Este Banfield tuvo mucha más calidad
El primer Banfield de Falcioni, el que fue tercero en el Apertura 03, cuarto en el Clausura 04 y que llegó a cuartos de final de la Libertadores 05, era un equipo con jugadores que venían del ascenso, que se habían acostumbrado al sacrificio, que se impuso muchas veces por saber trabajar la pelota parada. Luego, con la llegada de Palacio, ganó mucho vértigo y velocidad, pero este Banfield tiene mucha más categoría y calidad que aquéllos. Este equipo tiene todo: juego, sacrificio y una enorme seguridad en el fondo. Este Banfield sólo tuvo dos derrotas, ha ganado los partidos parejos y ha definido con solvencia los que jugó mejor. Ese es el ideal de todos los técnicos, y este equipo lo ha logrado.

El principal mérito de nuestro Banfield es que se ha impuesto a instituciones que ya han consolidado sus proyectos. No es sencillo pelear contra el Estudiantes de Verón, el Vélez que había salido campeón, Lanús o contra los grandes; por eso, entonces, nuestro mérito es mayor, lo más importante de esta campaña que será inolvidable. Esto es mucho más de lo que yo viví como jugador.

"Ahora me puedo morir tranquilo"

banfield campeon 2009Faltan minutos, dos, tres, un puñado, casi nada. Acá, en la Bombonera, y allá, en Rosario. Julio César Falcioni está parado, quieto, inamovible delante de su banco de suplentes, con sus jugadores pegados a la radio y con la seguridad de que el título es propio, por primera vez. Y suyo. Como sus lágrimas. Porque Julio llora. ¡Llora! El hombre de la cara de perro, el duro, el recio se emociona. Se le caen las lágrimas, se le desborda la emoción. Y no se mueve. Mira. Ensaya un aplauso, un "vamos" para Marchant, que pasa por esa banda. Mira a la tribuna. Y llora. Julio llora.

Abal pita el final, levanta las manos, Falcioni gira su rostro al cielo, cierra los ojos, apretuja los párpados, levanta los brazos. No grita, apenas abre la boca y vuelve a repetir el "vamos", ahora con otro color, con otro tono, éste es el desahogo. Se abraza con su cuerpo técnico. Llega Sanguinetti y lo acerca contra su pecho. Se suman varios. El técnico camina, ahora, hacia la cancha. Se amontona con los jugadores, mira otra vez el cielo. "Ya me puedo morir tranquilo", piensa. Y llora.

La gente de Banfield delira; la de Boca, aplaude al campeón, el campeón de Falcioni. Su equipo. Su invento. Su creación. El plantel entra al vestuario, hay más abrazos, cantos, muchos "dale campeón" que Julio disfruta, goza como nunca. Aparecen las primeras cámaras, los primeros grabadores. "Ahora me puedo morir tranquilo", repite entre risas el primer ex arquero en dirigir a un campeón argentino. "Esto es para mi vieja, para toda mi familia... Para mi viejo, que me dio fuerzas desde allá", dedica.

La voz ya no tambalea. Ahora Falcioni ríe, bromea, descorcha champagne -literalmente- y lo vuelca sobre la cabeza de un cronista. "Ya está, no importa más nada", descarga... La cara de culo desaparece como por arte de magia y no vuelve. Falcioni atiende a todos, admite el sufrimiento ("vivimos el partido con la radio pegada a la oreja", descarta la estatua ("para qué... con todo lo que me dan los hinchas, no necesito más", describe el vestuario ("hubo emoción, lágrimas, abrazos..." y destaca a su campeón: "Fuimos los mejores, sin dudas, los mejores. Las cifras son incuestionables".

Emperador de Banfield, Julio César se conmueve con el logro. "Es algo histórico. ¿Cuándo empecé a sentirlo? En la pretemporada. Tenía un pálpito", jura. Un día 13 le puso la estrella a un club que suma 113 años de vida. Adorador del bingo, del casino, ya se sabe adónde irán a parar algunas de sus esperanzas. Las otras no se mueven: "Quiero seguir con esta historia para darle más títulos a este club". Y habrá que confiar, nomás.

El mejor DT de la historia

Un repaso histórico impone mencionar a Martínez y Zurdo, dupla técnica del 51. También a Benicio Acosta, quien con la ayuda de Don Valentín Suárez, armó el equipo ascendió en el 62 y sentó las bases de la etapa de mayor permanencia en Primera. Luego, pueden estar nominados Angel Cappa (equipazo el del 85), Oscar López y Oscar Cavallero (en el 93-95, era puro pizarrón pero atacaba con tres puntas) y Luis Garisto (obrador del milagro de la permanencia en el 2001-02)

Pero lo de Falcioni resulta superlativo. Fundamentalmente, por cómo entiende su trabajo, que va mucho más allá de elegir 11. JC, además, es manager, planifica, gestiona y prevé. "Nos dice va pasar esto y pasa", cuentan admirados sus jugadores. Entiende que el margen de error propio y el margen de maniobra rival deben ser reducidos al mínimo y luego, sí, pensar en lastimar. Esta versión 2009 lo mostró mucho más predispuesto a explorar esos caminos: los laterales atacaron siempre, el doble cinco fue Erviti y puso de titular a James. Sí, es el mejor.

El mejor

Banfield es justo campeón: no por su feo juego con Boca sino por su equilibrio y efectividad en el torneo. Falcioni lo hizo.

Banfield salió campeón antes de que Julio Falcioni se pusiera a llorar. Su imagen de duro se quebró -igual que su equipo en el día que debía coronar- pero a lo largo del torneo ya había dejado su sello. Habrá que escapar rápido del análisis del partido con Boca, por lo menos los hinchas de Banfield. Le faltó fútbol: se repitió por el centro desde el temple de Erviti y el pase de Battión (en el arranque jugó a lo Bolatti); y no utilizó las bandas ni con los laterales (Barraza y Bustamante) ni con los volantes externos (Quinteros y James Rodríguez). Faltó nervio positivo, ése que permite duplicar esfuerzos, el que podía hacerlo avasallante contra un Boca que le manejó la pelota en horas en las que se hablaba más del dentista de Basile que de su táctica. Y faltaron, ayudado o condicionado por el resultado de Newell's, cambios más ambiciosos. Igual que su Banfield, el entrenador salió campeón antes.

Los trofeos empujan a la sentencia. Ante eso, habrá que dejarse llevar. Banfield fue el mejor equipo del Apertura: la valla menos vencida (Lucchetti), el goleador del torneo (Silva), una idea de juego definida (Falcioni) y el pie caliente en la seguidilla con Estudiantes, San Lorenzo, Vélez e Independiente (el equipo de los 41 puntos). Puede gustar más o menos, seguramente no dejará una huella en los imparciales como el Huracán de Cappa, pero sería necio negar que Banfield juega bien. Sabe jugar. Es equilibrado, las palomas antes de soltarlas las cuenta, pero tuvo momentos de belleza en Erviti, en James Rodríguez y en varias conexiones Silva-Fernández. Y si la comparación es con Newell's, los dos fueron puestos de rodillas el último día y, a lo largo del campeonato, Banfield jugó mejor. Va más allá de cierto lloriqueo con olor a estrategia de los dos y de los arbitrajes en general.

Silva fue el mejor Silva que se ha visto en la Argentina, Papelito Fernández se reveló como mucho más que eso, Lucchetti conceptualmente atajó con pantalones largos, Méndez se despidió del fútbol recién después de ser campeón, Erviti contagió el espíritu ganador que tanto le valoró Passarella (festejó con tres equipos distintos), todo el ambiente se preguntó cómo se pronuncia James, el silencioso Víctor López gritó el último gol de la campaña... Ellos, los jugadores, llevaron a Falcioni a ser el mejor técnico de Banfield. Por lo menos de los contemporáneos. Falcioni es lo mejor que le pasó a Banfield, y Banfield es lo mejor que le pasó a él. Los dos fueron campeones por primera vez.

Si hubiera sido otra tarde se habría hablado del don de Palermo, del profesionalismo de Paletta. Esta vez, los héroes con ojos llorosos tenían otra camiseta.



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