El camino no fue sencillo. El equipo, a comienzos de 2001, estaba seriamente acuciado por el temido fantasma del descenso y venía de hacer la peor campaña de su historia, en la que quedó último, en el torneo Apertura 2000. Hacía falta un importante giro de timón y un aporte económico genuino para rescatar a la institución. Hacia allí se apuntaron los esfuerzos desde el momento en el que el juez de la quiebra, Enrique Gorostegui, estimó como propuesta más confiable la realizada por Blanquiceleste S.A.
El reglamento sólo permitía la llegada de un par de refuerzos, no más. Sin embargo, Racing hizo tres incorporaciones. El delantero Luis Rueda y el defensor chileno Pablo Contreras ocuparon las plazas permitidas y se repatrió al atacante Maximiliano Estévez, quien rescindió su préstamo con Racing de Santander y se reincorporó a la Academia sin problemas porque su pase pertenecía a Racing.
Después de muchos años, el equipo hizo una pretemporada pensando exclusivamente en los objetivos deportivos. Atrás habían quedado las incomodidades de otras temporadas en las que a duras penas y con problemas económicos e institucionales los jugadores podían realizar un trabajo como las exigencias del fútbol de hoy indican. Esta vez, Bariloche y todos los hinchas de Racing que hay ahí le brindaron el calor y la tranquilidad necesaria para empezar a forjar la mística de grupo.
El torneo Clausura 2001 empezó mal. La esperanza de Racing comenzaba en el Cilindro, frente a Talleres, pero el destino parecía empecinado en poner a prueba el temple celeste y blanco: derrota 1 a 0. Con un nuevo técnico, en ese momento sin identificación con el club, y un plantel sin demasiada renovación, en el que predominaban viejos valores como Claudio Ubeda, Sergio Zanetti, Gastón Sessa, jóvenes que habían crecido a la sombra de los malos tiempos, como Javier Lux, Adrián Bastía, Carlos Arano, el propio Chanchi Estévez y Vicente Principiano, entre otros, y refuerzos buscados con los pocos pesos que tenía el club, como José Chatruc y Osvaldo Canobbio, la historia pintaba complicada.
En el segundo partido, frente a Los Andes, como visitante, los gritos de los hinchas se hicieron sentir. El empate 2 a 2 no conformó y Merlo empezó a sufrir en carne propia los reclamos populares. Se le recriminaba un planteo poco audaz. Se mezclaban las necesidades y el gusto histórico de los hinchas. No había tiempo: había que levantarse como fuere, había que andar. Y el equipo anduvo, con algunos dolores, pero anduvo.
Hubo dos victorias muy importantes, hasta podría decirse que inesperadas, aunque jamás imposibles para el espíritu de un Racing que a lo largo de su existencia siempre supo inflar el pecho afrontar los más difíciles momentos. Los dos triunfos fueron en el Cilindro, como para calmar los ánimos de la gente.
Primero, por la tercera fecha, Maximiliano Estévez siguió con su costumbre de hacerle goles a San Lorenzo y anotó los dos tantos de la gran victoria por 2 a 0; en el medio, un valioso empate como visitante ante Chacarita, y por último, de vuelta en Avellaneda, un gran éxito ante Boca por 2 a 1, con goles de José Chatruc, de penal, y de Luis Rueda, quien en ese momento no imaginaba que ese sería su último tanto del torneo y que su rendimiento iría en baja hasta perder la titularidad a manos del uruguayo Osvaldo Canobbio, a la postre el goleador del equipo junto con Estévez, ambos con seis tantos.
Después de la alegría con Boca llegó un choque extrañamente más importante desde el punto de vista matemático, frente a Argentinos Juniors, uno de los rivales directos por el descenso. Claro, era una situación extraña, porque Racing, por historia, vibraba con los choques frente a los grandes, pero su futuro se dirimía, fundamentalmente, con los rivales directos en la lucha por mejorar su promedio. Con los antecedentes de los éxitos ante San Lorenzo y Boca, la confianza estaba en un punto bien alto. Entonces, la rosa volvió a mostrar sus espinas: caída por 2 a 0 en Ferro y a sufrir otra vez. Encima, el posterior empate 0 a 0 como local ante Unión sólo hizo revivir los gritos de las primeras fechas.
Los altibajos fueron una característica. Siguieron tres victorias en cuatro partidos, hasta un nuevo e inesperado traspié, en Avellaneda, frente a Almagro, por 4 a 0, que fue el comienzo de una serie complicada, porque fue el primero de seis partidos en los que la Academia no pudo ganar. Ni en los clásicos volvió la alegría, porque frente a River se cayó en forma rotunda, por 3 a 0.
La recuperación llegó en el momento justo, cuando los nervios y los miedos habían ganado la escena, cuando el promedio flaqueaba. El empate 1 a 1 ante Colón, en Santa Fe, en un partido que estaba perdido, levantó al equipo. Luego, con una victoria por 4 a 1 frente a Rosario Central, el 5 de junio de 2001, en el Cilindro, Racing no sólo volvió a la senda del éxito, sino que ese día se salvó definitivamente del descenso y la promoción.
Pero la historia de ese torneo Clausura tenía reservada una última sorpresa. En la jornada final, el equipo se despidió con un festejadísimo éxito en el clásico ante Independiente por 1 a 0, como visitante, con un tanto de penal de Maximiliano Estévez. El hecho de haber evitado la promoción y de conseguir el resonante éxito final ante el rival de toda la vida fue el preanuncio del romance que se generaría entre el equipo y los hinchas en el campeonato siguiente, con la obtención del título.
Se había cumplido el primer objetivo, entonces era el momento de volver a los primeros puestos y empezar a recuperar el prestigio. El plantel se renovó, llegaron muchos refuerzos y se armó un plantel competitivo, sin incorporaciones resonantes, sino más bien buscando con cuidado cada uno de los hombres.
Aunque nadie negaba el deseo de salir campeón, no se apuntaba directamente al título, sino que se pretendía pelear arriba en ir consolidando una estructura.

Llegaron el arquero Gustavo Campagnuolo (de San Lorenzo), el lateral izquierdo colombiano Gerardo Bedoya (Deportivo Cali), los zagueros Gabriel Loeschbor (Rosario Central) y Francisco Maciel (Almagro), el lateral derecho Martín Vitali (Independiente), los mediocampistas Gustavo Barros Schelotto (Villarreal, de España), Cristian Ríos (Unión), Leonardo Torres (Chon Buk Hyundai, de Corea), Alexander Viveros (Fluminense, de Brasil) y el delantero Rafael Maceratesi (Rosario Central).
Se hizo una nueva pretemporada, esta vez en Mar del Plata. En esos días en la costa el grupo empezó a forjar la mística ganadora, lejos del ruido, en la intimidad, poco a poco.
La ilusión se puso en marcha la noche lluviosa del viernes 17 de agosto en Avellaneda, frente a Argentinos Juniors. Carlos Arano abrió el camino con una escapada individual que terminó en un gran zurdazo desde afuera del área. Pero como nada es fácil para Racing, el partido se complicó, Argentinos empató y hubo que remar nuevamente. Pero ese campeonato la suerte estaba del lado de la Academia; en el segundo tiempo un centro terminó con el gol en contra de De Muner y la victoria final de Racing por 2 a 1.
Ese triunfo fue el primer eslabón en una cadena invicta de once partidos que, como en el final del Clausura, continuó frente a Independiente. Y, aunque no fue una victoria, se festejó como tal. Racing perdía 1 a 0, pero intentaba, iba al frente. Y, de tanto buscar, tuvo su premio en el último minuto: centro, el arquero Rocha que sale mal y Loeschbor, con un cabezazo, desató un festejo de ribetes épicos.
Luego de la segunda fecha, Racing quedó cuarto. Fue la única vez en el campeonato que la Academia no estuvo primera, porque tras el empate ante Independiente el equipo hilvanó tres victorias seguidas, frente a Rosario Central (1-0), Newell’s (2-1) y Talleres (2-0). Un empate ante Belgrano (0-0) y un dificilísimo triunfo ante Huracán en Parque Patricios (1-0, gol de Barros Schelotto) precedieron a otro gran impacto racinguista, que empezó a catapultarlo definitivamente como serio candidato al título. En el Cilindro, Racing goleó a San Lorenzo por 4 a 1, con tantos de Loeschbor, Estévez, Bedoya y Maceratesi. El entusiasmo no sólo fue por el resultado: Racing tuvo una producción futbolística de alto vuelo. Fue, casi con seguridad, el mejor rendimiento del equipo en el campeonato.
La mitad del campeonato se acercaba y Racing seguía firme en la cúspide de la tabla de posiciones. Les ganó a Unión (2-0) y a Colón (2-1). El último partido de la serie invicta fue en La Plata, ante Estudiantes. Otro día lluvioso. El primer tiempo terminó con la cancha embarrada para la Academia: 0-2. Parecía que la primera derrota era un hecho, porque remontar dos goles ante el equipo platense, en su cancha, no resultaba sencillo. Pero en el entretiempo algo cambió. Los jugadores salieron con todo el amor propio a jugar los últimos 45 minutos, sorprendieron al conjunto pincharrata y enseguida consiguieron el empate, con dos tantos de Estévez, a los 4 y a los 6 minutos. La alegría era inmensa, porque Racing quedaba otra vez mano a mano y con el envión favorable para intentar pasar al frente. Y lo hizo: a los 26 minutos, José Chatruc quiso hacer una pared y le salió, pero con un rival; cuando entró en el área, definió de derecha y desató el delirio de la hinchada. Fue una victoria muy importante.
El partido siguiente era con Gimnasia, pero primero se disputó el clásico ante Boca, que correspondía a la decimoquinta jornada y que fue adelantado porque el equipo xeneize debía disputar la Copa Europeo-Sudamericana frente a Real Madrid, en Japón. El cambio no fue positivo. Ese jueves, la gente de la Academia llegó a la Bombonera con la ilusión en alto, pero Juan Román Riquelme estuvo inspiradísimo, Boca brilló y Racing se vio superado. Fue 3 a 1 y Maxi Estévez marcó el descuento. Pero las derrotas también sirven y el equipo de Mostaza fortaleció su espíritu de cara al tramo final del certamen.
Al domingo siguiente quedó claro que de ninguna manera los jugadores estaban vencidos. No dudaron un instante del camino a seguir. Y claramente a Gimnasia y Esgrima La Plata, en Avellaneda, por 4 a 1. Un resultado rotundo en una fecha especial: fue un 4 de noviembre, día que se hizo un lugar en los corazones albicelestes desde que en 1967 el Chango Juan Carlos Cárdenas le marcó el golazo a Celtic.
Un vibrante empate frente a Nueva Chicago (4-4) en la cancha de Vélez y una ajustada victoria frente a Chacarita por 1 a 0 antecedieron al “partido del campeonato”. Racing-River, en el Cilindro. El estadio se llenó, como en las grandes tardes. La Academia llegó a ese encuentro con cinco puntos de ventaja sobre los millonarios. Esteban Cambiasso puso en ventaja al equipo dirigido por Ramón Díaz. La tensión en los hinchas fue creciendo de a poco, porque los minutos transcurrían, pero el empate se demoraba. A diez minutos del final, el resultado seguía inalterable. Hasta que a cuatro minutos del final apareció el zurdazo inmortal del colombiano Gerardo Bedoya para romper el cero en el arco de Angel Comizzo y poner el marcador 1-1. La explosión que se produjo en la cancha fue única. Ya la gente de la Academia sentía el título al alcance de la mano. Quedaban sólo tres fechas.
La cercanía de la vuelta olímpica posiblemente haya hecho que, con un empate 0 a 0 ante Banfield, en la cancha de Huracán, River consiguiera acercarse a tres puntos a falta de dos encuentros. Racing jugó mal frente al equipo del Sur, pero esa tarde Merlo, apenas terminado el encuentro, abandonó su cautela habitual y la frase “paso a paso” para mandarles un mensaje a los jugadores y a todos los hinchas: “Ahora me cansé. Vamos a salir campeones”. Fue la inyección anímica, la palabra motivadora en el momento justo.
Una semana después, el Cilindro rebalsó de hinchas frente a Lanús. La confianza estaba intacta. Toda la Academia soñaba con una consagración anticipada para festejar en casa. Rafael Maceratesi abrió el marcador luego de una serie de rebotes y el delirio se apoderó de las tribunas, que volvieron a estallar sobre el final, con el gol de José Manuel Chatruc. La victoria de River sobre Argentinos por 3 a 1 postergó la consagración, pero no empañó la fiesta.
Racing siempre tuvo destino de sufrimiento. Esta vez no fue la excepción. El 20 de diciembre estalló en el país una crisis política, económica y social de enormes proporciones, que terminó con la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa, sucedido brevemente por el senador Ramón Puerta.
Durante esos días de violencia e incertidumbre se declaró el estadio de sitio, lo cual no resultaba el contexto apropiado para definir el campeonato de fútbol. Que Racing no tuviera la posibilidad de dar el último paso en la carrera hacia una consagración que llevaba 35 años de espera era casi intolerable para los hinchas, que a esas alturas no entendían que el maleficio pudiera llegar tan lejos.
El día elegido fue el 27 de diciembre de 2001. El que quedará grabado por siempre en la memoria de todos los racinguistas. Ese día no importó el resultado del equipo millonario, porque la Academia no necesitó de terceros. Después del 0 a 0 del primer tiempo, a los ocho minutos del segundo llegó el centro preciso de Bedoya y el cabezazo goleador del guerrero de la defensa, Gabriel Loeschbor. El delirio y la emoción explotaron en Liniers y también en Avellaneda, en el Cilindro, donde 40.000 almas que no pudieron conseguir su entrada para estar en el estadio José Amalfitani se reunieron para vivir, a través de una pantalla gigante, todas las alternativas del partido final.
Por fin, Racing podía gritar CAMPEON. Tuvieron que pasar 35 años para que el destino les permitiera a los racinguistas abrir la boca y pronunciar con toda la fuerza de las cuerdas vocales ese sentimiento pintado de celeste y blanco. Las lágrimas en los rostros de los hinchas se reflejaban dentro del campo en jugadores como Carlos Arano, el lateral izquierdo que se forjó en las inferiores y cuya habitación en la casa de los padres todavía se mantenía juvenilmente revestida con la pasión de la Academia. Se emocionó él en el césped, se emocionó su padre en la tribuna. Festejaron todos durante largas horas, días, semanas y meses, porque el título de Racing, el más esperado de todos, fue saludado por propios y extraños.

Fundacion:
Empezaba el siglo XX y Barracas al Sud era una de las zonas que recibía más inmigrantes, y, en 1904, sería rebautizada como Avellaneda.12 La AFA había sido fundada 8 años atrás y el fútbol, traído por los ingleses a mediados del siglo XIX, cada vez adquiría mayor popularidad.

El 12 de mayo de 1901 un grupo de estudiantes del Colegio Nacional Central fundaron el Football Club Barracas al Sud. La mesa directiva fundadora estuvo integrada por Pedro Werner, presidente, Salvador Sohorondo, tesorero, y los demás miembros fueron nombrados vocales. El requisito imprescindible para ser asociado era ser jugador del equipo. El club sufrió un cisma a menos de un año de existencia. El argumento determinante fue la elección de los colores de la camiseta que representaría al club. El presidente de la institución tenía la idea de hacerla a rayas negras y amarillas mientras que otro grupo de socios deseaban que esta fuese roja. La falta de acuerdo tuvo como consecuencia la división de la institución. En 1902 un grupo mayoritario de socios del Barracas al Sud fundó Colorados Unidos.

Germán Vidaillac, uno de los socios fundadores, mostró frente a sus compañeros una revista francesa de deportes donde, sobre un cuadro de fútbol se podía leer el nombre "RACING CLUB" institución francesa que contaba ya con gran trascendencia y cuya "sección" de "football" (se trataba de un club polideportivo) se había consagrado campeón en 1902. La moción fue aprobada clamorosamente. El detalle es que el club francés cuenta desde su inicio hasta hoy con los colores "ciel et blanc", pero con franjas horizontales. Racing Club de Avellaneda, sin embargo,no adoptó los colores albicelestes sino hasta el año 1910, en bastones verticales, en commemoración de los 100 años de la Primera Junta, por ser el primer equipo argentino fundado íntegramente por criollos:13 Alejandro Carbone, Raimundo Lamour, Ignacio Oyarzábal, Pedro Viazzi, José Guimil, Julio Planisi, Leandro Boloque, Pedro Werner, Juan Sepich, Alfredo Lamour, Arturo Artola, Germán Vidaillac, Alfredo Paz, Bernardo Echeverri, Evaristo Paz, Francisco Balestrieri, Enrique Pujade, Elías Calmels, José Paz y Salvador Sohorondo.

La "quiebra"
Hasta la segunda mitad del año 2001 no variaron los temas en lo futbolístico: Racing no peleaba por ganar los campeonatos y peleaba más por mantenerse en la categoría. Se encontraba en las posiciones más bajas en la tabla de posiciones del torneo y de los promedios en general. Repetidas caídas en zona de Promoción amenazaban con otro descenso, aunque el club nunca llegó a estar en zona de descenso directo.

En lo económico Racing tocó fondo. Los dirigentes no lograron revertir la situación negativa. Todo lo contrario, la agravaron llevándola a su punto límite. Todo comenzó cuando el 10 de julio de 1998 el entonces presidente de la institución de Avellaneda, Lalín, al ver que ya no podía hacerse cargo económicamente de las deudas del club, pidió la quiebra de Racing. El 4 de marzo de 1999 en un comunicado oficial la síndico Liliana Ripoll condenó a Racing a la quiebra (aquella ocasión fue cuando pronunció la frase "Ha dejado de existir Racing Club Asociación Civil". 15 16 Sin embargo continuó participando en los torneos de fútbol. Por último, el 29 de diciembre de 2000 Racing hace su regreso permanente pero pasa a ser gerenciada por la empresa Blanquiceleste S.A.17

En el año 2001, después de más de tres décadas de espera, Racing fue campeón, de la mano de Reinaldo Merlo, ídolo riverplatense y, desde ese momento, de la Academia

2002-Actualidad
Desde el año 2002 jugó dos competiciones internacionales; la Copa Sudamericana en el año 2002 y la Copa Libertadores en el año 2003. En la última realizó una excelente fase de grupos sin perder ningún partido y ganándole a Nacional de Uruguay por primera vez en condición de visitante, pero fue descalificado en octavos de final contra el club América de Cali de Colombia en una polémica definición por penales.

Peleó futbolísticamente la clasificación a la sudamericana y la lucha por no estar en la zona de promoción, pero en ninguno de los dos casos estuvo muy cerca nunca.

Su mejor campaña fue en el Torneo Clausura 2005, en el cual terminó tercero a 7 puntos del líder Vélez, estando cabeza a cabeza hasta las últimas fechas.

Como figuras se puede mencionar a Diego Simeone, Diego Milito, Lisandro López, Rubén Capria (en su retorno), el uruguayo Marcelo Guerrero, Chirola Romero y Javier Pinola.

El año 2007 fue similar a los anteriores: no se consiguió la clasificación a ninguna copa y se peleó solamente la lucha por la permanencia. En el torneo Clausura finalizó en la posición 13º con 23 puntos a 22 del líder San Lorenzo. En el Apertura ocupa la posición 12º con 25 puntos a 13 del líder Lanús. El primer torneo fue dirigido casi en su totalidad Reinaldo Merlo. El segundo torneo fue dirigido también casi es su totalidad por Gustavo Costas. Miguel Ángel Micó, coordinador de inferiores, se hizo cargo del plantel en las ocasiones en las cuales los ténicos renunciaron, como en la del fin del Torneo Apertura, en la que se quedó definitivamente en su cargo. En este año se destacó Maximiliano Moralez, quien fue vendido a Rusia al inicio del Apertura.

La hinchada:
La hinchada es conocida como La N° 1 y está dividida tres importantes sectores:

La Guardia Imperial que se ubica en el centro de la popular.
Racing Stones que generalmente se ubica a la derecha de la GI.
La 95 que generalmente se ubica a la izquierda de la GI.
El día del hincha del club se celebra el 7 de marzo conmemorando que ese día de 1999 llenaron su estadio para defender al club de la quiebra, sin que se disputara un partido.







El sentimiento de la gente:



link: http://www.youtube.com/watch?v=gd2ZvTRFBCA

Los goles:



link: http://www.youtube.com/watch?v=UwscSTz-LWA

La vuelta olímpica:



link: http://www.youtube.com/watch?v=yG0ABbNTp6I

Algunas fotos







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