Por Hector Horacio Dalmau

El dilema de ser una nación "aguas abajo"


Ante cada oportunidad que presento el mapa/gráfico que se adjunta -y que dibujara oportunamente para insertar en unos de mis libros sobre el tema a desarrollar a continuación-, vuelven a mi memoria los conceptos que pronunciara la dueña de una de las mentes geopolíticas brasileñas más brillantes del siglo pasado.

Me refiero puntualmente a Terezinha de Castro, a quien escuchara terminar una alocución sobre la importancia de manejar las aguas. Su exposición tuvo lugar en un congreso internacional realizado hace un tiempo en Melbourne Australia: "Rosas se equivocó: pretendió dominar el curso de los ríos desde su desembocadura, cuando ello sólo puede hacerse desde su naciente. Casi todos los ríos de la Cuenca del Plata nacen en nuestro territorio, y los brasileños sabemos muy bien lo que debemos hacer".

Cuánta sabiduría y cuánto conocimiento del pensamiento positivo imperante en la dirigencia brasileña derramó la mencionada experta en esas palabras. Ella conocía bien de la encrucijada en que se encuentran los verdeamarelhos, cuando se trata de sostener su desarrollo ante el fantasma del espectacular crecimiento de la población. Si tal problemática no encuentra resolución, la nación "aguas arriba" podría llegar a finales del siglo XXI con una población cercana a los 800 millones de habitantes. Su manutención le requerirá un esfuerzo notable a Brasilia, especialmente a la hora de proveer a esa población de agua dulce.

La fatídica progresión a que hago mención -progresando desde los más de doscientos millones actuales de habitantes- establece que dentro de cuarenta años, esto es, el 2050, el Brasil sobrepase los cuatrocientos millones. Para los albores del año 2090, cruzarán la línea poblacional de 800 millones de ciudadanos. Vale, pues, la pena referir que la perfecta planificación de los cerebros de la nación vecina se encuentra próxima a cumplir los 65 años de perfecta continuidad. Su premisa fundamental se basa en la precisa regulación y retención de los volúmenes hídricos de todos los ríos de todas aquellas cuencas que nazcan o transiten su territorio.

misiones

Así fue como centenas de represas fueron concretándose con relativa premura desde la década de los años cincuenta de la pasada centuria, al punto en que los efectos de esos frenos ya han sido más que visibles en nuestros grandes ríos.

Quienes planificaron la construcción de ese Ñandutí de represas que, desde la cota 83 sobre el nivel cero (0) del Riachuelo marcado en Yacyretá, hasta la de más de setecientos de diferencia con el punto referencial de las represas de los formadores del Río Uruguay y del Paraná, considero no imaginaron que, hoy día, aquellas mismas represas representan una amenaza real por sus posibilidades destructivas. Me refiero a que podrían provocar verdaderos cataclismos en nuestros territorios, incluyendo a la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires. Por otra parte, en el futuro y en las actuales condiciones de escasez de planificación, la República Argentina sufrirá de una más que intolerable dependencia hídrica. Esta, al persistir en el tiempo la tala de las selvas que aún sobreviven en la alta cuenca del Río de la Plata traerá aparejada la muerte definitiva de nuestras estaciones portuarias más importantes, por falta de caudales. Es válido tener en cuenta -a los efectos de ilustrar este punto- que la tala de selvas trae como consecuencia una disminución importante de las precipitaciones..

Cuando se trata de ayudar al lector para que comprenda y asimile la importancia de esta problemática, existen ejemplos claros, como ser las tremendas bajantes que en incontables oportunidades han secado en su totalidad el Río Iguazú, incluyendo por cierto nuestras Cataratas. Otro ejemplo refiere a la negatividad que se deriva de la desaparición de la masa boscosa: la consecuencia de este fenómeno de explotación desenfrenada es, ni más ni menos, la temida Corriente de El Niño, que nos visita en forma periódica, en ciclos que van desde los ocho a los quince años aproximadamente. Desde que se tiene memoria, este movimiento ha asolado siempre el Litoral. Los casos más conocidos son los que se corresponden con los años 1905, 1957, 1965, 1982/3 y 1998.

La dirigencia argentina jamás se preocupó por comprender la dimensión de este tema tan importante. Hoy, los ríos colectores de aguas aportan al de Solís. Cada vez, queda más clara la disminución de los caudales, en la forma de varaduras de barcos de gran porte.

Las necesidades propias de los países que comparten recursos terminand convirtiendo en sofismas cualquier declaración de "hermandad". Como es lógico, me refiero a la tan declamada fraternidad argentino-brasileña

Así, más de setenta represas penden sobre nuestras cabezas. Estas retienen cientos de miles de millones de metros cúbicos (toneladas) de agua-lodo. Para el futuro no tan lejano, deberíamos considerar un escenario en el que un movimiento telúrico de importancia en la región donde esas represas están localizadas, el y/o los tsunamis bajarán rápidamente desde la vecina República Federativa del Brasil, con todo su potencial destructivo.

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Por Héctor Horacio Dalmau -Diputado Nacional (M.C.)-, para El Ojo Digital
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