Todos los niños del mundo, menos uno, crecen. Y no sólo crecen sino que en seguida saben que han de crecer. Nuestra Wendy lo supo del modo siguiente:
Cierto día, cuando sólo contaba con dos años, estaba jugando en un jardín; arrancó una flor y corrió a llevársela a su madre. Es de suponer que debía estar encantadora, pues la señora Gentil, poniéndose una mano sobre el corazón, exclamó: "¡Oh! ¿Porqué no te quedarías así para siempre?" Nada más que esto sucedió entre las dos, pero desde entonces Wendy supo que crecería. Se sabe esto siempre después de cumplir los dos años. Los dos años son el principio del fin.
(...)
Es fácil comprender que los distintos Países de Nunca-Jamás varían grandemente. El de Juan, por ejemplo, tenía una gran laguna con flamencos que volaban sobre ella y a los cuales cazaba el mismo Juan, mientras el de Miguel, que era mucho más pequeño, tenía un flamenco con lagunas que volaban sobre él. Juan vivía en un bote colocado boca abajo sobre la arena, Miguel en una tienda india y Wendy en una casa de hojas hábilmente cosidas unas a otras. Juan no tenía amigos, Miguel tenía muchos, y Wendy tenía un lobo favorito abandonado por sus padres. Pero aun dentro de estas variaciones, los Países de Nunca-Jamás tienen una especie de parecido familiar y si se pusieran en hilera y permanecieran quietos podríamos encontrarles ese parecido. En estos mágicos Países, los niños que juegan detienen siempre sus barquillas. Todos nosotros hemos estado ahí y aunque no desembarquemos en ellos nunca más, todavía podemos oír el murmullo de las olas al romper sobre la arena.
De todas las islas deliciosas, la del País de Nunca-Jamás es la más cómoda y agradable. No es ancha y con monótonas distancias aburridas entre aventura y aventura, sino que éstas están lindamente compactadas. Cuando durante el día la fingís en vuestros juegos con las sillas y el mantel, la isla no tiene nada de alarmante. Mas dos minutos antes de que os vayáis a dormir, llega a ser casi una realidad. Por ello hay que poner lamparitas en los cuartos infantiles.
(...)
Y dime, Peter Pan: ¿es verdad que tú puedes volar?
En vez de molestarse en contestarle, Peter Pan voló en torno de la habitación deteniéndose un momento sobre la repisa de la chimenea.
-¡Qué espléndido!-dijeron Juan y Miguel.
-¡Qué lindo!-exclamó Wendy.
-Sí, soy muy lindo, muy lindo-dijo Peter Pan, olvidando otra vez toda modestia.
La cosa parecía de una sencillez deliciosa y los niños lo intentaron lanzándose primero desde el suelo y después desde las camas, pero siempre caían en lugar de elevarse.
-Vamos dinos: ¿cómo lo haces tú? preguntó Juan frotándose la rodilla. (Juan era un chiquillo muy práctico).
-Piensa cosas maravillosas-explicó Peter Pan-y ellas te levantarán en el aire.
Y les mostró otra vez cómo lo hacía él.
-Eres rapidísimo-dijo juan-.¿No podrías hacerlo una vez más despacio?
Peter Pan voló entonces lentamente.
-Ahora ya lo comprendo, Wendy-exclamó Juan. Pero en seguida comprobó que no lo comprendía
Ninguno de ellos podía volar ni elevarse una sola pulgada, aun cuando Miguel juntaba ya palabras de dos sílabas y Peter Pan no conocía ni el a e i o u.
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¡Espero les guste la preview, y se larguen a leerlo o recordarlo!

Fuente: libro de James Matthew Barrie
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Creado el: 14.07.2008 a las 17:05:41 hs.
Categoría: E-books y Tutoriales
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