El país sudamericano ostenta índices estancados desde hace 20 años en ingreso, empleo y productividad

Bolivia, el país más pobre de Sudamérica

SANTA CRUZ, Bolivia, 2003.- Bolivia es el país de las paradojas: tiene los yacimientos más grandes de gas de la región, produce oro, posee una vasta riqueza cultural y, sin embargo, es el más pobre y estancado.
Aquí, en el llamado "corazón de la pobreza" latinoamericana, los jefes de Estado y de Gobierno de 21 países se reunirán en la XIII Cumbre Iberoamericana en un intento más por aproximar soluciones a viejos problemas que la retórica no ha podido superar.

Bolivia, el país más pobre de América del Sur, ostenta índices estancados desde hace 20 años en ingreso, empleo y productividad, según la Unidad de Análisis y Políticas Económicas, un organismo oficial.

Seis de cada 10 bolivianos viven entre la pobreza y la extrema pobreza, con un ingreso promedio inferior a dos dólares diarios, pero el drama se agudiza en el sector rural, donde nueve de cada 10 campesinos son pobres o indigentes.

Los reportes señalan que 60 por ciento de los ocho millones 300 mil bolivianos son indígenas, que en su gran mayoría habitan en el campo o en miserables zonas suburbanas.

Según el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), de Bolivia, en su primer año de gestión, el gobierno del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, (que renunció en octubre del 2003 debido a una crisis social), fracasó en sus intentos por controlar el déficit fiscal, el creciente desempleo y el aumento a la deuda externa.

“Los primeros resultados apuntan a un constante deterioro del sistema, cuyos efectos negativos recaerán en los miles de desocupados del país que engrosarán el ejército del desempleo urbano abierto, que este año llegará hasta el 13.5 por ciento, sostiene el documento de la institución, emitido en agosto de este año.

La continuidad a las políticas del modelo neoliberal no ha funcionado, añade el Cedla y precisa: “La situación económica continúa mostrando indicadores preocupantes como el lento crecimiento de los precios (muy cercano a una deflación) y el crecimiento alarmante de la desocupación abierta, proyectada a 13.5 por ciento hasta fin de año. Ambas son expresiones de una baja actividad económica”.

Como en las gestiones pasadas, "en el 2002 el Producto Interno Bruto apenas alcanzó la tasa de crecimiento de la población, ubicándose en un magro 2.75 por ciento", continúa el informe. "Esto quiere decir que mientras sectores como la construcción, el transporte y la extracción de hidrocarburos -todos ligados al negocio del gas con el Brasil- alcanzaron tasas de crecimiento importantes, otros sectores productivos como la industria y la minería, tuvieron un comportamiento miserable que impidió la creación de empleo donde más se lo demanda: en el mercado interno".

Para el Cedla los indicadores son el resultado no sólo de la mala gestión de Sánchez de Lozada, sino que "responden a la aplicación de las políticas de ajuste estructural que han hecho de la economía extremadamente dependiente de los recursos externos. En los últimos 18 años, los gobiernos han privilegiado a la inversión externa en desmedro de los productores nacionales renunciando a fortalecer al mercado interno por una muy discutible concepción exportadora".

Esa tendencia de seguir los moldes del ajuste ha conducido, por otra parte, a una crítica situación en materia monetaria y fiscal. El Cedla analiza que la excesiva dolarización de la economía "que impide a la moneda nacional jugar algún papel de importancia -y que en un contexto de crisis se convierte en un elemento encarecedor del crédito.

Entre las medidas anticrisis, el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada anunció la reactivación de la actividad económica a través de la recuperación de la inversión privada. Al respecto el Cedla afirma que la nacional fue nula en doce meses, acompañada de una reducción de la inversión extranjera.

"Pese a un desembolso en este primer semestre, lo que se ha visto es el resultado contrario: una baja en la ejecución de la inversión pública y un incremento en la deuda externa boliviana de 194.7 millones de dólares", apunta el informe de la institución. Al no haber inversión pública, el Cedla presume que los recursos externos se desviaron hacia el financiamiento del gasto corriente que cubre salarios del sector público. En medio de este panorama, el sector menos favorecido por una atrasada y baja ejecución de inversión pública es el agropecuario.

AUTOCONSUMO VS. HAMBRUNA

Para el Centro de Investigación y promoción del Campesinado (CIPCA), de Bolivia, a 50 años de la reforma agraria, los campesinos e indígenas del altiplano y los valles bolivianos siguen apostando por el autoconsumo, mecanismo a través del cual se está tratando de evitar una generalizada hambruna en el agro boliviano.

"El único elemento que mantiene a los pequeños productores fuera de los niveles de hambruna son sus altos niveles de autoconsumo. Dependiendo de la zona y la cultura de los productores, el autoconsumo alcanza entre el 50 y 70% de la producción agrícola", asegura el CIPCA.

La evaluación del instituto revela que, pese a cinco décadas de haberse realizado la reforma agraria, los campesinos e indígenas bolivianos viven una severa situación de marginación económica, política y cultural, producto de la reducción de sus ingresos, la pérdida de mercados y de escasas posibilidades de desarrollo.

A pesar de que la reforma agraria en Bolivia ha contribuido a redistribuir la tierra, dicha distribución se ha dado de manera desorganizada e irregular, lo que ha provocado el levantamiento de latifundios improductivos en el oriente y el crecimiento acelerado de minifundios en el occidente de la nación.

Para el CIPCA, estos factores negativos se han agudizado con el modelo neoliberal.

"Según la propia lógica del modelo neoliberal, los campesinos e indígenas están predestinados a desaparecer. El Estado no se empeña en apoyarles de forma alguna y, por el contrario, aumenta cada vez más el ingreso de alimentos baratos del extranjero que hacen letal competencia a los pequeños productores".

Según el instituto, “los pequeños productores agrícolas del altiplano y los valles han reducido sus niveles de consumo alimentario producto de la mayor pobreza y una inquietante reducción de ingresos, que algunos expertos creen que fue del 50% en los últimos 20 años. La liberalización de precios, la libre importación y la falta de apoyo al agro han sido fundamentales para deteriorar la calidad de vida en el campo”.

Finalmente, cabe señalar que Bolivia es uno de los mayores productores de hoja de coca -la materia prima de la cocaína- en todo el mundo.

Un programa de erradicación de este cultivo a cambio de ayuda condicionada de Estados Unidos ha provocado la ira de muchos de los campesinos más pobres del país, para quienes la coca es a menudo su única fuente de ingresos.

Y es aquí, en esta parte del continente, considerada un foco de cultivo de revueltas sociales, donde los jefes de Estado pasarán revista a la situación de Iberoamérica.

Para los cruceños, gentilicio de los habitantes de Santa Cruz, esta será una Cumbre más, que no remediará nada.

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