Dicen que los pequeños actos son los que cuentan, y que cada grano de arena ayuda a crear una montaña. Por eso, si estás preocupado por la salud de nuestro planeta y quieres contribuir en la lucha contra su degradación, no pienses en cómo convencer a los Gobiernos a cumplir el Protocolo de Kioto, empieza por hacer todas esas pequeñas cosas que están a tu alcance

1- Usar un detergente limpio.



La mayoría de los detergentes llevan fosfatos (compuestos químicos que contienen fósforo). Los fabricantes los emplean para ablandar el agua y evitar que las partículas de suciedad vuelvan a depositarse en la ropa. Por desgracia, estos fosfatos tienen un impacto ecológico muy agudo puesto que provocan la proliferación de las algas, que crecen sin control. Cuando mueren las algas, las bacterias las descomponen en un proceso que consume grandes cantidades del oxígeno disuelto en el agua que es necesario para la vida acuática. Como resultado de este proceso, las aguas quedan contaminadas.

Para evitar este desastre ecológico, usa menos detergente. Según una revista de consumidores, los fabricantes aconsejan emplear más detergente del necesario para aumentar el consumo. Busca un detergente bajo en fosfatos o, mejor aún, libre de ellos. En general los detergentes líquidos no llevan fosfatos. También puedes utilizar el jabón en polvo, que limpia igual de bien que el detergente en agua blanda.

2- No perder los papeles.



Hasta en los lugares más bellos y alejados de las poblaciones y ciudades es posible encontrar residuos humanos: latas, botellas, papeles, colillas y restos de alimentos que afean y contaminan. Y es que la educación ambiental necesita previamente una educación cívica que aún no existe en muchas partes.

El inodoro no es un buen sistema de eliminación de residuos. Allí van a parar casi 200.000 toneladas de papel higiénico, millones de compresas y tampones y diferentes tipos de productos de usar y tirar así como aceites y otros líquidos contaminantes. Tira estos desechos al cubo de la basura y lleva el aceite usado a los puntos de reciclaje dispuestos a tal efecto.

Cuando salgas al campo, piensa previamente cómo recogerás y qué harás con los residuos que generas. Lleva bolsas para recoger todo y tirarlo en el primer contenedor que veas. Nunca tires nada por la ventanilla del coche, y menos colillas con las que puedes provocar un incendio.

3- Ecología en la cocina.



La cocina es un buen lugar para empezar a aplicar la conciencia ecológica a la vida cotidiana. Sustituyendo hábitos y artículos de cocina por otros que sean favorables al medio ambiente, puedes ahorrar recursos.

Los filtros de café, servilletas y el papel de cocina son blancos porque los blanquean con lejía. Este proceso es responsable de que se produzcan dioxinas, unas sustancias tóxicas mortales que se diluyen en las aguas residuales. Usa filtros de café sin blanquear (el café te saldrá igual de rico), servilletas de tela y trapos de cocina para limpiar.

Para fabricar el plástico adherente y transparente, los fabricantes añaden “plastificadores”, sustancias químicas potencialmente peligrosas que pueden incorporarse a la comida. En vez de envolver la comida con este papel, usa tuppers. Para envolver los bocadillos, emplea fiambreras o bolsas de celofán en vez de papel de aluminio.

4- Caliente, pero no escaldado.



Tal vez no prestas mucha atención a tu calentador de agua, pero quizá deberías pensar en él porque, en importancia, es el segundo devorador de electricidad en las viviendas. Muchas personas tienen sus calentadores a 60 grados centígrados, temperatura superior a la necesaria, despilfarrando no solo energía, sino también aumentando la pérdida de calor y reduciendo la vida del termo. Por cada grado que bajes el termostato ahorrarás entre un 5 y un 8% de electricidad, pero nunca lo pongas por debajo de 55 ºC (la bacteria que causa la enfermedad de la legionaria puede sobrevivir a 50 ºC). Aísla el depósito con material especial (sin cerrar la ventilación en los calentadores de gas) para ahorrar hasta un 8% de energía.

5- Tú pintas mucho.



Si ha llegado la hora de reformas tu casa y pintar de nuevo las paredes, la decisión debería abarcar algo más que el color: la clase de pintura que usas, qué harás con ella cuando termines de pintar… hasta la limpieza de los pinceles afecta al entorno. La pintura y los productos tóxicos afines constituyen el 60% de los residuos peligrosos tirados por particulares. Se trata de la pintura derivada del petróleo (tóxica), tintes, disolventes y pulimentos. Frecuentemente se emplean metales pesados como el cadmio y el dióxido de titanio. Al tirar la pintura al suelo corremos el riesgo de contaminar el agua subterránea y, al evaporarse, contamina el aire. Por esto hay que mantener los botes bien cerrados.

Usa pintura de látex. Limpia los pinceles aclarándolos en un fregadero. Guarda la pintura sobrante, bien cerrada, para la próxima vez o dásela a alguien que la necesite.

6- ¿Neumáticos nuevos?



Los neumáticos tienen un impacto ambiental más importante del que podemos imaginar. Manteniéndolos bien ayudas a ahorrar energía, evitas la contaminación y aumentas tu seguridad.

¿Sabías que tiramos más de 100.000 toneladas de neumáticos al año y que millones de ellos ocupan espacio en los vertedores de la península? Además, se necesita medio barril de petróleo para producir la goma de un solo neumático de camión.

Mantener el neumático bien inflado alarga su vida (evita el desgaste prematuro que resulta del recalentamiento) y ahorra combustible. Asimismo, los neumáticos radiales reducen el consumo por kilometraje del coche; el más eficaz es el neumático con anillo de acero en la cubierta.

Una vez haya que cambiarlos, llévalos a un punto de reciclaje de los mismos ya que la goma se puede usar para nuevos neumáticos, adhesivos, aislantes de cables y tubos, frenos, cintas transportadoras, cortacésped, productos deportivos y muchos otros. La goma en polvo se puede añadir al asfalto para aumentar la vida del pavimento 4 o 5 veces más. La mayoría de los neumáticos fabricados hoy contienen menos del 5% de goma reciclada, cantidad que puede aumentar con facilidad hasta un 30%.

Compra, si es posible, neumáticos de vida más larga y que consuman menos gasolina. Comprueba cada cierto tiempo que están bien inflados y cámbialos cada 100.000 kilómetros más o menos, todos al mismo tiempo.

7- Los aparatos eléctricos.



Podemos reducir considerablemente nuestro impacto sobre el medio ambiente manteniendo en buen estado aparatos como el refrigerador, la cocina, el aire acondicionado, etc.

- Nunca compres una cocina de gas con llama piloto, gasta hasta el 40% más de gas. Por la misma razón, apaga el piloto del calentador de agua si no lo vas a utilizar.

- La llama de los pilotos y los quemadores debe ser de color azul; si es amarilla, el quemador o los orificios están sucios o necesitan ajustarse.

- No pongas el aire acondicionado muy fuerte. Con tenerlo a 25 ºC conseguirás una temperatura muy agradable y ahorrarás dinero y energía.

- Limpia o cambia los filtros al menos una vez al mes; de lo contrario el ventilador tendrá que trabajar más y consumirá más electricidad.

- Comprueba la temperatura del frigorífico, debe estar entre 3,3 y 5,5 grados. Por encima de estos niveles, su consumo aumenta un 25%.

- Limpia el serpentín que se encuentra detrás de la nevera al menos una vez al año. Mantén limpia la junta de la puerta y en buen estado para que cierre herméticamente y no pierda frío.

- Llena bien la lavadora antes de ponerla en funcionamiento. Las lavadoras usan entre 120 y 220 litros de agua en cada ciclo.

- Hasta un 90% de la electricidad que se usa para lavar se va en calentar el agua. Lava la ropa con agua tibia y aclara con agua fría (la temperatura usada al aclarar no afecta a la limpieza de la ropa).

- Usa el secador solo en casos justificados.

- Compra, siempre que sea posible, electrodomésticos de bajo consumo.

8- Ahorrar agua.



Cada europeo medio gasta unos 200 litros de agua al día. De esa cantidad, las ¾ partes se utilizan en el cuarto de baño, la mitad de ella derrochada de la manera más inútil. Una casa puede ahorrar hasta 75.000 litros de agua al año únicamente cerrando los grifos.

Un grifo abierto gasta de 5 a 10 litros cada minuto. Por lo tanto, si dejas el grifo abierto mientras te lavas los dientes puedes gastar hasta 20 litros, 100 litros mientras se lavan los platos y hasta 75 mientras te afeitas.

Cierra el grifo siempre que sea posible; dúchate en vez de bañarte; llena el fregadero para lavar los platos; lleva el coche a un lavacoches en vez de limpiarlo con una manguera, etc.

9- La ecología en la gasolinera.



Un litro de gasolina puede contaminar 750.000 litros de agua potable. Por eso, el tipo de gasolina que usamos tiene un gran impacto ambiental.

En la gasolina sin plomo (la única permitida actualmente), este metal es sustituido por un compuesto no contaminante llamado metil terbutil éter (MTBE).

El butano, un componente de la gasolina, contribuye a la contaminación atmosférica cuando se evapora. Así, cuando llenas el depósito de tu coche, los vapores que escapan contaminan el aire. Cada vez más estados exigen que las gasolineras instalen mecanismos de absorción de vapores consistentes en capuchas de plástico que cubren la boquilla de los surtidores. Un tubo especial se adapta sobre la entrada del depósito y succiona los vapores hacia un depósito subterráneo, evitando que escapen.

La polémica sobre si la gasolina es más o menos contaminante que el diésel aún no tiene una respuesta definitiva. En términos generales el motor diésel es menos contaminante que los motores de gasolina: produce 25 veces menos monóxido de carbono, 15 veces menos hidrocarburos sin quemar y dos veces menos óxidos de nitrógeno, aunque las emisiones de óxidos de azufre son superiores. No obstante, hay que remarcar que cuando la carga del motor diésel va aproximándose al máximo, aumenta radicalmente la formación de hollín. Por eso, algunos expertos opinan que las emisiones de diésel son sucias—mucho más sucias que las de la gasolina. Causan una mayor contaminación y tienen peores efectos en la salud.

Los nuevos coches ecológicos son el futuro, pero sus precios aún quedan por encima de lo que muchos bolsillos se pueden permitir.

- Mantén el motor bien regulado. Es la manera más fácil de lograr un consumo de combustible eficaz. Se consume un 9% menos de gasolina, lo que se traduce en un 9% menos de emisiones tóxicas.

- No dejes el motor al ralentí sin necesidad. Poner en marcha un coche consume menos que dejarlo al ralentí.

- Mantén limpio el filtro del combustible.

- No lleves bultos innecesarios ni pongas el aire acondicionado si no hace falta.

10- La capa de ozono.



Detener la reducción del agujero de la capa de ozono es uno de los retos más importantes al que nos debemos enfrentar.

- Evita la espuma de poliestireno. Esto incluye los materiales de empaquetar (como los que protegen los electrodomésticos) y las neveras portátiles.

- Si vas a usar un aislante de poliestireno expandido asegúrate de que no contiene CFC. El corcho aglomerado oscuro también sirve.

- No compres aerosoles que contengan CFC (o mejor no uses aerosoles).

11- Recargar las pilas.



Es difícil imaginar que las pequeñas pilas tengan un impacto tan grande sobre el medio ambiente. Pero las pilas domésticas contienen metales pesados; el más frecuente es el mercurio, un metal muy tóxico y contaminante.

Usa pilas recargables. Aunque contienen cadmio, duran mucho más tiempo que las alcalinas y así contribuyen a disminuir los residuos.

Recicla las pilas. En la actualidad, existen muchos puntos de recogida de pilas.

Si es posible, compra aparatos que se carguen a la red en vez de tener que emplear pilas. Incluso hay cargadores con placas solares que aprovechan la energía solar.

12- En busca del tóxico oculto.



Hay una cantidad sorprendente de tóxicos en casa, escondidos en artículos tan diversos como los limpiadores de horno o los cosméticos. Representan un peligro no solamente para ti y tu familia, sino también para el entorno cuando los tiran y los fabrican.

Llamar a un producto “no tóxico” puede ser falso. Los fabricantes pueden poner en la etiqueta que no es tóxico simplemente porque cumplen con la normativa vigente al respecto. Utilizar alternativas no tóxicas de verdad disminuye los riesgos para tu familia y el ambiente:

- Ropa y sábanas que no necesitan plancharse. Son tratadas con resina de formaldehído aplicada de tal manera que se vuelven parte permanente de la fibra. El resultado: vapores tóxicos. Compra ropa elaborada de fibras naturales siempre que sea posible.

- Los limpiahornos contienen lejía. Rocía con agua el horno y luego con capas de bicarbonato sódico. Frota suavemente los puntos difíciles con estropajo.

- Los ambientadores en realidad no ambientan sino que insensibilizan las fosas nasales o las cubren de aceites. Pueden contener sustancias químicas como etanol, naftaleno, etc. Pulveriza tu casa con mezclas de hierbas o vinagre y zumo de limón.

- Las bolas de naftalina están fabricadas al 100% con paradiclorobenceno, que perjudica a los riñones y el hígado. En su lugar, emplea artículos a base de hierbas que actúan como repelentes, virutas de madera o aceite de cedro.

- Los rotuladores de tinta permanente contienen disolventes nocivos como tolueno, xileno y etanol. Usa rotuladores con tinta disuelta en agua.