El Monumental tenía ambiente para una función de teatro. Suele ocurrir cuando juega la Selección que el público tenga una actitud diferente de la pasional expresión de cada fecha en el torneo doméstico. Más serena, comprensiva, festiva. Y como el rival era España, el campeón del mundo, y todos saben de qué se trata el estilo de juego que exponen, la idea era disfrutar del espectáculo sin la presión agobiante de los puntos en disputa en los encuentros oficiales. Hubo aplausos para todos. Cordialidad en el trato.

Y, claro, el efecto de afuera también se reflejó en el campo. Cordialidad absoluta, más allá de algunas piernas más fuertes que otras. La formación que decidió Vicente del Bosque para el comienzo llevó un mensaje explícito: equipo mezclado con ausencia de algunos titulares y algún nombre del Madrid para aquietar la invasión barcelonista.

Con Iniesta pero sin Xavi. Como si, en realidad, España hubiera venido para el festejo del título antes que nada. Si así lo mostraron los propios protagonistas en las diversiones previas.

Pero para Argentina el encuentro encerraba un compromiso más serio.

Un buen triunfo, con rendimiento acorde, ante el campeón del mundo, tendría un valor reivindicatorio después de la frustración del Mundial, en el comienzo de un nuevo ciclo. Y probaría la eventual confirmación del estilo que pregona Sergio Batista con su discurso en el lugar de los hechos.

La prueba resultó muy satisfactoria para la Selección. Porque hubo goleada. Porque volvieron Zanetti y Cambiasso, los reclamados ausentes en Sudáfrica. Porque todos los goles los marcaron los delanteros que estuvieron en la cancha. Y eso puede indicar el orden de un equipo: los que defienden, defienden y los que atacan, concretan. Además, hubo progresos en el famoso tema de la posesión de la pelota, el gran objetivo del entrenador. Y Messi rompió el maleficio de la celeste y blanca con un golazo bárbaro y unas cuantas apiladas. Jugando aplicadamente, en especial, por la banda derecha.

Vale mucho el triunfo. Claro que sí. Para Batista, para los jugadores y para la gente.

Pero el peor error sería confundirse.

Porque España vino a festejar. Y no dio la medida.

http://www.clarin.com/deportes/futbol/triunfo-justa-medida_0_331766925.html