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CIA, Complot y golpe a Allende

CIA, Complot y golpe a Allende


CIA, Complot y golpe a Allende
Salvador Allende


«"Un dictador puede gobernar de manera liberal, así como es posible que una democracia gobierne sin el menor liberalismo. Mi preferencia personal es una dictadura liberal y no un gobierno democrático donde todo liberalismo está ausente", respondió a un periodista chileno en 1981.»
Friedrich von Hayek

«"Se metían a la gente en la cárcel para que los precios pudieran ser libres
Eduardo Galeano, 1990


Fue en Chile -el epicentro del experimento de Chicago— donde la derrota en la batalla de las ideas se hizo más evidente. En las históricas elecciones chilenas de 1970 el país se había desplazado tan a la izquierda que, sin excepción, los tres principales partidos políticos estaban a favor de nacionalizar la principal fuente de dividendos del país: las minas de cobre controladas por grandes empresas mineras estadounidenses. En otras palabras, el Proyecto Chile había sido un fracaso muy caro. Como combatientes ideológicos que libraban una pacífica batalla de ideas con sus enemigos de la izquierda, los Chicago Boys habían fracasado completamente en su misión. No sólo el debate económico seguía derivando más y más a la izquierda, sino que los Chicago Boys eran tan poco importantes que ni siquiera se les tenía en cuenta en ninguna franja del abanico electoral chileno.

Trailer de "La Doctrina del Shock"

http://www.youtube.com/v/_nNJM0kKrDQ


Todo podría haber acabado aquí, con el Proyecto Chile convertido sólo en una nota a pie de página sin importancia de la historia, pero sucedió algo que rescató de la oscuridad a los Chicago Boys: Richard Nixon fue elegido presidente de Estados Unidos. Nixon «tenía una política exterior creativa y, en general, bastante efectiva», dijo con entusiasmo Friedman. Y en ninguna parte fue más creativa que en Chile. Fue Nixon quien les daría a los Chicago Boys y a sus profesores algo con lo que siempre habían soñado: una oportunidad de demostrar que su utopía capitalista era más que una teoría de un taller académico de un sótano, una oportunidad para rehacer un país desde cero. La democracia había sido poco hospitalaria con los Chicago Boys en Chile; la dictadura se demostraría mucho más acogedora.

Muerte


El gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende ganó las elecciones de 1970 en Chile con un programa que prometía poner en manos del gobierno grandes sectores de la economía que estaban dirigidos por empresas extranjeras y locales. Allende pertenecía a una nueva raza de revolucionario latinoamericano: igual que el Che Guevara, era médico, pero a diferencia del Che, también lo parecía, pues su imagen y su traje de tweed lo alejaban de la imagen romántica de la guerrilla.

Podía pronunciar discursos tan feroces como los de Fidel Castro, pero era un demócrata convencido que creía que el cambio socialista en Chile debía llegar a través de las urnas, no a través de las armas. Cuando Nixon se enteró de que habían escogido presidente a Allende, lanzó su famosa orden al director de la CIA, Richard Helms, de que «hiciera chillar a la economía». La elección también resonó con fuerza en el departamento de Economía de la Universidad de Chicago. Arnold Harberger estaba en Chile cuando ganó Allende. Escribió una carta a sus colegas describiendo el acontecimiento como una «tragedia» e informándoles que en los círculos de la derecha se plantea en ocasiones la idea de un golpe militar».

Aunque Allende se comprometió a negociar indemnizaciones justas para compensar a las empresas que perdían propiedades e inversiones, las multinacionales estadounidenses temían que Allende representara el comienzo de una tendencia general en toda América Latina, y muchas no estaban dispuestas a aceptar perder unos recursos que se habían convertido en una porción importante de sus beneficios. Hacia 1968, el 20% del total de inversiones extranjeras de Estados Unidos se dirigían a Latinoamérica y las empresas estadounidenses tenían 5.436 en filiales en la región. Los beneficios que producían estas inversiones eran sobrecogedores. Las empresas mineras habían invertido mil millones de dólares durante los cincuenta años previos en la industria minera chilena – la mayor del mundo—, pero a cambio habían enviado a casa 7.200 millones de dólares de beneficios.

En cuanto Allende ganó las elecciones, e incluso antes de que jurara el cargo, las empresas estadounidenses le declararon la guerra a su administración. El centro de esta actividad fue el Comité Ad Hoc de Chile, con sede en Washington y formado por las principales empresas mineras estadounidenses con propiedades en Chile, así como por la empresa que, de hecho, lideraba el comité, International Telephone and Telegraph Company (ITT), que poseía el 70 % de la compañía telefónica, que pronto iba a nacionalizarse. Purina, Bank of America y Pfizer Chemical también enviaron delegados al comité en varias fases de su existencia.

El único propósito del comité era obligar a Allende a desistir de su campaña de nacionalizaciones «enfrentándole con el colapso económico». Tenían muchas ideas sobre cómo causar dolor a Allende. Según las actas de las reuniones que se han hecho públicas las empresas planeaban bloquear los créditos estadounidenses a Chile y «discretamente, hacer que los grandes bancos privados de Estados Unidos hicieran lo mismo. Conferenciar con los bancos extranjeros con el mismo objetivo. Evitar comprar productos a Chile durante los próximos seis meses. Utilizar la reserva de cobre de Estados Unidos en lugar de comprar cobre chileno. Provocar una escasez de dólares en Chile». Y la lista sigue.

golpe
Orlando Letelier


Allende nombró a su íntimo amigo Orlando Letelier embajador en Washington. Recayó en él la labor de negociar las condiciones de la expropiación con las mismas empresas que conspiraban para sabotear el gobierno de Allende. Letelier, un hombre extrovertido y divertido con el bigote arquetípico de los años setenta y una arrasadora voz de cantante, era una persona muy querida en los círculos diplomáticos. Su hijo Francisco recuerda con particular alegría los momentos en que su padre tocaba la guitarra y cantaba canciones populares en las fiestas con amigos en su casa de Washington. Pero incluso a pesar de todo el en canto y la habilidad de Letelier, las negociaciones nunca tuvieron ninguna posibilidad de éxito.

En marzo de 1972, en medio de la tensa negociación de Letelier con ITT, Jack Anderson, un columnista cuyos artículos estaban sindicados a una serie de periódicos, publicó una explosiva serie de reportajes basados en documentos que demostraban que la compañía telefónica había conspirado en secreto con la CIA y el Departamento de Estado para impedir que Allende jurara el cargo dos años atrás. Ante aquellas acusaciones, y con Allende todavía en el poder, el Senado de Estados Unidos, controlado por los demócratas, inició una investigación y descubrió un extenso complot en el que ITT había ofrecido un millón de dólares en sobornos a la oposición chilena y «había tratado de que la CIA participara en un plan para manipular de forma encubierta el resultado de las elecciones chilenas».

El informe del Senado, publicado en junio de 1973, descubrió también que cuando el plan fracasó y Allende llegó al poder, ITT adoptó una nueva estrategia diseñada para asegurarse de que «no se mantuviera en el cargo ni seis meses». Lo que más alarmó al Senado fue la relación entre los directivos de ITT y el gobierno de Estados Unidos. A través de los testimonios y documentos obtenidos durante la investigación, quedó claro que ITT participaba directamente en el diseño al más alto nivel de la política estadounidense respecto a Chile. En un momento dado, un directivo importante de ITT escribió al asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, y le sugirió que «sin informar al presidente Allende se colocaran en la categoría de "revisándose" todos los fondos de ayuda internacional estadounidense ya asignados a Chile». La empresa se tomó además la libertad de preparar una estrategia de dieciocho puntos para la administración Nixon que contenía una petición clara de un golpe de Estado: «Contacten con fuentes fiables del ejército chileno», decía,«[...] alimenten y planifiquen su descontento con Allende y luego propongan la necesidad de apartarlo del poder».

Cuando el comité del Senado les apretó las tuercas sobre sus desvergonzados intentos de emplear el poder del gobierno de Estados para subvertir el proceso constitucional chileno sólo para hacer prosperar los propios intereses económicos de ITT, el vicepresidente de la empresa, Ned Gerrity, pareció auténticamente confuso. «¿Qué hay de malo en preocuparse por el número 1?» preguntó. El comité contestó en su informe: «"El número 1" no debe jugar un papel que no le corresponde en el diseño de la política exterior estadounidense».

Aún así, a pesar de los años de implacable juego sucio de Estados Unidos, durante los que ITT fue simplemente el ejemplo más público, Allende seguía en el poder. Ocho millones de dólares invertidos en operaciones secretas no habían conseguido debilitar su popularidad. En las elecciones de mitad de mandato de ese año, el partido de Allende incluso ganó terreno respecto a las elecciones de 1970. Estaba claro que el deseo de un modelo económico distinto no había calado en Chile y que el apoyo a una alternativa socialista ganaba terreno. Para los opositores de Allende, que llevaban planeando derrocarlo desde el mismo día en que se conocieron los resultados de las elecciones de 1970, eso significaba que sus problemas no iban a solucionarse simplemente librándose de él, pues simplemente le sustituiría algún otro. Hacía falta un plan más radical.

LECCIONES SOBRE EL CAMBIO DE RÉGIMEN: BRASIL E INDONESIA

Los oponentes de Allende habían estudiado concienzudamente dos posibles modelos de «cambio de régimen». Uno era el de Brasil, el otro Indonesia. Cuando la junta brasileña, dirigida por el general Humberto Castello Branco y apoyada por Estados Unidos, se hizo con el poder en 1964, el ejército tenía el plan de no sólo revocar los programas favorables a los pobres de Joáo Goulart sino de convertir Brasil en un país totalmente abierto a la inversión extranjera. Al principio los generales brasileños trataron de imponer su programa de un modo relativamente pacífico. No hubo muestras abiertas de brutalidad, no hubo arrestos generalizados, y aunque con posterioridad se descubrió que algunos «subversivos» habían sido brutalmente torturados durante este período, el número fue lo bastante pequeño (y Brasil lo bastante grande) para que los rumores sobre ello casi no pasaran de los muros de las cárceles. La Junta se esforzó también por mantener ciertos visos de democracia, incluyendo una limitada libertad de prensa y de reunión, por lo que a la toma del poder de los militares se la conoció como el «golpe de los caballeros».

A finales de la década de 1960 muchos ciudadanos utilizaron esas libertades limitadas para expresar su ira por la pobreza cada vez mayor de Brasil, de la que culpaban al programa económico pro empresarios del gobierno, buena parte de él diseñado por graduados de la Universidad de Chicago. Hacia 1968 las calles estaban saturadas de manifestaciones anti-junta, las mayores convocadas por los estudiantes, y el régimen estaba en serio peligro. En un gambito desesperado para mantenerse en el poder, el ejército cambió radicalmente de táctica: se eliminaron por completo los restos de la democracia, se negaron todas las libertades civiles, se recurrió sistemáticamente a la tortura y, según la Comisión de la Verdad que luego se establecería en Brasil, «los asesinatos ordenados por el Estado se convirtieron en habituales».

El golpe de Indonesia en 1965 siguió una ruta muy distinta. Desde la Segunda Guerra Mundial, el país había sido gobernado por el presidente Sukarno, el Hugo Chávez de aquellos tiempos (aunque desprovisto del gusto de Chávez por las elecciones). Sukarno irritó a los países ricos con medidas proteccionistas para la economía de Indonesia, redistribuyendo la riqueza y echando al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, a los que acusó de ser meras tapaderas de los intereses de las multinacionales occidentales. Aunque Sukarno era un nacionalista, no un comunista, trabajó muy unido al Partido Comunista, que tenía tres millones de afiliados. Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña estaban decididos a acabar con el gobierno de Sukarno. Documentos desclasificados muestran que la CIA había recibido órdenes desde los altos escalafones de la administración para «liquidar al presidente Sukarno, dependiendo de la situación y de las oportunidades que se presenten».

pentagono
Suharto


Después de varios intentos fallidos, la oportunidad se presentó en 1965, cuando el general Suharto, apoyado por la CIA, empezó a hacerse con el poder y a erradicar a la izquierda. La CIA había compilado en secreto una lista de los principales líderes de la izquierda del país, un documento que acabó en manos de Suharto, mientras que el Pentágono le ayudó suministrándole armas y radios de campaña para que las fuerzas del ejército indonesio pudieran comunicarse en las partes más remotas del archipiélago. Suharto envió entonces a sus soldados a cazar a los cuatro o cinco mil izquierdistas que aparecían en sus listas «de ejecuciones», tal y como las llamaba la CIA. La embajada de Estados Unidos recibía regularmente informes sobre los progresos realizados. Conforme llegaba la información, la CIA iba tachando nombres de la lista hasta que quedó convencida de que la izquierda indonesia había sido efectivamente erradicada. Una de las personas que participaron en la operación fue Robert J. Martens, que trabajaba en la embajada estadounidense en Yakarta. «En realidad fue una enorme ayuda para el ejército», le contó a la periodista Kathy Kadane veinticinco años después. «Probablemente mataron a mucha gente, y probablemente yo tenga mucha sangre en mis manos, pero no fue del todo malo. Llega un momento en el que tienes que golpear con fuerza en el instante decisivo».

Las listas de ejecuciones cubrían los objetivos específicos a eliminar; las masacres indiscriminadas por las que Suharto se hizo tristemente célebre fueron, en su mayor parte, delegadas a los estudiantes religiosos. El ejército los entrenó rápidamente y los envió a pueblos con intrucciones del jefe de la marina de «barrer» el campo de comunistas. «Con alegría —escribió un periodista—, llamaban a sus partidarios, se echaban al cinto sus machetes y pistolas, la maza sobre el hombro y embarcaban para cumplir la misión que tanto tiempo llevaban queriendo realizar». En poco más de un mes al menos medio millón y probablemente hasta un millón de personas fueron asesinadas, «masacradas a miles», según Time. En Java Oriental, «los que han viajado a esas áreas hablan de pequeños ríos y riachuelos literalmente atascados de cadáveres; el transporte fluvial resulta imposible por todas partes».

La experiencia indonesia fue estudiada con mucha atención por los individuos e instituciones que planeaban el derrocamiento de Salvador Allende en Washington y en Santiago. Lo que resultaba interesante no era sólo la brutalidad de Suharto sino el extraordinario papel que había jugado un grupo de economistas indonesios educados en la Universidad de California en Berkeley, conocidos como la «mafia de Berkeley». Suharto resultó muy efectivo en la labor de librarse de la izquierda, pero fue la mafia de Berkeley quien preparó el plan económico para el futuro del país.

Los paralelismos con los Chicago Boys eran sorprendentes. La mafia de Berkeley había estudiado en Estados Unidos como parte del programa que había empezado en 1956 financiado por la Fundación Ford. También habían vuelto a casa y creado una fiel copia de un Departamento de Economía al estilo occidental en la Facultad de Económicas de la Universidad de Indonesia. Ford había enviado a profesores estadounidenses a Yakarta para establecer la escuela, igual que los profesores de Chicago habían ido a ayudar al nuevo Departamento de Economía de Santiago. «Ford creía que estaba formando a los tipos que liderarían el país cuando Sukarno se fuera», explicó lacónicamente John Howard, entonces director del Programa Internacional Ford de Formación e Investigación.

Los estudiantes financiados por Ford se convirtieron en los líderes de los grupos de los campus que participaron en el derrocamiento de Sukarno y la mafia de Berkeley trabajó estrechamente con el ejército en los preparativos del golpe, desarrollando «planes de contingencia» por si el gobierno caía de repente. Estos jóvenes economistas ejercían una enorme influencia en el general Suharto, que no sabía nada de altas finanzas. Según la revista Fortune, la mafia de BerkeJey grababa las clases de economía en cintas para que Suharto las pudiera escuchar en su casa. Cuando se reunían con él personalmente, «el presidente Suharto no se limitaba a escuchar, sino que tomaba apuntes», recordó con orgullo un miembro del grupo. Otro graduado de Berkeley definió la relación de este modo: nosotros «ofrecimos a los líderes del ejército –el elemento crucial del nuevo orden— un "recetario" con soluciones para enfrentarse a los graves problemas económicos de Indonesia. El general Suharto, como comandante en jefe del ejército, no sólo aceptó el recetario sino que quiso que los autores de las recetas se convirtieran en sus asesores económicos».55 Y así fue. Suharto llenó su gobierno de miembros de la mafia de Berkeley, entregándoles todos los puestos importantes, incluidos el Ministerio de Comercio y la embajada en Washington.

Este equipo económico, formado en una escuela mucho menos ideológica (Nota: que la de Chicago), radicales anti-Estado como los Chicago Boys. Creían que el gobierno debía desempeñar un papel en la gestión de la economía de Indonesia, y asegurarse de que los productos básicos como el arroz eran asequibles. Sin embargo, la mafia de Berkeley fue de lo más generosa con los inversores extranjeros que ansiaban caer sobre las inmensas riquezas minerales y la abundancia petrolífera de Indonesia, descrita por Richard Nixon como el «gran tesoro del Sureste asiático». Se aprobaron leyes que permitían a empresas extranjeras el control total de estos recursos, se concedieron «vacaciones fiscales» por doquier y en menos de dos años, las riquezas naturales de Indonesia, el níquel, las maderas nobles, el caucho y el petróleo— estaban repartidos entre las multinacionales más importantes de la industria minera y energética mundial.

Para los que planeaban derrocar a Allende justo al mismo tiempo que el programa de Suharto empezaba a funcionar, las experiencias de Brasil e Indonesia resultaban una útil panorámica de contrastes. Los brasileños habían hecho escaso uso del poder del shock, y habían esperado antes de mostrar su apetito por lo brutal. Fue un error casi fatal, puesto que sus adversarios tuvieron ocasión de reagruparse y algunos pudieron organizar facciones izquierdistas y guerrillas armadas. Aunque la Junta logró mantener las calles limpias, la creciente oposición actuó como un elemento obstaculizador de sus planes económicos.

Por contra, Suharto había probado que si se empleaba una represión masiva de forma previa, el país caería en un estado de shock que permitiría eliminar toda resistencia aun antes de que cobrara vida. Utilizó tácticas de terror sin vacilar, más allá de lo imaginable, y logró que un pueblo que apenas unas semanas antes pugnaba por establecer su independencia terminara cediendo, absolutamente aterrado, el control total del gobierno a Suharto y sus verdugos. Ralph McGehee, director de operaciones de la CIA de alto rango durante los años del golpe militar, dijo que Indonesia era una «operación de manual. [...] La forma, en que Suharto llegó al poder está relacionada con todas las operaciones y golpes sangrientos en los que Washington participó o que activó. El éxito de esa acción implicaba que se repetiría una y otra vez».

La otra lección esencial procedente de Indonesia tenía que ver con la alianza previa entre Suharto y la mafia de Berkeley. Dado que estaban dispuestos a ocupar posiciones «tecnócratas» en el nuevo gobierno y ahora que Suharto ya era un converso, el golpe no sólo eliminó la amenaza nacionalista sino que transformó Indonesia en uno de los lugares más agradables y cómodos para los inversores extranjeros de todo el mundo.

A medida que crecían las tensiones que desencadenarían el golpe militar contra Allende, un escalofriante aviso apareció con pintadas rojas en las calles de Santiago. «Yakarta se acerca», decía.

Poco después de resultar elegido Allende, sus oponentes nacionales empezaron a imitar la pauta Indonesia con inquietante precisión. La Universidad Católica, hogar de los Chicago Boys, se convirtió en la zona cero de creación de lo que la CIA denominó «clima de golpe». Muchos estudiantes se afiliaron al frente fascista Patria y Libertad, y desfilaron al paso de oca por las calles de Santiago de Chile en abierta imitación de las Juventudes Hitlerianas. En septiembre de 1971, tras un año de mandato de Allende, los principales líderes empresariales chilenos celebraron una reunión de emergencia en la ciudad costera de Viña del Mar para desarrollar una estrategia coherente para el cambio de régimen. Según Orlando Sáenz, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (generosamente financiada por la CIA y por muchas multinacionales afines en Washington), los allí reunidos decidieron que «el gobierno de Allende era incompatible con la libertad en Chile y con la existencia de la empresa privada, y que la única forma de evitar el desastre era derrocar al gobierno». Los empresarios organizaron una «estructura de guerra»; una parte establecería relaciones con el ejército, y otra sección, según Sáenz, se ocuparía de «diseñar programas de gobierno alternativos que se presentarían sistemáticamente a las fuerzas armadas».

Sáenz reclutó a varios elementos clave de los Chicago Boys para preparar esos programas alternativos y los instaló en unas dependencias cercanas al palacio presidencial en Santiago. El grupo, dirigido por el recién llegado de Chicago Sergio de Castro y por Sergio Undurraga, su colega de la Universidad Católica, empezó a reunirse en secreto con regularidad semanal, para desarrollar detalladas propuestas sobre cómo reconstruir radicalmente la estructura económica del país siguiendo los dictados neoliberales. Según una posterior investigación del Senado estadounidense, «más del 75 % de la financiación de esta organización de investigación de la oposición» procedía directamente de la CIA.

Durante algún tiempo, la planificación del golpe transcurrió por dos vías paralelas diferenciadas: los militares conspiraban para exterminar a Allende y a sus seguidores, mientras los economistas se ocupaban de la exterminación de su ideario. Cuando el clima llegó al punto ebullición adecuado para una solución violenta, los dos canales abrieron un diálogo coordinado, con Roberto Kelly —un empresario relacionado con el periódico El Mercurio, financiado por la CIA—, el mensajero entre ambas partes. A través de Kelly, los Chicago Boys enviaron un resumen de cinco páginas de su programa de medidas económicas al almirante de la Marina a cargo del plan militar. Éste dio su aprobación, y a partir de entonces los Chicago Boys trabajaron contrarreloj para tener el programa listo el día del golpe militar.

Su biblia económica, de más de quinientas páginas —un detallado la que sería la guía de la Junta durante sus primeros días— llegó a conocerse en Chile como «el ladrillo». Según un comité del Senado que investigó lo sucedido, «los colaboradores de la CIA estuvieron implicados en la elaboración de un plan económico inicial que fue la base de las decisiones más importantes de la Junta durante su etapa inicial. Ocho de los diez principales autores del «ladrillo» habían estudiado economía en la Universidad de Chicago.

Aunque el derrocamiento de Allende fue descrito universalmente como un golpe militar, Orlando Letelier, el embajador de Allende en Washigton, lo consideró una colaboración conjunta entre el ejército y los economistas. «Los "Chicago Boys", como se les conoce en Chile escribió Letelier—, convencieron a los generales de que podían complementar la brutalidad de éstos con los activos intelectuales de los que carecían».

Cuando finalmente se produjo, el golpe de Chile presentó tres formas distintas de shock, una receta que se repetiría en países vecinos y que surgiría de nuevo, tres décadas más tarde, en Irak. El shock del propio golpe militar fue seguido inmediatamente por dos formas adi cionales de choque. Una de ellas fue el «tratamiento de choque» capitalista marca de la casa Milton Friedman, una técnica que cientos economistas de latinoamericanos habían aprendido durante sus estancia en la Universidad de Chicago y a través de las diversas instituciones y franquicias del método. El otro fueron las técnicas de shock de Ewen Cameron, la privación sensorial y la aplicación de drogas y otras tácticas, recopiladas ya en el manual Kubark y diseminadas por toda la zona gracias a los amplios programas de entrenamiento de la CIA de los que se habían beneficiado la policía y los estamentos militares latinoamericanos.

persona


Las tres formas de shock convergieron en los cuerpos de los ciudadanos latinoamericanos y en el cuerpo político de la zona, desatando un huracán sin fin de destrucción y reconstrucción mutuamente reforzadas, eliminación y creación, en un ciclo monstruoso. El choque del golpe militar preparó el terreno de la terapia de shock económica. El shock de las cámaras de tortura y el terror que causaban en el pueblo impedían cualquier oposición frente a la introducción de medidas económicas. De este laboratorio vivo emergió el primer Estado de la Chicago, y la primera victoria de su contrarrevolución global.

Notas:


36. «The Last Dope from Chile», copia firmada «Al H.», fechada en Santiago el 7 de septiembre de 1970, citado en Valdés, Pinochet's Economists, págs. 242-243.
37. Sue Branford y Bernardo Kucinski, Debt Squads: The U.S., the Banks, and Latin America, Londres, Zed Books, 1988, págs. 40 y 51-52.
38. Subcomité sobre Corporaciones Multinacionales, «The International Telephone and Telegraph Company and Chile, 1970-71», Report to the Committee on Foreign Relations United States Senate by the Subcommittee on Muttinational Corporations, 21 de junio de 1973, pág. 13.
39. Ibídem, pág. 15.
40. Francisco Letelier, entrevista, Democracy Now!, 21 de septiembre 2006
41. Subcomité sobre Corporaciones Multinacionales, «The International Telephone and Telegraph Company and Chile, 1970-71», op. cit., págs. 4 y 18.
42. Ibídem, págs. 11 y 15.
43. Ibídem, pág. 17.
44. Archidiócesis de Sao Paulo, Torture in Brazil: A Shocking Report on the Pervasive Use of Torture by Brazilian Military Governments, 1964-1979, Joan Dassin trad. de Jaime Wright, Austin, University of Texas Press, 1986, pág. 53.
45. William Blum, Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions since WWII, Monroe, Maine, Common Courage Press, 1995, pág. 195; «Times Diary: Liquidating Sukarno», Times (Londres), 8 de agosto de 1986.
46. Kathy Kadane, «U.S. Officials' Lists Aided Indonesian Bloodbath in ´60s» Washington Post, 21 de mayo de 1990.
47. Kadane publicó primero las listas, basadas en grabaciones on the record con los cargos de la administración de Estados Unidos destinados en Indonesia en aquellos momentos, en el Washington Post. La información sobre radios y armas aparece en una carta al director escrita por Kadane en The New York Review of Books, 10 de abril de 1997, basada en las mismas entrevistas. Las transcripciones de las entrevistas de Kadane están hoy en el Archivo de Seguridad Nacional de Washington, D.C., Officials' Lists Aided Indonesian Bloodbath in '60s», op. cit.
48. John Hughes, Indonesian Upheaval, Nueva York, David McKay Company, Inc., 1967, pág. 132.
49. La cifra de 500.000 es la más extendida, usada, por ejemplo, por el Washington Post en 1966. El embajador británico en Indonesia estimó la cifra en 400.000, pero informó de que el embajador sueco, que había hecho investigaciones adicionales consideraba esa cifra «muy por debajo de sus estimaciones». Algunos elevan 1 millón, aunque la CIA afirmó en un informe de 1968 que 250.000 habían sido asesinados, y lo calificó de «una de las peores masacres del siglo XX». «Silent Settlement», 17 de diciembre de 1965; John Pilger, The New Rulers of the World, Londres, Verso, 2002, pág. 34; Kadane, «U.S. Officials' Lists Aided Indonesian Bloodbath in ´60s», op. cit.
50. «Silent Settlement», op. cit.
51. David Ransom, «Ford Country: Building an Elite for Indonesia», en Steve Weissman (comp.), The Trojan Horse: A Radical Look at Foreign Aid, Palo Alto, California, Ramparts Press, 1975, pág. 99.
52. Nota a pie de página: Ibídem, pág. 100.
53. Robert Lubar, «Indonesia's Potholed Road Back», Fortune, 1 de junio de 1968.
54. Goenawan Mohamad, Celebrating Indonesia: Fifty Years with the Ford Foun¬dation 1953-2003, Yakarta, Ford Fundation, 2003, pág. 59.
55. En el texto original, el autor escribe el nombre del general como Soeharto; lo he cambiado por el más extendido de Suharto por cuestión de coherencia. Mohammad Sadli, «Recollections of My Career», Bulletin of Indonesian Economic Studies, vol. 29, n° l, abril de 1993, pág. 40.
56. Los siguientes puestos fueron ocupados por graduados del programa Ford: ministro de Finanzas, ministro de Comercio, presidente de la Junta de Planificación Nacional, vicepresidente de la Junta de Planificación Nacional, secretario general de Marketing e Investigación de Mercado, presidente del Equipo Técnico de Inversiones Extranjeras, secretario general de la Industria y embajador en Washington. Ransom, «Ford Country», op. cit., pág. 110.
57. Richard Nixon, «Asia After Vietnam», Foreign Affairs 46, n° 1, octubre de 1967, pág. 111. Nota a pie de página: Arnold C. Harberger, Curriculum Vitae, noviembre de 2003, <www.econ.ucla.edu>.
58. Pilger, The New Rulers of the World, págs. 36-37.
59. CIA, «Secret Cable from Headquarters [Blueprint for Fomenting a Coup Climate], September 27, 1970», en Peter Kornbluh, The Pinochet File: A Desclassified Dossier on Atrocity and Accountability, Nueva York, New Press, 2003, págs. 49-56.
60. Valdés, Pinochet's Economists, op. cit., pág. 251.
61. Ibídem, págs. 248-249.
62. Ibídem, pág. 250.
63. Comité Selecto para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales relativas a las Actividades de Inteligencia, Senado de Estados Unidos, Covert Action in Chile 1963-1973, Washington, D.C., U.S. Government Printing Office, 18 de diciembre de 1975, pág. 30. 64. 64. Ibídem, pág. 40. 65.
65. Eduardo Silva, The State and Capital in Chile: Business Élites, Technocrats, and íarket Economics, Boulder, Colorado: Westview Press, 1996, pág. 74.
66. Orlando Letelier, «The Chicago Boys in Chile: Economic Freedom's Awful Toll», The Nation, 28 de agosto de 1976.


Fuente: digitalizado por Biocida de "La Doctrina del Shock" de Naomi Klein, pág. 96-106

Entrevista a Allende

http://www.youtube.com/watch?v=VRw30BoPJIw
George Carlin - El Sueño Americano - Subtitulado

http://www.youtube.com/v/r7dL-lGCVEg
George Carlin on "Freedom of Choice"

http://www.youtube.com/v/V510t0ecluY

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7 comentarios - CIA, Complot y golpe a Allende

emi77eb
la verdad que no lo llegué a leér todo el artículo, pero da por las pelotas que EEUU en los 70´s haya abalado y aceptado dictaduras en latinoameríca, reconociendolas como gobiernos legítimos solo por seguir robando en américa latína ( como pasa hoy en día ) y que después se la den como país mediador entre oriente y occidente cuando los que pelean intereses son ellos y no todos nosotros como quieren vender por ahi.......
D4ng3r +1
maldita cia de mierda
decajon
Biocida dijo:
ue EEUU en los 70´s haya abalado y aceptado dictaduras en latinoameríca

Ojalá fuese un problema puramente diplomático... EE.UU. tuvo participación directa en la institución de los golpes de estado en América Latina. Las técnicas de tortura que se aplicaron a nivel general en todo el subcontinente fueron creadas por la CIA y enseñadas a los militares (y policías, como es el caso de Puerto Rico) latinoamericanos en la Escuela de las Américas -hay que hacer una mención especial a la enseñanza de los métodos de tortura desarrollada durante la guerra de Argelia enseñada por los franceses-. Y cuando se aplicaban en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, etc... por lo general había un agente norteamericano que &quot;tutelaba&quot; a los torturadores latinos.... esto excede por mucho el &quot;abalar y aceptar&quot;

Excelente articulo. termine de leerlo y casi me quede ciego. Terminaste de leer la doctrina del shock? no lo puedo conseguir todavia, lo tengo en pdf pero perderia la vista si lo leyera de la compu.
ikarus999 +1
gracias por la informacion. Si los latinoamericanos estuviesemos mas unidos, estas cosas no pasarian.