mi gran heroe (historia real basquetball)

Conozco las mas grandes historias deportivas, como la de Maradona, la de Michael Jordán, la de Muhamad ali… todas reales… pero esta la viví…
Cuenta la leyenda, que en aquella cancha de básquetbol, apareció un joven, de la nada, llegaba con su pelota botándola, poniéndose frente al aro desde la mitad de la cancha, sonreía y miraba, se elevaba como un sueño, y soltaba aquél balón, que viajaba girando como con un hilo invisible que lo llevaba directo a las mallas del aro, y su sonido inigualable, aquel que se da solo cuando una pelota de básquet raspa aquellas cuerdas, una y otra vez se elevaba, siempre con la sonrisa, aquellas zapatillas hechas tira, su ropa desteñida, su semblante en la cancha, y un lanzamiento inigualable, su movimientos de muñecas elegantes, y aquel balón que era parte de él…
Ése era el CANGURO…
Corría el año 1994, todos en el barrio se creían Michael Jordan, y yo no era la excepción, íbamos todos los días con mis amigos a una cancha de básquet, que quedaba en una esquina de mi barrio que pertenecía a un grupo juvenil, se llenaba de jóvenes y niños a jugar, y emulábamos constantemente las jugadas de aquella súper estrella, hasta el día de hoy los jóvenes y niños que practican este deporte, imitan al mejor jugador de todos los tiempos.
Yo tenía alrededor de 12 años, y no era muy bueno, pero me encantaba jugar con mis amigos, llevaba yendo cerca de 3 años todas las tardes a aquella cancha, y siempre miraba a los más grandes que jugaban al igual que nosotros entre ellos, algunos eran muy buenos, y me encantaba verlos, uno a esa edad los mira con gran admiración, había un joven que le decían el jordan, porque imitaba a la perfección las jugadas de Michael jordan, y siempre se destacaba, tenía alrededor de 17 años, y las niñas estaban todas enamoradas de él, incluso mis amigas, y me mataba la envidia, pero yo lo tenía como un ídolo.
Una tarde, llegue a la cancha y me puse a jugar con mis amigos en un aro, y los más grandes estaban en el otro, y por una situación fortuita pase a pegarle un pelotazo en la pierna al jordan, me retó mucho, y eso me asustó, en esos momentos perdí toda admiración que tenía por él, de hecho ahí en adelante fue cuando comencé a ver realmente quien era, un joven altanero, que miraba en menos a todos, y a los niños los pasaba siempre a llevar, no sé si será por mi edad, pero tomé mucho miedo a volver a la cancha, incluso no quería crecer, porque no me sentía capaz de poder jugar contra aquellos que jugaban tan bien, y perdí un poco el interés en el básquetbol.
Empecé a no ir mucho a la cancha, después de ir todos los días durante casi tres años, se me había quitado el interés.
Todos los años se hacía un partido entre un colegio cercano y nosotros, era como una tradición, y que todos los años habíamos perdido, el monitor del grupo juvenil me había estado buscando porque se venía el nuevo partido, y estaba entrenándonos, pero yo no podía sacar de mi mente la imagen del jordan retándome.
Una noche venia con mi mamá en la micro, que doblaba justo en la esquina de la cancha, y al mirar, vi una silueta de alguien lanzando al aro, era un joven como de mi edad, estaba solo, lo vi hacer unas pocas jugadas y lanzamientos, y aunque mi pasada fue fortuita me llamo la atención que no fallo ningún tiro.
A los tres días pase caminando por el frente de la cancha, y de noche, era muy tarde, cerca de las 11, y de nuevo divisé una silueta. Era el mismo joven, y me quedé mirando por unos instantes, practicaba y practicaba una jugada, estuve ahí en la oscuridad observándolo atentamente, era tanta la curiosidad, que al otro día fui nuevamente en la noche, y ahí estaba.
Fue una semana completa, y todas las noches él jugaba solo, sin nadie más. Yo nunca lo había visto antes, era una cara nueva para mí, y en uno de esos días me di el valor y entre a la cancha, pero llevé mi pelota, eran cerca de las 10, cuando ingresé a la cancha, me miró y sonrió, e inmediatamente, me dijo hola…
Yo sorprendido lo saludé, y me preguntó si quería que se fuera, porque no era su cancha, a lo que yo le respondí que no me importaba, que todos jugaban ahí, volvió a sonreír y lanzo el balón, desde la mitad de la cancha, encestando, como si nada, y me dijo:
-Entonces qué bien, seguiré jugando
Me acerqué a él y le di la mano.
-Sergio.
-A mi dime Canguro.
Lo miré con curiosidad, era crespo no alto, de mi estatura, llevaba una ropa desteñida, y unas zapatillas medias hechas tira.
-¿Por qué canguro?
-Porque a todos les gusta Michael jordan, pero a mí me gusta el canguro drexler, de los portland, aunque si te soy sincero, no me gusta cómo juega, sino que me gusta su sobrenombre y además, me hace diferente, ya que todos se creen Michael jordan y yo no, o sea, soy único, jajajjaaaj
Me reí, y lancé el balón, que se fue afuera,
Esa noche me enseño como debía lanzar bien, y que era muy fácil encestar, que debía pensar siempre en que era lo más sencillo, y que el dedo del medio debía apuntar al aro, nunca en mi vida de basquetbolista, encesté tantas veces.
Lo invité a jugar al otro día con mis amigos, y me dijo que sí, nos despedimos y me fui muy contento a mi casa.
maradona

Al siguiente día llegue a la cancha, y me encontré con mis amigos, que me preguntaban porque había estado sin ir, y nos pusimos a jugar, y dé pronto en la puerta con su pelota entre su brazo y cuerpo el canguro, me vio y sonrió y yo le hice señas, mis amigos me preguntaban quien era, Es el canguro les decía, jugamos toda la tarde, era extraordinario, tomaba la pelota se pasaba a todos y te dejaba solo para que tu hicieras el punto, nunca en todo el partido lo vi hacer un solo punto, siempre le pasaba la pelota al que estaba mas solo para que anotara, era muy pero muy bueno, y además nos alegraba, tiraba chistes, se reía todo el tiempo, nos enseñaba, era como un basquetbolista profesional en miniatura, era tan alegre, que nunca había sentido tantas ganas de jugar.
Fue como un mes que el Canguro llegaba con su pelo crespo desordenado, y su pelota a alegrarnos aquellas tardes, nos hicimos muy buenos amigos, y los demás niños también, y la cancha se lleno de mas jóvenes, lo pasábamos muy bien, a todos les hablaba del Canguro, iban a jugar solo para conocerlo, y se quedaban ahí todas las tardes, era una persona que parecía un ángel, era tan bueno como persona como lo era de jugador.
Me acuerdo una vez estábamos todos afuera, y llegaron unas amigas, y yo se los presente y viene el canguro y la primera que le presento la toma y la tira de espaldas, así como lo hacen en las películas y le da un beso en la boca, todos quedamos atónitos, pero mi amiga quedó fascinada, ahí ya no fueron solo amigos los que iban todos los días a la cancha, sino que se llenó de mujeres.
El canguro era un ídolo por donde lo miraran, yo todos los días donde estaba me preguntaba que haría él en mi lugar, en la escuela en mi casa, cuando jugaba, lo admiraba tanto, si tuviera que buscar algún superhéroe a quien admirar, ese era él.
Llegaba todas las tardes de la misma forma botando su pelota, con su cara sonriente, e inventaba juegos nuevos con el basquetbol, fueron días maravillosos, que jamás olvidaré.
Como a los 3 meses el monitor del grupo juvenil que nos había entrenado, nos dijo que íbamos a jugar el partido que todos los años se jugaba, y que teníamos que ganar, aunque fuera ese año, ya que siempre lo habían perdido, y ya era hora de cambiar la historia, el partido se jugaría al otro día, yo estaba muy emocionado porque me gustaba mucho jugar básquet y sobre todo ese partido que era tan importante.
Aquel día de primavera se realizó el partido entre la escuela “B456”, y el grupo juvenil “Jóvenes vivos”, recuerdo que llegué a la cancha y el monitor nos paso nuestras primeras camisetas, sentía que mi estomago se apretaba, mis manos transpiraban, estaba muy nervioso, mis amigos también estaban igual, la cancha estaba llena de alumnos del colegio, y un grupo de barristas del grupo, niñas con plumero apoyando, el árbitro, y los jueces, todo como lo ameritaba aquel partido de tanta tradición.
Yo miré la copa, y me preguntaba si sería nuestra, era mucha la emoción para un niño de 12 años.
Cuando nos pusimos en la cancha, vimos a nuestros rivales, que parecía que tuvieran 18 años, nos miramos y sabíamos que no teníamos por donde ganar aquel partido, tuvimos mucho temor, y al comenzar se notó, ellos empezaron a hacer jugadas rápidas, preparadas y a anotarnos una y otra vez, terminado el primer tiempo nosotros apenas habíamos hecho dos dobles, mientras ellos llevaban cerca de 30 puntos, cuando salimos en el entretiempo todos se burlaban, y nosotros teníamos mucha vergüenza, también los más grandes del grupo juvenil como el Jordán hacían bromas por el partido.
Cuando nos sentamos en las bancas de aquella cancha y el monitor nos daba instrucciones, yo estaba en blanco, miraba a mis amigos con la cara transpirada, y asustada, y eso me puso muy triste, me preguntaba que haría el canguro en mi lugar, pero sé que él habría cambiado la historia de aquél partido.
De pronto escuche por mi espalda, que gritaban…
-¡DALE SERGIO! ¡ARRIBA!
Era el canguro, con su sonrisa y su pelota en la mano, parado en una banca, junto a mis amigas…
Sentí tanta alegría y mis compañeros también, lo saludábamos haciéndole señas con la mano, yo estaba contento de verlo, pero a la vez me puso más nervioso saber que vería como nos aplastaban aquellos grandotes.
Ustedes pensarán que esto sería como una película, que yo tomara una fuerza inusitada, que me convirtiera en Michael Jordán y cambiara aquel partido, si esto fuera ficción, así terminaría esto que escribo, pero no lo era, esto era un partido de la vida real, y no existía un director que escribiera otro final para aquella masacre.
Comenzó el segundo tiempo, y empezamos a jugar bien, hicimos un doble, pero al pasar unos minutos, volvió todo a la normalidad, ellos nos volvieron a hacer jugadas rápidas y preparadas, aunque acortamos un poco con algunos puntos que hicimos, ellos eran muy buenos, y jugaban extraordinario.
El viento chocaba mi rostro, el temor se apoderaba de mi cuerpo, de mi ser, los gritos me hacían caer en pánico, el balón era cada vez más pesado, mi mirada se dirigía hacia la barra, buscando la mirada del canguro, pero no la encontraba, y de pronto, mire bien, mi monitor pasándole la camiseta a un jugador, uno crespo, con zapatillas sin caña, son su planta despegada, su short desteñido, sus calcetas blancas, que estaban ya plomas, pero con su sonrisa a flor de piel, el Canguro entraba a la cancha, trotando hacia mí, pegándome una palmada en la espalda y diciéndome:
-Bueno Sergio imaginemos que estamos como todas las tardes, o sea divirtámonos.
Me reí con nerviosismo, pero si supieran lo que sentía mi corazón aquella tarde, no lo entenderían, era como si fuera a explotar, como si se me fuera a salir del cuerpo, me latió tan rápido, me dio tanta emoción, que era algo indescriptible, era básquet, junto a aquel joven, que me enseñó a amar este deporte.
Basquet

El canguro partió y al llegar a la mitad de la cancha lanzó un tiro, la cancha se paralizó, la gente dejo de gritar, los rivales miraban con ojos de huevo, como aquel balón saliendo de un niño de 13 años, se elevó por los aires, y calló haciendo que las mallas de aquel aro hicieran el más bello de los sonidos que jamás he escuchado; era un triple de antología, la gente de nuestro grupo juvenil salto de las bancas, y los del colegio no podían creerlo, el canguro anotó casi sin despeinarse, llevaba 3 segundos en la cancha y había hecho el mejor de los puntos…
Corrimos a abrazarnos y yo sentí que podía jugar, que podía reír, que podía correr, aquel punto cambio todo, y no solo la jugada, sino aquella sonrisa de mi amigo, aquella forma de vivir ese deporte, nunca habíamos corrido tanto, nunca habíamos jugado así, el canguro tomaba la pelota hacia jugadas jamás vistas y nos dejaba solos para anotar, y cada vez que pudo, hizo ese tiro, de la mitad de la cancha, una y otra vez, haciéndola entrar, como si la pelota tuviera un imán hacia las mallas.
Los rivales, no podían pararlo, era como un jugador sacado de una fábula, era el canguro, mi amigo, aquel que me hizo vibrar con el basquetbol…
El partido se volcó a nuestro favor, llevábamos como 10 puntos de ventaja, y de pronto el canguro corrió entremedio de dos rivales saltó sin superarlos bajo los brazos la pelota tomada, pasando por debajo de ellos, y volvió a subir, todo esto por atrás del tablero, en el aire, y soltó la pelota con un efecto que golpeo en el mismo, y se fue adentro del aro, era esa jugada, que vi por primera vez, cuando iba en la micro, era esa la que practicaba todas las noches, como si él hubiera sabido que tenía que usarla, como si hubiera sabido todo eso iba a pasar.
Cuando anotó, salto de alegría mientras todos estábamos sorprendidos de aquel punto, y corrió hacia mí, y me abrazo con fuerzas y solo gritaba
-¡me salió! ¡me salió!
El partido termino y llorábamos de alegría, por primera vez después de 10 años jugándose ese partido lo ganábamos, y todo gracias a ese héroe aparecido de la nada, mi amigo, “El Canguro”
Tuvimos una once, con todos los del grupo juvenil, el canguro se hizo famoso, todos lo saludaban, y lo invitaban a unirse al club de ping pong, de baby futbol, era admirado por todos, y yo era tan feliz de tenerlo como amigo, todos los días, me preguntaba si habría algún superhéroe mejor que él.
Aquellos días fueron magníficos, el canguro llegaba todos los días, y jugábamos sin parar, lo pasábamos genial.
Cierto día llegue temprano a la cancha, y estaban los más grandes jugando y yo me quedé a mirarlos, y al rato llegaron mis amigos pero nos quedamos sentados conversando. Hasta que llegó el canguro, y uno de los grandes lo llamó, y conversaron un rato y vino hacia mí, se saco su chaleca, y me la pasó, diciéndome:
-Cuídamela, que me invitaron a jugar
No está demás decir que el canguro tenía 13 años, y los que jugaban ahí tenían entre 17 a 20 años, dentro de los cuales estaba el Jordan, que era el mejor.
Si hay algo que jamás olvidaría, es ese día, ahí supe quien realmente era el canguro:
“UN HEROE…”
Jugó con ellos y los dejó atónitos, al Jordan le hizo cerca de 4 tapones, no por arriba, sino cuando éste iba a levantar el balón, no sé como lo hacía pero encontraba el momento justo para quitarle la pelota, y después se alejaba entraba a una velocidad endemoniada por entremedio de ellos, y anotaba tan fácil, que parecía fuera un sueño, y cuando lo dejaban que se alejara hacia el famoso triple “rompemallas”…
Hoy a 15 años de aquellos días, me emociono al saber que conocí a una persona como el canguro, una leyenda, a mi héroe, a una historia que no se escribe en libros de ficción, sino en los libro de la vida, de todos los que lo conocieron…
El canguro de un día para otro desapareció, no volvió a la cancha, yo pasaba todas las noches para ver si lo encontraba practicando, pero nunca más lo volví a ver, fue como si se lo tragara la tierra, pero nos dejó un recuerdo imborrable y un sentimiento de diversión que nunca olvidamos, seguimos jugando y disfrutando del basquetbol, y todos los días, imaginábamos que llegaba con su pelo crespo y sonriendo…. Pero no lo volvimos a ver… algunos dicen que se cambio de casa, otros decían que se había ido a jugar a EE.UU. otros que había muerto incluso, y algunos llegaron a decir que el canguro era un ángel.
Lo que es yo, nunca olvidé aquel amigo, y no dejaré jamás de admirarlo.
Como a los 19 años, me dediqué a mi trabajo que era la informática, y en las noches me juntaba con algunos amigos de aquellos tiempos con quienes a veces nos recordábamos al canguro, y que nunca supimos su verdadero nombre, por esos días hacíamos grafitis, y una de esas noches conversando cerca de aquella cancha que se jugó el partido contra el colegio quisimos dejar el nombre de nuestro amigo plasmado para siempre, así que tomamos nuestro sprite y pintamos la pared escribiendo “AQUÍ JUGO EL CANGURO”
niño

Tal vez esta historia recorra la internet, y canguro… si tu estas vivo en alguna parte del mundo, trata de hacer contacto, me gustaría mucho saber que pasó contigo, si es que seguiste recorriendo las canchas de todos los barrios, creando tu leyenda, o ahora estas sentado mirando tele, sin saber que tu amigo Sergio aún te recuerda.
Ya que yo nunca creí ninguna de las teorías, siempre creí que seguiste recorriendo canchas, y entregando lo que eras tú.
Una leyenda………
Mi gran héroe…


FIN

Una vez después de escribir esto pasé por la cancha en la micro, y vi una silueta, pero no creo que haya sido el canguro, porque era la silueta de un niño…