Queridos Taringeros, me dirijo hacia ustedes para fomentar un post sobre el amor de mi vida, ese que esta con migo todos los domingos a la tarde y que me hace llorar dia tras dia, ese que siempre va a existir para mi, y que yo se que lo voy a tener hasta que me muera, y aun asi desde arriba voy a aparecer en el techo del cilindro magico para poder alentarlo y compartir alegrias y tristesas como todo un hincha de Racing debe hacer, Para todos los Racinguistas, y para la comunidad de Taringa.

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Historia:

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Cuando se trata de buscar el origen de Racing Club, la piedra fundamental se encontrará en nombres que nada tienen que ver con el que dio la vuelta al mundo desparramando su gloria deportiva e institucional. Y, como entidad centenaria, los comienzos coinciden con las primeras tentativas locales de formar equipos organizados como clubes. Muchas de estas iniciativas contenían apellidos ingleses que impulsaban un deporte, el fútbol, que los sajones habían traído desde su tierra en tiempos en los que los ferrocarriles eran manejados justamente por los británicos, quienes aprovechaban el tiempo de dispersión para armar equipos de once futbolistas y así poder liberar la energía de correr detrás de una pelota en busca del gol. Eran los famosos “ingleses locos” La zona en la que se dieron los primeros pasos que desembocarían, luego, en el nacimiento de Racing Club, era la misma que hoy recorren los miles de hinchas que cada vez que hay partido en el Cilindro suman su fervor para alentar a la Academia. En esa época todavía no era Avellaneda, sino que el territorio lindante con el Riachuelo se conocía como Barracas al Sur. A la vez que el siglo diecinueve comenzaba a despedirse, lo que hoy se conoce como el Gran Buenos Aires daba sus primeros pasos entre calles de tierra y chimeneas que exhalaban el humo de una zona que de a poco se transformaría un motor industrial fundamental. Volviendo al fútbol, llegó un momento en el que los criollos se cansaron de ser meros espectadores de los ingleses. Querían aprender a dominar la pelota. Y se entusiasmaron. Por eso, un grupo de empleados del Ferrocarril Sud le solicitó a las autoridades la cesión de unos terrenos para jugar allí al fútbol en los descansos. La respuesta afirmativa abrió el camino para demarcar la cancha y comenzar con los primeros desafíos, preferentemente ante equipos con mejores valores (generalmente ingleses), con el fin de enriquecerse a partir de estos enfrentamientos. El talento argentino, y particularmente racinguista, estaba ahí, sólo había que despertarlo. Los nuevos cultores del fútbol no tardaron en perfeccionarse. Transcurría el año 1898 y entonces, los empleados que se juntaban para disputar esos cotejos amistosos decidieron agruparse formalmente en un club de fútbol, que se llamó Argentinos Excelsior Club, cuya existencia fue de tres años. Al principio, el equipo fue una sensación; con el paso del tiempo, el nivel bajó y, en 1901, su disolución le dio paso a la creación de otras tres entidades: Sud América Fútbol Club de Barracas al Sur, American Club y Argentinos Unidos. Poco tardaron los pobladores de la zona, asiduos concurrentes a los partidos, en darse cuenta de que había un equipo que se destacaba sobre el resto: Barracas al Sud. La habilidad de sus jugadores cautivó a los hinchas, que se volcaron decididamente en su favor.


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La era amateur:

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Como todo club que en torno al fútbol, las primeras actividades de la institución estuvieron estrechamente ligadas a ese deporte. De hecho, Racing nació por las inquietudes de varios muchachos que lo que querían era unirse formalmente para jugar a la pelota bajo una misma denominación oficial. Fue así como a poco de haberse fundado el club, el 25 de marzo de 1903, comenzaron los partidos amistosos. Era el principio de lo que sería, años más tarde, el supercampeón de la era amateur, un conjunto inolvidable, récord del fútbol argentino.

Del primer cotejo no hay muchas noticias. Por las informaciones de la época, se podría decir que se realizó en una cancha que estaba donde hoy se encuentra la Sociedad Rural y que los comentarios dicen que Racing se impuso por 2 a 1 a Royal. Del primer cotejo del que hay fehaciente testimonio es de uno para nada agradable. Según El Diario, el 31 de mayo de 1903, el equipo de Avellaneda cayó rotundamente ante Plata United por 16 a 0.

Los primeros años de vida de Racing no fueron nada fáciles. A los sueños de grandeza había que darles forma con hechos. Hacía falta tiempo, paciencia y mucho ingenio. Durante los primeros tiempos, tal cual se había conversado en las primeras reuniones, la novel entidad se mantuvo gracias al aporte de los socios mediante el pago de la cuota mensual.

Racing utilizaba una casaca enteramente blanca, que cambió el 25 de julio de 1904, luego de una reunión de la comisión directiva en la que se resolvió que fuera amarilla y negra a bastones, como la de Peñarol, moción que triunfó por sobre las combinaciones de verde y blanco, y de azul y blanco.

Esa casaca, sin embargo, duró apenas una semana y fue reemplazada por un diseño propuesto por el entonces presidente, Luis Carbone: en el frente tenía cuatro cuadros, dos celeste y dos rosa; la parte dorsal era completamente celeste. La primera década del nuevo siglo se iría con ese modelo, evocado muchos años más tarde, en la camiseta con la que Racing volvió a consagrarse campeón después de 35 años, en el Apertura 2001. Ese modelo tenía una fina línea rosa, en homenaje a esos colores iniciales. Además, en 2005 tuvo esa camiseta como tercera alternativa, a modo de homenaje, y la utilizó un vez, en su encuentro ante Instituto.

Lo mejor empezó en 1905, cuando Racing Club se afilió a la Argentine Football Association y comenzó a participar del torneo de ascenso. Durante los años del amateurismo era normal que los mismos futbolistas fueran a la vez los dirigentes. Así que se comenzó con un proceso de adaptación lógico, que llevó su tiempo.

Poco a poco, el club que todavía no era la Academia seguía creciendo, con el esfuerzo de cada uno de los socios. Todavía, sin embargo, Racing no tenía gran fuerza en la Asociación. Como club puramente criollo, apoyó la intención de otros clubes de que las sesiones fueran en castellano, pero fue una propuesta que, inicialmente, no prosperó ante el poderío vigente de los ingleses. Aunque fue cuestión de esperar apenas un año más, ya que el fútbol se “argentinizaba” a cada paso. Así fue como en 1906, el ente rector del fútbol pasó a llamarse Asociación, aunque en los libros pasó a llamarse oficialmente Asociación Argentina de Football sólo en 1912. Los criollos empezaron a dominar el fútbol, algo que, años más tarde, profundizaría Racing con una marca deportiva indeleble.

Mientras duraron los años del ascenso, Racing institución aprovechó para consolidarse. El crecimiento, gradual y constante, se dio con pies puestos sobre la tierra, con ambiciones medidas, justas, realistas. Claro que, en tanto y en cuanto la solidez lo permitiera, los objetivos se volvían más amplios y generosos.

Por suerte, Racing contaba con buenos valores y ya en 1908 se llegó a la primera final por un lugar en la máxima categoría. El encuentro frente a River Plate se desarrolló en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, que favorecía netamente la afluencia de público de River, que rápidamente se instaló en el estadio, lo que impidió el acceso de los fanáticos que habían ido desde Avellaneda. Racing perdió 2 a 1, los jugadores fueron duramente hostigados durante todo el encuentro y el público invadió en reiteradas ocasiones el campo de juego. Por eso, Racing presentó una queja formal, que tuvo éxito e hizo que la final se repitiera. Claro que, con varios lesionados, la cuestión fue peor y el equipo perdió por 7 a 1.

La popularidad de Racing aumentó con el título de la segunda división y nuevos seguidores empezaron a contarse en los suburbios capitalinos. La dirigencia empezó a buscar nuevos horizontes para afrontar con grandeza el desafío de participar en la primera A. Por eso se les ofreció venir a la Argentina a dos uruguayos de probada jerarquía, como Carlos Scarone y Pedro Somma, quienes, entusiasmados por el fervor que suscitaba el cuadro blanquiceleste, se sumaron al plantel.

El 7 de mayo de 1911, Racing empezó su camino en la primera división, con el empate 1 a 1 frente San Isidro. El gol, el primero en la máxima categoría, lo marcó el uruguayo, Carlos Scarone. El primer éxito se demoró un mes y fue 18 de junio de 1911, frente a Quilmes, por 2 a 1. Esa temporada inicial en el fútbol mayor de nuestro país, Racing se dio un gusto enorme: ganarle por 3 a 1 al histórico Alumni de los hermanos Brown, el primer gran equipo de la Argentina, que ese año se consagraría por décima y última vez campeón y le dejaría la posta justamente a Racing.

Ese año se dividió el fútbol y se creó la Federación Argentina en forma paralela a la Asociación, pero Racing, Boca, River y Ferro, entre otros, se quedaron en la entidad original.

Con el club en pleno crecimiento deportivo, con cada vez más público que lo seguía, 1912 fue el año del primer choque a nivel internacional. Una multitud llenó el vapor Eolo para cruzar el Río de la Plata y enfrentarse con River de Montevideo. Racing cayó por 2 a 1 ante los vecinos y tradicionales rivales. Los éxitos fuera de las fronteras ya vendrían.

Los dos últimos campeonatos de la serie consecutiva fueron un “paseo” para Racing. Consiguió ambos en forma invicta , pero en el que cerró la cuenta, el de 1919, ganó todos los partidos programados por la Asociación Amateur, a la que se afilió Racing, ya que en el fútbol se había producido una nueva escisión.
Más allá de los torneos argentinos, Racing no paró de cosechar copas. Logró la de Honor en 1913 ante Nacional, de Montevideo; en 1913, 1914, 1916, 1917 y 1918 se alzó con la Ibarguren, y la Aldao la consiguió en 1917 y 1918. Estas conquistas también fueron determinantes en el dominio casi a gusto de Racing en el fútbol argentino de esos años.

Durante este fabuloso período, además, en 1915, el club escrituró los terrenos donde hoy se encuentra la sede de la avenida Mitre, mientras que el 4 de junio Racing recibió la personería jurídica, anhelada durante muchos años por quienes le habían dado forma al sueño de la Academia.

Para reflejar un poco la caballerosidad reinante en esa época y el don de gentes de los dirigentes de Racing de entonces, vale rescatar algo que formó parte de la memoria y balance del ejercicio correspondiente al año 1916: “El bárbaro atentado de que el pupulacho inculto hizo víctima al Club de Gimnasia y Esgrima, incendiando sus amplias instalaciones de Palermo, motivó nuestra enérgica protesta, elevada al club amigo, al que ofrecimos de inmediato field e instalaciones. También renunciamos a su favor el importe que nos correspondía por el porcentaje del último match del campeonato sudamericano jugado en nuestro field debido a aquella incidencia, cuya suma es de $ 735,99 moneda nacional”.

En los albores de la década del 20, Racing ya era mucho más que fútbol, aunque el deporte de la número cinco seguía suscitando el mayor interés. En la entidad se podía practicar básquetbol, natación, atletismo y pelota a paleta. En algunas de estas disciplinas, cuentan, se destacaban varios de los integrantes del plantel. Además, el capital del club se había triplicado de acuerdo con la memoria y balance de 1924: de 51.730,24 pesos se había llegado a los 162.523,36, todo un reflejo de las buenas administraciones de la época.
Más allá de que en 1920 se quebró la serie de títulos seguidos, todavía quedaban un par de alegrías más. La primera se dio rápidamente, en 1921. En ese equipo estaba un gran amigo de Carlos Gardel, reconocido hincha académico, Pedro Ochoa, evocado por el Zorzal en el tango “Patadura”, como “Ochoíta, el crack de la afición”.

Con Ochoa y Perinetti como estandartes, y los goles de Luis Batz, Racing se quedó con el campeonato de 1925. Con este título, el noveno oficial a nivel local, se cerró una época dorada de la Academia, una de las más brillantes de su historia. Se iba, también, el amateurismo, con jugadores como el guardavalla José Bottaso (La Cortina Metálica), Antonio de Mare, José Della Torre y Fernando Paternoster. El profesionalista abriría una nueva era en el fútbol argentino.

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Estirpe de campeón

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A punto estuvo Racing de conseguir el tetracampeonato en 1952. Apenas un punto lo separó de River, el campeón, que sería el gran heredero de la dinastía académica de esos años. El River que con el tiempo se conocería como “La Maquinita”, por haber sucedido a “La Máquina”, aquel gran equipo de la delantera inolvidable formada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Es que fue una década dorada la del 50 para el equipo de Núñez, que logró cinco títulos en seis años, entre 1952 y 1957, serie sólo interrumpida nada menos por Boca en 1954. Pero... ¿qué hubiera pasado si Racing lograba la cuarta corona en 1952?

A pesar de que el paréntesis de títulos de Racing se extendió hasta 1958, durante esta etapa el equipo se mantuvo entre los que discutieron los campeonatos. Ya se dijo que en 1952 quedó apenas a una unidad de River, el primero. Al año siguiente compartió el segundo puesto con Vélez, aunque finalmente Racing fue tercero por diferencia de gol. El año en que Boca se alzó con el título fue el de peor rendimiento de la Academia, que quedó décima, a 18 puntos. En el tricampeonato conseguido por River en 1955, 1956 y 1957, Racing se ubicó segundo, cuarto y tercero, respectivamente.

Esos años, además de las buenas producciones del conjunto de Avellaneda, sirvieron para la consolidación de grandes figuras del fútbol argentino, como el arquero Rogelio Domínguez, Humberto Maschio, Pedro Manfredini, Antonio Valentín Angelillo y el magnífico Oreste Osmar Corbatta, “El Loco”, un futbolista exquisito, un puntero derecho que marcó una huella en nuestras canchas, sin distinción de colores, y que triunfó con otra celeste y blanca, la de la selección, en el recordado Sudamericano de Lima, en 1957.

En 1952 se había armado un buen equipo. Pedro Dellacha y el arquero Alberto Favalli (ya había jugado en Racing en 1947) llegaron de Quilmes, “Palito” Balay de Huracán y Juan José Pizzuti abandonó la camiseta de River para ser adoptado para siempre por la gente de Racing. Se retiró el guardavalla Antonio Rodríguez y Ameal se fue al Globo. En 1953 empezó a preocupar la edad de los jugadores. Puzzuti era el más joven, con 26 años, pero Boyé, Méndez, Simes y Sued ya tenían 30. Se reforzó la delantera con Ortigüela (Newell’s) y el regreso de Ameal. Para la floja campaña de 1954 se adquirieron los pases de Cap, Maschio y Sivo a Quilmes, y Boyé se fue a Huracán. Para 1955, Pizzuti se fue por un año a Boca y Méndez pasó a Tigre, pero se incorporaron Angelillo, de 17 años y proveniente de Arsenal, y Adalberto Rodríguez, de Banfield. Se afianzaron Maschio y Corbata, y Cigna y Santos aportaron lo suyo en ataque. Los cimientos de la renovación estaban puesto y firmes.

En 1956, a pesar de que se fueron Angelillo (a Boca) y el veterano Simes (a Tigre), sólo se incorporó el puntero izquierdo Juan Carlos Mendiburu, de Vélez. Al año siguiente se sumó el mendocino Pedro Manfredini y la Raúl Belén, mientras el pasivo del club se saneaba gracias, fundamentalmente, a los ingresos generados con las ventas de Rogelio Domínguez y el Bocha Maschio. El arquero Osvaldo Negri y el zaguero Juan Carlos Murúa dejaron las inferiores para sumarse al plantel profesional. Igual, a River no había con qué darle. La fórmula, sin embargo, la encontraría el propio Racing en 1958.

Vale hacer un paréntesis para mencionar el suceso logrado por el seleccionado argentino en 1957, en Lima, Perú. La selección se consagró campeona con un fútbol de alto vuelo y una delantera fenomenal en la que tuvieron determinante participación tres hombres de Racing: Corbatta, Maschio y Angelillo. “Los carasucias”, como se conoció a aquellos atrevidos jóvenes que le cambiaron la cara a la otra celeste y blanca, formaba arriba con Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz.

Tal vez por esta actuación también haya sido mayor el gran fracaso en el Mundial de Suecia, un año después, que generó una depresión en el fútbol argentino, ya que la gente quedó desencantada con el equipo dirigido justamente por el armador del tricampeón académico, Guillermo Stábile. Pero para Racing no fue malo ese año porque quebró la hegemonía millonaria y volvió a gritar campeón.

Racing llegó a la consagración dos fechas antes del final del certamen, con el empate 3 a 3 frente a Lanús, como visitante. Nada fue sencillo, porque el equipo perdía por 3 a 1, pero en la media hora final, con goles Vladislao Cap y Pedro Manfredini, alcanzó la igualdad que significó un nuevo campeonato para Racing, el cuarto en la era profesional. Poco importó que en los dos cotejos finales empatara 2 a 2 con Vélez y perdiera 2 a 0 frente a San Lorenzo.

Lejos de conformarse, el equipo de Avellaneda se mantuvo entre los de arriba en los dos torneos siguientes (fue segundo en 1959 y cuarto en 1960), hasta que en 1961 volvió a festejar un título, con un plantel que tenía algunos valores nuevos, con el gran Federico Sacchi como estandarte de elegancia y efectividad. También llegaron Borges, Mesías, Peano y Berón. Lo de Racing fue modestia pura al lado del derroche de dinero de otros clubes, encabezados por Boca y River, que creyeron ver la fórmula del éxito en las contrataciones fulgurantes y los extranjeros. La Academia ni siquiera perdió el equilibrio con el técnico: otra vez apostó a alguien con pasado en la entidad, como Saúl Ongaro.

El grupo tuvo un andar notable en el certamen. Mostró una seguridad y un andar firme que prácticamente le aseguraron el título sin sobresaltos. Una serie de cinco victorias seguidas frente a Argentinos Juniors, Boca, Los Andes, Ferro y Huracán en el inicio mismo del torneo le permitieron al equipo de Ongaro forjar una imagen positiva que se prolongaría por el resto del certamen. Incluso, el invicto se estiró hasta la decimotercera fecha, hasta que en la decimocuarta fue Independiente, con una goleada, el que rompió la cadena exitosa de la Academia. Racing no se cayó en lo absoluto, mantuvo su poder y forjó un nuevo invicto de trece fechas, que también se cortó con una goleada, en este caso ante Gimnasia, por 8 a 1, aunque el resultado no hizo la mella que hubiera causado en otras circunstancias porque en la fecha anterior, la vigésimo séptima, con el éxito en el clásico ante San Lorenzo por 3 a 2 , la Academia se había consagrado campeón.
La campaña no dejó dudas de su superioridad: Racing ganó 19 de los 30 encuentros y fue categórico en las redes adversarias, con 68 tantos. Un nuevo clásico frente a Independiente dejó un empate 1 a 1 y siete expulsados en total, que implicaron que Pizzuti tuviera que atajar un rato. No importaba demasiado, una nueva estrella en el cielo racinguista comenzaba a brillar.

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La gloria mundial

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Dicen que lo único inexorable es el paso del tiempo. Que no hay forma de que se detenga ni siquiera un instante. ¿Será cierto eso? Tal vez; tal vez no. Cuando un hecho es tan inmenso, tan trascendente que los días, los años, las décadas no lo pueden borrar, entonces es posible pensar que se ha vencido al tiempo. Como en aquel lejano 4 de noviembre de 1967. ¿Lejano? Si parece que fue ayer, hace un rato nomás. La pelota la tenía Juan Carlos Rulli, ya en campo de Celtic. Cerca de tres cuartos de cancha, le dio el balón al Juan Carlos Cárdenas. El Chango acomodó la pelota para la zurda. La leyenda cuenta que el Bocha Maschio le gritó: “Pateá”. La verdad es que Maschio le pidió la pelota. Pero el Chango nunca lo escuchó. Y, casi por intuición, metió el zurdazo furibundo, desde unos 30 metros, tirado unos metros hacia la derecha del eje central de la cancha. El balón viajó en vuelo heroico hacia la red del arco defendido por Fallon, hacia la victoria, hacia la gloria, hacia la eternidad. Racing 1 vs. Celtic 0. Racing campeón del mundo. La Academia vencía al tiempo.

A esas alturas, más allá de la magnitud, el logro no resultaba sorprendente, porque el equipo ya había sabido construir su propia fuerza en el camino que lo llevó hasta la definición de la Copa Europeo-Sudamericana. Los títulos de 1966, en el certamen local argentino, y de 1967, en la Copa Libertadores, le dieron a Racing la posibilidad de ser el mejor del mundo ante Celtic. Por eso no fue sorpresa; en todo caso, se había alcanzado el nivel de mito.

Al ciclo más importante del club en la era profesional no se llegó de un día para el otro. En realidad, fue el resultado de un extenso período de recambio generacional que comenzó con la consagración albiceleste en el certamen de 1961. Ese plantel contaba con varios jugadores de experiencia, que, tras conseguir el título, empezaron a ceder terreno ante el impulso joven de varios valores de las divisiones inferiores.

Para 1962, el arquero Toledo, de Estudiantes, se sumó al veterano Negri y a un pibe que asomaba en el plantel de primera: Agustín Mario Cejas, que debutó hacia fines de año, el 11 de noviembre, en la goleada académica ante Chacarita, por 7 a 3. Dos semanas más tarde, en el 0 a 0 frente a Independiente, se produjo otro estreno importante: el del santiagueño Juan Carlos Cárdenas, que se mantuvo como titular hasta el final del torneo.
Además de esos debuts, que la historia se encargaría de hacer significativos, también fue destacable la despedida con una clara victoria por 3 a 0 frente a San Lorenzo. Pero lo cierto fue que la campaña no fue nada buena. Racing terminó en el noveno puesto entre 15 participantes, producto de 8 triunfos, 10 empates y 10 derrotas, con 39 goles a favor y 41 en contra.

Una verdadera renovación se dio para el campeonato de 1963, que fue el que contó con menos equipos de la historia, 16, ya que se pretendía darle mayor brillo, algo que no logró plasmarse. Llegaron nada menos que 7 refuerzos para la Academia: Juan Larrea (de Huracán), Mattera (puntero derecho uruguayo), Basílico (Vélez), Oscar Martín (Chacarita), Julio San Lorenzo (Nueva Chicago), Reynoso (San Lorenzo) y Luis Carrizo. También volvió Juan Carlos Oleniak. Entre los que se fueron, Corbatta pasó a Boca; Sanguinetti y Blanco a Chacarita, y Eduardo Curia a Vélez.

Ya el arranque no fue bueno. La Academia sumó su primer triunfo apenas en la sexta fecha, cuando venció a Argentinos ajustadamente por 2 a 1. Al menos, sirvió para que el equipo se destapara y comenzara a recuperar terreno en la lucha por el título. Y lo hizo sin pausas, con significativas victorias frente a San Lorenzo (2-1), Boca (3-0) e Independiente, al que superó como visitante por un contundente 4 a 0. Este último éxito no sólo fue fundamental por propias características, por tratarse del clásico rival y por haber sido una goleada, sino también porque le permitió a la Academia quedar a un punto del líder, River, equipo con el que se enfrentó en la fecha siguiente, el 22 de septiembre. Se acercaban los momentos cruciales del campeonato y Racing tenía la gran oportunidad de quedar en la cima de las posiciones si le ganaba al conjunto millonario. Sin embargo, la ilusión racinguista chocó con la histórica paternidad riverplatense. Los hombres de Núñez se impusieron por 2 a 1, con goles de Luis Artime.

Lo peor: el River de los 18 años negros tampoco pudo resistir el embate de Independiente, que en un buen final, ganó de arremetida y salió campeón con dos unidades de ventaja sobre River y siete sobre Racing y Boca.
Sin descensos para el certamen de 1964, con los ascensos de Ferro y Newell’s, Racing volvió a sumar numerosos refuerzos para intentar meterse otra vez en la discusión: José Omar Pastoriza (Colón), César Luis Menotti (Central), Luis Maidana (Banfield), Daniel Bayo (Gimnasia), Sivina (Central Córdoba), Pentrelli (volvió de Italia) y los brasileños Baptista, Claudio y Dorval. Lo curioso: Racing se desprendió de su goleador, Julio San Lorenzo, quien pasó a Banfield junto con Bertulessi y Peano.

El comienzo fue por demás irregular, con victorias y derrotas alternadas. El equipo no aparecía y los cambios en el equipo se sucedían en una alocada carrera sin resultados. Entre tanta búsqueda se produjo el debut de un pibe en la defensa, frente a Atlanta: Roberto Perfumo. Pero los problemas de Racing pasaban fundamentalmente por el ataque, algo que se solucionó parcialmente sobre el final de la primera rueda, algo que le permitió al equipo quedar a sólo tres puntos del líder, Boca.

En la rueda siguiente, otra vez apareció en escena la irregularidad del equipo. Sin embargo, el éxito por 1 a 0 ante Boca, que no perdía desde la primera jornada, con un tanto de Federico Sacchi, reavivó la esperanza. No por mucho tiempo. Pronto volvió el Racing de la incertidumbre, que no sólo terminaría el certamen en un insulso sexto puesto, con Boca como monarca.

Se acercaba el gran año, pero por la realidad del equipo, parecía que Racing estaba lejos de una nueva conquista. En 1965, la Academia siguió en picada. Se reforzó con Juan Carlos Rulli, Juan José Rodríguez y Benicio Ferreira, de Boca, mientras que el conjunto xeneize se llevó a Menotti y a Sacchi; además, llegó Jaime Martinoli de Banfield, Castillo de Español, y la Bruja Belén, en sus últimos tiempos de jugador, se fue a Newell’s.

A tal punto la campaña de Racing fue mala que el final de la primera etapa lo encontró en el último puesto de la tabla. La segunda rueda no trajo demasiadas novedades, al menos en el comienzo. El equipo se mantenía en el fondo de la tabla y no había quien encontrara la fórmula para salir del mal trance. Renunció el entrenador, José García Pérez, pasó Cacho Giménez como interino y el 19 de septiembre llegó el gran día. Racing, el último, se enfrentaba con el primero, River, un equipo embalado por el buen andar. Esa tarde, en el banco de Racing se sentó por primera vez Juan José Pizzuti. En verdad, no había una gran euforia y es lógico pensar en eso. El equipo estaba haciendo una campaña muy pobre y la paternidad millonaria no prometía alegrías. River empezó ganando con un gol de Artime. Todo indicaba que la historia sería la de casi siempre.

Pero “Tito” Pizzuti hizo el milagro, su equipo hizo el milagro. Un tanto de Castillo y dos de Juan José Rodríguez dieron vuelta el resultado y entonces sí se desató la algarabía popular. El último “volteaba” al líder y Racing, desde lo más profundo de su crisis, sacaba fuerzas para ponerse de pie.

Una nueva derrota en la fecha siguiente, ante San Lorenzo, por 2 a 0, no hizo mella en el espíritu renovado de un grupo que empezaba a meterse en la historia grande del fútbol argentino y mundial sin darse cuenta. En el cotejo siguiente, un empate 1 a 1 frente a Atlanta, comenzó una serie invicta de 39 partidos que recién pudo quebrar el Boca de Carlos Bianchi entre 1998 y 1999, cuando estuvo 40 partidos sin conocer la derrota. Y la imagen sirve para marcar diferencias entre un tiempo y otro, y a la vez darle valor a lo hecho por ese equipo albiceleste: con esa racha, Racing logró el título de 1966, mientras que Boca, con una actuación similar, se quedó con dos coronas locales, por los torneos cortos. En fin, cuestiones del paso del tiempo que en este caso favorecieron al conjunto xeneize.

Finalmente, el certamen de 1965 terminó con Boca campeón y otra frustración para River. La levantada de Racing, que se mantuvo invicto durante los últimos 14 encuentros del certamen de 1965, le permitió alcanzar el quinto puesto. Fue el nacimiento de un equipo emblemático.

Para la gesta de 1966 se incorporaron Fernando Parenti (Lanús), los uruguayos Benítez y Nelson Chabay (llegó de Racing de Montevideo, recomendado por Nito Veiga, ayudante de Pizzuti). También se sumó Miguel Mori, de Independiente, en canje por José Omar Pastoriza. Se fueron Anido, Pentrelli y José Vazquez.
El equipo arrancó el torneo con el envión del final de 1965. En la primera fecha, venció a Atlanta por 2 a 0, con goles del Yaya Rodríguez. Fue el primer paso hacia el título. La Academia empató 0 a 0 con Vélez, venció a Newell’s 2 a 0 y a Quilmes 5 a 0, igualó con Banfield 0 a 0 y superó a Chacarita 1 a 0. Para la sexta fecha, los hinchas recibieron un regalo muy preciado: el reencuentro en la cancha con Humberto Dionisio Maschio. El “Bocha” nunca había dejado de tener contacto con su amigo Pizzuti, de quien había sido compañero, durante los años en los que jugó en Italia. Las cartas los mantenían al tanto de la vida y los pasos de cada uno. El técnico, a sabiendas de que a Maschio se le vencía el contrato en la península, le hizo saber que lo quería de nuevo en Racing. Por eso, le dijo al entonces presidente de la institución, Santiago Saccol, que hiciera todos los esfuerzos para convencer a Maschio de ponerse nuevamente la camiseta celeste y blanca. Y así fue. El 10 de abril, ante Chacarita, el “Bocha” volvió a la Academia y su equipo se impuso por 1 a 0, con un gol del Yaya Rodríguez.

Si hubiera que mencionar una sombra en el torneo, habría que buscarla por el lado de River, cuándo no. Es que en el primer clásico del certamen, ante el conjunto de Núñez, Racing empató 1 a 1 y, en la segunda rueda, los millonarios fueron los que le cortaron la serie invicta a la Academia. Pero no nos adelantemos. Después de la igualdad con River, Racing superó a Estudiantes (1-0), Huracán (2-0), Ferro (4-1), Central (1-0), Colón (1-0), Lanús (2-1) y Platense (3-1), mientras que empató con Argentinos (0-0), Boca (otro clásico igualado, 0-0) y Gimnasia (2-2). En las dos últimas fechas de la primera rueda, la Academia consiguió los dos primeros triunfos en los clásicos. El 3 de julio superó como visitante nada menos que a Independiente, por 2 a 0, con tantos del Bocha Maschio y Jaime Martinoli, mientras que el 17 del mismo mes superó por 2 a 1 a San Lorenzo, con goles del Yaya Rodríguez y Basile (Veira descontó para el Ciclón).

Si bien la segunda rueda comenzó con tres empates, ante Atlanta, Vélez y Newell’s, Racing no se quebraba. Después de esa serie consiguió tres victorias seguidas, frente a Quilmes (2-1), Banfield (1-0) y Chacarita (3-0). Justamente este último triunfo frente al equipo de San Martín fue el eslabón final en la histórica serie invicta del “Equipo de José”, porque a la fecha siguiente, la vigésimosexta, River –esa eterna espina– lo venció por 2 a 0 y terminó con la imbatibilidad académica. Con lo que no terminó fue con el espíritu ganador del plantel, porque esa sería la única derrota hasta el final del campeonato.
Después del cotejo ante River, Racing les ganó a Estudiantes (3-0), Argentinos (3-0), Ferro (6-0), Rosario Central (2-1) y Platense (2-0), e igualó con Huracán (2-2), Colón (0-0) y Lanús (2-2). El 13 de noviembre Racing le ganó en el Cilindro el clásico a Boca por 3 a 2, con una gran actuación del Panadero Rubén Díaz. Ese éxito lo puso a las puertas de un nuevo título.

Una semana más tarde llegó la consagración, en La Plata, con el empate 0 a 0 frente a Gimnasia y Esgrima, con dos fechas de anticipación. Ese día Racing dio la vuelta olímpica que fue la antesala de la consagración de la Academia en el mundo. El certamen terminó con un empate 3 a 3 frente a Independiente y una victoria de despedida ante San Lorenzo por 2 a 0.

Con el título local en el bolsillo, en 1967, mientras comenzaba la disputa de los torneos Metropolitano y Nacional, Racing fue en busca del reconocimiento mundial. Y lo consiguió. Lejos estuvo la empresa de resultar sencilla y basta con un dato para certificarlo: la Academia se consagró en la Copa Libertadores más larga de la historia. Para quedarse con ella, el equipo dirigido por Juan José Pizzuti disputó nada menos que 20 partidos.

Para afrontar el objetivo no se tocó la base del plantel; de hecho, se enriqueció con las incorporaciones de los delabnteros Norberto Raffo y Joao Cardoso, el defensor Antonio Manillo, y el arquero Antonio Spilinga. La Academia integró el Grupo 2 y arrancó con todo: un claro éxito frente a River por 2 a 0, en Avellaneda. Después, el equipo cayó rotundamente frente a 12 de Octubre, de Bolivia, como visitante, por 3 a 0, pero ya no volvería a caer en la primera etapa, algo que lo clasificaría para las semifinales. Seguidamente, el conjunto albiceleste superó a Independiente Medellín (2-0), Independiente Santa Fe (2-1) y a Bolívar (2-0), todos como visitante; luego, en el Cilindro, venció a Independiente Medellín (5-2), Independiente Santa Fe (4-1), 31 de Octubre (6-0) y Bolívar (6-0), para cerrar su actuación en esa instancia con un empate 0 a 0 ante River, en Núñez.

Claro que la Academia pasó algunas vicisitudes, no en lo deportivo, pero sí en otras cuestiones. Por ejemplo, la realidad colombiana de ese momento no permitía que el equipo saliera del hotel donde se alojó cuando fue a jugar a ese país. Y de aquella excursión a tierra cafetera es la anécdota que cuenta que el grupo corrió peligro de muerte en un vuelo. Fue en el viaje de Medellín a Bogotá, en la tarde del 27 de marzo, en un DC-4 de la empresa SAM. El vuelo duró sólo una hora, pero la delegación no tuvo descanso. Una tormenta impresionante sacudió la aeronave como pocas veces. El miedo invadió a todos y con razón. En un momento, la máquina empezó a descender a gran velocidad: “¡Nos matamos!”, gritó el Bocha Maschio. Cuando todo parecía perdido, el piloto consiguió enderezar el avión.

Volviendo al fútbol, en el comienzo de las semifinales Racing se volvió a enfrentar con River, con el que empató 0 a 0 como visitante. Después, hilvanó cinco triunfos consecutivos: ante Universitario, de Perú, por 2 a 1 en Lima y Avellaneda; frente a Colo Colo, 2 a 0 en Chile y 3 a 1 en el Cilindro, donde por la última jornada superó a River por 3 a 1. Racing estaba en la final de la Copa Libertadores.

A pesar de semejante campaña (cinco triunfos y un empate), el equipo de Pizzuti dirimió el pase a la final en un desempate con Universitario, en Chile, donde con la victoria por 2 a 1 logró acceder a las finales.
Tampoco le resultó sencillo a la Academia el último paso, que tuvo que dividir en tres, frente al Nacional uruguayo, porque los dos enfrentamientos originalmente pautados terminaron 0 a 0, en Montevideo y Avellaneda. Hubo que ir a un desempate, otra vez en el estadio Nacional de Chile, como contra Universitario. Racing sacó ventaja en el primer tiempo, con goles de Joao Cardoso, a los 14 minutos, y Norberto Raffo, a los 43. Pero cuando faltaban 11 minutos, descontó Espárrago para Nacional. Entonces, los instantes decisivos fueron emocionantes. El conjunto argentino resistió los embates uruguayos y al final se quedó con el gran premio: la Copa Libertadores.

Ese 29 de agosto en el país se desató la fiesta blanquiceleste, de una punta a la otra, en la sede de Avenida Mitre, en Avellaneda, en el Cilindro. Fue una fiesta gigante, genuina.

Pero había más. Los jugadores y los hinchas sabían que podían seguir haciendo historia. Quedaba la Copa Europeo-Sudamericana, la gloria total. Sin el conocimiento que hay hoy de muchos clubes del mundo –ni hablar de los más importantes–, Racing emprendió el viaje a Europa para enfrentarse con Celtic, de Escocia.

El 18 de octubre fue el primer choque, en Hampden Park. Un solo cambio respecto de la definición de la Libertadores: Juan José Rodríguez por Joao Cardoso. La esperanza se derrumbó. Los escoceses se impusieron por 1 a 0 con un tanto de McNeill a los 24 minutos del segundo tiempo. “Se acabó un ciclo”, dijo Pizzuti, abatido.

La derrota había calado hondo en el ánimo del grupo. Pero quedaba la revancha del 1º de noviembre. Para entonces, la “calentura” del momento había pasado. Pero aún así hubo que sufrir y mucho, como en todo el camino que condujo al club de Avellaneda al éxito mundial. Chabay entró por el Panadero Díaz y Cardoso por Mori. El Cilindro era un hervidero. De hecho, el arquero titular visitante, Donald Simpson, no pudo jugar porque en el calentamiento recibió el impacto de un proyectil. Así y todo, la tarde empezó bien para Celtir, porque Gemmel abrió la cuenta a los 21 minutos de la primera etapa, de penal.

Enseguida volvió la calma y empató Norberto Raffo. Pero hacía falta un gol más para ir al desempate. Y apareció el Chango Cárdenas apenas iniciado el segundo tiempo: 2 a 1 y a Montevideo a definir la historia.

El 4 de noviembre fue la gran cita del otro lado del Río de la Plata. El estadio Centenario estaba a pleno. Una gran cantidad de racinguistas cruzaron el río para alentar al equipo, pero la verdad es que la Academia fue visitante en Uruguay, aún a pesar del gesto del equipo, que intentó congraciarse con el público saliendo con una gran bandera uruguaya. No hubo cambios en la formación. Cejas; Perfumo y Chabay; Martín, Rulli y Basile; Cardoso, Maschio, Cárdenas, Rodríguez y Raffo. El partido fue áspero, como se preveía. Antes de que terminara el primer tiempo, el árbitro paraguayo Rodolfo Pérez Osorio expulsó a Lennox y a Basile por agresión mutua. Johnstone también se fue antes, apenas comenzado el segundo tiempo, a los tres minutos. Con un hombre más, Racing se fue con todo para adelante. Hasta que a los 10 minutos del complemento Rulli y Cardoso armaron la jugada; Rulli se mandó y el Chango Cárdenas se mostró en la izquierda; la pelota le llegó, avanzó unos metros, levantó la cabeza y le dio de zurda al balón, con tremenda fuerza y dirección. Estaba a unos 25 o 30 metros del arco. El estadio hizo silencio durante una fracción de segundo. Fallon, el arquero de Celtic, voló hasta lo imposible. De nada sirvió. El remate del Chango estaba en la red. Se desató así la carrera enloquecida del delantero académico para abrazarse con Basile. El delirio se apoderó de los argentinos. La victoria estaba cerca.
El encuentro continuó áspero. Por eso también se fue expulsado Hughes y, antes del final, Rulli. Pero a esas alturas, la batalla estaba ganada. Cuando el árbitro indicó el final, hubo un estallido argentino que retumbó en el mundo. Fue el de la Academia, el de Racing Club, primer campeón mundial de nuestro país.

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La lenta caída

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El pináculo al que llegó Racing en 1967 con las conquistas de la Copa Libertadores y la Copa Europeo Sudamericana significó también el final de una era plena de gloria, no sólo en lo deportivo, sino también en lo institucional. Si bien la pendiente del tobogán no comenzó a recorrerse inmediatamente, a partir de la década del 70 la Academia se transformó en un club que recurrentemente renovaba las ilusiones, pero que sistemáticamente sucumbía por los graves errores en el manejo de la entidad.

Santiago Saccol, el hacedor desde la dirigencia del gran campeón, retomó la presidencia en 1968. Poco a poco, ese gran plantel empezó a desmembrarse por distintas cuestiones. El dinero se gastaba en incorporaciones que en la mayoría de los casos no compensaron en la cancha la inversión efectuada. Racing empezaba a sufrir, casi sin darse cuenta, al compás de un país que vivía también una época difícil.

A comienzos de los años 70 surgieron figuras como Juan Domingo Rocchia y Carlos Squeo, pero las dificultades económicas hicieron que rápidamente buscaran nuevos horizontes, lo mismo que el Mariscal Roberto Perfumo, que se fue a Cruceiro, de Brasil. Así y todo, la Academia se las ingeniaba para meterse en la lucha de los torneos.

Así fue como en 1967, año de apogeo y esplendor futbolístico, el equipo llegó a la final del primer campeonato Metropolitano, en la que cayó frente al Estudiantes de Osvaldo Zubeldía por 3 a 0, el mismo equipo que también lo dejó afuera de la Copa Libertadores al año siguiente para empezar la cadena de tres copas consecutivas. De ahí en más, casi todas serían malas para la Academia.

La crisis no hizo reaccionar a los dirigentes de entonces. Racing siguió sin rumbo en lo institucional y en lo deportivo continuó con la política de intentar salir a flote con grandes contrataciones. Ni los sucesivos gobiernos ni las contrataciones rutilantes, con el caso de Julio Ricardo Villa como paradigma, en 1977, por quien se pagó la cifra récord de 80.000.000 de pesos, lograron frenar la pendiente institucional y deportiva. Igual, Racing no estuvo ni siquiera cerca de alguna consagración. A Saccol lo siguieron Armando Ramos Ruiz (ex interventor en la AFA), Nerón Sordelli, Roberto Fontella y Ramón Vinagre, con quien Racing empezó a sufrir los primeros sofocones con el descenso. Sin embargo, los dirigentes no le prestaron atención a la alarma y siguieron con la política infructuosa de comprar y comprar jugadores. Los años pasaron y el club, poco a poco, se fue hundiendo cada vez más.

Los nombres pasaban y el equipo seguía por la misma pendiente. Surgían, aún en la depresión, chicos que generaban ilusión, como Juan Alberto Barbas y Gabriel Humberto Calderón, quienes fueron campeones del mundo Sub 20 en Japón con la selección argentina, en 1979, tras el título ecuménico de mayores en nuestro país, un año antes. Pasaron técnicos de todas las clases: del riñón del club, como Agustín Mario Cejas; con pasado académico, como José Omar Pastoriza, e ídolos de otras divisas, como Enrique Omar Sívori, símbolo de River. También estuvieron jugadores como Julio Olarticoechea, el uruguayo Juan Ramón Carrasco (en quien se gastaron 600.000 dólares), José Van Tuyne, José Berta y muchos otros.

Así y todo, el 12 de octubre el estadio se reabrió, aunque sólo para ser escenario de la más grande tristeza en la historia deportiva de la institución. Un emblema racinguista como Juan José Pizzuti se hizo cargo del equipo en reemplazo de Rogelio Domínguez. Pero el equipo estaba decididamente a la deriva, con un plantel que no entendía al técnico y que estaba lejos de ser un grupo homogéneo.


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La década ineficaz

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En la década del 90, las gambetas y los goles mágicos de Rubén Paz no lograban sostener una estructura que se derrumbaba inexorable y dolorosamente. El estadio, en estado de abandono total, terminó por convertirse en depósito de papas. Una vergüenza que los hinchas de Racing nunca admitieron para la gloriosa historia de su club. Destéfano venció a Osvaldo Otero en las elecciones de 1991, que luego de una larga y engorrosa batalla judicial fueron declaradas fraudulentas. Sin embargo, la dilación de la Justicia le permitió al ex dirigente metalúrgico y de la CGT mantenerse en el cargo y presentarse en los comicios de 1995, en los que fue vencido por Otero, en ese momento apoyado por Daniel Lalín, quien comenzó a conducir el fútbol profesional con el aporte de capitales propios.

Parecía que era la gran oportunidad del club para renacer de las cenizas. Las obras de reacondicionamiento del estadio se pusieron en marcha, mientras un equipo con nuevas figuras comenzaba su participación en el torneo Apertura 1995, con Pedro Marchetta como director técnico, quien luego le dejó su lugar a Miguel Brindisi. El equipo fue segundo y peleó hasta la última fecha con el Vélez de Carlos Bianchi.

El club dio otro paso en pos de su saneamiento definitivo: en 1996 se cerró el concurso de acreedores y se abrió uno nuevo, siempre bajo la tutela del juez Enrique Gorostegui. El pasivo del club se redujo de 24.000.000 a 12.000.000 de dólares y eso fue festejado por la nueva dirigencia como un título.

Con el tiempo, entre Otero y Lalín surgieron diversas diferencias que minaron el camino del club. Lalín se alejó de la entidad y se convirtió en el peor enemigo de Otero. A todo esto, Destéfano aportaba su granito de arena desde afuera cada vez que podía para hacer crecer un germen que llevó a Racing casi a la extinción: las tremendas luchas intestinas.

El club volvió a desviarse. Perdió la oportunidad de enderezar sus cuentas, las cuales empezaron a inflarse en rojo como nunca antes. El club se sostenía en base a préstamos que servía para pagar deudas, pero también para engrosar el pasivo.

En medio de otra crisis, a fines de 1997, Daniel Lalín se impuso en las elecciones a Enrique Cappozzolo y Mario Fracchia y se convirtió en el nuevo presidente de la institución. Sus promesas de devolver a Racing a los primeros planos terminaron pronto. El empresario gastronómico utilizó la misma fórmula que en el comienzo de la presidencia de Otero: trajo un nuevo técnico, Angel Cappa, y formó un equipo de nuevas figuras, adquiridas con capitales propios, pero que en definitiva debía pagar Racing. El 14 de julio de 1998, mientras el plantel realizaba la pretemporada en Concordia, Entre Ríos, presentó el pedido de quiebra, que fue aceptado por el juez Enrique Gorostegui.


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Volver a gritar campeón

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La cita en la cálida mañana de verano fue bien temprano, en el Hindú Club, de Don Torcuato. Lejos del ruido de la gran ciudad, en ese oasis verde que supo ser refugio de muchos equipos. A las 8.30, el plantel empezó a salir del vestuario y los jugadores se sentaron en el centro de la cancha principal con Reinaldo Carlos Merlo. Se establecieron las pautas iniciales, todos empezaron a conocerse. Allí buscó Racing la intimidad necesaria para empezar a construir una gesta heroica, un grito ahogado por muchos años, un mito que revivirá con el recuerdo de cada hincha académico: el logro del título en el torneo Apertura 2001, después de 35 años de amarga e injusta espera.

El camino no fue sencillo. El equipo, a comienzos de 2001, estaba seriamente acuciado por el temido fantasma del descenso y venía de hacer la peor campaña de su historia, en la que quedó último, en el torneo Apertura 2000.

El reglamento sólo permitía la llegada de un par de refuerzos, no más. Sin embargo, Racing hizo tres incorporaciones. El delantero Luis Rueda y el defensor chileno Pablo Contreras ocuparon las plazas permitidas y se repatrió al atacante Maximiliano Estévez, quien rescindió su préstamo con Racing de Santander y se reincorporó a la Academia sin problemas porque su pase pertenecía a Racing.

Después de muchos años, el equipo hizo una pretemporada pensando exclusivamente en los objetivos deportivos. Atrás habían quedado las incomodidades de otras temporadas en las que a duras penas y con problemas económicos e institucionales los jugadores podían realizar un trabajo como las exigencias del fútbol de hoy indican.
El torneo Clausura 2001 empezó mal. La esperanza de Racing comenzaba en el Cilindro, frente a Talleres, pero el destino parecía empecinado en poner a prueba el temple celeste y blanco: derrota 1 a 0. Con un nuevo técnico, en ese momento sin identificación con el club, y un plantel sin demasiada renovación, en el que predominaban viejos valores como Claudio Ubeda, Sergio Zanetti, Gastón Sessa, jóvenes que habían crecido a la sombra de los malos tiempos, como Javier Lux, Adrián Bastía, Carlos Arano, el propio Chanchi Estévez y Vicente Principiano, entre otros, y refuerzos buscados con los pocos pesos que tenía el club, como José Chatruc y Osvaldo Canobbio, la historia pintaba complicada.


La recuperación llegó en el momento justo, cuando los nervios y los miedos habían ganado la escena, cuando el promedio flaqueaba. El empate 1 a 1 ante Colón, en Santa Fe, en un partido que estaba perdido, levantó al equipo. Luego, con una victoria por 4 a 1 frente a Rosario Central, el 5 de junio de 2001, en el Cilindro, Racing no sólo volvió a la senda del éxito, sino que ese día se salvó definitivamente del descenso y la promoción.

Pero la historia de ese torneo Clausura tenía reservada una última sorpresa. En la jornada final, el equipo se despidió con un festejadísimo éxito en el clásico ante Independiente por 1 a 0, como visitante, con un tanto de penal de Maximiliano Estévez. El hecho de haber evitado la promoción y de conseguir el resonante éxito final ante el rival de toda la vida fue el preanuncio del romance que se generaría entre el equipo y los hinchas en el campeonato siguiente, con la obtención del título.

Se había cumplido el primer objetivo, entonces era el momento de volver a los primeros puestos y empezar a recuperar el prestigio. El plantel se renovó, llegaron muchos refuerzos y se armó un plantel competitivo, sin incorporaciones resonantes, sino más bien buscando con cuidado cada uno de los hombres.

Aunque nadie negaba el deseo de salir campeón, no se apuntaba directamente al título, sino que se pretendía pelear arriba en ir consolidando una estructura.
Llegaron el arquero Gustavo Campagnuolo (de San Lorenzo), el lateral izquierdo colombiano Gerardo Bedoya (Deportivo Cali), los zagueros Gabriel Loeschbor (Rosario Central) y Francisco Maciel (Almagro), el lateral derecho Martín Vitali (Independiente), los mediocampistas Gustavo Barros Schelotto (Villarreal, de España), Cristian Ríos (Unión), Leonardo Torres (Chon Buk Hyundai, de Corea), Alexander Viveros (Fluminense, de Brasil) y el delantero Rafael Maceratesi (Rosario Central).

Se hizo una nueva pretemporada, esta vez en Mar del Plata. En esos días en la costa el grupo empezó a forjar la mística ganadora, lejos del ruido, en la intimidad, poco a poco.

La ilusión se puso en marcha la noche lluviosa del viernes 17 de agosto en Avellaneda, frente a Argentinos Juniors. Carlos Arano abrió el camino con una escapada individual que terminó en un gran zurdazo desde afuera del área. Pero como nada es fácil para Racing, el partido se complicó, Argentinos empató y hubo que remar nuevamente. Pero ese campeonato la suerte estaba del lado de la Academia; en el segundo tiempo un centro terminó con el gol en contra de De Muner y la victoria final de Racing por 2 a 1.

Ese triunfo fue el primer eslabón en una cadena invicta de once partidos que, como en el final del Clausura, continuó frente a Independiente. Y, aunque no fue una victoria, se festejó como tal. Racing perdía 1 a 0, pero intentaba, iba al frente. Y, de tanto buscar, tuvo su premio en el último minuto: centro, el arquero Rocha que sale mal y Loeschbor, con un cabezazo, desató un festejo de ribetes épicos.

Luego de la segunda fecha, Racing quedó cuarto. Fue la única vez en el campeonato que la Academia no estuvo primera, porque tras el empate ante Independiente el equipo hilvanó tres victorias seguidas, frente a Rosario Central (1-0), Newell’s (2-1) y Talleres (2-0). Un empate ante Belgrano (0-0) y un dificilísimo triunfo ante Huracán en Parque Patricios (1-0, gol de Barros Schelotto) precedieron a otro gran impacto racinguista, que empezó a catapultarlo definitivamente como serio candidato al título. En el Cilindro, Racing goleó a San Lorenzo por 4 a 1, con tantos de Loeschbor, Estévez, Bedoya y Maceratesi. El entusiasmo no sólo fue por el resultado: Racing tuvo una producción futbolística de alto vuelo. Fue, casi con seguridad, el mejor rendimiento del equipo en el campeonato.


El partido siguiente era con Gimnasia, pero primero se disputó el clásico ante Boca, que correspondía a la decimoquinta jornada y que fue adelantado porque el equipo xeneize debía disputar la Copa Europeo-Sudamericana frente a Real Madrid, en Japón. El cambio no fue positivo. Ese jueves, la gente de la Academia llegó a la Bombonera con la ilusión en alto, pero Juan Román Riquelme estuvo inspiradísimo, Boca brilló y Racing se vio superado. Fue 3 a 1 y Maxi Estévez marcó el descuento. Pero las derrotas también sirven y el equipo de Mostaza fortaleció su espíritu de cara al tramo final del certamen.

Al domingo siguiente quedó claro que de ninguna manera los jugadores estaban vencidos. No dudaron un instante del camino a seguir. Y claramente a Gimnasia y Esgrima La Plata, en Avellaneda, por 4 a 1. Un resultado rotundo en una fecha especial: fue un 4 de noviembre, día que se hizo un lugar en los corazones albicelestes desde que en 1967 el Chango Juan Carlos Cárdenas le marcó el golazo a Celtic.

La cercanía de la vuelta olímpica posiblemente haya hecho que, con un empate 0 a 0 ante Banfield, en la cancha de Huracán, River consiguiera acercarse a tres puntos a falta de dos encuentros. Racing jugó mal frente al equipo del Sur, pero esa tarde Merlo, apenas terminado el encuentro, abandonó su cautela habitual y la frase “paso a paso” para mandarles un mensaje a los jugadores y a todos los hinchas: “Ahora me cansé. Vamos a salir campeones”. Fue la inyección anímica, la palabra motivadora en el momento justo.

Una semana después, el Cilindro rebalsó de hinchas frente a Lanús. La confianza estaba intacta. Toda la Academia soñaba con una consagración anticipada para festejar en casa. Rafael Maceratesi abrió el marcador luego de una serie de rebotes y el delirio se apoderó de las tribunas, que volvieron a estallar sobre el final, con el gol de José Manuel Chatruc. La victoria de River sobre Argentinos por 3 a 1 postergó la consagración, pero no empañó la fiesta.

Racing siempre tuvo destino de sufrimiento. Esta vez no fue la excepción. El 20 de diciembre estalló en el país una crisis política, económica y social de enormes proporciones, que terminó con la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa, sucedido brevemente por el senador Ramón Puerta.

Durante esos días de violencia e incertidumbre se declaró el estadio de sitio, lo cual no resultaba el contexto apropiado para definir el campeonato de fútbol. Que Racing no tuviera la posibilidad de dar el último paso en la carrera hacia una consagración que llevaba 35 años de espera era casi intolerable para los hinchas, que a esas alturas no entendían que el maleficio pudiera llegar tan lejos.

El día elegido fue el 27 de diciembre de 2001. El que quedará grabado por siempre en la memoria de todos los racinguistas. Ese día no importó el resultado del equipo millonario, porque la Academia no necesitó de terceros. Después del 0 a 0 del primer tiempo, a los ocho minutos del segundo llegó el centro preciso de Bedoya y el cabezazo goleador del guerrero de la defensa, Gabriel Loeschbor. El delirio y la emoción explotaron en Liniers y también en Avellaneda, en el Cilindro, donde 40.000 almas que no pudieron conseguir su entrada para estar en el estadio José Amalfitani se reunieron para vivir, a través de una pantalla gigante, todas las alternativas del partido final.

Por fin, Racing podía gritar CAMPEON. Tuvieron que pasar 35 años para que el destino les permitiera a los racinguistas abrir la boca y pronunciar con toda la fuerza de las cuerdas vocales ese sentimiento pintado de celeste y blanco. Las lágrimas en los rostros de los hinchas se reflejaban dentro del campo en jugadores como Carlos Arano, el lateral izquierdo que se forjó en las inferiores y cuya habitación en la casa de los padres todavía se mantenía juvenilmente revestida con la pasión de la Academia. Se emocionó él en el césped, se emocionó su padre en la tribuna. Festejaron todos durante largas horas, días, semanas y meses, porque el título de Racing, el más esperado de todos, fue saludado por propios y extraños.

El mundo del fútbol se arrodilló una vez más ante una gesta histórica del equipo más apasionado de la Argentina: Racing Club.


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Esto no fue todo, no me dejo poner mas porque no se puede mas pero ya vendre con MAS! Gracias a todos los hinchas de Racing por ver el post Y a los no hinchas de racing y a Taringa!