Jóvenes reunidos en una página de Facebook ayudan a los vecinos que quieren plantar árboles en su casa y dictan talleres gratuitos; "Queremos generar un nuevo sentido de comunidad", dicen

el domingo pasado, poco después del mediodía, una logia de amantes de los árboles se reunió en una hermosa casa de Belgrano. Primero llegaron dos jóvenes, luego varias parejas con niños, finalmente aparecieron los cabecillas, Lisandro Grané y su amigo Marcos. El plan del encuentro era ni más ni menos que enseñarles a plantar árboles a los asistentes, animarlos a sembrar uno en sus jardines, comprometerlos con el cuidado de un ejemplar y explicarles qué puede hacer cada uno para colaborar en la reconstrucción de la biodiversidad local.

Enseñan cómo y dónde plantar árboles


La convocatoria se había hecho en la página de Facebook de la organización, Un Árbol para mi Vereda ( https://www.facebook.com/UnArbolParaMiVereda ), donde puede leerse que el proyecto "busca crear un vínculo de mutuo beneficio entre hombre y árbol, ya que ese vínculo fomenta la conciencia ecológica de los ciudadanos y genera un nuevo sentido de comunidad". Rodeados de niños, jóvenes y perros, Lisandro y Marcos sembraron otra semilla: la del amor por las hierbas, plantas, yuyos y árboles, que germinó con forma de sonrisas entre todos los que se ensuciaron las manos en los distintos canteros llenos de turba dispuestos para la ocasión. La logia sumó nuevos adeptos, y todo hace presumir que, de esta manera, más pronto que tarde el arbolado urbano de Buenos Aires crecerá de la mano de gente dispuesta a proteger lo que planta, con ganas de ver crecer a sus retoños vegetales y muy capaz de distinguir claramente un ceibo de una acacia y un timbó de un ginkgo biloba.

En una ciudad como Buenos Aires, donde últimamente la naturaleza se manifiesta en forma de catástrofe, el arbolado urbano representa un asunto de extrema importancia. Sin embargo, curiosamente, Lisandro cuenta que el origen de su iniciativa responde a una necesidad más personal que social o ecológica. "Cuando nació mi primer hijo, Vito, sentí un impulso muy fuerte de hacer lo que estuviera a mi alcance para dejarle un mundo mejor. Y lo primero que me dijo el corazón fue que, por lo menos, en su casa o donde sea necesario haya más árboles", señala. Lisandro y Marcos plantan especies aceptadas en el arbolado urbano a pedido de los vecinos que se comprometen a cuidar lo que siembran, dictan talleres teóricos prácticos en centros comunitarios (como el que hicieron en la casa de Belgrano), y ofrecen información y asistencia para todos aquellos convencidos de que los árboles son primos lejanos, pero primos al fin. Su objetivo es "producir árboles de calidad", en lo posible especies nativas, y para ello recorren distintos puntos de la ciudad y alrededores para sembrar futuro. Horas antes de llegar a la casa de Belgrano, Lisandro y Marcos ayudaron a vecinos de Acha y Charlone, en Villa Ortúzar, a plantar un jacarandá. Y la semana pasada, en Escobar, pusieron las semillas de lo que en algún momento serán 35 nuevos árboles.

Lisandro y Marcos se conocieron en la facultad de Agronomía, donde tomaron un curso de "producción de árboles ornamentales". Allí aprendieron las normas básicas del arbolado urbano (por ejemplo, que no tengan frutos pesados), conocieron cuáles son las especies nativas más aptas para Buenos Aires y, sobre todo, descubrieron que ver crecer un árbol es la manera más simple y hermosa de abrazar el espíritu de la naturaleza. Para Lisandro, "el único secreto consiste en observar y experimentar. El mayor placer de quienes plantamos árboles radica en la observación de la naturaleza, porque en el fondo ella explica todo lo necesario para que la vida fluya". Tal vez por eso mismo, ni él ni Marcos aconsejan utilizar químicos para combatir las plagas ("cuando aparece una es porque al árbol le falta algo; la idea no es eliminar la plaga, sino fortalecer lo que plantaste", y cada lección de sus talleres combina la enseñanza botánica con el paralelismo entre el mundo de las plantas y el de los seres humanos. "Todo lo que está en el planeta, incluidos nosotros, está por algo. Cuando ves crecer un árbol, te das cuenta de eso -cuenta Lisandro-. Y como lo que se hace con las manos no se olvida más, la idea de los talleres es aprender esas lecciones a medida que se siembra." Muy cerca del jefe de la logia, una niña se acerca, y le pregunta: "¿Yo también puedo plantar un árbol?". En la respuesta a esa pregunta habita el secreto de una ciudad mejor.

SUSTENTABILIDAD, LA PALABRA CLAVE DEL PROYECTO

Los árboles de Buenos Aires fueron objeto de polémica durante las obras de emplazamiento del Metrobus 9 de Julio, ya que 277 ejemplares fueron trasplantados por exigencias del plan de construcción. En ese momento, las críticas que se le hicieron al gobierno de la ciudad fueron en nombre de la sustentabilidad del proyecto. Y en los talleres de "Un árbol para mi vereda", la palabra "sustentabilidad" vuelve a aparecer, pero en un sentido distinto. "Queremos que el proyecto sea sustentable y por eso no le pedimos a nadie que gaste mucho dinero en la producción y el mantenimiento de los árboles -señala Lisandro Grané, uno de los jóvenes que lleva adelante la iniciativa-. Por eso plantamos especies nativas, que exigen un cuidado mínimo. El ceibo, por ejemplo, tolera sequías y excesos de lluvia, que es justo lo que en esta época ocurre en Buenos Aires. La sustentabilidad es clave porque permite que los vecinos adviertan que cuidar y mantener un árbol no tiene por qué ser caro. Sólo se trata de observar, experimentar y comprometerse con el árbol"..