teníamos a nenes como Higuaín, Rinaldi y Gatti. Todos esperando a ver qué decíamos. Fue jodidísimo. Dirigimos cuatro partidos y pasamos las dos series: con Armenio (4-2 y 2-2) y Newell’s (1-0 y 5-2). Después agarró el Flaco, en la final con Independiente.
38 ¿Sentarse en el banco de la Bombonera es muy fuerte? Más fuerte es cuando uno lo ve de afuera, porque estás metido en el partido.
39 ¿Por qué empezó a trabajar con Valdano? A Jorge lo conocía de mi época de espía del Barcelona. Los equipos que dejaba el Zaragoza jugaban 15 días después con nosotros y me hice amigo de Jorge y de Barbas. En 1992, Jorge se recibió de entrenador pero le faltaba la experiencia; yo llevaba tiempo entrenando y me dijo si quería acompañarlo. Su nombre era muy popular y enseguida nos llamaron del Tenerife. Fue un matrimonio por conveniencia: a mí no me iba a llamar nadie de ese nivel y a él le ahorraba los tiempos de prueba.
40 ¿Era 50 y 50 o DT y ayudante? No sé si 50 y 50, pero dábamos las charlas técnicas los dos y decidíamos los dos. Cuando empezaron las diferencias y las discusiones lógicas, me abrí.
41 ¿Discusiones violentas? Discusiones apasionadas. Estuvimos juntos en Tenerife, en el Real Madrid y él siguió en el Valencia y ya no dirigió más. Creo que Jorge no tiene tanta vocación de entrenador, él está más para la parte directiva.
42 ¿Se distanciaron? No, seguimos siendo amigos, pero nos vemos menos. Estuvimos juntos en la última Eurocopa, en el elenco que convocó Marca.
43 ¿Celebraron arruinarle dos campeonatos al Madrid con el Tenerife? Lo vivimos con una felicidad absoluta, siempre que uno gana está contento. Además, la segunda vez entramos a la UEFA mientras que el Sevilla de Maradona, Simeone, Suker y Bilardo quedó afuera. Valdano también estaba feliz de la vida, no tenía nada que ver su pasado en el Madrid.
44 ¿La frase “miedo escénico” es de Valdano o es suya? Ni mía ni de Valdano. Jorge lo dijo la primera vez que la usó: que la había sacado de García Márquez. Igual, una vez un tipo me escribió para decirme que era anterior a García Márquez, que viene de los griegos.
45 ¿Qué personajes ajenos al fútbol lo conmovieron en una cena? Eduardo Galeano, Héctor Alterio, Joan Manuel Serrat, Mario Benedetti, muchos.
46 ¿Y del fútbol? Hay muchísimos, empezando por el Flaco Menotti. Me sorprendió Guardiola, también la madurez de Cesc Fàbregas para hablar de fútbol. Es un pibe de 21 años y parece de 35. Hace poco fui a Londres a ver un partido del Arsenal y después charlé con él.
47 Su podio de escritores. Borges es como ver jugar a Federicho Sacchi: algo perfecto y bello al mismo tiempo. Cortázar me gusta muchísimo y Miguel Delibes, también.
48 ¿Qué entrenadores le gustan de la actualidad? Cacho Rodríguez, Angel Félix y Fatiga Russo son excelentes pero no tuvieron muchas oportunidades. También me gusta el español Lillo. Y Arséne Wenger. Cada vez que veo al Arsenal aprendo muchísimo. Es el mejor equipo del mundo, para mí.
49 ¿Qué cosas aprende? La posesión de pelota del Arsenal es maravillosa. Y lo hace con jugadores que no son notables, salvo Fabregas. El Barcelona, en cambio, tiene a Messi, Henry, Xavi, Iniesta... Me fascina cómo participan todos durante los 90 minutos, cómo defienden la pelota, en qué lugares la recuperan. Cuando juega el Arsenal, trato de verlo. Los entrenadores somos presumidos y cada vez que vemos un equipo decimos para adentro “Si yo agarrara este equipo, lo haría jugar mejor”. Sin embargo, si mañana me llama el presidente del Arsenal y me dice “¿Qué puede mejorar de este equipo?”, le contestaría: “Nada”.

4 comentarios - un post de futbol

nico1194
Alto equipo lo q si nos cogen todosj ajjaja
Frabo
nico1194 dijo:Alto equipo lo q si nos cogen todosj ajjaja

JAJAJA
oscarargentina
Este equipo parece un CABARET !!!! (como alguna vez dijeron) JAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJA
gen007
nico1194 dijo:Alto equipo lo q si nos cogen todosj ajjaja