INTERNAS | BOCA JUNIORS

Guerra fría xeneize

En Boca estalló la guerra fría entre Bianchi y Basile, que seguramente terminará con alguno de los dos fuera del club. Para colmo, mientras Ameal trabaja para seguir en la presidencia, el plantel sufre las internas.

Guerra fría xeneize
Protagonistas. Carlos Bianchi, Jorge Amor Ameal y Alfio Basile son
tres de las caras visibles de la crisis interna que vive Boca Juniors.



Por Toti Pasman


Son dos pesos pesados. Cada uno hace la suya. Hablan sólo lo necesario; generalmente, formalidades. Bianchi esperaba mayor gratitud de Basile por ir a buscarlo para este momento de Boca. Le costará al Virrey reconocer que puede haber fallado en la elección. Le dolerá en la intimidad no haber confiado en su gusto verdadero para desarrollar su principal tarea de manager: elegir el entrenador, ya que el técnico que hay en el manager quiere seguir descansando. Será imposible escuchar de la boca del DT más ganador de la historia del club que está arrepentido de la decisión tomada. Menos en un comunicado de Télam, medio no idóneo para ese tipo de confesiones. Basile no esperaba este fracaso. Out en la primera fase de la Sudamericana, mirando por televisión cómo Banfield y Newell’s pelean el torneo, y sin Libertadores 2010 en el horizonte.

Los bianchistas de pura cepa siguen bancando la tarea del manager. Sostienen que con los partidos de la gira por Grecia y Austria (350.000 dólares) más la Copa Audi (500.000 verdes) se pagó su contrato. Los opositores dicen que el cuadrangular con el Milan, el Manchester y el Bayern Munich fue una herencia que dejó Pedro Pompilio. Bianchi sigue siendo profesional. Conoce a los chicos de las inferiores de Boca como nadie. Sabe de qué y cómo puede jugar cada uno. Volvemos al mismo problema. Al Coco no le gusta jugársela por los pibes y se produce otro choque con su jefe.

Basile, fiel a su estilo, pedirá refuerzos de jerarquía y costosos; jugadores hechos. Y Boca le dirá que no hay presupuesto si no se vende, y menos sin competencia internacional en el próximo semestre. Será la lucha de la Navidad. Y Boca no tiene ganas de vestirse de Papá Noel. Además de pagar un manager y un entrenador, ¡hay que pagarle a Ischia! También hay que arreglar el nuevo contrato de Riquelme –se termina el famoso año gratis– y convencer a Battaglia para que se quede un año más.

Todo Boca no se explica cómo este equipo que tiene a Palermo, Riquelme, Insúa, Battaglia, Morel, Ibarra, Mouche, Viatri, Gaitán, Medel y Cáceres, entre otros, está noveno a 12 puntos de Banfield, que se arregla con Silva y una base sólida. El semestre es para olvidar. Encima, no habrá ingresos por la Copa para sostener un plantel millonario. “El equipo debería ir primero”, vociferan aquellos que tienen que ver con el fútbol xeneize. No les alcanza con los argumentos de Basile de que no pudo armar dos veces seguidas el mismo equipo por lesiones y convocatorias a las selecciones. O el cansancio por la gira que armó Bianchi. Otro roce.

Ameal jura que quiere a Bianchi como manager, pero cada vez que se va un técnico le pide a Bianchi que se calce el buzo de entrenador. ¿En qué quedamos, presi? El propio contrato de Bianchi estipula que no iba a dirigir después de Ischia, pero que sí podría hacerlo tras la gestión de Basile. Por eso el apuro del manager para salir al ruedo y aclarar que no hará la pretemporada con el equipo a partir del 4 de enero en su querida Posada de los Pájaros, en Tandil. La ilusión de los dirigentes es que diga que sí en junio.

Nadie sabe qué puede pasar si en siete meses y medio vuelve a decir que no. Ameal le tomó el gustito a ser presidente de Boca Juniors. Construye poder para las elecciones del 2011. Falta mucho, pero sabe que los vampiros están al acecho. Juan Carlos Crespi y Orlando Salvestrini vieron sangre e insinuaron sus ganas de ocupar el sillón que llevó al estrellato a Mauricio Macri. Al actual presidente boquense le gustó presidir el club más popular de la Argentina. Hombre habituado al perfil bajo y al contacto con los socios y las peñas, de un día para otro se vio firmando acuerdos con Cristina Kirchner por terrenos en Ezeiza. Sabe que para seguir en el cargo necesitará más éxitos. El triangular ganado frente a San Lorenzo y Tigre comienza a prescribir.

Es tiempo de internas y sospechas. Así se vive una guerra fría. Y es por eso que una reunión entre Marcelo London y Pablo Mouche, en la que el delantero le pidió un adelanto económico del club para comprar una casa, es tomada e interpretada como un acto de desestabilización para Basile. Y hay más. Riquelme firmó una tregua con Palermo y apareció Ibarra. Al Negro se le escapó la tortuga. El Súper 9 de Boca expresó una realidad: no le llega la pelota y entonces no hace goles.

La goleada a Gimnasia le da la razón. Boca metió cuatro y Palermo ninguno. Raro. Palermo no entra en el circuito de los habilidosos Gaitán, Mouche e Insúa. Imagínense que extraña a Riquelme. Barros Schelotto, Palacio y hasta Delgado lo asistían más y mejor. El problema es también futbolístico. Da la sensación de que Viatri se amoldaría mejor a este tiki-tiki de los zurditos que se divierten entre ellos, pero no divierten a Martín. Ni hablar si estuviera Boselli, que era de Boca y ahora va a jugar el Mundial de Clubes para Estudiantes. Todo no se puede. Boca elige a Palermo, y está bien, porque pocos o nadie le ha dado tanto. Pero en el camino se consumen goleadores de la cantera. Los goles de Mauro en el Pincha duelen, y mucho.

Todo no se puede, insisto. Es como tener a Bianchi y Basile juntos, y no sufrir en el intento. Y no tener una guerra fría.







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