HICE BRUJERÌA


¿River hizo brujeria para ganar?


River lo ganó cuando estaba para perderlo. La clave: ¡un brujo que contrató y estuvo en la cancha! Eso sí, no le pidan que cabecee: de fútbol mejor ni hablar...

Hay infinidad de trabajos atribuibles a los brujos. Un profesional de la materia, alguien que quizá haya zafado de la Inquisición y que por aquellos poderes prohibidos aún siga vivo, puede lograr el regreso de un amor esquivo, o convertir un sapo en príncipe, o atraer los ases para un buen póker o hasta llenar de desgracias a un ser despreciado torturando con alfileres (no necesariamente made in La Plata) a un muñeco simbólico. En materia de fútbol también está probada su efectividad y la de anoche es otra prueba: River contrató un brujo, un norteño heredero de la sabiduría de la Pachamama, que ayer estuvo en el Monumental y consiguió el primer triunfo del equipo como local en lo que va de la década. Pero hay algunas cuestiones que ni esos poderes sobrenaturales son capaces de lograr. Que River y/o San Lorenzo jueguen bien al fútbol, por ejemplo. O sea: son resultadistas, las brujas. Apenas eso. No hace falta más que mirar el compacto mínimo que debe haber generado el partido para asegurarlo.

Los hinchas, en cambio, son cada vez menos resultadistas. Hicieron una cultura del aguante en la mala (la racinguización) y sólo así es posible explicar la euforia de la gente de River al final o la de todos durante el 0-0. El partido fue horrible, jugado con los pies en la peor de las acepciones, con nulo brillo, mucho desprecio por la pelota, escaso entendimiento del juego, poca claridad, toneladas de especulación y temores evidentes (más a lo malo propio que a lo bueno ajeno).


River Plate

Lo ganó River por la bruja, lo pudo haber ganado San Lorenzo si Vega no hubiera tenido sus manos cargadas de magia, pudieron haber empatado sin cambiar el concepto.

A esta altura, Simeone bajó todas las banderas de la modernidad táctica y puso un vulgar 4-4-2 que luego mutó con ese toque de argentinidad que es el enganche. Aun lento, Romagnoli lo adelantó en el campo, le dio tenencia de pelota y les consiguó trabajo a Almeyda y Ahumada, un doble 5 destructor sin nada que destruir.

Astrada, mientras, fue prescindiendo de los históricos a medida que su aporte se extinguía con los minutos y terminó ganándolo con un doble enganche improvisado de pibes (Mauro Díaz-Affranchino) a espaldas de tres volantes con mayor propensión al desequilibrio ofensivo que al trabajo sucio de corte, si bien Rivero cumplió bien la doble función.

Sin embargo, ¿puede ser éste el punto de partida de River? Sí, si el brujo lo sostiene. No, si éstas son sus virtudes, porque sus defectos son más: la inexpresividad de Gallardo-Abelairas, la superposición de Almeyda-Ahumada, las goteras de una defensa que perdió todo con Bottinelli por arriba, la falta de gol de los puntas. ¿Y a San Lorenzo, entonces? A San Lorenzo, fervoroso hincha que te quedaste hasta el final, es posible que no le alcancen ni todas las brujas de la Edad Media...



FUENTE: http://www.ole.clarin.com/notas/2010/03/05/futbollocal/02152748.html