Aniversario el mas grande River plate

109º aniversario Club Atletico River Plate



25 de MAYO de 1901: Fecha histórica para el pueblo riverplatense, ya que fue la fecha en que nació el más grande. River Plate.

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Este martes River Plate 25 de mayo se celebra el cumpleaños Nº 109 del Club Atlético River Plate. Un nuevo aniversario de aquella fusión de los equipos Santa Rosa y La Rosales que derivó en la fundación de la que años más tarde se convertiría en una de las más grandes instituciones deportivas del mundo; honor que aún goza en nuestros días.





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También se cumplen 72 años del Estadio Monumental, la gran mole de 35.000 m2 de hormigón, 4.000 toneladas de acero y 70 km. de gradas, que alberga alrededor de 66.000 espectadores y que anualmente recibe la visita de más de 2 millones de personas, entre público que asiste a los partidos y turistas que hacen visitas guiadas. El sueño hecho realidad de Don Antonio Vespucio Liberti.


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A nueve años de haber cumplido el centenario



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Parece que fue hace un siglo y, sin embargo, pasaron apenas nueve años. Será porque a juzgar de lo que nos deparó el XXI para muchos riverplatenses esta centuria todavía no empezó. Por lo menos futbolísticamente, ya que las alegrías que humedecieron nuestros ojos llegaron desde un gotero lagrimal. Cuando todo daba para suponer que la lluvia de triunfos internacionales que nos faltaban se venía preparando como un aluvión imparable, todo cambió y la sequía de alegrías fue in crescendo de manera angustiante hasta llegar a este incierto presente.

Sin embargo, aquel 25 de mayo de 2001, River festejaba su cumpleaños número cien de manera incomparable. Eran los años en que se hablaba del “fin de las utopías”. Y un grupo de locos mancomunados por esa revolución espiritual que es sentir “pertenencia” a una camiseta armaron la más impresionante demostración de amor al club de sus amores que yo recuerde. Eramos cincuenta mil, sesenta, cien mil pacíficos piqueteros que sitiamos la Capital. El punto de encuentro era el Obelisco y de allí marchamos a pie hasta el estadio Monumental. Las huellas de aquella peregrina hazaña todavía rebotan en nuestra memoria. Quedaron inscriptas en nuestros ojos como en nuestros corazones. En el cuerpo como en los atuendos que hoy son nuestro relicario.

Las fotos que sacamos, las zapatillas, las camisetas, las pulseras que usamos y los abrazos, que todavía guardamos. Fue una manifestación brutal de energía, vital por donde se la mire, en un país que venía con el alma acalambrada y que todavía no da señales de unidad como las que dimos nosotros. Las mismas que buscamos hoy.
Bien podría haber encontrado Mario Benedetti inspiración para su inmortal poesía “defender la alegría” o Beethoven para su “himno”. El latir de tantos corazones fue la más maravillosa música. En el día del Bicentenario de la patria vamos a rememorar también aquella gesta. No fue un día cualquiera: “Yo vi emocionarse a los tibios, reír a los serios, cantar a los abúlicos, conmoverse a los tímidos, enternecerse a los duros, reconocer a los desconocidos, juntar a los solitarios, enronquecer a los plateístas, fatigar a los infatigables, acongojar a los frívolos, serenarse a los violentos, reconciliarse a los enemigos. Fue un sortilegio que ocurrió en “el país de los corazones solitarios” promovido por el amor a River”.

Fue un día imborrable para la historia del club como seguramente lo será este martes. Solo quienes palpamos aquella incomparable bandera idolatrada sabemos lo trascendente que fue para fortalecer nuestra alma riverplatense. “Fue una tarde en que el sentimiento hizo fila india frente al ombligo erecto de la Argentina y derrotó a la indiferencia. Un día en que los nietos, los hijos, los padres y los abuelos, los eslabones de una cadena familiar millonaria, todos juntos, decidimos tributar toda nuestra gratitud por ser hinchas de la Banda. Entonces, marchamos sin discriminaciones. Estábamos los sobrios, los ebrios, los desamparados, los cuidados, los alimentados, los adictos, los negros, los rubios, los discapacitados motrices y los capacitados de dar todo por un ideal. Todos nos fuimos enhebrando en una bandera kilomètrica, majestuosa.

Y una muralla rodante se echó a andar. Las agrupaciones hicieron del portentoso Obelisco un monolito. Vistieron a la Reina del Plata, tan linda y coqueta que se puso roja de vergüenza y blanca de pavura. Nunca había tenido tantos pretendientes. La 9 de Julio se acomplejó de angostura a pesar de su famosa anchura. Libertador sintió el eco del Gran capitán llamando a sus huestes a cumplir con su deber marcial. La pituca Figueroa Alcorta se convirtió en murguera y colombina cuando se desató el ulular de los bombos. Y Palermo despertó de su sueño de princesa victoriana cuando sus pinos, cedros y araucarias fueron anegados por la marea humana.

Toda esos trashumantes encolumnados dispuestos a morir de pie como los ancianos arboles del parque. Y, al fin, llegamos a nuestro templo como si fuera la tierra prometida para acabar con esa promesa de dar rienda suelta al “derecho al delirio”. Ese sueño de poder amar como el primer día después de cien años”. Feliz cumpleaños, Millo. Ya van 109 y me parece que hay romance para rato.

Historia



De la fusión de Santa Rosa y La Rosales nace River Plate. Los primeros próceres del club van construyendo con esfuerzo las primeras instalaciones: field, casilla y vestuarios para que River consiga su primer logro: inscribirse en la Asociación en 1905 en la Tercera Liga en donde se debuta contra la Asociación Atlética de Medicina. Ya eran tiempos de numerosos amistosos, en uno de los cuales se estrena la gloriosa banda roja.

Si bien la actuación en el debut en el fútbol oficial es apenas discreta, el club sube la apuesta y se inscribe en 1906 en la Segunda Liga. En la primera temporada en el segundo nivel no se hace una buena campaña, pero en 1907 River logra quedarse a las puertas del ascenso jugando de local en Sarandí y perdiendo la final contra un potente Nacional integrado por algunos grandes jugadores que en pocos meses iban a pasar a River para lograr el ansiado ascenso a la máxima categoría tras una doble final contra Racing no exenta de polémica debido a la insólita anulación del primer partido.

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Tras el subcampeonato de 1909, el equipo decae su nivel en los años siguientes, tocando fondo en 1912 cuando River termina último. Gran mejoría en 1913, en donde se cae eliminado en un desempate ante Racing para la final por el título. Ese año marca también el punto inicial de uno de los mayores espectáculos deportivos del planeta: el 24 de agosto se juega el primer River-Boca oficial de la historia, con triunfo riverplatense por dos a uno.

¡Campeones! Tras varias temporadas cerca de la gloria, en 1920 el barrio estuvo de fiesta tras lograr River el ansiado campeonato de la Asociación tras una lucha cabeza a cabeza con un Racing que parecía invencible. El 9 de enero de 1921, contra Quilmes y en cancha de Independiente, se logra la gran hazaña en un torneo bien organizado y de dos ruedas.

Tras el título, el equipo vuelve a ser protagonista en los campeonatos, pero no logra subir a lo más alto en las posiciones. En 1923, River abandona definitivamente el barrio de La Boca pues el 20 de mayo se inaugura el estadio de Alvear y Tagle, en pleno barrio de la Recoleta. Fue el comienzo de una nueva era, marcada por el gran crecimiento en el área social, aunque con una discreta actuación futbolística.

Debido a la división del fútbol argentino, durante ocho años (1919-1927) no se juega ningún partido contra Boca Juniors, aunque ello no disminuyó la rivalidad entre los antiguos vecinos boquenses. En 1929, River estuvo a un solo punto de llegar a la final por el título, pero quedó relegado por Gimnasia y Esgrima La Plata, que finalmente obtuvo el título de campeón.


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En 1914, River se ve obligado a mudarse a Caballito, pues hace de local en Ferro, ya que se había abandonado la Dársena y se estaba construyendo un nuevo estadio en La Boca. Ese mismo año se gana la Copa Competencia. En la final nacional por la Copa Jockey Club se derrota a Newell’s y en la internacional por la Tie Cup Competition se vence al Bristol de Montevideo, logrando de esta manera el primer título internacional de la historia del club.

En 1915, River Plate inaugura el estadio de La Boca, en la manzana situada entre las calles Aristóbulo del Valle, Caboto, Pinzón y Pedro de Mendoza. A partir de ese momento, el equipo tricolor se convierte en constante animador de todos los torneos, pero queda siempre relegado por el mejor Racing de la historia. Se elimina a Boca de la Copa Competencia en 1915 y 1918, aumentando la rivalidad con los vecinos del barrio.

Tras una discreta actuación en el último torneo amateur, en 1931 River hace su ingreso al profesionalismo con la rutilante contratación de Carlos Peucelle, por el que desembolsa la impactante cifra de diez mil pesos. Los flamantes “millonarios” no lograron una gran actuación, quedando en un cuarto puesto que no satisfizo a los hinchas y directivos que, un año después, darían un golpe aún mayor.


En 1932, River revolucionó nuevamente el mercado contratando a varios jugadores, pero especialmente, y por la elevada suma de $ 35.000, al goleador de Tigre, Bernabé Ferreyra. La presencia de Bernabé en las canchas, coincidió con el hecho de que River vuelve a usar la banda roja. Los viejos colores boquenses y los goles del “Mortero de Rufino” provocan un arrastre masivo de público, convirtiendo a River en un fenómeno popular que dura hasta estos días. A fin de año llegaron los halagos, pues River obtuvo el primer campeonato profesional de su historia y la Copa Competencia tras derrotar en las finales a Independiente y Estudiantes respectivamente.

Tras quedarse sin halagos durante tres años, River logra el bicampeonato en 1936 y 1937, entre otras figuras con el gran aporte de dos riverplatenses de cuna: José Manuel Moreno y Adolfo Pedernera, grandes representantes del rico semillero millonario. El 26 de mayo de 1938 se inaugura la actual casa: el glorioso Estadio Monumental. En 1939, debuta el gran ídolo riverplatense y el mayor goleador de la historia millonaria: Ángel Amadeo Labruna.

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En la década del ’40, River ya se convierte en un ejemplo de club y su gran cantera es la principal proveedora de sus equipos campeones y de la Selección Nacional. Tras un 1940 en donde el equipo comenzó mal y terminó bastante bien, en 1941 River vuelve a salir campeón con una goleada a Boca (5-1) incluida. Ese mismo año conquista las copas “Adrián Escobar”, “Ricardo Aldao” y “ Carlos Ibarguren”, logradas ante San Lorenzo, Nacional de Montevideo y Newell’s, respectivamente.


En 1942, con La Máquina (Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna, Loustau, D'Alessandro y Deambrossi, entre otras grandes figuras) en pleno esplendor, River obtiene de manera brillante el bicampeonato, conseguido nada menos que en la Bombonera en un clásico épico en el que Pedernera marcó dos goles para igualar la ventaja boquense y conquistar el título en casa del gran rival.

Tras dos años en blanco, un River lujoso se vuelve a quedar con el título en 1945, año en el que debuta en el arco Amadeo Carrizo. En 1947, con Alfredo Di Stéfano como gran figura, un River súper goleador (90 goles en 30 partidos) se lleva el título con holgura. En ambos años, el equipo obtiene también la Copa “Aldao”, título rioplatense, conseguido en ambas oportunidades frente a Peñarol.

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Luego de dos años en que no se ganó título alguno, River logró, no sin sufrimiento, el campeonato de 1952, con Walter Gómez como gran figura en un equipo con grandes jugadores. Se repitió la historia en 1953, pero en esta oportunidad la consagración se logró tras un vibrante mano a mano con Racing, definido en la antepenúltima fecha del torneo.


Luego del “descanso” de 1954, River se quedó con el primer tricampeonato de su historia, conquistando los tres torneos consecutivos con gran superioridad sobre los rivales y produciendo la admiración de todo el mundo futbolístico con una delantera de ensueño. Incluso, la consagración en 1955 fue en la Bombonera, repitiéndose la historia de 13 años antes, festejando ante el rival de siempre. También en 1956 se obtiene un nuevo título rioplatense (Copa “Aldao”) frente a Nacional de Montevideo.

El dinero ingresado por la venta de Enrique Omar Sívori a Italia en 1958 sirvió para cerrar la parte baja de la tribuna Almirante Brown (hoy llamada justamente Sívori) del Monumental y terminar con la famosa “herradura”. Pocos imaginaban que a partir de ese momento comenzaban los años más tristes y sufridos de la gloriosa historia millonaria.

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Comienza la pesadilla, la mayor noche de la historia de River Plate. Subcampeones a dos puntos de Independiente en 1960, floja actuación en 1961, polémica caída en la Bombonera en 1962, nuevamente a dos puntos del Rojo en 1963. Siempre la misma historia: grandes jugadores y a las puertas de la gloria por infortunios propios y usurpaciones de otros.


Tras un flojo desempeño en 1964 se pierde el torneo de 1965 de una manera increíble tras una primera rueda muy buena. De todos modos, se logra por primera vez la clasificación a la Copa Libertadores como subcampeón argentino para la edición de 1966, en donde el equipo continúa con los infortunios y pierde un tercer partido de desempate contra Peñarol cuando la final, jugada en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, parecía encarrilada.

En 1967 la reestructuración del fútbol argentino derivó en la creación de dos nuevos torneos: Metropolitano y Nacional. Sin embargo los millonarios siguieron sin lograr halago alguno con buenos desempeños en los campeonatos, pero sin la recompensa del premio del título con la fatalidad como principal enemigo, cuyo mayor ejemplo fue el despojo sufrido por River en el Nacional 1968 con la tristemente famosa “mano de Gallo”.

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Tras un primer lustro de los ’70 en que la historia negra parecía continuar, en 1975 y de la mano de Ángel Labruna, River logra romper con la mala racha y conquista el bicampeonato: Metropolitano y Nacional. El primero, logrado tras una primera rueda brillante y una segunda en que los temores volvieron a aparecer. El segundo, fue obtenido en el último minuto ante Rosario Central, tras una dura lucha en la ronda final contra Estudiantes de La Plata.


Luego de perder la final de la Copa Libertadores de 1976 ante el Cruzeiro y de culminar ese año de muy mala manera tras caer en la final del Nacional ante el eterno rival, River logra un nuevo y muy festejado título en el Metropolitano de 1977, el torneo más largo de la historia del profesionalismo, ganando el partido decisivo en la Bombonera con un inolvidable golazo logrado en el último minuto por Pedro Alexis González.

En 1978, River Plate fue el equipo que más jugadores aportó a la Selección Nacional que conquistó el primer título de Campeón del Mundo. Un año después, el equipo dirigido por Labruna conquistó un nuevo bicampeonato, el Metropolitano tras vapulear a Vélez Sarsfield en la final con un 7-1 global tras los dos partidos y el Nacional tras dos empates contra Unión, en los que un gol del Beto Alonso en Santa Fe fue vital para lograr el título.

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Tras tres años sin festejos, salvo una Liguilla clasificatoria para la Libertadores ganada a San Lorenzo en 1989, River obtiene el título de la temporada 1989/90, en la primera rueda dirigido por “Mostaza” Merlo y en la segunda por Daniel Passarella. La etapa de los torneos de una rueda en 1991 se inaugura con un nuevo título en el Apertura de ese año, con el triunfal regreso goleador de Ramón Díaz. Con un fútbol mucho más discreto, el equipo obtiene un nuevo certamen dos años más tarde: el Apertura 1993.


La marcha de Passarella para dirigir a la Selección provoca que Américo Rubén “Tolo” Gallego se haga cargo por medio año del equipo y lo hace de la mejor manera: con el regreso triunfal de Francescoli tras ocho años en Europa, conquista el Torneo Apertura 1994 de manera invicta, coronando la gran tarea realizada en todo el campeonato, con una brillante e inolvidable victoria en la Bombonera por 3 a 0.

Ramón Díaz asumió la dirección técnica en 1995 tras un frustrante paso de Carlos Babington por el banco millonario. Si bien en los primeros meses el equipo no funcionó, en el primer semestre de 1996, el equipo obtiene la segunda Copa Libertadores de su historia ante el mismo rival de diez años antes: el América de Cali, al que se doblega con dos goles de Hernán Crespo en un Monumental colmado a reventar y con un recibimiento inolvidable de su hinchada. Luego de obtener el certamen continental, River forma un equipo aún más poderoso que logra el tercer tricampeonato de su historia y la Supercopa de 1997. Tras un año de transición, con nuevos jugadores surgidos del semillero millonario como Javier Saviola y Pablo Aimar, se logra de gran manera el Apertura 1999.
La obtención del Campeonato de 1980 (llamado “Cuarto Centenario de la Fundación de Buenos Aires”), llevó al club a conquistar el segundo tricampeonato de su historia. El título fue logrado con una aplastante superioridad sobre el resto de los rivales y la vuelta olímpica se dio contra Tigre a cinco fechas del final del torneo.


Las frustraciones en la Libertadores acabaron con el brillante ciclo de Ángel Amadeo Labruna como director técnico millonario, y fue reemplazado para la disputa del Nacional de 1981 por Alfredo Di Stéfano. Sin jugar un fútbol brillante, el equipo se llevó el torneo tras eliminar a Independiente en semifinales y luego de dos duras finales ante Ferro.En 1982 comenzó un nuevo período opaco en la historia del club que duró dos largos años, con huelgas de jugadores y pésimas actuaciones futbolísticas, con un solo hecho digno para destacar: la contratación de Enzo Francescoli. En 1984, el equipo mejoró, pero cayó en la final del Nacional ante el mejor Ferro de la historia.

De la mano del Bambino Veira, River Plate vive en 1986 el mejor año de su historia futbolística, conquistando de manera espectacular el Campeonato de Primera División 1985/86 con Francescoli y Morresi en plan estelar y, tras 20 años de larga espera, la Copa Libertadores ante el América de Cali en una doble final inolvidable y la Copa Europeo Sudamericana en Tokio ante el sorprendente Steaua de Bucarest, vencedor en la final de la Copa de Europa, jugada en España, del poderoso Barcelona. Un año después, y ya con la dirección técnica de Carlos Griguol, el club obtiene la Copa Interamericana.


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En el verano del 2000, Ramón Díaz presenta la renuncia como técnico y vuelve al club el Tolo Gallego. Bajo su mandato y con los goles y el buen juego de Aimar, Saviola y Ángel entre otros, se obtiene el Clausura de ese año, aunque se pierde de manera increíble la posibilidad de obtener el tricampeonato al no poder ganar un Apertura que parecía en el bolsillo.



Tras un flojo 2001 en el que el equipo solo logra dos segundos puestos, River obtiene de gran manera el Clausura 2002, nuevamente con Ramón Díaz sentado en el banco y con los goles de Cavenaghi, D’Alessandro y el “Chori” Domínguez, jugando algunos partidos inolvidables como contra Boca y el golazo de Ricardo Rojas y el increíble final del cotejo contra Racing, golazo de “Pipino” Cuevas incluido. En el 2003 se vuelve a repetir la historia de obtener el Clausura, aunque esta vez con el chileno Manuel Pellegrini como técnico, al no habérsele renovado el contrato a Ramón Díaz. La derrota en la final de la Copa Sudamericana de ese año, marca el final del entrenador trasandino y la asunción de Leonardo Astrada en el banco millonario, con el que River logra el Clausura 2004 tras un vibrante mano a mano contra Boca, definido con un gol de Cavenaghi en terreno del eterno rival.


A partir del 2005, todas son malas en River. Ni Astrada, ni Merlo, ni Passarella, logran encontrar el rumbo con planteles que hacen añorar a los de ciclos anteriores. Refuerzos sin jerarquía, irregularidad absoluta y pésima planificación deportiva, se complotan para que River deje de ser animador de los torneos. El 2008 es un fiel reflejo de los últimos tiempos bipolares de River: campeón (discreto, pero campeón al fin) en el Clausura bajo el mando de Simeone y los goles de Buonanotte y la magia a cuentagotas de Ortega, y últimos en el Apertura, igualando la marca de 1912 aunque con peor promedio de puntos, por lo que fue la más triste campaña de la historia millonaria.


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Titulos millonarios




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Idolos millonarios


Angel Amadeo Labruna

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ació el 28 de septiembre de 1918. Hincha de River a muerte desde ese mismo día y socio del club desde los 8 años. Jugó 514 partidos con la banda puesta (sólo 6 veces menos que Amadeo Carrizo quien la vistió en 520 oportunidades) y convirtió 292 goles, siendo el máximo goleador de la Historia del club y sólo uno menos que el máximo goleador de la Historia del fútbol argentino.
A su vez es el máximo goleador contra la mayoría de los equipos del fútbol argentino (con la camiseta de River) destacándose los 15 goles que le convirtió a Boca, siendo por supuesto, el máximo anotador contra el eterno rival.
En 1975 volvió a River “para ser campeón" como él mismo lo definió, para acabar con la sequía de 18 años sin títulos. Entre su etapa como jugador y la de Técnico nos regaló 15 títulos.
Por todo esto y mucho más, Angel fue y será el mayor símbolo del club. Y por eso estaremos los hinchas millonarios, eternamente agradecidos.
Angelito pasó a la inmortalidad el 19 de septiembre de 1983, dejándonos una frase inolvidable: “River no es la mitad más uno. Es el país menos algunos...”

Adolfo Pedernera

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el deporte. Significó todo para mi. Creo que el nacimiento de un hombre en una institución equivale a mamá y papá. En River me parieron, en River crecí, en River me hice hombre”.
Minutos antes de enfrentar a Brasil en el Maracaná por la final de la Copa del Mundo de 1950, le preguntan al uruguayo Obdulio Varela: “Varela, ¿tiene miedo de enfrentarse con los delanteros brasileños?. El uruguayo, con una sonrisa, respondió: ¿miedo yo?... Ustedes se olvidan que yo me enfrenté muchas veces con Pedernera... y como él, no hay nadie”.

Alfredo Di Stéfano

La “saeta rubia”, como era conocido, nació un 4 de junio de 1926. Aunque jugó poco tiempo en River, sin dudas es digno merecedor de estar entre los mejores. Por su fútbol, por su persona y su cariño por River.
Así definía Di Stéfano a su relación con River: “Tengo una enciclopedia en mi cabeza, pero especialmente de la Historia de River. Era fana de los Millonarios. Iba a la cancha todos los domingos, no me perdía un solo partido, ni de local ni de visitante. Puedo rememorar goles de Rongo, muchos de Bernabé, las jugadas de Peucelle, de Wergifker, de Cesarini, de Vaschetto... ¡Qué jugadores he visto en mi vida! Y los mejores siempre estaban en River”.
Di Stéfano y Moreno: “Al lado de un monstruo como Moreno aprendí la importancia del amor propio. Una vez, en cancha de Tigre, le rajaron la cabeza de una pedrada. Cuando le insinué que se hiciera atender, me sacó carpiendo: cállese –me gritó-. Cuando un jugador se cae es porque está muerto, ¿me entendió bien?. Y siguió metiendo como si nada. Esa lección la aprendí a tal punto que en los once años que jugué en el Real Madrid, jamás entró el médico o el masajista para tirarme agua bendita, tal como ocurre ahora cada domingo”.


Walter Gómez


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“....La gente ya no come... por ver a Walter Gómez...” Ese era el cantito que la hinchada le dedicaba al uruguayo domingo a domingo.
Nacido en Montevideo, Uruguay, llegó a River en 1950 de la mano de Antonio Liberti. El día de su debut con la banda roja hizo un gol al minuto de juego. Todo un presagio de lo que vendría luego.
Jugó al lado de los más grandes de la Historia de River y no decepcionó. Demostró siempre lo que era capaz de hacer. Luego de una breve estadía en Europa, donde no tuvo suerte, volvió a River retirándose campeón en 1955.

Amadeo Raúl Carrizo




El más grande arquero de la Historia del Fútbol Argentino. Amadeo reinventó el puesto dándole al arquero un valor trascendental dentro de los once jugadores que conforman un equipo. Dotado de gran habilidad técnica, con las manos y los pies, lo demostró permanentemente en su lugar, el área. De este modo su juego no fue únicamente el de atajar, sino que brindaba espectáculo dejando en ridículo a rivales con sus gambetas y malabares. Nacido en Rufino, al igual que el gran Bernabé, debutó en el arco millonario a los 19 años en 1945 en un partido contra Independiente, justamente el club del cual era hincha de chico.
Así como Angelito Labruna, Carrizo fue uno de los grandes símbolos anti bosteros. Cada clásico para él era casi una guerra. Sin dudas, siempre estuvo a la altura de las circunstancias.
Amadeo jugó 520 partidos con la camiseta de River luego de 21 años de titularidad. Su récord de vaya invicta fue de 769 minutos sin goles en contra, una verdadera hazaña.
Campeón en 1952/53/55/56/57, fue un verdadero grande

Enrique Omar Sívori

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“El cabezón” nació el 2 de octubre de 1935 y debutó en River el 4 de abril de 1954. Desde chico ya pintaba para ser lo que después de grande fue... un grande. Representante del fútbol de potrero, sus medias bajas y sus gambetas interminables lo distinguieron del resto, así en River como en la Juventus. Su pase a la Juventus en 1957 significó para River la entrada de 10 millones de pesos, una suma inigualable para la época. Con ese dinero River pudo terminar de cerrar el Monumental, el cual dejó de tener forma de herradura para pasar a ser un círculo completo. Así nació la Platea Almirante Brown baja y media.
Sívori, un verdadero señor dentro y fuera de la cancha se destacó además de sus habilidades futbolísticas, por ser un gran comprometido con la causa social. Tal es así que debido a su militancia peronista, Sívori acompañó al General Perón en aquel famoso avión charter que lo trajo de vuelta a la Argentina en 1973.

Oscar Mas

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“Pinino” nació un 29 de octubre de 1946 y debutó en la Primera de River el 26 de abril de 1964 con tan sólo 17 años. En River jugó 382 partidos y convirtió 199 goles, razón por la cual es uno de los grandes ídolos del Club y de los más queridos. Recordaba el Pinino hace tiempo: “Desde chiquilín me caractericé por hacer goles. Me acuerdo que cuando todavía no había debutado en primera, en River mucha gente comentaba que en las inferiores había un pibe que metía goles desde cualquier lado. Ese, modestamente, era yo..”
Y al recordar su felicidad de llegar a River decía: “Es que toda mi vida fui hincha de River. De chico lloraba si el equipo perdía. Si un domingo por la tarde alguien me quería encontrar, tenía que ir directamente adonde jugara River. Nunca tenía un mango pero siempre me las ingeniaba para entrar a la cancha. Era travieso y decidido: le hablaba a los controles y de tanto versearlos, al final terminaban dejándome pasar. Así fueron mis primeros contactos en River.”

Norberto Alonso

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No es un poeta, ni un poema. No es un guionista, ni un actor. No es un filósofo, ni mil razones. No es libro, ni cien palabras. No es un músico, ni quince melodías. Solo fue, es y será el 10 de River, que con sus pies mágicos y fantasiosos, con su cabeza hábil y rápida, y con su corazón blanco y rojo hizo llorar y sonreír al mundo millonario más de una vez. Aquello, que ganó y guardó en el Monumental con esfuerzo y talento, hoy se lo recuerda como gloria y triunfos. No es alguien más, es Norberto “el Beto” Alonso.
Nació en Vicente López, el 4 de enero de 1953. Llegó a Ríver a los 14 años de la mano de Carlos Palomino, un delegado de las divisiones inferiores que se encargaba de organizar partidos en barrios para encontrar talentos. Era tímido y flaquito, pero siempre el más mimado por la institución. Su comienzo fue como wing izquierdo, hasta que encontró su posición de enganche.
Debutó con una derrota frente Atlanta -de local- por (1-2), el 8 de agosto de 1971. Desde allí, integró los mejores equipos de River, convirtiéndose en el ídolo de la hinchada millonaria. Jugó 372 partidos, y convirtió 149 goles, de los cuales 114 sirvieron para ganar partidos. Como jugador conquistó 7 títulos locales (Metropolitano: 1975, 1979, 1980 1985/86) (Nacional: 1975, 1979 y 1981), y 2 campeonatos internaciones en 1986 (Libertadores de América; e Intercontinental). Otro de los motivos porque se lo recuerda, es por haber sido participe del equipo que rompió la racha de los 18 años sin salir campeón.
El beto, vistió otras dos camisetas (Olympique de Marsella y Vélez Sarsfield) en las cuales no tuvo un gran rendimiento, lo que hizo que volviera al club de sus amores, como lo define él. Además, formó parte de la selección Argentina en el ciclo de Menotti, obteniendo de esta manera un campeonato Mundial, en 1978.
Su idolatría, sus valores y su respeto, sin dudas lo ganó con su juego, goles y capacidad, pero aún más, fue con sus partidos extras que tenía frente al viejo rival, Boca Juniors, donde cada uno de esos encuentros era un nuevo capítulo que se escribía en la historia del Beto Alonso. Es una de las cosas que no se le puede discutir al beto, su garra y pasión frente a partidos claves y decisivos, como eran los superclasicos y finales.
En 1987, después de conquistar la copa Intercontinental, Alonso decidió retirarse con la gloria a sus pies. Un estadio iluminado y setenta mil hinchas agradecidos por todo lo que él dio, hicieron que se despidiera a lo grande.
Su talento y acaudillería forjaron al hincha de River a ir todos los domingos a la cancha a verlo, a sentir sus mismas emociones, a gritar con él sus goles, a festejar las victorias y torneos, alentar con él por una institución que desde sus pies se hacía un poco más grande.
Son pocos lo que provocan semejante sensación, por eso fue un simple y grandioso MAESTRO DEL FUTBOL.

Reinaldo Merlo

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Más conocido como Mostaza , nació el 20 de mayo de 1950 en La Paternal y debutó en la Primera de River el 21 de septiembre de 1969. El segundo en la lista de los grandes “ centrojás ” de la Historia Riverplatense. Son palabras de Mostaza: “Siempre tuve el respaldo de la gente de River porque ellos sabían muy bien quién era Merlo. ¿Qué voy a inventar ahora, que fui un exquisito? Lo mío fue luchar, correr, dejar todo en cada partido...” Así se autodefinía Mostaza y así cada uno de nosotros lo recuerda. Un luchador, un ganador, en fin, un símbolo de River.

Daniel Passarella

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“El gran capitán” llegó al River de “Pipo” Rossi luego de haber deambulado por otros equipos probándose sin quedar fijo en ninguno (entre otros Boca). Su debut en River no podría haber sido otro que contra Boca, partido en el que jugó bárbaro y estuvo a punto de hacer un gol si no fuera por el travesaño que se lo impidió. Al llegar Labruna como técnico en 1975 Daniel estuvo a punto de irse del club porque Ángel no le daba la titularidad que él pretendía, pero finalmente se quedó y el tiempo le dio la razón. En 1976, la titularidad ya era de él.
Campeón mundial con la Selección Argentina, fue titular y capitán indiscutido tanto con la celeste y blanca como con la banda roja. Defensor y goleador, en River convirtió 99 goles, una barbaridad. Volvió en el '89 para ser técnico y nuevamente campeón.

Ubaldo Matildo Fillol

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El único “Pato” que fue grande como arquero, fue él... y lo fue defendiendo los colores de River. Nacido un 21 de julio de 1950, llegó a River en 1972 tras jugar en Quilmes y Racing. Según Angelito Labruna, la diferencia del Pato frente a los demás arqueros era la gran capacidad física de sus piernas, lo que le permitía llegar a todas las pelotas, hasta las imposibles.
El Pato será siempre recordado por sus grandes atajadas y por la gran cantidad de penales que tapó.
Además de todas sus virtudes futbolísticas, el Pato será siempre recordado por su gran caballerosidad y su empeño de palabra, aunque a veces le ha costado caro. De River se fue en 1982 también con problemas con el Presidente Aragón Cabrera.

Enzo Francescoli

River Plate


Grande no se hace, grande se nace. El Flaco, Príncipe, Uruguayo, o simplemente el Enzo, demostró ser un sinónimo de señor tanto dentro como fuera de una cancha. Su estadía en River Plate marcó un antes y un después en la historia del club, por lo que un “Uruguayo, uruguayo” resonará por siempre en el interior, los pasillos y alrededores del Monumental.
Enzo Francescoli nació el 12 de noviembre de 1961 en Montevideo, República Oriental del Uruguay. Desde muy chico tomó los primeros contactos con su tesoro más preciado, el cual lo llevó a la gloria, la pelota. Así fue que decidió probar suerte en Peñarol, club de sus amores, pero debido a su escasa contextura física fue rechazado, en tanto que el Montevideo Wanderers fue quien aceptó a aquel flaco que pintaba para crack.
Con la partida de jugadores como Norberto Alonso, Daniel Passarella y Mario Kempes en 1982, River puso todas las miradas en Francescoli para ser el nuevo ídolo del club, por lo que al año siguiente, su llegada a Nuñez era una realidad. El debut se produjo el 24 de abril de 1983, cuando el millonario venció 1-0 a Huracán en el estadio Monumental ante una multitud presente, testigos de los primeros toques mágicos del hasta entonces número diez. Sin embargo, hacia mediados de junio del ‘83, los jugadores de River entraron en conflicto con los dirigentes y decretaron una huelga que trajo como consecuencia la presentación de equipos juveniles. En ese campeonato el equipo terminó en la decimoctava posición.
Para 1984, Luis Cubilla asumió como director técnico de la Banda. El equipo contó con la incorporación del delantero Roque Alfaro y con el regreso desde Vélez del Beto Alonso, por lo que Francescoli debió jugar más retrasado. En el campeonato Nacional, alcanzó las instancias de semifinales, pero fue eliminado por el gran equipo de Carlos Timoteo Griguol, Ferro Carril Oeste. Ese gran golpe causó la emigración de Cubilla y la asunción de Héctor Bambino Veira. En el Metropolitano del ’84, River finalizó cuarto y tuvo al Enzo como goleador del certamen con 24 tantos. Por su parte, en el Nacional del ’85, el millonario contó con grandes figuras, pero sufrió una nueva eliminación, al ser derrotado por Vélez Sársfield.
La última mitad de 1985 mostró un gran cambio en el sistema de campeonatos: se jugaron dos ruedas de todos contra todos. River Plate incorporó a Claudio Morresi y las chances dar la vuelta crecían partido a partido. Así fue que el 9 de marzo de 1986, el conjunto del Veira derrotó a Vélez 3-0 y se concretaba lo tan ansiado por Francescoli, coronarse campeón por primera vez en el Monumental. Enzo partía hacía la selección uruguaya y, sin escalas, fue transferido a Europa, más precisamente al Racing Matra francés.
Luego de ocho años en Europa, Francescoli regresó a Nuñez en el año 1994, regresó para ser campeón. El equipo conducido por Américo Tolo Gallego llegó a las fechas decisivas como el candidato a dar una nueva vuelta, por lo que el encuentro del 6 de diciembre ante Talleres de Córdoba en el Monumental fue clave en la historia del Enzo. El empate estaba sentenciado, pero luego de varios minutos adicionados, el príncipe metió un cabezazo letal que terminó en el fondo de la red, haciendo vibrar hasta al esqueleto del estadio. Pocos días después el 3-0 frente a Boca en plena bombonera dejó al millonario en las puertas del título, el cual se ratificó una semana después. River Plate se consagraba campeón invicto, tras igualar 1-1 con Vélez en Nuñez.
El equipo de la Banda no tuvo resaltadas actuaciones en 1995. Lo destacado fue la llegada como entrenador de uno de los personajes más ganadores del club, Ramón Ángel Díaz, y el inicio del ciclo más exitoso de los últimos tiempos con Enzo como estandarte, cuando logró el tricampeonato con la obtención del Apertura ’96, Clausura ’97 y Apertura ’97, siendo este el último título como jugador.
Francescoli supo levantar además la Copa Libertadores de América en 1996, tras vencer en la final al América de Cali por 2-0 con dos goles de Hernán Crespo. La otra cara de la moneda fue en Tokio, Japón, cuando cayó 1-0 ante la Juventus por la Copa Intercontinental. Sin embargo, otro título internacional llegó al año siguiente, la Supercopa. Con una recordada final en el Monumental y los dos tantos de Marcelo Salas ante el San Pablo, Enzo pudo alzar un trofeo más como jugador.
El 1 de agosto de 1999, Francescoli tuvo su gran despedida. Emotivo, a estadio repleto, de la mano de sus hijos, Enzo salió al campo de juego para darle fin a su envidiable e inolvidable carrera como futbolista, llena de magia, habilidad, coraje y, por sobre todas las cosas, la humildad que lo caracterizó siempre.

Ariel Ortega

millonario


De Jujuy para el mundo. Ariel es el símbolo del fútbol espectáculo, del potrero, la alegría del despilfarro de gambetas, de la naturalidad en su máxima expresión. Nacido en Ledesma, en el norte argentino, hincha de River desde la cuna, el Burrito se ganó desde un comienzo el cariño y la admiración de cada uno y todos los hinchas del fútbol, especialmente, los de River. Debutó en River de la mano de Passarella, demostró en cada cancha que jugó que lo suyo es una habilidad pocas veces vista en un jugador.
Sus idas y vueltas de River no han hecho que el amor incondicional de todos los millonarios decaiga, y pese a que hace un largo tiempo que no viste nuestra camiseta y posiblemente se ponga por primera vez otra que no sea la de la banda roja en el fútbol argentino, Ariel será siempre de River y River será siempre para Ariel. El burrito, un símbolo del buen fútbol riverplatense.


Hernán Crespo

aniversario



Desde un principio lo compararon con Valdano apodándolo Valdanito. Un goleador fenomenal, capaz de hacer los goles más difíciles gracias a su elasticidad incomparable. De chilena, de taco, de cabeza, goles de todo tipo hizo con la banda roja. Un valuarte fundamental para lograr la Copa Libertadores de 1996. Con él se puede decir que se inició una etapa del River “exportador” de jugadores jóvenes a Europa formados en su semillero. El poder del dinero nos privó a los hinchas millonarios poder gritar muchos más goles de Hernán.


Marcelo Salas

el mas grande lejos



El matador de Temuco, símbolo, bandera, ídolo de River, un goleador único. Pensar que en un primer momento vino a la Argentina para jugar en Boca y fue rechazado porque no confiaron en sus condiciones. River confió en él desde un primer momento y el matador retribuyó toda esa confianza con goles y entrega. Ídolo para la hinchada desde un primer momento hizo vibrar de emoción a todo el pueblo millonario con sus corridas electrizantes y sus definiciones magistrales.
Todavía recordamos aquel primer Shileeeeno, Shileeeeeno en la cancha de Velez en una fría noche jugando contra Estudiantes. Su debut contra Boca, marcando un gol, terminó de afirmar lo que todos pensábamos, estábamos en presencia de un goleador fenomenal. Con su presencia logramos la tan preciada Super Copa y conseguimos unos cuantos campeonatos más. Todavía tiene tiempo para tomarse revancha de aquella Copa Intercontinental que no se pudo dar en 1996.


Marcelo Gallardo

Aniversario el mas grande River plate


El muñeco es un jugador típico del semillero de River. Habilidoso, gambeteador, guapo, preciso, con un panorama único, un típico enganche millonario. Junto al matador Salas hicieron una dupla mortal en el River de Ramón. Hincha de River, siempre dio todo por nuestra camiseta. Oriundo de Merlo, Buenos Aires, el muñeco es dueño de la “10” de River desde muy chico. Poco a poco se fue metiendo en el corazón de la hinchada hasta ser hoy uno de los máximos ídolos millonarios.

Javier Saviola

River Plate


El conejito es un símbolo de las nuevas generaciones millonarias. Un goleador fenomenal capaz de hacer los goles más difíciles de la manera más simple. Pensar que algunos afirmaban que nunca llegaría a rendir en primera debido a su pequeño físico, aún hoy algunos, como Marcelo Bielsa o los técnicos del Barcelona dudan de sus condiciones. Pero el conejito se encarga de dejar en ridículo a todos ellos haciendo cada vez más y más goles siempre que tiene oportunidad de jugar. Nacido en el barrio de Belgrano, bien cerquita del Monumental, el conejito es hincha de River y por eso estamos esperando a que algún día vuelva a defender nuestros colores como siempre lo hizo mientras jugó en el club

Fernando Cavenaghi

millonario

Más recordado como el cavegol, Fernando es un goleador implacable. El torito de O’Brien (tal es el nombre del pueblo donde nació) desde sus primeros minutos en primera demostró que es un delantero formidable y temible. Un 9 de área del estilo de Crespo se cansó de hacer goles para toda la hinchada millonaria. Hincha de River, nunca se guardó nada y dejó la vida en cada oportunidad que tuvo para jugar. Lamentablemente debido a la vorágine compradora del misterioso mercado ruso, Fernando se fue con sus goles a las frías tierras otrora comunistas. Esperamos verlo pronto nuevamente con la banda roja cruzada al pecho haciendo más y más goles como nos tuvo acostumbradas el poco tiempo que pudimos disfrutarlo.



La hinchada de river plate



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el mas grande lejos


Aniversario el mas grande River plate



Fuentes
http://www.rivermillonarios.com.ar
http://www.riverplate.com

4 comentarios - Aniversario el mas grande River plate

@nicobe
no es porq sea el post de rover, podria ser de boca o de san lorenzo o de sacachispas, pero me tienen cansadoooo con estos post
@Poztre +1
FELIZ CUMPLEAÑOS RIVER QUERIDO!!!!
@http
Buenisimo!