Real Madrid sufre pero gana 3 a 0 al Xerez


El portugués volvió a ser el mejor de un discretísimo Real Madrid, que sufrió más de una hora para superar a un Xerez que sólo necesitó mantenerse ordenado para anular al equipo de Pellegrini. Arbeloa marcó el primer gol y Cristiano los otros dos. Los tres puntos fueron lo mejor para el Madrid en un partido para olvidar.


Hay quien sólo quiere ver en él su lado menos agradable, ese espíritu indomable y chulesco con el que se maneja en ocasiones. Aunque no debe ignorarse ese perfil, sería muy injusto reparar sólo en ello y olvidar las enormes cualidades de quien es uno de los dos mejores jugadores del mundo, Cristiano Ronaldo, que volvió después de la sanción y dejó su firma en dos goles. Él solo no ganó el partido, pero por momentos pareció el único con interés y recursos suficientes para hacerlo. Siempre se ofrece, nunca se esconde y aporta más soluciones que problemas. Cuando el fútbol no aparece, al Real Madrid siempre le queda el recurso de agarrarse a Cristiano para que él solucione el problema. Así fue en Xerez, donde contó con la decisiva colaboración de Arbeloa, un profesional del fútbol, acostumbrado a destruir lo que crean los rivales y que esta vez fue protagonista en la portería rival. Suyo fue el primer gol, el que abrió el camino de una victoria que durante demasiados minutos se puso en duda. No fue el mejor día del Madrid, que tiró de pegada y de Cristiano para ganar al colista. Lo único de lo que puede presumir esta vez el Madrid es de haber sumado tres puntos. Nada más.

Dijo una vez el maestro Di Stéfano que jugar en un campo con el césped en mal estado tenía el mismo efecto sobre el juego que si llenáramos de alpiste una mesa de billar. En el campo del Xerez es imposible jugar al billar e intentar una carambola se convierte en una osadía irresponsable, casi imposible de ejecutar. El pésimo estado del césped, donde había césped, condicionó a los dos equipos, pero más que a nadie al Real Madrid, nada acostumbrado a lucir su glamour en semejante patatal. Produce sonrojo que en la que se dice mejor liga del mundo se tenga que disputar un partido en un terreno que más parecía de cultivo que un campo de fútbol. Cristiano y Momo fueron de los que más sufrieron las consecuencias.

Puestos en situación del escenario en el que se celebró el choque hay que decir que el Real Madrid jugó mal, mostró su versión más gris y anodina. La coartada del campo no debe servir para justificar tan pobre imagen, un ritmo de juego tan bajo y una falta de continuidad tan grande. Es cierto que elaborar juego era muy complicado, pero a un equipo como el Madrid se le suponen, y se le deben exigir, imaginación y recursos suficientes para sobreponerse a las adversidades. Cuando se mide a un rival ordenado, que se cierra mucho y bien y que le niega los espacios, al Madrid se le hace de noche. Se empeña en jugar por el centro, apenas se acuerda de las bandas y hace de los balones colgados su principal recurso ofensivo. Un recurso de equipo pequeño.

La otra opción es dar el balón a Cristiano y dejar que el portugués gane la batalla. En esta lucha contra el mundo, Cristiano se mostró desquiciado por momentos, sufriendo más que nadie la impotencia del equipo. Lo intentó por tierra y por aire, con el pie y con la cabeza, pero todos los intentos fueron igual de infructuosos hasta que a falta de 20 minutos conectó un potente y preciso cabezazo a pase de Kaká para firmar el segundo gol del Madrid. En ese remate dejó Cristiano todo un manual de cómo se remata, cómo se gana la espalda a un rival y cómo se debe atacar un balón. Él nunca espera la pelota, siempre va en su busca. Dos minutos después consiguió el tercero, también a pase de Kaká. Un tiro sencillo con el portero fuera de su sitio.

Pero quien primero descubrió el camino hacia el gol fue Arbeloa, quien sólo unos minutos antes batió a Renan en un mano a mano después de una acción rápida, un latigazo aislado en medio del sopor general. Entre ese gol y el tercero apenas transcurrieron siete minutos, 420 segundos en los que el Madrid solucionó un partido feísimo, para olvidar.

Antes hubo el habitual espacio para la polémica, con tres penaltis que reclamó el Madrid, uno muy claro, otro dudoso y un tercero inexistente. Peor aún que el partido estuvo el árbitro, Turienzo Álvarez, que no supo estar a la altura. A los 24 minutos se le reclamó un penalti por derribo de Redondo a Granero, una acción dudosa. Ninguna duda dejó el manotazo que dio Aythami siete minutos después de la reanudación. En una falta sacada por Granero, el central del Xerez levantó el brazo de forma tan absurda como evidente. Un penalti claro que Turienzo mandó al limbo. Se discutía todavía sobre esa acción cuando Higuaín reclamó un penalti por mano de Casado, una acción totalmente involuntaria.

Reducir a esas acciones la incapacidad del Madrid para superar al Xerez sería ignorar la realidad, pero tampoco se debe negar que si el Madrid quiere quejarse encontrará motivos para hacerlo.

Con todo solucionado, con las jugadas polémicas convertidas en anécdota por los tres goles que llegaron después, Manuel Pellegrini dio descanso a Xabi Alonso y Kaká, muy grises toda la noche, y concedió minutos a Diarra y Drenthe, que se quedó a un pase de celebrar el cuarto con un tiro a pase de tacón de Cristiano que sacó Redondo en la misma línea. Antes, cuando el equipo todavía celebraba el gol de Arbeloa, Raúl sustituyó a Higuaín, que estuvo tan discreto como todo el equipo. No todos los días uno se puede vestir el uniforme de héroe.

Fuente: http://www.as.com