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La Argentina es uno de los paises con energía más barata

De acuerdo con el Foro Económico Mundial:

La industria local paga un promedio de u$s 0,05 por cada kilowatt por hora que consume. Tan sólo cinco naciones en todo el planeta suministran energía eléctrica a un precio inferior: Sudáfrica, Trinidad y Tobago, Kazajstán, Paraguay y Rusia, en ese orden.


La Argentina es uno de los paises con energía más barata
Al declarar que “quienes compren dólares podrán ser sancionados con una baja en los subsidios de los servicios públicos”, durante su última aparición pública para presentar el aumento jubilatorio previsto para marzo, la presidenta Cristina Fernández reabrió el debate sobre el precio de la energía en la Argentina. ¿Pero qué tan cierto es el lugar común que indica que el suministro eléctrico a escala local es uno de los más baratos del mundo? Un flamante informe del Foro Económico Mundial (WEF, según sus siglas en inglés) lo certifica con cifras precisas.
Según el reporte, denominado “The Global Energy Arquitecture Performance Index 2014”, el costo de cada kilowatt por hora (Kwh) para la industria nacional se sitúa en u$s 0,06, por lo que apenas cinco naciones registran un menor precio en todo el planeta: Sudáfrica (0,02), Trinidad y Tobago (0,02), Kazajstán (0,04), Paraguay (0,04) y Rusia (0,05).
En el mismo nivel que la Argentina se ubican seis estados: Australia, Canadá, Corea del Sur, Ecuador, Indonesia y Noruega. Por debajo de ellos se posicionan Estados Unidos (0,07), Nueva Zelanda (0,07), Bulgaria (0,08), Estonia (0,08), India (0,08), Perú (0,08), Suecia (0,08), Tailandia (0,08), México (0,09), Suiza (0,09), Colombia (0,1), Croacia (0,1), España (0,1), Finlandia (0,1), Israel (0,1) y Uruguay (0,1), en ese orden.
En el extremo opuesto, los países con la energía más cara son Italia (0,28), República Dominicana (0,21), Eslovaquia (0,2), Chipre (0,19), Nicaragua (0,19), Haití (0,17), Irlanda (0,17), Brasil (0,16), El Salvador (0,16), Hungría (0,16), Japón (0,16), República Checa (0,15), Chile (0,15) y Austria (0,15).
Vale aclarar que el relevamiento del WEF fue llevado a cabo en un total de 124 países, pero sólo en 60 pudo cuantificarse con exactitud el valor promedio que el sector industrial paga por cada Kwh que consume.
Otras cifras
Según el WEF, la Argentina eroga u$s 6,42 de su Producto Bruto Interno (PBI) por cada kilogramo equivalente de petróleo que demanda. Se trata de una cifra considerablemente por debajo de la registrada en Brasil (u$s 8,48), Uruguay (u$s 11,55) y Chile (u$s 11,93).
Asimismo, mientras que las exportaciones de combustibles representan un 1% del PBI, las importaciones llegan a un 2%, lo que equivale a una proporción similar a la exhibida en suelo brasileño y favorable con respecto a Uruguay (1% y 15%) y Chile (0% y 7%).
En cuanto al nivel de distorsión en el precio de las naftas, el índice local es de 0,89 para la Súper y de 0,81 para el gasoil. En Brasil, Uruguay y Chile, esos valores son de 0,25 y 0,15; 0,95 y 0,76; y 0,79 y 0,85, respectivamente.


precios


En el podio regional
Más allá de corroborar que el congelamiento tarifario y la política de subsidios del Gobierno nacional han promovido que el precio de la electricidad en el mercado doméstico se ubique entre los más bajos del mundo, la mejor colocación en el ranking elaborado por el WEF de naciones como la centroamericana Trinidad y Tobago y la sudamericana Paraguay contradice las palabras del ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio De Vido, quien a fines del año pasado había asegurado que “la energía argentina es la más barata de Latinoamérica”.
Por entonces, el funcionario también había declarado que la política de subsidios no cambiaría, más allá de no descartar la reasignación de recursos en los servicios públicos para los sectores de menores ingresos.
“No habrá precios dolarizados de la energía. El Gobierno va a seguir cuidando el bolsillo de los usuarios y dándole competitividad a la industria. Por otro lado, teniendo en cuenta su performance bursátil puede decirse que a las empresas eléctricas no les va nada mal”, había manifestado De Vido.
Esperando el deshielo
La mayoría de las firmas del sector eléctrico en la Argentina espera con ansias un deshielo tarifario que ponga fin a un congelamiento de las boletas de luz y gas que lleva más de 10 años en la región de Capital Federal y el Conurbano. En el Gobierno nacional conviven posiciones contradictorias al respecto. Cerca de Planificación y en la Secretaría de Energía apuestan –al igual que a fines de 2011– por una reducción gradual de los subsidios del sector, que el año pasado superaron los $ 70.000 millones. Pero en Economía, el ministro Axel Kicillof no termina de avalar la iniciativa.
Frente a ese escenario, caldeado aún más por los masivos cortes residenciales que se registraron durante diciembre y enero, las eléctricas se hallan inmersas –desde hace tiempo– en un deterioro financiero que se tradujo en serios problemas para hacerse cargo de centrales y redes de distribución. El denominador común es la necesidad de fondos públicos para solventar tareas de mantenimiento.
En ese sentido, Edenor y Edesur son las más complicadas: el encarecimiento de los costos operativos por la inflación las obligó –al igual que a otras distribuidoras– a discontinuar sus pagos a Cammesa, la administradora del mercado, por falta de fondos. Y si el Gobierno no accede a modificar sus ingresos, su operativa estará muy comprometida esta temporada. 


Sobre los anuncios de eliminación de los subsidios energéticos por parte del gobierno nacional


Por Jorge
Lapeña


1.-
INTRODUCCIÓN

El
inicio del nuevo período presidencial el
próximo 10 de diciembre encuentra al sector energético
argentino en una situación francamente complicada: declinación
de larga duración de la producción doméstica de
hidrocarburos (desde 2004 en gas natural, y desde 1998 en petróleo);
acentuación de la característica de nuestra matriz
energética de alta dependencia de los hidrocarburos y
particularmente del gas natural; incremento constante de la demanda
de ambos productos; disminución de las reservas comprobadas
principalmente de gas natural con ausencia de descubrimientos de
nuevos yacimientos; disminución de la inversión
exploratoria en la presente década a niveles inferiores a la
mitad de que la que hacía con mucho mejores resultados la YPF
estatal en los años 80.
Como
consecuencia de lo anterior, Argentina perdió en 2010 el
autoabastecimiento energético, con balance comercial externo
superavitario que exhibía desde 1989. El saldo de balanza
comercial energética es en 2011 negativo, fuertemente
creciente e irreversible en el corto y mediano plazo. Las
importaciones energéticas crecientes serán en los
próximos años un fenómeno con el cual habrá
que convivir. Ello viene acompañado de un fuerte crecimiento
desde la crisis de 2001 de los subsidios energéticos, en
nuestra opinión insostenible para las cuentas públicas;
y también del atraso en la inversión privada en el
sector que es imprescindible para ampliar la oferta.
De
todos estos males que nuestro Instituto ha puntualizado en estos
años en innumerables documentos que están disponibles
en nuestra página web y en nuestra revista Proyecto
Energético, sólo
el tema de los subsidios insostenibles e injustos está siendo
admitido por el Gobierno
.
Así lo han manifestado en las conferencias de prensa
conjuntas los ministros de Economía, y de Planificación
e Infraestructura el 6 y el 16 de noviembre pp.
Sobre
el contenido de los anuncios cabe por nuestra
parte hacer una reflexión y una advertencia en procura de que
el proceso de ajuste que viene en el sector energético de
ahora en más sea coherente en sí mismo; ajustado a la
legislación y a la normativa vigente y correctamente explicado
y comprendido por la población.
Esto
último es fundamental, porque
sin duda la ciudadanía deberá hacer importantes
sacrificios para adecuarse a la nueva situación.

2.-
LOS
SUBSIDIOS ENERGÉTICOS EN LA FORMA ACTUAL SON INSOTENIBLES E
INJUSTIFICADOS.

Los
subsidios
energéticos, que también incluyen los subsidios que
recibe el sector transporte y que tienen base energética,
constituyen una seria distorsión económica que ha
terminado por crear la
ilusión política de que es posible consumir cantidades
crecientes de energía sin pagar el costo económico de
la producción de esa energía
.
Este es un hecho nuevo que tiene su origen en el congelamiento
tarifario de las tarifas públicas desde la salida de la
convertibilidad según lo dispuesto por la ley de Emergencia
Económica sancionada por unanimidad por el Parlamento el 6 de
enero de 2002 en medio de los graves y traumáticos episodios
económicos y sociales que sucedieron a la salida de la
convertibilidad. Si
la sanción de la ley de Emergencia Económica fue un
hecho histórico positivo; no lo fue en cambio el mantenimiento
de la misma hasta el presente sobre todo después del largo
período de crecimiento económico

de la economía argentina y de la revaluación cambiaria
que se operó de hecho en este período.
El
congelamiento tarifario estuvo acompañado – como era
natural que ocurriera – de una depresión de la inversión
privada para ampliar la oferta energética. Esta circunstancia
obligó
al Estado nacional a invertir en forma directa en morigerar la baja
de la inversión
:
el estado a través de agencias específicas invirtió
en proyectos de dudosa eficiencia, al
margen de la planificación estratégica; lo hizo con
apuro y el apuro generó mayores costos de obra
.
El Estado a través de Enarsa – una empresa sin capital
ni giro de negocios propio – invirtió en hacer centrales
eléctricas, gasoductos, financiar la compra de gas natural
importado; líneas de transmisión; etc.
Una
tercera
causal del subsidio fue compensar los mayores costos de los productos
energéticos que fue necesario importar para afrontar el
crecimiento de la demanda interna en un contexto en que la producción
interna de gas natural; de petróleo y derivados disminuía.
Posiblemente
un error de apreciación respecto a los males reales que
afrontaba el sector energético argentino les haya creado a los
funcionarios gubernamentales la idea de que el fenómeno
importador era un fenómeno coyuntural – y por lo tanto
pasajero- en lugar de ser lo que realmente es un fenómeno
estructural y duradero.

En
resumen cuatro
factores son los que alimentan los subsidios
:
congelamiento tarifario; retracción de la inversión
privada; crecimiento desordenado y no planificado de la inversión
pública, y necesidad de compensar los precios de importación
sin trasladar los mayores costos a la población.
3.-
POR
QUÉ LOS SUBSIDIOS ENERGÉTICOS SON INSOSTENIBLES

Son
insostenibles porque
crecen a velocidades superiores al crecimiento de los ingresos
presupuestarios cuyo crecimiento sigue aproximadamente a la inflación
real. En este contexto los
subsidios ocupan una parte cada vez mayor del gasto total y superando
a los subsidios sociales

que son imprescindibles en un país con tatas necesidades
básicas insatisfechas en materia de pobreza extrema; vivienda;
salud pública; educación; protección a la
tercera edad, jubilaciones misérrimas; incumplimiento de
sentencias judiciales de actualización de montos jubilatorios;
etc.
Son
insostenibles también porque cada vez compramos una porción
mayor de nuestra energía en el mercado internacional; cuando
lo hacemos pagamos el precio de mercado internacional más los
fletes y los seguros.

Y allí no hay posibilidad de evitar ese pago. El resultado es
muy simple: o el precio lo paga el consumidor ó lo paga el
estado tratando de que el consumidor no se percate de la falla
implícita.
Es
interesante como una vez que el problema se transparenta, por ejemplo
en las Conferencias de Prensa conjuntas de los ministros, empezamos
todos a preguntarnos ¿qué necesidad política
real había en estos años de subsidiar a Barrio Parque o
a Puerto Madero donde viven sólo los ricos?; ¿Qué
lógica estaba atrás de semejantes decisiones? ¿Cuántas
escuelas y viviendas se podrían haber construido si no se
hubiera sido tan ilógico con el diseño tarifario?


LOS SUBSIDIOS, ¿DEBEN SER TODOS ELIMINABLES?

No,
deben ser eliminados sólo los socialmente innecesarios
.
Algo muy importante es que en esto existe acuerdo político.
Es
bien sabido que existen en todas las sociedades –aún las
más desarrolladas- grupos de la población vulnerables:
los pobres, la pobres extremos, los grupos de edad avanzada con
coberturas previsionales deficientes; los trabajadores
cuentapropistas en negro; los que viven en ubicaciones alejadas o de
difícil acceso; las minorías no integradas; etc. Estos
grupos deben necesariamente ser apoyados total o parcialmente para
permitir el acceso al consumo energético, en el entendimiento
de que quien no accede al consumo energético en condiciones
razonables de calidad, cantidad y costo es un excluido social.

El
imperativo es entonces Subsidiar a quien lo necesita y sólo en
la medida justa de su necesidad
;
todo subsidio por encima del necesario es una dilapidación de
fondos; y dilapidar
fondos públicos en una sociedad con grandes necesidades
básicas insatisfechas como es la nuestra, es un crimen.

5.-LOS
ANUNCIOS GUBERNAMENTALES REALIZADOS HASTA AHORA

Los
anuncios realizados hasta ahora son sólo parciales y no están
acompañados de una explicación racional del
fenómeno; de sus causas; y menos aún de la estrategia
elegida para resolver el problema. En cierto sentido es natural que
la administración que creó el problema sea un tanto
ambigua al explicar sus propios yerros. La autocrítica rara
vez se convierte en un auto flagelo y de alguna manera nadie está
obligado a declarar contra sí mismo; sobre
todo si esa declaración se hace el la Televisión para
que llegue a todos sin excepción

En
el mejor de los casos los anuncios son sólo parciales y
evidencian que, por lo menos en esto de las Conferencia de Prensa,
los ministros encargados de los anuncios van por partes; se
habla de que se reducirán subsidios por 4000 millones de $ en
un contexto de Subsidios de 80.000 millones de pesos por año
con tendencia creciente; se habla de que no incrementarán las
tarifas pero no se dice que gasto energético se verá
multiplicado para todos los usuarios.

También
se pone en cabeza del usuario la
obligación de decir si cree tener derecho al subsidio o no en
un sistema de control que tiene mucho de policial; al estilo “Gran
Hermano vigila”;

etc.
6.-
HAY
MUCHAS FORMAS POSIBLES DE ELIMINAR LOS SUBSIDIOS

Hemos
dicho que los subsidios socialmente
innecesarios deben ser eliminados; la pregunta que cabe es si hay una
sola forma de hacerlo; y en el caso de que haya varias formas
posibles ¿cómo hacerlo?
La
respuesta es que hay varias formas posibles de hacerlo; algunas
constituyen soluciones poco prácticas. Veamos un
simple de un ejemplo de una solución bien fácil de
implementar pero ilógica: supongamos que decidimos mantener
el subsidio al 90 % de la población y al resto – por
ejemplo a los que viven en Puerto Madero, en Barrio Parque y lugares
por el estilo- les aumentamos el 1000% la factura energética
bajo la hipótesis que lo podrán pagar porque son ricos.
Este
tipo de soluciones,
a la cual la administración que finaliza su mandato el 10 de
diciembre ha demostrado ser afecta cuando intentó en 2008
incrementar los cargos tarifarios para el gas natural para reducir
subsidios es lisa y llanamente injusta porque no se ajusta al derecho
que en este caso debe enmarcarse en la legislación y la
normativa vigente. En
resumen una solución como la planteada sería una
solución fácil, de fácil comprensión y,
diría, administrativamente fácil de aplicar. Pero sería
una solución al margen de la racionalidad y la ley vigente.

Bien
la solución que
se elija debe estar dentro de la ley; la ley es la vigente o la que
la sustituya y además debe ser una ley justa que pueda
resistir una apelación particular. La experiencia de 2008 de
intento de reducir subsidios al gas natural y electricidad
segmentando consumos y castigando indiscriminadamente a los
consumidores de mayor consumo anual demostró ser altamente
controversial; débil jurídicamente; y políticamente
dañina para quién la lleva adelante.
7.-
¿DEBERÍA LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA DE LOS
SUBSIDIOS SER RÁPIDA, O GRADUAL?

Resolver
este tema de los subsidios, y atrasos de precios relativos de tal
magnitud exige gradualidad. Una solución no gradual o mal
explicada podría hacer aparecer entre nosotros algo así
como los Indignados
por Razones Energéticas (IRE)
.
Una categoría de indignados hasta ahora no conocido en el
mundo. Quizás
valga recordar la experiencia de ajuste tarifario del ministro
Celestino Rodrigo y su incremento brusco del precio de la nafta en
1975 que terminó con su salida antes de tiempo.


8.-CONCLUSIÓN
Es
bueno que se admita y se encare la solución definitiva del
gravísimo problema de los Subsidios energéticos
innecesarios; sería importante que la resolución de
este importantísimo lo
aborden el Ministro de Economía entrante y el nuevo
responsable del área energética.

Es un tema para el 11 de Diciembre y no para ahora. Son pocos días
de diferencia pero la importancia del tema amerita esperar. Cabría
por supuesto la ratificación de los actuales funcionarios si
la Sra. de Kirchner así lo decidiera, pero lo importante es
que quien debería poner en marcha la nueva política,
que es diametralmente opuesta a la actual, debería ser no el
ministro que se va si no el que comienza.
La
solución a implementar debería ser gradual; y ajustada
a la ley vigente; lo que no excluye cambiar la ley actual si se
juzgara que la misma es total o parcialmente inconveniente; la
solución deber ser bien explicada, transparente y congruente
con otras políticas. La solución finalmente debe ser
eficaz para recuperar el ritmo del crecimiento de la oferta
energética y para superar lo0s fuertes desequilibrios con que
la Sra. de Kirchner inaugura su segundo mandato.
Finalmente
y no menor es el tema de Ciudadano/consumidor; el que no tiene
demasiadas formas institucionales de expresión que no sea el
voto emitido en elecciones libres y sin proscripciones. Este no
debería cargar con los costos de ineficiencia estatal; reducir
los subsidios no significa que el estado se
saque el problema de encima transfiriendo costos innecesarios a la
ciudadanía. El consumidor sólo debe afrontar con su
pago los costos eficientes de la generación energética.
Esto implica reducir costos ineficientes de la administración
pública, que pueden servir en algún momento para
alimentar la burbuja del consumo pero que descubierta son
insostenibilidad no pueden ser transferidos al consumidor


electicidad

Argentina: La magnitud de los subsidios al gas y a la electricidad (Opinión)

Andrés Chambouleyron (Economista) - Para evaluar el impacto que tendría una eventual eliminación de los subsidios aplicados a los precios del gas y de la electricidad es preciso comprender que dichos subsidios no son montos de dinero que reciban las compañías de servicios públicos 
a cambio de no subir sus tarifas


Argentina

Para evaluar el impacto que tendría una eventual eliminación de los subsidios aplicados a los precios del gas y de la electricidad, es preciso primero comprender que dichos subsidios no son montos de dinero que reciban las compañías de servicios públicos “a cambio de no subir sus tarifas”.

En primer lugar, lo que el Gobierno subsidia es el precio de los fluidos gas natural y electricidad que no son servicios públicos.

Las tarifas, por otra parte, que son la remuneración a las redes que transportan y distribuyen dichos fluidos y que sí son servicios públicos monopólicos y regulados por el Estado, no están subsidiadas.

Lo que el usuario final paga es la suma de los tres componentes, el precio del fluido gas o electricidad (que sí está subsidiado) más las tarifas de transporte y distribución que prestan empresas de servicios públicos (que no están subsidiadas) y que además presentan un atraso importante frente a la inflación acumulada desde hace varios años.

Lo que el Gobierno subsidia es la diferencia entre el costo real de producir o importar gas natural (y de generar electricidad) y el precio (no la tarifa) final del gas y la electricidad que pagamos todos los usuarios finales. Las tarifas de transporte y distribución de gas y de electricidad (que sí son servicios públicos) no están subsidiadas.

En caída

La producción local de gas natural en Argentina viene cayendo desde 2004, mientras que la demanda local del fluido aumenta. La diferencia se cubre con importaciones de Bolivia y a través de barcos que traen el gas natural licuado. Ese gas importado, sin embargo, lo paga la empresa estatal Enarsa a un precio muy superior al que pagamos los consumidores 
finales.

Lo mismo ocurre con el gasoil y el fueloil usados para generar electricidad e importados por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico SA (Cammesa), cuyo precio de importación no se traslada al precio mayorista de la electricidad sino que es subsidiado por esta.

Los subsidios a los precios del gas y de la electricidad van a insumir este año un monto cercano a los 68 mil millones de pesos y representarán casi el 60 por ciento del total de subsidios económicos que aplicará el Gobierno nacional este año, estimado en 120 mil millones de pesos.

Es importante aclarar que dichos subsidios son pagados por la totalidad de los contribuyentes a través de sus impuestos y de la inflación, consuman o no el servicio.

Injusticias

Dado que sólo el 56 por ciento de los hogares en Argentina cuenta con conexiones de gas natural, el resto de los hogares debe consumir gas en garrafa, que es (a precio subsidiado) 10 veces más caro que el gas natural que pagan las familias de más bajos consumos. Esta diferencia casi se duplica si la familia no tiene acceso a garrafas a precio subsidiado.
eneriga

En segundo lugar, la eventual reducción o eliminación de los subsidios a los precios del gas y de la electricidad no eximirá al Gobierno de la necesidad de aumentar las tarifas de distribución y transporte de gas y electricidad que permanecen congeladas, en el caso del gas, desde 1999.

Si el Gobierno decidiera eliminar (o reducir) los subsidios a los precios del gas natural y de la electricidad, estaría resolviendo sólo la mitad del problema, porque los servicios públicos encargados de transportar y distribuir dichos fluidos seguirían con tarifas congeladas.

En síntesis, y aclarada la confusión, la tarea que le espera al Gobierno actual y a la próxima administración es no sólo desmantelar (de manera total o parcial) la madeja de subsidios otorgados en varios sectores (transporte, obras viales, comunicaciones, etcétera), sino que también tendrá que lidiar con el atraso tarifario de las empresas de servicios públicos, problema que, como ya indicamos, no tiene nada que ver con los subsidios a los precios de la energía, pero que sigue sin resolverse y que habrá que afrontar sin mayores dilaciones para evitar cuellos de botella en la prestación de los servicios.



La Argentina es uno de los paises con energía más barata



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Subsidios a la electricidad generan todo el déficit fiscal

Argentina

Decarga Informe



Como era previsible, el retraso tarifario en los servicios públicos exacerba el consumo, provoca déficits de inversiones que deterioran la calidad de los servicios y demanda cuantiosos subsidios a favor de las empresas proveedoras. Esto no se resuelve con el anunciado aumento de las tarifas de gas y electricidad que alimentará un fondo estatal para financiar las inversiones. La solución genuina pasa por gestionar las obras en base a articulación público-privada y tender a cobrar la tarifa real a todos los usuarios, complementado con subsidios focalizados a través de un régimen de tarifa social a favor de las familias más pobres.

El Gobierno nacional aumentará las tarifas de electricidad y gas. El incremento no es el inicio de un proceso de sinceramiento de tarifas con el fin de desactivar los masivos subsidios a las empresas proveedoras de los servicios. Por el contrario, se plantean como cargos fijos bimensuales –de entre $4 y $150 para el consumo eléctrico y $4 y $60 para el gas– con destino a un fondo estatal para realizar inversiones. Para justificar la permanencia de los subsidios y el retraso tarifario se planteó el argumento de que por esta vía se mejora el bienestar de los trabajadores ya que operan como un “salario indirecto”.  
Mantener el retraso tarifario tiene múltiples impactos negativos. El más visible es el deterioro en la calidad de la prestación por la falta de inversiones. También suma distorsiones exacerbando el consumo, sobre todo en los estratos socioeconómicos medios y altos. Menos visibles, pero sumamente importante, son las crecientes dificultades para darle sostenibilidad financiera. En este sentido, resulta esclarecedora la información que publica la Secretaría de Hacienda de la Nación y la Asociación Argentina de Presupuesto. Según estas fuentes, entre enero y setiembre del año 2012 se observa que:   · Los ingresos del sector público nacional fueron de $400 mil millones y el gasto público de $416 mil millones, es decir, hubo un déficit fiscal de $16 mil millones. · Los subsidios a ENARSA –que mayoritariamente se destinan al subsidio al gas– fueron $12 mil millones. · Los subsidios a CAMMESA –que son los que se destinan al subsidio de la electricidad– ascendieron a $17 mil millones. Los datos muestran que la situación financiera del sector público nacional es muy precaria. El déficit es muy alto aun con presión impositiva récord, inédita centralización de recursos públicos a favor de la Nación en desmedro de las provincias y con masivas transferencias de otros organismos del Estado (fundamentalmente el Banco Central y la ANSES). En este marco, adquiere especial relevancia el hecho que los subsidios al gas representan aproximadamente tres cuartas partes del déficit fiscal y los subsidios a la electricidad equivalen a la totalidad del déficit del Estado nacional. El fallo del juez Griesa en Nueva York despeja toda duda sobre el nulo acceso que Argentina tiene al crédito internacional. Las condiciones internas hacen que tampoco sea realista proyectar un masivo acceso a crédito voluntario interno. El aumento de la presión impositiva parece haber superado la tolerancia de la gente. Seguir apelando a la emisión monetaria para financiar déficit es potenciar la inflación. Por eso, resulta altamente recomendable un plan para moderar el crecimiento del gasto público. Por ahora, alcanzaría con medidas graduales. Entre las más importantes, desactivar los subsidios a los servicios públicos.       Es muy débil el argumento de que los subsidios son recomendables porque operan como “salario indirecto”. Una vía mucho más directa y eficaz para mejorar el salario es disminuir los impuestos, especialmente las cargas sociales que se aplican sobre quienes menos ganan. Un precio artificialmente bajo de los servicios públicos exacerba el consumo y no son los pobres los que más se "benefician" con el despilfarro. Testimonio concreto es el gas, donde los pobres son condenados a lidiar con garrafas mientras que la gente de altos ingresos tiene la posibilidad de abusar del servicio pagando una fracción ínfima del costo. Las soluciones pasan por fijar tarifas que refleje los costos reales junto con un esquema de “tarifa social” para proteger a las familias en situación de vulnerabilidad. En paralelo,  reconocer que el déficit de inversiones que no se hicieron en más de una década, no se revierte creando un fondo estatal adicional a los mucho que ya se crearon. Hay que aprender de los países avanzados, incluso Brasil o Chile, que invierten en infraestructura con articulaciones público-privadas. En este esquema, el Estado programa y controla inversión y calidad de los servicios, y los privados aportan financiamiento, hacen las obras y operan el servicio, recuperando el costo dentro de la tarifa.

http://www.idesa.org/informes/584



eneriga

1 comentario - La Argentina es uno de los paises con energía más barata

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Pero los Aifon 6 están por las nubes gorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr